sábado, 26 de enero de 2019

BILBAO, BILBAO. PASEO TURISTICO POR LA CAPITAL DE NORTA

BILBAO, BILBAO. 

PASEO TURISTICO POR LA CAPITAL DE NORTA

 Dedicado no a Unamuno o a Blas de Otero como sería tópico preveer sino al músical Bilbao-Bilbao.
 

Empezamos esta visita-tour-travel-bidea, cortesía cobrada del Corte Inglés-PNV-BBVA, en Abando, como no podía ser menos: la BBVA es el corazón de fe al capital-estado y mente maquiavélica del Botxo. La verdad que podrían haberse ahorrado este viaje, (y por eso se lo hemos cobrado con tanta urgencia), ya que “el Universo solo es un Bilbao más grande.” ¡Aquí las tienen!: Unas torres de Babel-batua, fálicos símbolos del poder económico masculino, desafiando a un dios inexistente, pero represor aún. Saquen fotos a tan coloristas y estéticos bancos BBVA y al resto de “rasca-leches Behiak”. Es nuestro Center-Bussinnes, el Centro de Negocios… Bueno, aquí lo llamamos Zentro de negoziok. No se preocupen, que yo traduzco esta lengua tan bonita que no suena a piedra de Harri-Txoketes ni a tronco de Aizkolari ni a Basajaun baserritarra con boina, sino a lamia, lorecillas y a pura tertulia en el Lamiak. No es que sea difícil de aprender, en absoluto, palabra de Sabino, pero no encontrarán una sola palabra semejante al castellano, porque no deriva del latín ni de ninguna lengua románica. Hay quien cree que proviene de unos Gonzalos de Berceos que traducían literalmente lo que quería su región “pagana” amada cristianamente, asi que estaban al capritxo del vasco y jamás confundirían a su Mari con la virgen o cosa así. Eran más mimados cuanto más se resistían a cristianizar y por eso no manipularon nada, ni religión, ni costumbres, ni a Sabino ni esta lengua rusa, india o gestada en un batxoki tras mucho txakoli. Así que nos ha llegado totalmente pura y sin que ningún vocablo se asemeje a lenguas españolistas u imperialistas. Nos vigilan montañas de Tártalo con su teológico ojo que todos nos ve, “cinturones de hierro” para ir tirando y resistiendo ahora y siempre al romano y español invasor. Pero aprietan tan dulcemente como una carolina vasca y por eso ni en esta ciudad lineal ordenada ni en en todo Euskal Herria hallaran una sola cuesta.  Nos escapamos-elevamos en el funicular de Artxanda a lo verde, al cielo, pues en Euskadi el cielo es siempre verde, como el Puppy posmoderno, la maría que sin pecado nos coloca, o la re-esperantxa neocatólica para redimir a todos esos viejos retroprogres viviendo de RGIS, excedentes que nos han quedado aún vivos de aquella “movida”. 

La ría nos atraviesa como herida que no sana y divide en dos márgenes la región: la margen derecha y “de derechas” con su aburrido Neguri, sus “palacios de invierno,” sus “torres de marfil” y sus “jaulas de oro” y de “hierro” para canarias burguesas cotorras: con periquito y marido empresario. Y la margen marginada por nacer a la izquierda y “de izquierdas rojas y sangrantes”. Siempre están de malos humos fabriles y son todos “martxistas de La pasionaria”, sucios y mineros, viven en unas casas apretadas a lo gitano allá por los Santurtxis (en los Santutxus parecido) y tienen ritos paganos en torno a un tal Jolín, su becerro de oro. ¡Menos mal que ahora han venido unas Amaiaks de nuestro Campo y unas neskas de nuestro natxión a poner orden en su plan urbanístico y verde en sus perras vidas! Gracias a nuestras femi-vasco andreas tienen carrefures, eroskis y torres muy altas y no sé de qué se quejan los explotados en Usoa.  Pero ese locus armonius es otra visita que “regalan-cobrando” los antiguos Altos Hornos, una “arcadia feliz” no incluida en el precio que habéis pagado por veniros a Norta. 

