sábado, 22 de agosto de 2026

CURSO RAPIDO DE LITERATURA EN USOA

 CURSO LITERATURA

 

Impartido por Gonzalo Villar

 

Vocabulario sencillo y cercano:

Tema 1- h de la literatura romanticismo XVIII

Tema 2- amor romántico en la historia.

Tema 3, 6

Metodología; clase teórica y praxis con juegos de escritura y gramática

 

8 2   2012

Historia de la literatura.

Contexto filosófico histórico del siglo XVIII el romantucismo, una época de Sombra y Pasión.

Caracteristicas del Romanticismo. Temas. Influencias.

Autores y libros en Europa y Usa.

Autores y libros en españa.

2º concurso de cartas o poesías sobre el tema del día de los enamorados.

Resumen del tema dado.

El romanticismo era una época revolucionaria donde hubo muchas libertades, los enamorados morían por amor e ideales. Por ejemplo romeo y julieta o calixto y melibea, don juan y doña ines. Es muy importante la imaginación e inventiva. También aparece Drácula y Frankestein en este tiempo.

Jon gonzalez

José luis seña

M carmen garcía

Arantxa ugarte

Ángel múgica

Iván cobo

Jesús hernandez

 

SEGUNDA CLASE 15 Febrero 2012

Poema libro buen amor

Quevedo

Espronceda becquer

Introdución de mi ensayo

Origen de la fiesta san valentín

Historia pensadores

Amor platónico uránico, pandémico, filio, ágape

Diferencia amor pasión, ethos acción del yo

Historia del amor en Grecia

Eva y lilith, la mujer ángel y la mujer diablo fatal

Conclusiones.

 

 

Conclusiones

Platón, afrodita, eros o cupido en el amor platónico griego

Amor romántico es el de para toda la vida, morir por amor o matar por amor, pasión

Autores románticos son becquer y Rosalía de castro

Amor barroco es el de la celestina

El prototipo del don juan tenorio

En el barroco escriben sobre el amor Quevedo y Góngora

Imanol muguruza

Leonardo garcia

Jon González

José Luis seña

M Carmen García

Arantxa Ugarte

Ángel Múgica

Iván cobo

Jesús hernandez

TERCERA CLASE    22 febrero 2012

Filosofías del realismo, positivismo, materialismo, liberalismo, naturalismo…

Diferencias romanticismo y realismo

Características del realismo. Temas, estilo

Autores y libros en europa y usa

Autores y libros en España

  • El romanticismo se basa en el idealismo y la fantasía
  • El realismo se fija más en lo racional y real, en lo cotidiano y objetivo
  • Si no lo veo no lo creo (tomismo)
  • Todo lo real es racional y lo racional real (Hegel)
  • La naturaleza imita al arte (o Wilde)
  • El romanticismo es una época oscura de pasión y el realismo un tiempo de luz y razón
  • El romanticismo es subjetivo y el realismo objetivo
  • Mujer diablo y ángel
  • En el barroco y romanticismo aparece la muerte como personaje
  • El romanticismo es más religioso que el realismo (Nietzsche dios ha muerto)

 

Los artistas románticos viajaban por Europa en el Grand Tour

Shopenhauer fue un filósofo romántico y Nietzsche, su discípulo, era más realista

Naturalismo es sinónimo de realismo

Costumbrismo, cuadro costumbrista

Las narraciones realistas tienen una descripción muy detallada

Colonialismo en la era victoriana

El quijote como héroe romántico o como antihéroe y sátira del idealista

Victor hugo, autor romántico

Oscar Wilde muere alcoholizado

El quijote va por la vida suspirando por mi dolor

La muerte no te llega porque da igual las ostias que te peguen, a no ser que sea tu hora

Rey alcalde y sobrino napoleón en Francia

El retrato de Dorian gray envejece y él se mantiene eternamente joven

Representantes del movimiento géricault y Delacroix

Turner, costable y Blake en gran Bretaña

Sherlock Holmes en Inglaterra

Arantxa Ugarte

Iván cobio

Anibal

Estibaliz

jose Luis seña

LA GENERACIÓN DEL 98

Filosofías del 98 nietzsche expresionismo

Vanguardias del arte surrealismo

Características 98

Autores españoles, azorin, ortega, Unamuno, Baroja, valle Inclán, Eugenio dors, pelayo y pidal, Gregorio marañón, ramón serna

Colonialismo, desastre colonias, paz en las guerras

Krausismo Kant

Sentir trágico de miguel Unamuno

Hombre acción y reflexión de Baroja txapelaundi

Pesimismo, costumbrismo

Prensa, artículos, cartas

Experimentalismo estético, deshumanización del arte

Fascismo, comunismo, revolución de las masas

Educación estética, el cura que no cree

Centralismo, nacionalismo

Revista sol occidente, maría zambrano

Ivan cobo. Esti G

Gonzalo V estibaliz G

Jose Luis S           Ángel. Anibal

LA GENERACIÖN DEL 27 EDAD DE PLATA

Vanguardias arte por arte, deshumanización arte (dadá)

