sábado, 22 de junio de 2019

Resumen de la POETICA DE ARISTÓTELES



Mimesis e imitatio. 
Tanto para Aristóteles como para Platón el arte trata de imitar la realidad (y no “la realidad es la que imita el arte” del esteta Oscar Wilde en su “arte por el arte” entendiendo por arte todo y que todo nos influye socialmente en la realidad.) Platón a ese “poeta técnico-emulador”  le considera inferior al inspirado por la manía divina, por debajo incluso de un artesano que al menos crea algo útil o pragmático para la Polis. Este tipo de poeta imita solo la sombra de la realidad, que tampoco son los objetos del mundo sensible sino el mundo esencial con categoría ontológica per sé. Pero en Aristóteles (más preocupado por estructurar o clasificar el mundo fenomenológico de las cosas que en especular los noúmenos) la mimesis es la condición si no qua non de toda diegesis o ficción artística: imitar  la rexontos, la natura. Se refiere más a la verosimilitud con la realidad que a la objetividad tal como ahora se entiende (científicamente) o el mimetizar tal como se entendió en el medioevo o empieza a entenderse de nuevo en los copia-pegas posmodernos. En una obra pueden suceder hechos sobrenaturales, la presencia intervencionista de los dioses (incluso en la historiografía antigua) o la subjetividad del personaje  (en la tragedia, este yo del héroe trágico se refleja en los monólogos, en los que el coro se interna en su conciencia), pero ha de resultar una ficción aceptable según los horizontes de expectativas del espectador. Por eso, para la poetica aristotélica “es preferible mostrar algo irreal pero creíble que algo que haya sucedido, pero resulte inverosímil.” (Un público supersticioso de pensamiento mágico politeísta lo ponía fácil) Según Aristóteles se debe evitar lo que resulte raro, irracional al espectador le puede llevar a un extrañamiento excesivo, dudando de que le cuentan, y por tanto desconectando de la representación, romper ese “pacto de ficción” en que transitoriamente se cree lo que le cuentan en la ficción. La fábula, sobre todo los diálogos, puede ser interpretados en poli significación y por ello el autor no debe dejar nada a la improvisación, sino probar todos los sentidos posibles que el receptor pueda darle, a fin de conducirle al adecuado; precisando y concretando en su obra esos efectos en el receptor pretendidos. “Los críticos se quejan cuando una tragedia es imposible, improbable, inmoral, contradictoria, o inexacta técnicamente.” Aristóteles reconoce que el arte debe representar a veces también las faltas éticas, estéticas o intelectuales, pues la condición básica es la de resultar verosímil con una realidad donde se dan estos defectos. Ha de imitar el poeta trágico también esta fealdad de carácter, pero tratando de que aparezcan personajes ejemplares en honor, modelos de virtud. Dirá que “la actuación no es una mera imitación de los hombres (aunque surge porque somos animales imitativos unos de otros) sino imitarles en una acción de la naturaleza” Y esto sugiere una elección por parte del poeta de los hechos más heroicos, donde tratará de mostrar su propio pensamiento moralAristóteles  prefiere las obras que reflejan al personaje “mejor en carácter de cómo somos en realidad (la épica y la tragedia.)” Aristóteles teoriza más sobre la forma de creación, la tecné-estilo-técnica- el ars, y sobre su fondo moral. Mientras Platón investiga dónde halla el autor estas temáticas y fondos: en el propio don del poeta, inspirado por el dios o daimón, un talento dádiva de Apolo, Dioniso, las musa… metáforas de las ideas intelectuales primigenias e inmortales en su esencialismo y hoy de la creatividad humana. El poeta ideal en Platón debe seguir un método racionalista o idealista, deductivo a priori, partir de estos presupuestos y aplicarlo a todas las formas estéticas (por eso rechaza la mimesis de lo aparente, falso, inmoral, “lo feo” no adecuado a sus pre-juicios anteriores a las formas.) El método aristotélico, por el contrario, pretende ser materialista, inductivo, empírico, juzgar a posteriori. Tras la observación crítica de la fenomenología escénica de su época llega a una serie de conclusiones y las describe como normas o consejos a seguir por el poeta trágico. Establece un canon muy similar al platónico por su concepto de la arete  (la virtud en el carácter) de lo bello, bueno, verdadero, caracteres propios del aristoi, heroico y semidiós (con la divinidad en su interior), un hombre mejorado a cómo es en realidad.