La ría también mana entre sus aguas la límpida suciedad de sus bilbotarras, hasta los pozos sépticos de las afueras posindustriales y sus desconciencias, algo abandonados estos barrios dormitorios porque aunque sostengan económicamente la urbe cobijan “proles y pobres de esos”. Bilbao no está aislada, cerril y cerrada por montes y prejuicios sino que es una ciudad europea, progresista y abierta al mundo. Y como “el universo es un Bilbao más grande”, aquí no hay fronteras ni independencias autárquicas de esas. Pero la ría no es la única herida: la gran vía supura un pus, pues, aún más infecto que aquel capitalismo inocentón que simplemente fue matando bichos humanos, poco a poco. A borbotones supura la gran vía hordas de consumismo estresado, con bolsas de la compra, por las cañerías y salidas metálicas del Corte Inglés. ¡Vaya, ha empezado a llover mierda del culo del divino Gargantúa! ¡Bueno… son cuatro piedras, no se preocupen! Lo llamamos “cala-bobos”, así que, salvo que sean españoles, ósea “sinsorgos”, no teman nada. Admiren estos bonitos bancos y centros comerciales idénticos unos a otro, de nombre británico pero mercancía de EEUU “made in Hollywood Dream Factory”. ¡Vaya, siempre igual!, en las puertas se junta la chusma con los bocatas de chorizo que les regalan por pena en El jamones Claudio de la Calle sin Esperanza y han tenido la indecencia de confesarnos su indigencia. Luego les llevaré al mercado de la Ribera para que puedan debatir la ontología nietzscheana con los yonquis seropositivos tendidos en toallas. Les ofrecerán su heroína en jeringuilla, se la quemarán en papel de plata, cortesía todo de los Bares La Ribera. Se trata de una hostelería no capitalista sino de anarquismo libertario y por eso un duque muy vasco promociona y publicita El Sistema y la Carolina Bilbaína del amigo. A mí también, como guía con contrato temporal, me obligan a repetir este mensaje publicitario durante el viaje, para que el café me salga a mitad de precio, “es lo que hay, oh gran santo Tomás”.) Tampoco en el tour está incluido el servicio-luxe de nuestras infatigables trabajadoras del sexo, aunque su servicio a la comunidad, a la capital del Capital y al buen haber matrimonial sea un producto, una mercancía, ¡un objeto de primerísima necesidad! No, no insistan, porque se me entretienen demasiado por sus garitos y clubes de perdición, sus cabarets y molinos rojos, y luego no me quieren ver la exposición de Oteiza en el Guggenheim, reflejado nuestro Pan-Todo-Teo Vasco. 