Comunismo, fascismo, guerras mundiales, civil

Francia. París era una fiesta bohemia en los años 20

Futurismo en Italia

Nazis en Alemania

Felices años 20, sueño dorado de USA

Modernismo e independencia en Sudamérica

Características

Influencia barroco, romanticismo y 98 ortega machado JRJ

Vanguardismo experimental poesía hermética

Medios masa, el cine

Andaluces

Surrealismo

Centenario Góngora

Autores                 Lorca, Buñuel y dalí. Dámaso Alonso y JRJ. Machado, guillén, Alexandre,  salinas, f Ayala, Neruda, Rubén Darío, sudamericanos ultraísmo, Alberti, Cernuda, Gerardo diego, juan Larrea

  Conclusiones

Época oscura, rebelde, poetas andaluces, poesía cerrada y sentimientos

Pena por el marginado (negro, gitano, gay)

Rubén Darío azul              Góngora Dámaso Alonso

Creacionismo y ultraísmo Borges

Lorca idealiza a la mujer y marcha a hacer teatro en la barraca

Dalí se casa con Gala. Era religioso y franquista.

Neruda 20 canciones de amor y una canción desesperada

Juan Larrea hacía apuestas en carreras de caballo, la suerte. Escribe en parís versión celeste

Surrealismo, escribir irracionalmente

Futurismo, simbolismo krautismo krauss fauvismo fieras

Barroco poesía mistica, calderón barca, lope vega, Galatea de góngorqa, Quevedo cervantes

Existencialismo vivir como condena

Picaso en años 20, modernismo

Expresionismo expresa la emoción del pintor, impresionismo impresión causa espectador

Lorca nace en granada lorca es el perro andaluz

Institución libre enseñanza en Madrid, residencia estudiantes, real academia lengua donde orinan

Alberti es comunista

Jose Luis seña, esti g, Carmen, anibal angel Arantxa, Gonzalo,. Iban cobo, jon gonzalez

margarita xirgu, casa muñecas ibsen, bobary, boutades licencias fanfarronerías escritores

6 clase resumen de lo dado

Revoluciones políticas, industriales fabricas trenes lucha clases revolución masas

Fascismo comunismo

Diferencias romanticismo  realismo  autores románticos realistas, 98

3 bohemias en parís impresionismo, parís fiesta, mayo 68

Victorianismo y colonias colonialismo filipinas 98

Burgueses artesanos

Guerra inglesa rusa

Filosofías vistas apolo luz, dionisios sombra platón s Agustín aristoteles tomas Freud Nietzsche marx vitalismo positivismo tecno científico modernismo existencialismo sospecha condena vida esencia existencia. Hombre acción dionisios, reflexión apolíneo, cura txapelaundi rural

Dios ha muerto, denuncia social, dios invento hombre, dios criminal

Vanguardias artísticas vistas; impresionismo, dada, surrealismo, futurismo, metafísica, cubismo, abstracto

Relacionar escritores con su época

Relacionar escritores con países

Épocas que idealizan y en las que se inspiran

Épocas luz y sombra, diferencia entre luz y sombra oscuridad

Relacionar movimientos con siglos XIV XX

Relacionar obras con sus autores

Decir si es verdad o mentira

ROMANTICISMO XVIII época amor, influido por barroco don juan tenorio demonio periodista larra fuerza amor muerte en el barroco edad media idealizada, princesas. Fantasmas, muerte romanticismo, amores

REALISMO novela social sicológica personajes. Mimesis copia realidad tal cual, positivismo, decadentismo, paraa ellos el romanticismo es una enfermedad, las épocas que influyen al realismo son la cortesía y el neoclásico. Obras realismo, Scherlock Holmes, Jack destripador, libro selva colonias, tom sayer

Oscar Wilde, clarín, bazan pazos Ulloa, Blasco Ibáñez, realismo vida social, amor platónico. Importa la realidad, s tomas, naturalismo y materialismo, regenta

El 98 baroja médico rural, Unamuno ortega rebelión masas, misión universidad, azorin 98, católico feo sentimental bradomin valle Inclán

 

RESUMEN GENERACIÓN 27 FILOSOFIAS VANGUARDIAS ARTISTICAS

PARIS ALEMANIA USA RUSIA SUDAMERICA ITALIA INGLATERRA LORCA DALI ALBERTI BUÑUEL G DIEGO LARREA DAMASO ALONSO GUILLEN SALINAS ALEXANDRE

MIGUEL HERNANDEZ españolito que vienes al mundo, una de las dos españas ha de helarte el corazón. Cabrero, rasca leches, nana cebolla. Tuberculoso, josefina, celda, cantos guerra

GENERACION 14 AZAÑA Y ORTEGA GASET PIDAL PELAYO

GENERACIÓN 36, GIRONELLA TRIOLOGIA GUERRA CIVIL

AGUSTIN DE FOZA, MADRID CORTE CHECA, PANERO VIVANCO LUIS ROSALES PEMAN CELAYA REPUBLICA ESPERPEBTICA

Cela delibes torrente ballester buero vallejo alfonso sastre dionisio ridruejo garcilasismo, aranguren julian marias