Imitatio. Al igual que el arte ha de imitar la realidad con verosimilitud en ese concepto de mimesis (y ofrecer algún ejemplo moral en el caso de que retrate seres inferiores o iguales a nosotros), ha de seguir una tradición compartida heredada de imitación de obras. Un tradición enraizada en lo mítico, encantada en la leyenda popular, en las epopeyas recreadas por los aedos y cantadas por los rapsodas, trasmitida oral y generacionalmente, de padres a hijos. El público espera ver cumplidas sus expectativas y que estas historias no se desvíen demasiado de la versión original tradicional. Aún así, cada autor le da un toque especial, distintivo (Esquilo y Eurípides usan parecidos detalles, el mechón de pelo en homenaje a Agamenón, pero difieren con la versión de Sófocles: en quién llevó más culpa en el asesinato, presentan diferentes justificaciones a la venganza…), para marcar su propio talento o ingenium (una especie de don divino en Platón que hay que devolverles con entusiasmo o elegías; o un don de la natura que se desarrolla con tekné según Aristóteles.) Se versiona con algunos pequeños cambios también para defender una tesis diferente (Platón cambia el final y todo el sentido del Hipólito de Eurípides en su dialogo con Fedro: y para que no se le derribe el auriga le da más alas: el conductor templa con sus razones el caballo negro -la cólera violenta y airada, el dolor- y el blanco -el deseo sexual pandémico- y va ascendiendo por su escala epistemológica, estética, ética, y metafísica (destrozando en mi opinión la verosimilitud y mimesis con esta vida, en la que se nos derrumban aurigas doradas celestes por la vía láctea cada día. Aristófanes parodia las altas elevaciones de Sócrates en Las nubes.) En este sentido, Eurípides era más escéptico que Esquilo con la tradición religiosa ritualista, como se ve en su Electra comparada a Las coéforas que acentúa tanto la parte trágica y fúnebre. Esta cultura propiciaba la poética de la repetición, no literal, sino versionada en cada autor, pero lejos de imagos de originalidad y novedad romántica que podamos tener ahora en mente. Seguramente también los gestos corporales de los actores serían convencionalismos, máscaras en el sentido más apegado a la cara y a la expresión facial y corporal: quinésica, prosémica, gestualidad, vestuarioatrezo, su precaria escenografía de juego de luces y sombras…todo debía guardar su decorum y con la situación representada, con la fábula del poeta, con la tradición, con un sentido moral, con los pensamientos y caracteres de los personajes. El decorum es una traducción del mundo humanista, pero se corresponde con esta idea de adecuación de Aristóteles. La máscara da idea de personare, de la que proviene etimológicamente la palabra persona. Se trata de personajes simples, arquetípicos, moldes, estereotipos, y así se iban repitiendo en las obras una serie de figuras cuyo perfil ya estaba tipificado de antemano: el pastor, el sacerdote o profetisa con un sentido mantico y adivinatorio, el rico comerciante ciudadano…se adecua también con su expresión hablada: llana, moderada o culta. El estilo grandilocuente es un elemento de ridiculización de la comedía, para hacer parodia de los personajes pedantes, pero en la tragedia es propio de un dios o un héroe hablando en hexámetros. Su habla se adecua a su región geográfica, género, estamento socioeconómico, honor, edad…
Estos caracteres del personaje-mascara estaban ya bastante determinados por la fábula imitada de carácter repetitivo, por la tradición, con una mínima deconstrucción respecto a la versión anterior. Por ejemplo: Los persas de Esquilo, la única tragedia con temática contemporánea histórica que ha llegado (dramatiza la derrota del ejército persa acaudillado por Jerjes, hijo del gran Darío, rey de los medos antiguos y persas, al intentar invadir la Hélade en la Segunda Guerra Médica.) versiona la misma fábula que había presentado Frínico hacía 4 años. Desde el prólogo, Esquilo da señales de que quiere seguir los pasos de este autor, con versos casi calcados, las variaciones son mínimas. Era un reto para el poeta presentarse a un concurso con una obra ya estrenada y activar la memoria teatral de los atenienses, que aquello sonara a lo otro, se compararan las versiones, se evidenciaran las fuentes intertextuales (influencias, inspiraciones, hipotextos anteriores…) y también su excelencia como poeta en haberlo imitado bien. Se imitaba incluso la puesta en escena, los pasos de baile, el escenario, la música… y por supuesto estos mitos interminables en sus miles de versiones divergentes pero relacionadas, unas con más prestigio en credibilidad que otras.