Sigamos transitando por la Gran Vía, aunque Colón de Haro no sepa si señala a los imperialistas yanquis o a la vergüenza del capitalismo deshumanizador de la BBVA o a la Rioja de donde viene el apellido del fundador tan vasco. No se entretengan por los botellones de los esplendidos y amplios Jardines de Albia, unos jardines “a la italiana y a la francesa” más largos y floridos que los de Versalles, en los que las fuentes emanan agua cristalina, la luz brilla,  y se respira mejor, gracias a Sefanitro y Altos Hornos. Un bardo de nuestra noble lengua aparece en cuerpo entero como un basajaun allí y con él tendremos suficiente y no hará falta asistir a la cabecita del salamantino maqueto. Tomamos un café en el Iruña, una “gota de leche” que no puede faltar en este bideak. Prueben nuestros bollos suizos, perdón, bilbaínos, pues llevan mantequilla con label vasco de kalidad, hecha con nuestro queso de Ibaizábal y por supuesto con chorretones de RH negativo, y mucha sangre obrera baracaldesa condimentando la carolina bilbaína.  Dejemos el Iruña porque acaban de llegar las viejas de las asociaciones de poesía y las del club del ganchillo se disponen a cantar poemas a Bilbao, a la Ría y creo que por séptima vez recitarán a Blas de Otero y entonces sí que “llueve, llueve, llueve”, insistentemente además (aunque como dijo un noble ilustrado de Bilbao que nació donde le dio la gana: “no se puede decir así, sino elegantemente”.) Ahora han descubierto a Ángela Figuera, su versión femenina (los mismos temas, el mismo estilo, pero ya se sabe… ¡mujer= metáfora de la divinidad, no una persona real!) Y oye de esto “txito kallados”, que no se entere Sabina de la Cruz, que sigue siendo muy celosa y el verdadero y gran amor del bardo tantas veces casado pero necesitado de enfermera (con Fidel la sanidad es un desastre y la de aquí es la mejor del mundo.) Juntos conformaron una entrañable pareja de ancianitos “rojos” muy católica y muy vasca. Además se han traído a Mikel Bilbao, que es bilbaíno hasta en apellido, y les sigue a las viejas de la geriátrica pasarela Zubizuri de la poesía, a todos lados el perrito faldero, ¡cómo saque el txistu estamos perdidos…!
 
Visitamos ahora el casco viejo, corazón de las sinfe en la fe de la villa que ninguna razón entiende. Pueden parecer físicamente calles laberínticas, estrechas, aburridas, sucias, oscuras, angostas, opresivas, orinadas y vomitadas, pero metafísicamente nos llevan al más bello monologo interior angustioso, kafkiano y asfixiante y así nos acercan más al sufrimiento de nuestro redentor que nació allí, en el caserío aquel del olentxero que ven a su derecha. Estas casas mal construidas, apoyadas las unas a otras, avejentadas y estrechadas por dentro, están tan bien construidas como el puente de Calatrava: ¡son perfectas! Y esconden en sus callejones recónditos nostalgias carlistas como la de Unamuno, delirios antinacionalistas del anti-racista, anti-misógino y ante-todo-trastornado Sabino Arana (nuestro fundador de Haro, ya que injustamente no le dejaron ni ser alcalde del Botxo ni presidente de la Real Academia de la Lengua Vasca. Que no le dejen a Unamuno, un castellanizado, es comprensible. Lo otro: un error histórico como lo del concierto vasco y no los fueros. ¡A ver si va a ser lo mismo un conciertillo que unos señores Fueros forales!) Nuestras 7 calles, famosas en el mundo entero son: Somera modorra y gomorra; Tendería de bragas sin mácula de la virgen de Begotxu; Barrenkalle y Barrenkalle Barrena siempre sin barrer de lesbianas y mariquitas por medio y por la barrena, ¡qué asco!; Artecalle del antiarte; Ronda militar de la Extraina; y Carnicería etarra. 