Resumen critico de La poetica de Aristóteles.  Una tragedia se compone de una fábuladonde se representan unas mascaras (personajes) que expresan su pensamiento (todos lo tienen) en una dicción elocuente o dictamen en adecuación con sus condiciones vitales y contexto, pero en los protagonistas sobresale en ese pensamiento, reflejado en la parte dialógica y de monologo con el coro, su arete, su virtud y cualidad ética que muestran su carácter heroico, aristoi, mejorado al resto de humanos, lo que aporta el tono moral a la tragedia. Guarda unidad en todas sus partes, una modulación melódica y armónicasobre una perspectiva escénicaYa ha afirmado que toda diegesis (toda ficción artística) es una mimesis imitando verosímilmente lo real, pero difieren las artes entre sí en el referente imitado (temática), las formas o modos  (estilos) y los fondos (significación social, sentido personal en el receptor.) Este “triángulo semiótico” de Aristóteles no lo inventa Saussure ni U Eco, (aunque estos lo contemplen ya secularizado de la causalidad de un noúmeno divino.) Y así en todo discurso cultural, dirá Aristóteles, importa el número (la cantidad) y la calidad (determinada por esa armonía, consonancia, cohesión de todas las partes integradas en la obra como una unidad; con una parte moral- escolástica o ejemplar y otra de melodía deleitosa.) El placer estético en una tragedia es sentir en la catarsis una mezcla de terror por los crímenes (y por el miedo a que se trasladen a sus vidas), compasión o piedad por la muerte o el castigosobretodo sí el  espectador no cree que la haya merecido el personaje; una purna interior que lleva de la pugna o asco moral a la purificación. Lo esencial en la tragedia es esa combinación armónica de los incidentes o acciones en una fábula (trama) y mostrar estos caracteres ejemplares de virtud heroica (lo “bueno, viril y adecuado” para Aristóteles.) La presencia actuando de los intérpretes es el elemento más obvio y aparente, y después esa elocución  de versos en tono melódico, pero no son lo que caracteriza en esencia una tragedia para él, y lo menos importante es la perspectiva, que Aristóteles entiende por los aparatajes técnicos y otras cosas que para él no competen al arte (al entender el teatro más literatura que como espectáculo, como Kowzan, Esslin y la concepción actual; algo más que literatura, con la importancia de la comunicación no verbal, prosémica etc., y en este teatro griego tenía mucha importancia elementos como lo musical, la expresión corporal y sobre todo lo gestual y lo auditivo pues hay escenas que no representan sino que se escuchan gritos para que el espectador rellene el espacio vacío e imagine un asesinato que no se representa dada su crueldad. )  La extensión de la obra obedece a las condiciones pragmáticas del lugar donde se escenifique, tan larga como lo requiera la fábula, pues cada trama pide su propia extensión, pero que pueda memorizarse (ya que, como la épica, se tratan de tradiciones orales.) Los héroes asumen varias acciones en la obra, más de una, pero todas deben guardar una coherencia unitaria con las demás, estos hechos deben seguir su relación causal y no parecer fruto espontaneo del azar o la casualidad. Y así ordena las acciones de los episodios, en mimesis con la vida real: todas son consecuencia de una causa, ya sea en la fenomenología natural o así querido por el misterioso noúmeno de los dioses. Es imposible una obra sin acción, sin que no suceda nada en escena (incluso sí fuera un sólo monologo y no hubiera acciones está ocurriendo algo), pero las hay sin carácter, y estas al no mostrar la virtud, le parecen de menor calidad. Esta ordenación causal se debe repartir con armonía de principio, punto medio a final catártico. Y la armonía de partes integradas en un todo se consigue a veces simplemente con su carácter repetitivo, no solo de las reiteraciones versionadas respecto a una tradición sino con las mismas insistencias dentro de la obra (por ejemplo Electra insiste en legitimar la venganza por el honor.) Así no se pierde el hilo de la trama o eje dramaticom con interludios y escenas anecdóticas que a Aristóteles no le convencen por distraer de la fábula moral.
El personaje va pasando, en una serie de pruebas a su virtud, de la felicidad a la desdicha o de la desgracia a la dicha (hay tragedias que acababan con final feliz: se puede considerar que Electra en Esquilo y Sófocles vence, aunque en Eurípides es castigada por sus tíos dioscuros.) El autor se debe preocupar más por los fondos (la fábula moral) que por sus formas (versos) pero, aunque trate un tema mitológico (increíble) deben las formas hacer creíble el fondo (teniendo en cuenta lo fantástico-mitológico de su historiografía o de su proto-ciencia.) Debe una obra evitar lo anecdótico, rellenos y sobrantes; priorizando la fábula moral, la historia en sí. La acción es simple si se realiza faltando la comprobación (reconocimiento) o la peripecia (plan, ardid, mechanema)Compuesta si se dan estas dos técnicas además del reconocimiento más perfecto que es el interior: el autoconocimiento (Edipo es el ejemplo perfecto, también para Freud.) La tragedia se divide en secciones (partitio/enumeratio/divisio): empieza con un párodo del coro lírico en dialecto ático, más  musical, acompañado de danzas de avance y retroceso; y un prólogo, tras el cual se van sucediendo los cinco episodios (en algunas tragedias son antecedidos y precedidos por canciones corales como los commos, pasajes plañideros en los que intervenían juntos actores y coros, pero estos cambios de escena solo se dan en algunas obras, como en Las coéforas. Eurípides preferirá los interludios musicales, menos morales que ese coro, más funcionales con la trama o con la parte deleitosa.) En la escena del epodo final y en la última canción del coro  (un estásimo sin anapestos o tróqueos) se lleva al  público al éxtasis, a “salirse de sí mismo”) Se causa en el espectador una catarsis, debe provocarle sufrimiento al recordarle la parte patética, patológica y dolorosa de la vida (causada por el determinismo biológico o el destino predestinado por los dioses en el pathos, que venían a creerlo la misma cosa.) Una catarsis en la tragedia se consigue metiendo miedo, transmitiendo al público temor a que le puedan castigar así los dioses su propia conducta si se parece al del personaje.
El error del héroe puede ser una trasgresión consciente (de su hýbrislibertad racional, ὕβρις 'soberbia' o 'malversación', actuación contra las leyes divinas que lleva al personaje a cometer conscientemente el crimen) o un fallo inconsciente (hamartia) Otro tipo de catarsis se consigue causándole piedad, compasión por el personaje infortunado. El éxodo es todo lo que ya se sale de la tragedia en sí (despedida de actores, esta reacción catártica del público) Le parecen peores las obras anecdóticas, basadas solo en escenas, o las que sustituyen el papel moral del coro por breves interludios musicales. Lo anecdótico complace más en la comedia y a las clases populares pues retratan más escenas comunes de las personas consideradas inferiores. Las prefiere cuanto más unitarias sean y más parte moral reflexiva tengan a través del coro y los caracteres. “La forma más bella  de tragedia es complicada (con episodios cortos, pero sin caer en lo anecdótico de la vida cotidiana), compuesta (reconocimientos, autoconocimiento, peripecias) y que despierte la mezcla de temor y piedad /compasión en el desenlace catártico.” No podrá premiarse a un ser inferior en caracteres morales con un final feliz (no es propio del género, sino más de la comedía) ni a un héroe excelente y perfecto castigarle haciéndole pasar de la felicidad a la desdicha (“eso no inspira temor, simplemente nos resulta odioso moralmente y en cambio nos apiadamos cuando un ser noble sufre una injusticia inmerecida.”)
Hacía el final de La poetica toca algunos temas que desarrollará en la Retórica: la dicción ha de ser clara a la par que elocuente (de figuras, metáforas, analogías…) También contemplaba ya Aristóteles que todo emisor comunica un mensaje a un receptor (en un contexto, por un canal o medio, con un fin, la presencia de ruido etc.), y en la Retórica teoriza sobre cómo ha de ser más efectivo ese discurso formal dirigido a la masa, o cómo hablar en público con sabiduría y elocuencia (distinto al habla común.) Tiene mérito usar palabras extrañas (extranjerismos, neologismos, arcaísmos, cultismos…) pero deben emplearse con maestría y no tratar de “innovar por innovar” con el lenguaje ni “trasgredir por trasgredir” con los deus ex machina y aparatos técnicos, que por mucho que deslumbren al auditorio, no aportan gran cosa a la historia. Lo poético se adecua mejor a lo yámbico o trocaico, las palabras extrañas se merecen el metro heroico (hexámetro) y las palabras sencillas son más claras en el ditirámbico. La tragedia recoge mucho contenido de la épica mítica, pero la epopeya la supera en elementos fantásticos y es por su extensión más monótona y no se podría llevar esa extensión y dinamismo (tantas acciones, lugares, personajes…) del cantar heroico a la escena más que adaptado. Insiste en conclusión que una tragedia siempre “debe mejorar al hombre”, no solo el carácter del personaje de ficción sino servir de ejemplo moral al receptor. “La fábula debe ser probable y el carácter intachable, no deplorable.” La tragedia es la forma más elevada de arte ya que tiene todo lo que aporta la épica y un sentido más diferido, cercano, inmediato, en el receptor removiéndole esa mezcla de pavor y humanidad. La normatividad de La poetica se fue añadiendo paulatinamente en las siguientes poéticas clásicas y sobre todo durante la edad media hasta el barroco, llegando en esta época a un punto tan dogmático que ya Lope de Vega se queja de ellas en El arte nuevo de hacer comedias de las tres unidades de tiempo, espacio, personajes (Análogo a cómo los humanistas renacentistas habían protestado a su vez de la tergiversación teológica del “panteísmo” de su Metafísica.) En la Poetica verbos como “la tragedia debe” dan la impresión de que normativiza, pero a la par describe las formas teatrales de su tiempo. Es a un tiempo crítico de su momento juzgando y al mismo teórico de la forma idónea de composición aconsejando cómo deberían componer los nuevos poetas.

jueves, 20 de junio de 2019

LA CHICA DE SEDA ARTIFICIAL (ANCHOAS DEL DUQUE DE MARZANA)

TAJIN DE ANCHOAS DEL DUQUE DE MARZANA
          

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                                                       Desde el baluarte inexpugnable del belicoso EGO, la protagonista inicia una andadura narcisista que fiscaliza su egocentrismo en forma de relato. Tanta vida por vivir y tantos OBJETOS por sentir en una sucesión caótica de novedades/experiencias  que muestran el carácter débil/dubitativo de una aprendiz de SUJETO. "La chica de seda artificial" de Irmgard Keun(Berlín 1905-Colonia 1982) es un recorrido iniciático/sucesivo entre el Ser y el Deseo y su relación asimétrica. Altibajos emocionales entre el éxito y la derrota. La punta del iceberg en pro del placer  controlada con el lenguaje, y lo oculto, lo canalizado en una no vocalización que potencia la trama y el drama de la incomunicación vivida en soledad. La buena/enigmática literatura despunta mediante ese aparente silencio que es sinónimo de un discurso que emerge por la intención/intuición creativa del lector. "Siento una necesidad muy profunda de que todo el mundo me quiera". Soliloquio que encuentra cómplices en  seres  ávidos de comprensión de esas imperativas motivaciones de la protagonista. Nunca descansa en su predisposición a un aprendizaje/materialización de una búsqueda tendente al infinito. Insatisfacción constante que se renueva(esperanza) ante el nimio posible acto que satisfaga su tentencia a registrar una idealización que supera la Realidad. Enfado, protesta ante ese entorno y sus gentes(pobres) que no sobrepasan el listón de apetencia vital. Los diálogos, cual bucle continuo, se suceden dentro de una misma temática(repetitiva) de ansia insuficiente/insatisfecha.La autora alemana plasma el espíritu del Expresionismo, tanto en pintura como en narrativa. Seres ausentes de color plácido/plástico se adentran en lo tortuoso de experiencias que canalizan en la pérdida de inmaculada plasmación colorista. Cambio de impresiones/depresiones que refuerzan la idea original de un existencialismo inmaduro, incapaz de abordar/abarcar lo complejo y a la vez posibilitador de expectativas que transciendan la imperativa necesidad de DESEO. Las circunstancias doblegan y a la vez motivan/excitan a una aprendiz de persona en el turbio andamiaje de construcción de su identidad entre neurótica e incapaz de salir de su interioridad patológica.
Vuelta a empezar. Pasan los años. Siempre es un nuevo día en la eternidad del anhelo motivador. "Toda deseo es una necesidad y por tanto una carencia"(A. Shoppenhauer).
Filosofía y Literatura como vasos comunicantes en el agua cristalina de la COMPRENSION.


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domingo, 16 de junio de 2019

CALÍGULA (PELÍCULA Y TRAGEDIA DE CAMUS), EL GRAN DICTADOR DE CHARLES CHAPLIN


¿Hasta qué punto aguanta un humano a otro el delirio de yacer con la luna o darle una patada al globo del mundo por hastió ya de lo humano? En la teoría y el arte hasta el infinito, en la vida real hay que poner un límite. "Me cansa ser hombre" versaba Neruda y ese es el problema más profundo del homosexual reprimido de Hitler y del abiertamente bisexual o maricón Calígula; pero lo macho y hembril no se demuestra en el sexo sino en el amor hacia lo más diferente a nosotros, no en ese amor como una mera proyección-prolongación del ego hacia el otro como simple espejo/esencia/idealización (pues también Calígula idealiza a un caballo y se casa con él; Platón maltrata al pobre jamelgo con su látigo moral por no ajustarse a su idea de “Caballosidad”, Descartes le juzga “sin alma” y Nietzsche le tiene que pedir perdón al pobre “caballo teorizado” de parte de estos dos racionalistas.) No me refiero tampoco al amor como construcción ordenación deconstrucción cultural de la Polis, ni a alguna especie de eros o filia intelectualista que puede ser la racionalización de un emperador pirado, que lo mismo mata personas que compone ripios a Selene, sino a sentir algo emocional de calor por un judío desconocido quemándose vivo. Eso es hombría o “hembria”, la valentía de dar valor a lo humano, lo que marca ovarios y testículos distinguiéndolos de los genitales animales.


Chaplin y Albert Camus parecen humanizar a Hitler y Calígula en sus obras, pero para volver por ello su crimen más animal, porque brota del animal que puede actuar en el rol y performance más cruel entre todas las especies: no mata solo por miedo o hambre, también asesina por placer y por imperativo categórico de SU razón más consciente, amparada en el tribunal Universal de su palacio riéndole los chistes malos. Lo que más aterra en estas tragedias del holocausto-genocidio nazi y la caída de Roma es que suene una risa lunática, un chiste negro de mal gusto de fondo, la histriónica risa de un bufón elevado a nuestro tirano. Que el verdugo ría es lo que más duele en una ejecución mientras nos apuñalan; esa risa cínica de sarcasmo hipócrita del niño cruel, mimado y consentido, que se olvidó de como reía cuando más niño. El poeta es demasiado niño para escribir de la muerte, pero no para quedarse huérfano por este tirano y Calígula a sus 30 años es demasiado viejo para recordar esa sonrisa de afecto al otro.  A Calígula le hastía ya el bicho humano, solo oír otra voz… El absurdo existencial le enfrenta “a un cielo vacío” y a "soy un dios", no cree siquiera en la orgia de su fantasía y matar ya tampoco le place, es un juego que le duele dentro lo que le queda de humano. Hitler necesita más espacio vital para poder respirarse así mismo. Pero, aunque nos den las razones humanas o sentimentales del mal, esto no lo hace menos horrible. Nos explican ambos dictadores el pensamiento de su argucia en la tragedia, pero no tienen el carácter moral de ser héroes en ella y por ello se queda su sed de protagonismo en el drama del lucro y la ambición, la necesidad y la necedad, en un antagonismo que aterra, asquea y compadece al espectador. La sangre vertida por Calígula y la del exterminio nos lleva a la catarsis, o sea a la purga, al vómito ético, a una purga/purna interior, que también nos purifica con el contraejemplo ético. Muestra Chaplin cómicamente y Camus trágicamente la banalidad del mal que decía H Arendt: seguir la fantasía peregrina de dos chalados, que podrían haberse quedado el uno escribiendo aforismos sobre nuestra condena a ser libres y muertos como hijos de este adán medio desnudo toda la obra con un laurel de cesar en la mollera y el otro creando su Mi lucha, pero decidieron confundir su ficción con la de la humanidad que les molesta (como más o menos nos molesta a todos.) La diferencia es que estos retrasados mentales creían que con ir matando uno a uno cada bicho molesto acabaría su suplicio,  pero allí quedaron a solas con su alma, con todo el espacio vital que precisaba Hitler, pero no aguantándose el mostacho en el espejo; queriendo desprenderse su propia piel Calígula,  pues el bicho más molesto eran ellos mismos. 