Los rojos dicen que el verdadero corazón de la villa son los bilbis, las bilbaos las viejas, los consulados, los mercados de la Ribera y los ducados de Marzanas. Como Galia de Asterix y Obelix que se precie, tenemos bardos llamados versolaris que nadie escucha porque todo lo va improvisando (como en el bar K2 con el cadáver exquisito surrealista del Javier Arnaiz o el ayuntamiento con la política) y siempre acaban medio ahorcados en el árbol de Guernika, amordazados la boca con una “nuez” y amenazados con cartas bomba si chistan. También tenemos miedo de que el cielo caiga sobre nuestras boinas, pues como han comprobado aquí llueven piedras teológicas muy pesadas, que calan solo a los bobos que leen aún al vasco Zubiri en grave gravedad con sus vidas. Tenemos muchos druidas Panoramix con txapela, sotana y cadenita cruz cristo-marxista encadenada como grillete. Sirven una poción mágica vasca que te hace más violento, más reprimido sexual y más vasco. Los niños de las barriada de La Peña lo saben y acuden a la parroquia a colgar sus posters del Ché de Azpeitia y a por caramelos de edulcorada fe en el feísmo, aunque no se atreven a confesar cristianamente al aita (no al aita de verdad, me refiero al cura ontológicamente “verdadero”) que sus padres vinieron de Medina de Pomar, del pueblo de Fatxadolid y de otros extranjeros internacionales cuando el éxodo industrial les invitó con un cheque esplendoroso a unas vacaciones gastos pagados por la Verde Arcadia Feliz. No vaya a ser que les excomulgue por no ser suficiente gudaris ni soldados de Cristo, la Patria elegida y de Dios Oztxi Jaun, la oztia. Ellos son nuestros Davis y hay muchos Goliat de viento. También hay otros individuos-ciudadanos que ofrecen pociones para que la columna de Urruti sea más roja de sangre y más trajana, pero a estos vamos a dejarles tomar su café con leche en paz de su movida, y en santa ambivalencia de los heroinómanos que han sorteado para conseguir sus cafés a mitad de precio y su RGI con RH negativo. También anda por ahí Amy Winehouse perdida tras su perro, sus bragas, su carro de la compra y el alquiler en Cortes. Y la marquesa de Marzana tropezándose y culpando al Hado de su caída y decadencia.  

Las cortesanas de Cortes son tan irreales como las Dulcineas o Dios. Las prosti-putas ahora son grandes individuas-ciudadanas libertarias y libres, gracias al trabajo comunitario municipal de estos barrios de Dios. Y por la labor libresca y escolástica de las monjas de Norai: gracias a Dios y a estas beatas, estas altas ejecutivas del sexo están auto realizadas profesionalmente y en una organización empresarial de mafia y timo de la pirámide que ya quisieran en los Japones. Pueden disfrutar de derechos sindicales, laborales, vacaciones, esplendidos sueldos, bajas por maternidad, medios anticonceptivos, medidas higienicosanitarias, derecho a huelga, su reconocimiento social y profesional…Son Dulcineas siempre bellas metáforas de la divinidad, pero ¡al grano!, sin dejar de acechar trigo aunque las elevemos al “eterno femenino”, como la ambivalencia manda. Nosotros siempre somos sus quijotes y hacemos de estas adolzas lorenzas unas señoras de bien hacer (ya que tenemos muy vistas a las nuestras) En ellas vemos la belleza de la divinidad, pero que sigan dándole al rastrillo, afilando el palo y ordeñando. Sus bragas están más limpias que las de la Virgen de Begoña. Aprenden idiomas con sus compañeras de oficina: rumano, árabe... Reciben cursos de informática, subvencionados por Lanbide, en los cibers donde chatean desesperadas con desconocidos o mandan dinero a sus familias de Colombia. Eligen su perfomatividad, su rol sexual, su género, pueden cambiar de bragas y de chulo si así lo precisan.  Tienen todo nuestro respeto sin fraternidad, igual que el que se presta a las cajeras. Son unas auténticas individuas-ciudadanas (salvo las que vengan de Medina de Pomar, insisto), que se organizan comunitariamente como todos en el barrio de Marzana. Viven en la ambivalencia, nos valen ambos senos, ¿verdad?, pues ya está.  No son Ateas, religiosas o agnósticas, no son sencillas de definir, no. Son nihilistas panteístas, lo deberían ser todo y no son nada, ¡qué ambivalencia! (pero aceptamos y nos ambi-vale elevarlas cristianamente y darlas por la falda en la vida real.) Poseen una moral de férreo anarquismo libertario y un nihilismo desengañado resperanzado luego en el panteísmo aristotélico-espinosista-tomista-txubiriano de new age, óseo muy cristianas, vascas y decentes. Dulcineas y metáfora de la divinidad. Nosotros “nos hacemos hombres” y así las hacemos Dulcineas. 

Y es que en Euskadi somos muy machos, no existen los mariquitas del ambiente, no se visibilizan. A estas “locas” ya se encarga la psiquiatría farmacológica de medicarles “la enfermedad” Los hemos metido en unos guetos donde escuchan palabra de santa Alaska traducida por Euskal Irratia y pueden dormir y “lo que no es dormir” en unos cuartos luminosos, amplios y muy higiénicos. Los llaman “cuartos oscuros”, ¡son cosas de estos angelitos, siempre bromeando y frivolizando con las cosas!, angelillos que se limitan a escribir el mensaje “divino” de la gran loca de esta casa de locos de la religión, en la tierra representada por la Cuarta Parroquia, el Corazón de María y otras 800 iglesias más y por estas pías cristianas de Norai. Ellos allí practican también idiomas, hacen “griegos” entre ellos los ángelitos, o un “francés” a un inglés guiri que ha venido a nuestras sabinas tierras. Y después de esos polvos estos lodos de resaca franquista, pues pueden tomarse un café en el comedor social, cortesía de la parroquia. Ya saben que Dios les ama, la iglesia les quiere, que jamás les sodomizaran los curas como las malas lenguas difaman que ha hecho hasta hace bien poco. Estos pervertidos, metáfora de la divinidad invertida, son amados por las monjas de Norai, igual que Jesús amó a su Juan el amado. Nos traen la modernidad pos o posmo que dice el otro, las borracheras, a Madona, la hipocresía frívola, sus cuerpos machacados en gimnasio, y carteras que amablemente ofrecen a los chulos y putos de los sex-shops de Zabalburu o a los moros Patxis que aman sus móviles con todo su "amor al prótximo a robar". 

Y es que los inmigrantes encuentran en Bilbao el paraíso terrestre y todo nuestro apoyo, jamás nadie dirá que vienen a robarnos las RGIs de Diputación. No sufren aquí ataques racistas o sexistas y no hay zona más ajardinada y lujosa que la de las calles Bailén o Dos de mayo. Pueden ir al museo de Reproducciones, a recitales feministas en el Sarean, a performances en Carpintería Vieja, y a las galerías más hípsters y posmodernas ya que todas estas cosas las hemos creado pensando en ellos, que son mayoría en el barrio y no en nosotros. En Euskadi somos así de generosos, ¡siempre dispuestos a compartir fraternalmente con Murcia nuestro PIB nacional! Además disponen de toda la droga que quieran, ya que nosotros ya hemos muerto de heroína durante la movida de Bilbao de Santo Azkuna, que se miraba tanto en San Tierno Galván. Y ahora les toca a ellos. No sé de qué se quejan esos rojos del capital-estado, si el café en el mercado de la Ribera se lo dejan a mitad de precio por promocionar el bar a los turistas que quieran conocer lo vasco. Siempre habrá algún individuo-ciudadano, amante de lo vasco, que se lo explique dando mil rodeos dialecticos: “Espinoza tomaba en el bar de mi amigo pinchos de Logo, te invito a venir, ya que –Machado Leopardi Pessoa- son clientes habituales.”   

Del ayuntamiento saquen algunas fotos si no les ciegan los ojos vendados de la justicia de ojos velados, pero desde que ya no está Azkuna limpiando la ikurriña, la bandera fatxa, la republicana o la europea según que billete aparezca por el salón árabe parece que no ha gobernado sempiternamente el PNV, como Sabino manda. Este alcalde de la movida, este abuelito adorable, se miraba en Tierno Galván como ya les he contado, y por eso nos trajo la movida de Bilbao, la heroína, la paz, el amor al “prótximo maketo” y las fiestas internacionales de Bilbao; las Aste Nagusiak. Años y años su infatigable esfuerzo en subvenciones ha financiado las txosnas, que desde los tiempos de Mikel Barullo son las mismas e igual de interesantes y limpias. A esto se le llama economizar los recursos naturales de nuestra Nación vasca: no hace falta renovar al Asterix luchando por la Galia contra el español invasor. Ni las pancartas de Presoak Kalerak (ni siquiera las fotos de estos ya que allí siguen, desperdigados por las tierras del Cesar, por malos) Caminen entre la “revolución de las masas”, agolpadas en las comparsas vomitando kalimotxo, ¡La Love Parade alemana nos envidia! 