Hitler se suicida cuando se ve solo al fin y han cesado los serviles aplausos al histrión. Calígula, con toda esa ausencia de afecto moral que Camus quiere reflejar en sus personajes aparentemente fríos y duros, arde por dentro de infiernos de Nerón, un alma vacía pero que exclama: "Nunca estamos solos, aunque sea que vuela una mosca y cuando creemos estarlo; la soledad se llena de los que asesinamos en el pasado, ridiculizamos en el presente y tememos en el futuro." Siempre hay risas molestas para Calígula, o fantasmas que Hitler no ha ensayado en su espejo demagógico, y la suya es la peor. Calígula desprecia a los únicos que podrían amarle, porque ha renunciado a la fraternidad y como le dice a su esposa Cesonia: "Hablo de la vida, no del amor." No sabe que habla de lo mismo, le avergonzaba esta palabra. Lo malo de estas cosas de las tiranías es que aburren; Calígula tras cada asesinato necesita otro; y cada verdugo cumple religiosa, profesional y mecánicamente su tarea, y obedece su sed de circum y sangre hasta que messier Guillotín prueba su propia medicina de palo y cuchilla.   Hay que parar el eterno retorno de verdugos dejando de recrearnos en el juego de nuestra moral de víctimas. Alguien tendría que calmarle la neurosis existencial a Calígula para que no asesine más personas (sus andróginos amantes, el mismo), pero hasta que deje de avergonzarnos la palabra amor seguiremos asesinando a la tirana del alma: "Me avergüenza esta ternura: la curiosidad de como envejecerás" le susurra en el cuello a su esposa oficial antes de estrangularla. En esta tragedia quizá la curiosidad del amor podría no haber matado al gato, pero Calígula acaba bañado en el charco de su propia sangre; arañándose así mismo, maullando en su estertor y ya el lindo gatito no inspira ternura. ¡Todo por avergonzarse de la fraternidad!, convirtiéndose así este chalado con laureles, o el payaso ensayando su patada de niño rabioso al mundo, en el “hazme llorar” y la vergüenza ajena. El texto de Albert Camus da mil vueltas a la película famosísima de Calígula, con todo lo que está tenga de contenido visual-colorista-erótico. La comedia de Charlot da mil vueltas a esa tragedia que causaron los nazis, y lo peor de todo: sin conciencia de su ficción ni de su mal. ¡¿DE QUÉ LE SERVIRÁ A UN HOMBRE GANAR EL MUNDO ENTERO SI PIERDE SU ALMA?!



jueves, 13 de junio de 2019

COSEJAS DEL DUQUE: INSTRUCCIONES PARA CONVERTIRSE EN FASCISTA MICHELA MURGIA

COSEJAS  PUNTUALES   DEL DUQUE DE MARZANA


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                                Tomar en consideración la Esencia de las cosas entronca con conceptos tan arriesgados como Belleza y Verdad. La aparición de lo fácil(subterfugio) debilita el noble y arduo esfuerzo de enfrentarse a cara descubierta a esa Realidad donde la Fealdad y la Mentira también pueden hacer acto de presencia. La comodidad, ajena al compromiso, establece un discurso(teoría/praxis) innoble que puede ser asumido/aplaudido como loable/necesario.El FASCISMO no se escapa a esta aseveración innata/común a cualquier Inteligencia Sentiente: En nombre de una aparente/necesaria Libertad subyuga/extirpa cualquier armonioso movimiento, eso sí, con lógica y mecanismos sibilinos de penetración en las masas que, de forma en apariencia inocua, asienten/defienden ese sistema de falsos valores. La escritora italiana, Michela Murgia(Cerdeña, 1972), en "Instrucciones para convertirse en fascista" establece desde un cuerpo irónico los mecanismos para asumir sin complejos tal estado de convicciones. El humor soterrado dulcifica el entorno, en esta ocasión el concepto seco/ardiente de lo totalitario, y eleva a categoría de digerible lo que es una indigestión para paladar libertario ansioso de alimento sano y vitamínico.Las palabras abren un mecanismo poliédrico de aceptación/rechazo que encauza con la pretensión/manipulación de comportamientos en función a intereses creados. Se ama al JEFE porque envuelve/guía las pasiones siempre esperanzadoras de mundo nuevo organizadas desde la sabia interpretación del IMPRESCINDIBLE(beatífico ser de ordeno/mando). En sus manos encomendamos los cansados/combativos espíritus.Tiemblen los otros(distintos/distantes) ante la SEGURIDAD del yo/nosotros.
Se cuela de rondón, sí, un maticillo que resulta impropio su no mención: USO Y PALABRA, y lo que agranda la comunicación: el ámbito no verbal. Es en el gesto y en los sonidos guturales donde el patriótico fascista consigue triunfos de impacto en su proselitismo/persuasión. Si con el verbo florido se recrea en la suerte, con verificaciones semánticas de gran alcurnia, es, sin embargo, en sus intervenciones teatrales donde suena el despertador de su madrugador acto de solvencia manipuladora. Manos, caras, y ese énfasis de ruído gargantil aleccionador que ampara al ímprobo prócer. Connotaciones a gusto del consumidor, y denotaciones(Palabra) camufladas de imperativos categóricos. Al fascista le entusiasma lo SUPERFLUO. Consigue, a través de los Medios de Formación de Masas que controla, que la falsa Realidad se convierta por arte de birlibirloque en Verdad sedienta de ser bebida.

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EL SUEÑO DEL HUMANISMO (DE PETRARCA A ERASMO.)


EL SUEÑO DEL HUMANISMO (DE PETRARCA A ERASMO.)  FRANCISCO RICO, 1993  1   
Temía, según iba leyendo el prólogo y primeras páginas de este ensayo expositivito-argumentativo, que pretendiera F. Rico citar, en otra especie de “manual positivista”, una lista ingente de autores y obras; mas a medida que avanzaba sentía dulcificarse este recorrido por los studia humanitis ilustrado de anécdotas y con un lenguaje sencillo (en el que mezcla para mi extrañamiento la erudición en obras, fechas, nombres y términos epistemológicos con un tono gratamente coloquial.)  Me asustaba también que al dedicárselo a Juan (Benet) fueran a compartir ambos caballeros de la letra armada cierta “hipotaxis hiperbólica.” La obra dedica a cada autor un espacio propio, pero la interrelación le obliga a Rico a pasar de uno a otro y volver al anterior; y así nos guía de Erasmo a Petrarca sin percatarnos de las analepsis o flashbacks, las prolepsis, anticipaciones y flashforwards. Saltos temporales que alucinan el viaje histórico-filológico-filosófico-literario… por el contexto renacentista, pero con un rigor que jamás permite el anacronismo. Al principio apenas se aclara la cuestión de sí “humanistas” fue un término programático con la que estos autores se autodenominaron, conscientes de formar un grupo, o más bien una nomenclatura asignada a posteriori por la crítica; pero se responde en el excurso, cierre anillar de la obra 2 (Este segundo superíndice quiere visibilizar que yo también he marginado este tema al final, en el apartado de información complementaria, donde aparto mis comentarios críticos personales suscitados a lo largo de la obra, por no molestar lo escrito por Rico, aunque se me resbalen añadidos breves, y por cumplir con el criterio sugerido en extensión, al menos en el resumen per sé, teniendo en cuenta que sintetiza todo el ensayo.) Más que el nombre le interesa humanizar a sus protagonistas con el porqué de sus obras, definir que estos estudios englobaban la gramática, retorica, poesía, la historia y la filosofía moral. El latín era la lengua para las artes liberales, pues como decía Valla: “Si hemos perdido el imperio de Roma nos queda la lengua”, pero en aquel renacer a lo clásico seguían idealizando la antigua civilización romana en sus mitos de una cultura inmortal, de unidad (ante la amenaza de fragmentación territorial en su propia realidad) y de fuerza militar contra “la barbarie” (temían regresaran “las invasiones verticales” en los paganos.) La primera universidad escolástica medieval se erigió en Bolonia siguiéndose su docto ejemplo rhetor por toda Europa. El papa Urbano había afirmado que  los galos no gozaban de la elocuencia y moral romana, pero el humanismo no fue un fenómeno exclusivamente italiano, había academias notables en La Sorbona o en Oxford. 3 Por el norte de Italia se popularizaban academias de primera enseñanza, con la figura del profesor de gramática. La escolástica católica medieval había estratificado el saber convirtiéndolo en una jerga técnica especializada, reservada a una élite de iniciados (“el que sabe sabe; y el que no…” ¡A ciencias!, sí se permite el humor);  sobre-ornamentada  de una retórica jeroglífica para el profano común, no apta para laicos. Estos nuevos estudiosos critican los excesos gramaticales, teológicos (y abusos en lo pragmático) serviles a los papados del Vaticano o Aviñón (en Lutero ya tienen “mala prensa” las bulas.)4 Se quejan de la filosofía trascendental, especulativa y nominalista (sobre todo de la última etapa de la escolástica tomista) por abstrusa en fondo y árida en forma, ¡pero no reaccionan radicalmente contra todo el teocentrismo! Según la Rhetorica add Herennium  cada tópico debía ser dicho con pureza y trasparencia (pure et aperte) y el latinitas diáfano (claritas.) El discurso debe ser llano e inteligible usando preferiblemente palabras sencillas y propias, pero aquella teología, empeñada en mimetizar sentencias de Aristóteles, sin embargo no traducía fiel su pensamiento, instrumentalizándole en autoridad para su propia doctrina y predicación moral. 5 A estos estudiosos, más filólogos que filósofos, no les interesa por el contrario la ratio abstracta sino la oratio concreta. Lo textual, contextual y paratextual, sin interpretación alegórica sagrada añadida; acercarse al original. Fue un proyecto común estudiar la lengua real acercándose a los originales clásicos; sin la sobre interpretación, cuando no tergiversación directa, de unos clérigos apropiados físicamente de los ejemplares y de su única lectura, monista y dogmática, con la philosophia ancilla theologiae. La filología (pretendiendo limpiar el latín de impurezas; y escribir y hablar el mejor) sería entonces por decirlo en términos feministas “la esclava múltiple” tratando de barrer en lo que Voltaire llamaba “la casa de locos de la teología.” 6
En el Enarratatio auctorum (lectura- comentario) preferían el usitatis de verbos propios y corrientes. “La imitatio no es acumulatio.” 7 Y la nota original parecía mejor criterio para el estudio e imitación de textos que su mero coleccionismo. Muchos no se contentan con una mera mimesis de referencias remitiendo a hipotextos, (citas que no llegaban a inter-literarias en el caso de los ciceronianos,  ni a una autentica transducción cultural); y en sus comentarios críticos decostruyen en revisión esta tradición renovándola como “dignos herederos” (Ortega); ya que su escepticismo en Las Verdades-Buenas-Bellas Universales (eternas, inmutables…en correlato con lo divino) sospecha de esa ética, estética y epistemología platónica tópica del medioevo y empiezan a ver una multi-significación relativa a su diacronía histórica. Saben, como tribu, que sus contextos políticos, religiosos…son convenciones públicas consentidas, consuetudo, construcciones compartidas a las que se les había querido dar un significado esencialista. El lenguaje también se hereda con su norma  pero es una sociedad mutable quien le da uso, por lo que evoluciona con las alturas y bajuras de los tiempos, y cada autor en su contexto le imprime la originalidad de su “langue y parole” individual. Si el lenguaje imprime significados universales; la literatura permite ver los diferentes sentidos individuales. Más allá de la reiteración textual  ornamentada; sus comentarios buscan la opinión propia. El latín no acabó de convencerse con las abstracciones (del griego) y buscó la expresión directa, concreta, pragmática, civil. Valla decía: “El pueblo habla y se comunica mejor que el filósofo”, incapaz de expresarse con sencillez y concreción; pero el populus pasaba de todo (en la Roma clásica, renacentista y ahora.) Para recobrar la realidad había que restaurar la dimensión humana de la cultura y por eso les emocionaba toparse con obras, ósea “encontrarse hombres”. Poggio y Valla, aunque “enemigos”, compartían la admiración por Quintiliano; “nadie con más elegancia e ingenium.”  A Alfonso “El Magnánimo” 8le fascinaban las décadas de la historia romana de Tito Livio tanto como le epataba a Lovati (Petrarca le dedica una edición crítica y se emociona al hallar el sepulcro de un tal “Tito”) pues   creía que las batallas se lograban “por dignidad, fama  y excelencia humana.” Admiran sus leyes e instituciones sólidas y democráticas, sus bienes (bonum) económicos, militares, morales... su pax romana y concordia. Estos estudiosos, ante la frustración de su tiempo, eran conscientes de que hubo y a lo mejor volvería una edad dorada. Cola di Rienzo anhelaba su sentido de la justicia y se preguntaba dónde pararían ahora aquellos huesos, “¡ojala su tiempo fuera el mío!” “Entre el doscientos y el trescientos un puñado de notarios en Padua empezaban sin saberlo la Modernidad”, como hace ver Billanovich.

lunes, 27 de mayo de 2019

EL CICERONIANO DE ERASMO DE ROTTERDAM


El ciceroniano de Erasmo de Rotterdam. 