Escuchen, escuchen, “los Discursos a la Nación Vasca” de la Otxoa criticando a los que viven en mansiones de Algorta y coleccionan vestidos y muñecas del consumo. Maravíllense de su defensa a los gays, salvo a los feos ¡Hori da!, o los que no se besen sino que “hagan el tonto” ya que espantaban su local (en realidad; el bar al estar situado en Indautxu, nuestro zentro de negoziok, se llenaba de trabajadoras de edad madurito-solteronas –milf-de clase alta que se escandalizaban de ver dos tíos besándose, pero muy acostumbradas al acoso del ancianito Nielfa sobre el paquete de los guapos acercados a sus baños de tránsito, la zona peligrosa) Escuchen el pregón de Ramón García hablando de lo bilbaíno que es . Cuando viene aquí les juro que cambia el acento, pues nos quiere más que a los de la Puerta del Sol a los que en el fondo desea una indigestión de uvas por españolistas. Este muñeco esperpéntico, que ahora ven quemándose, no sé si representa a la Marifiesta, a la virgen de Begoña, a la Andrea, a la neskita borrachamente vasca poteando y potando txikitos, o a la decadencia de un Bilbao quemándose infernalmente en la gabarra y trainera del descalabro económico.) 

La muñeca chochona ha desaparecido en el fuego que purifica el alma, pero siempre tendrán a la andramari, a nuestra Virgen pura Begotxu, amatxu de todos, de cada bilbaíno, de Dios nuestro jauntxo del PNV, de Jesús nuestro gudari de HB (o cómo se llamen), del Papa nuestro capital, ¡y aún con las bragas sin mácula! Las viejas la aman, y en sus sueños menopaúsicos y seniles quieren tocarla, espiritualmente ¡hori da!, y estar cerca de su seno y senos. Por ello se han ido todas juntas a vivir al barrio en cuesta hasta el barrio de La Ascensión al Jauntxo Jesutxu (cuyo olimpo está en Artxanda, como todos sabemos por la Ikastola) y así estar más cerca del señor: del cementerio. Begoña es un asilo residencial con mucha marcha ya que las ancianas están todo el día de juerga orgiástica: partidas de brisca, cafés, alimentar a las ratas de ciudad con migas de pan y leer dinámicamente al dionisiaco Zubiri explicándoles claro y sencillo la teología. Otras, las más despistadas, se fueron para Santutxu y ahora viven en latas de sardinas, en calles angostas, superpobladas, laberínticas, sin verde, también en cuesta y escala mística, en un barrio sardina, en una pecera burbuja para pizcos, sin una pizca de lata de sardinas que llevarse a la boca, gracias a la pensión de ¡nuestra gloriosa Diputación Foral de Vizcaya!, pero que pueden disfrutar de tanto verde en este barrio y del Benidorm del Intxertxo. Las periferias están prohibidas, barrios como la Peña no se enseñan al guiri que viene a nuestro Bilbao de postal “tipical vasco”, tampoco Zorrotza, Lutzana… ¿cómo se va a mostrar Barakaldo? Pero no nos subamos tan arriba como a la virgen-cementerio de Begoña ni vayamos a caer tan bajo como ser de Bara-asko jolín en esa orilla infecta del Caca-agua.