Como coloquio pedagógico guarda una forma dialógica entre Buléforo y Nosópono (Hipólogo tiene un papel más secundario, de moderador, asintiendo a Buléforo, preocupado por Nosópono, y como su nombre indica “habla poco y bajito.”) En nuestra época lo podríamos considerar un texto expositivo- argumentativo: se expone el problema (la obsesión de Nosópono por la imitatio de los textos de Cicerón, haciendo una caricatura del ciceroniano: solo le lee a él, no le puede cambiar una coma, escribe comentarios más largos que las páginas de aquel, se abandona de comer o dormir, besa sus libros, censura todo lo que no suene a Marco Tulio…) y sus dos amigos inician la dialéctica con argumentos persuasivos para curarle de esta enfermedad patológica, primero afectivos (preocupados de su salud), luego intelectuales. Sigue el modelo de mayéutica socrática: Nosópono el ciceroniano encarna al sofista: escucha más que hablar, asiente (la antítesis es una impostura dialéctica, Erasmo va guiándonos inductivamente, pero sin conductismos, para que concluyamos en síntesis su misma tesis) y no solo es rebatido sino que acaba convencido al final por la episteme; Buléforo es Sócrates el filósofo y médico del alma con su phármakon del Logos tratando de curarle. Para sanarle: cuestiona su metodología (Inventio: recopilar expresiones, sentencias, tropos… Dispositio: emplearlas en su texto vengan o no a cuento-contexto. Elocutio: en discursos orales/ escritos repite estos pasajes aprendidos de memoria (retentiva y no comprensiva) sin permitirse improvisar….) Y se lo argumenta con los propios conceptos de Cicerón (el decoro, adecuarse al tema, al contexto, a la persona, al auditorio, a los efectos en el interlocutor…) Desmitifica a Cicerón de esa idolatría- divinización (haciéndole ver que no ha escrito sobre todo, se permitía sus licencias, hay otros…) y emprenden una frustrada búsqueda hacía ese “ciceroniano perfecto”.

Cicerón no sólo aporta teóricamente interesantes consejos de estilo (aunar la tekné del oficio con el ingenium del arte, el estilo ático con la ornamentación asianista, lo elegante y elocuente con lo sabio, la retórica con un contenido filosófico….) sino que lleva a su propia escritura (y oratoria- declamación) esa docta elegancia. (Al renacentista le preocupa mucho este engalanamiento cortés; en las letras y el arte, en la mesa, el vestir…: Maquiavelo lucía sus mejores trajes para leer a los clásicos). Pero el problema de todos los ismos es que desvirtúan la belleza original. El coloquio se desborda de intertextualidad y transducción literaria, haciéndole ver a su amigo que hay más autores, ¡una buena forma de repasar algunos autores clásicos y humanistas del Renacimiento! El protagonismo lo lleva Cicerón y se citan prácticamente todas sus obras, seguidores, imitadores, detractores, diferentes recepciones, versiones, traducciones, reescrituras, reinterpretaciones, posproducciones. Su sobrino Bruto es el primer detractor; más dado al discurso pragmático para conseguir el poder del foro que a la preocupación estilística de su tío. Cicerón afirmó que “lo mejor del arte es disimularlo” pero estos copistas preferían tres epístolas suyas a cien volúmenes distintos, quizá mejores; y más que disimularlo le sobre-nombran y sobre-interpretan.i Tampoco poseemos toda su obra ni todos los géneros se le daban igual, traducía mal del griego, fue el mejor orador pero no el padre del latín y su estilo poético era frio, también hay otros autores interesantes, hasta mejores. Demóstenes fue su modelo, pero no el único entre sus escogidas lecturas. Hay muchos cicerones: el teórico gramático, el filósofo, el epistolar… pero no tocó todos los temas, no fue dios ni escribió sobre todo “lo humano y lo divino.” “Sabio no es quien solo puede hablar de una sola materia, solo de Cicerón” (aunque la especialización positivista nos haya llevado a esta falacia y lo intente remediar lo interdisciplinar, “Clasificar no es comprender” decía Ortega.) Inventó neologismos, usó extranjerismos ¿y ahora nos culpamos por usar una palabra distinta a la que él pronunció? ¿Debemos imitar también sus litentiae y defectos?

No quiere quitarle a su ídolo sino invitarle a leer otros y a atreverse a crear en su propio estilo. Le desea el talento de su maestro, pero nunca podrá ser este ser irrepetible y “cada uno luchamos contra la divinidad a nuestra forma.” (Nótese el “contra.”) El principal problema que ve Erasmo es que hace una lectura literal (como ahora pretenden con la Biblia o el Corán) sin considerar el contexto del autor ni la época ni su propia interpretación como receptor de sus alegorías, símbolos, metáforas… (A veces no importa en La biblia sí es una manzana o una pera la que alegoriza en El génesis un logos humano: físico y hasta sexual, ¡una metáfora! Savater opina también que parte de la mayéutica socrática tenía un sentido irónico. Un filósofo marginal hasta la cicuta no podía creer en serio “¡gobernaremos los filósofos!”; pero Platón lo recogió tan al pie de la letra que trató de poner en praxis su distopía, el tirano de aquella isla se rió de él.) El lenguaje evoluciona diacrónicamente, con la lengua hablada y escrita. Se puede aplicar esa elegancia en el discurso claro y ordenado a ciertos textos, pero si quieres crear una comedia mejor acudimos a Terencio (yo recomendaría más a Plauto, y sí se quieren reír a Aristófanes). “El contexto del romano es relativamente valido para el suyo; muchas de sus expresiones serían más espontaneas de lo que su amigo imagina ahora; muchos formalismos habrán quedado desfasados, y esos calcos mecánicos deshumanizan al autor.” “Cicerón no se hace, se nace” Y sólo ha nacido uno. El problema del ciceroniano es que cree haber nacido él ya Cicerón, en vez de ser consciente de que cada texto que imita es una nueva construcción cultural, reflejando este esencialismo tan dañino para las existencias reales y que puede in-visibilizar a otros autores igual de interesantes. Cicerón refiere a hipotextos de su época y en la de Erasmo “habría defendido el cristianismo pero con otros argumentos.” Si el mejor orador es “el humano bueno, sabio en hablar” tendrá que corresponderse con el cristiano, pero trasladar lo ciceroniano a este contexto renacentista puede considerarse pagano o herético. Empleamos parecidos tropos y metáforas en un “inconsciente colectivo” (el chivo socrático, el inmolado Jesús, traduciéndolo la divinidad pagana a lo católica…) pero esta descontextualización va contra el decorum que él mismo defendió, la adecuación aristotélica. Uno puede expresarse ciceroniano en la forma y cristiano en el fondo, pero al imitador le falta sentido común y el corazón, enamorado por lo que predica y odiando lo que vitupera (la implicación emocional, la fe, que Erasmo critica en una iglesia hipócrita de su época.) Tenemos en común con este autor la aspiración por la belleza, pero también hemos progresado en conocimientos. Su estilo ornamentado se apreciaba más en el mundo judicial romano que en las predicaciones de estilo servus cristianas. No funcionaría pragmáticamente en un tribunal moderno (Quintiliano decía que la ficción declamatoria de los alumnos debía ejercitarse en causas actuales) o en un acto de fe ni lo entiende el populus (tampoco entonces o ahora.) Roma eran ruinas ya. Podrá exclusivamente servirle para escribir cartas a unos pocos eruditos que admirarán el estilo aunque no sepan que imita a Cicerón.