Pasen (si se lo permiten vómitos y orines) y escuchen las machaconas y reiterativas canciones de nuestro Radical Rock Vasco. Siempre son las mismas, están en eusquera aunque no se entiendan más que gritos y siempre revindiquen idéntica reiteración. Nos las robaron estas letras los Madriles, ¡qué movidas! y Bob Dylan. Aquí no escucharán que la respuesta está en el viento, tampoco que la tenga el BBVA o el alcalde, solo el Irrintxi de un txoriak de Mikel Laboa siempre libre, como Euskadi: unos muertos (y por tanto libres hacía el señor), otros amenazados (libres de irse), otros en el exilio (más libres que en el extranjero español imposible), otros represaliados por la Extraina (salvo que sean Abertxale y entonces es competencia perruna y cínica de los Txakurra) pero libres de escoger sistema de tortura y en qué pueblo de Cuenca gozar su presidio en celdas muy místicas, como la que acaban de instalar en Vitoria.  Somos todos libres como el sol cuando amanece en el Botxo lluvioso, libres como el mar lleno de industrias obsoletas y residuos navales y de astilleros. Euskadi es la tierra de la libertad, que ya quisiera la estatua esa de los New Yores nuestro Colón, y su Central Park nuestro Artxanda y su Woody Allen nuestro José Fernández De la Txota. No, aquí no dejamos entrar a la libertad económica, como libre-dejan esos imperialistas. Y aquí siempre hay “libertad, libertad, sin ira libertad”. Libres como tu móvil liberado ya por fín de la compañía Euskaltel y liberado de tus manos porque te lo acaba de robar el moro Josetxu de Bilbao la Vieja. Subamos a la noria del Parque de Etxebarria, extendamos los brazos como alas al señor y repitamos: somos txoriak libres, somos txoriak libres… ¡qué fuegos artificiales! Son metáfora de la divinidad de Fumantxu también. ¡Cuidado!, que caen ahora pedruscos de cenizosos restos del fogoso artificio vasco, peores que el sirimiri teológico de antes. 

Pero la aste nagusi ha acabado y aún nos queda lo mejor: el Bilbao cultural. Hemos hecho un recorrido por el Bilbao medieval hasta la industrialización, pero no sé si saben que ahora somos posmos, posmodernos y por eso hemos traído el Guggenheim no como negocio sino por “amor al arte”. Caminemos por la gran vía comercial, ignoremos los bares de Indautxu (el de “la Otxoa” ha tenido que cerrar porque ya no quedan hombres en Bilbao dispuestos a irse con la sílfide) y así llegamos al parque de los patos. Otro gueto para los gays de antes, donde dan vueltas a la pérgola hasta encontrar macho con quien copular en los soportales, hasta que llega a la policía. A veces se producen confusiones, pues hay inmigrantes durmiendo por el suelo, y a veces no son maricones aunque sean sucios y marginados. Vaya, está el travesti Asier Bilbao cantando en la Pérgola, otro que bilbaíno hasta en el apellido, moviendo la media insinuante como moulin rouge y soltando impertinencias a un público de locas que se ríe de que se rían de ellos. Aquí al menos duran más los espectáculos, los paga el ayuntamiento, ya que en su bar dura lo que dure el cubata del cliente y según los cubatas que se logren vender. Pero a lo que íbamos: el Euskalduna con sus árboles cuadriculados como estas mentes, que, al igual que el Gughem, parece otra basura industrial más, como todos los astilleros de alrededor. El museo marítimo, los barcos encallados, el bar de Ana “la del Luz de Gas” donde se celebran fiestas tras las bodas por poderes, el Zubiarte donde podremos pasar la tarde entera dando vueltas en un espacio cerrado explotados de estímulos de venta y luego comer una hamburguesa de carne de can chino, ver Super-xenas, beber Coca-Cola vasca (aquí tienen una) y seguir gastando. Como ven, hay muchos puentes, el puente de Calatrava nos da un poco vergüenza porque se cae de bonito, el de Deusto ya no se nos abre y miren su universidad: siempre teológica de escolástico oscurantismo comercial. Verán por la zona varios bares: la comercial o galerías Urquijo, galerías Mazarredo. Y el museo de Bellas Artes eclipsado en esta zona artística por el titán de titanio, Tártalo, buque de la posmodernidad posindustrial, esperanza verde cual Puppy floreciendo en Primavera. No están psicológicamente preparados para asistir a sus exposiciones, así que creo que terminaremos la visita en lo que sostiene Bilbao: 

Su equipo de fútbol; los leones del Athletic. Los hijos de la virgen de Begoña. Tantos años de franquismo, teología ilógica, nacionalismos de todo signo solo podían envenenarse de una forma: con el futbol, el opio del pueblo. En sus leones (de la fuente de la calle del Perro) la mística de la masculinidad encuentra su ferocidad, garras y fuerza de súper hombre. Esto de las pelotas “te entra o no te entra”, porque consiste en “meterla bien.” Ellos son unos gudaris machos con un par de, que penetran en la portería en el aro (y todos pasando por el aro de este absurdo.) No tienen revés (por lo que parece no salen muchos de ese armario metafórico), así que te la meten derecha, como suele hacer la derecha. Tienen armas propias, por lo que no les gusta la importación (de jugadores, porque la importación de dinero bastante) Nos enseñan sus peludas piernas, se abrazan, se besan con sus sudadas camisetas, se revuelvan por la hierba, se corren por el campo y acaban duchándose juntos y compartiendo toallas y pastillas de jabón en los vestuarios. A los forofos, los fans, los crédulos, los hinchas, los hay de todo tipo, pero podríamos dividirlos aristotélicamente en tres categorías: los que creen en ese dios, esos reyes magos y leen a ese Xabier Zabiri; los que creen en ese Sabini y los que creen que el Athletic va a seguir en primera división.  Estos son los peores. Son unos viejos con bufandas opresivas de dos colores solo (como todo pensamiento o amor platónico. La ikurriña tiene tres porque sigue la santa trinidad Aristóteles-Tomas de Aquino-Txubiri) Se pelean entre sí, gritan, jadean, escupen al suelo el puro, llegan al orgasmo en cada gooool de Matías Prat, tosen tacos machistas, vomitan su misoginia y homofobia, se descargan de su represión sexual y se enajenan perdiendo la conciencia personal en pos de la colectiva irracional (un rito religioso o una experiencia mística o metafísica siempre enajena, enloquece, te saca de ti hacía un objeto irreal o una mente colectiva y se vive casi de forma orgiástica, sexual, a la par que trascendente, reprimiendo lo físico en pos del ideal) San Mames, aquel mártir del santoral cristiano, ha encontrado nuevos mártires sacrificados por su partido de fútbol o partido político o partido metafísico, y todos se resumen en uno: ¡Bilbao, Bilbao nagusia!.  

“Los de Bilbao de toda la vida” se quedan atrapados por la inmanencia de una ría sucia, sombría, verde de moco, que sin embargo atrae magnéticamente y emboba para que pueda caer el calabobos divino. Otros, sin embargo miramos a un cielo re-secularizado y a una Luna de Bilbao, que es la del vizcaíno del soñador Quijote, la luna de André Bretón, una luna lunera, atea pero más mágica que la vulgar metáfora de dios o todo principio teleológico que la metafísica pueda racionalizar. Una luna cascabeleando gitana, bañada en cuchillo de plata y navaja de Bil-vi, reflejando en la ría de las Lamiak solo su plateresco imago, su sombra, su fantasmagoría. Bilbao no es lo que era, sólo la sombra de la sombra de lo que fue. Y al hombre gracias, que sí llega a ser por dios…  

¡No dejen de probar nuestro buen bakalao de Bilbado y nuestras sardinitas frescué, llevadas por toda la orilla por nuestra sardinera internacional con la falda arremangá, la ostia, pues!

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