Le invita Buléforo a buscar un autor que siga idéntico a Cicerón y así complacerle de no ser el único en su absurdo empeño de Sísifo de arrastrar palabras muertas día tras otro. Pero a Nosópono no le interesan los contemporáneos de Cicerón, aún menos los inferiores. Repasan juntos autores latinos, cristianos, extranjeros… hasta llegar a sus contemporáneos humanistas. Ahorro la lista: 1º son solo ejemplos (les elogia pero por aspectos distintos a los de Cicerón.); 2º mi interlocutor, especialista en esto, ya los conocerá; 3º` aparecen en las notas finales de mi edición; 4º el propio Erasmo aseguró que no quería “pasar revista en un recorrido exhaustivo de autores como si fuera mayor la carga que el saco” y solo se lamenta de haber citado demasiados (aún hay quien le escribe: “¿Y a mí por qué no me has citado?”) No mencionan a los escolásticos tomistas porque Buléforo asegura que no se preocupan de esta elegancia (¡una ironía tan de Erasmo!) Van buscando juntos al ciceroniano perfecto, a quien se merezca tal honor, pero al final Nosópono rechaza a todos estos autores

Ni siquiera él se considera ciceroniano avergonzado de culpas por no lograr mimetizar su estilo con el otro. Sin embargo, admira a todos estos hombres precisamente por aspectos que no comparten con Cicerón. Erasmo se auto caricaturiza en esta lista como un simple polígrafo, “embarrador de folios, ni corrige sus palabras sencillas” A algunos ya solo su juventud les impide escribir en el estilo del viejo Cicerón. O sí tocan temas distintos (antes ha afirmado el cancerbero fiel de Cicerón que su maestro puede aplicarse a cualquier saber.) “Luis Vives quizá con el tiempo si perfecciona su estilo podría entrar en la secta (factio o chorus) ciceroniana” (a Vives le encantó esta ironía, le felicitó por ella a Erasmo.) Van a tener que ir a las Islas Afortunadas a buscar al ciceroniano puro, es decir; a Cicerón, solo hubo uno. Le aconseja no se atormente más por no ser ciceronista si realmente nadie ha logrado serlo. “¡Pero Longeil…! ¡Ese sí!” Buefaro le patenta las diferencias de estilo, y le derriba el mito. Además el lector no es solo seducido por la forma harmoniosa: le interesa el fondo, independientemente del tono conversacional. Notamos mucho la voz de Erasmo en su crítica a la iglesia de su tiempo cuando afirma: “Es más censurable un cristiano solo de nombre tratando temas profanos con falsa fe que defender la doctrina con ejemplos paganos.” (La reforma protestante defendía tesis como que la la sola fe junto al arrepentimiento del pecado “salva”, que no debía hacerse una lectura literal de la biblia sino analizar sus metáforas y alegorías en su contexto y reactualizarlas al nuestro. Cada fiel, en esa idea del sacerdocio universal, hace de pastor de su propia alma y la interprete libremente.)

Erasmo defiende la imitación compuesta “es emular sin servilismo, igualar el estilo y no calcarlo, sin renegar del genio natural ni traicionar lo que de fondo queremos expresar por seguir esta forma tópica.” Prefiere ser cisne o pavo que simio (similar, símil) aunque sean estos monos nuestros más semejantes; o cantar como la alondra y no como los cuervos, cuya voz más se nos parece. Seguir el ejemplo de Cicerón es leer varios autores, compararlos, escoger los estilos más selectos y disimular el arte, que no parezca ciceroniano. Las abejas liban de varias flores (interdisciplinar, intertextual, intercultural, transducción), huyen de las toxicas (Cicerón le está enfermando) y del alimento que no le compete en su contexto biológico. (Insiste en el contexto.) Para imitar el arte hay que comprenderlo antes, interiorizarlo. El imitador habla de lo que conoce de manos terceras, no lo ha vivido ni sentido (Un texto para qué suene creíble o verosímil no tiene por qué relatar lo real, pero su autor sí ha de haberlo sentido vivo y real al escribirlo) y quizá hasta en el fondo desprecia al imitado. “Dulce es el cambio en todo”, decía Eurípides. “Seria tediosa una literatura toda de cicerones, en estilo y dicción”, “No podemos ser otros distintos de los que somos y hay que buscar la propia voz.” Buléforo le confiesa que también se obsesionó él con Horacio, pero “el alma brilla en cada escritura e imitarla al pie de la letra es como disfrazarla con una máscara.” Somos humanos de costumbres y animales miméticos que imitamos desde niños, pero cada uno emula de distinta forma y no a una sola persona. “La imitación debe ayudar a la vida, potenciar el don natural sin anularlo, fijarse en el mayor número de autores sobresalientes y aprender de todos, pasar por el corazón y traducirse en una creación propia, como en el parto de Palas Atenea.” También apela a lo emocional, es su amigo y le ve enfermando: “Te estás dejando el tiempo, la salud… ¡la vida! en un empeño vano e improductivo que te está matando.” Nosópono significa algo así como “enfermo de tanto Cicerón” y está a punto de convertirse en Hisopono (“enfermo de tanto asentir a lo que dice Buléforo.”), haciendo el juego con el nombre del otro, Hipólogo. Buléforo admira de Cicerón su escritura, incluso a él como persona (“¡en nuestra época sería un buen cristiano!”, no sé sí es ironía), pero a su edad le conviene más a Nosópono aprender retórica, deleitarse de poesía y hacer de su maestro parte e incuso pilar de sus estudios, pero seguir más modelos, y quitarse el flotador de autoridades para nadar más libre. Le recomienda también sacar lo mejor de cada autor para no depreciar ninguno. Parece que al fin se le pasa la fiebre. 2135 palabras, 3 pág.