Jaime chavarri desencanto astorga

Vencedores vencidos censura miseria autarquía

Escritura automática, lluvia ideas, cadáver esquisito, pasa pasa en hojas

influencia Unamuno, machado, JRJ, Luis león, becquer, Manrique, Garcilaso, san juan cruz, Quevedo, lope, Góngora conceptismo culteranismo

Bohemias parís impresionistas fiesta 20, mayo 68

Fascismos Italia Alemania

 Rusia Tolstoi, dostoyesky, comunistas, Gorki, ibsen, Chejov

Miseria posguerra no intervención europa, autarquía, vencidos, racionalismo, exilios zambrano, Alberti, fusilamientos lorca, cárcel hernnández, adaptados rosales, dalí

Papa filosofo, Aranguren, marias, zubiri, zambrano

Desencanto Jaime chavarri, familia panero

Gabriel Celaya

Codorniz humor jacintoi Benavente, Poncela migura gila

Intereses crrreados sombrero copa, ninette señor Murcia

Comedias costumbres

Mil vírgenes, eloisa bajo almendro, amor se escribe sin h

Teatro buero vallejo, escalera, sastre

Libros cela ddelibes

Fusión géneros literarios, andre Trapiello, siendo de una generación mas moderna porque admira el realismo galdos barojiano k umbral veía como superado, cada época tiene sus gustos

Cervantes galdos Baroja

Poética Aristóteles épica, lirica, dramática

Modernismo gaudi berson, dario

Café Pombo, callejón gijon

Residencia estudiantes desmitificada, genios q pasaron por ahí

Barroco, siglo oro cervantes lope calderón, Quevedo, Góngora, teresa, fray Luis, san juan cruz, ines

ESCRITURA AUTOMATICA

Cervantes, sin pensarlo, me falta uno, musolini, nazis

Cervantes d quijote dulcinea cela colmena duarte

Garcilasismo, copiar a Garcilaso

Vida y el amor son sufrimiento, en el amor sufres Iván cobo

Me he hecho en la calle miren

En la calle conoces gente hasta que te la lían

Calma, tele, apra haleos, abeja, mucho daño, chavalas, desde aboya mulo da, tengo ganas de irme de casa estos tíos no se callan, Iván es un pesado, sigue explicando, ivan cobo no se calla y Gonzalo me despista, la literatura me gusto hasta que iban llego, no es que me haya achantado, es que el chico es un pesado ángel

Esti, Carmen, anibal, angel, Gonzalo, iban cobo, miren, Javier

Existencialismo, nietzshe, heideger, Bergson, Sartre, camus, kinkegard, shopenhauer,

Ortega Julian marias zambrano zubiri aranguren ferrater mora primo rivera falangistas

Españolito vienes al mundo una de las dos Españas ha de helarte el corazón

Ininteligible religioso

Tarancon transición curas obreros salvador Giner

Mora hijo discapacitado

Gregerias, ramón serna, pidal, Pelayo, marañon, dors pla max aub, agustin foxa corte checa, azaña

Gironella 14 21 36

Rosales Vivanco Hernández peman panero Ballester Celaya vallejo sastre Poncela Benavente mihura codorniz, garcilasismo, Dionisio Ridruejo, quintero

50, novela experimental

Madrid ciudad millón muertos, Dámaso Alonso, guerra civil,  cementerio, fantasma guerra

Forges, muere Mingote dibujante comic

Tiempo silencio Luis martin santos sicólogo, ratas, muere en accidente coche

Ignacio josefina Aldecoa maestra, solano

Rafael sanchez ferlosio hijo Sánchez mazas, jarama

Gaite y matute, Delibes cela umbral Valladolid

Juan marse rosa regas juan Benet

Alienación enajenación existencialismo Kafka

Laforet nada

Cuando muere cela escribí sobre él en el colegio Vizcaya, criticar a umbral

Universidad complutense, movida madrileña gauche divine barcelonesa

POETAS SOCIALES 50. 70-

Claudio rodriguez

Blas otero

Jaime gil biedma

Novísimos terenci moix, montalban, ana maria, Gimferrer, maruja torres

Carlos barral

Angel gonzalez

Jesus angel Valente

José Luis juan Goytisolo

Caballero Bonald

José hierro

Gloria fuertes

ANIBAL CARMEN ANGEL ARANTXA IBAN COBO

Grupo editorial planeta nadal concursos, barrio salamanca

Margarita salas, soledad Puértolas

Novela social tesis

AUTORES CONTEMPORANEOS, GENERACIONES SEGUNDA MITAD SIGLO XX

LA CODORNIZ, GENERACION 98 14 27 36

POETAS SOCIALES FRANQUISMO DEMOCRACIA TRANSICION GENERACION 50

ESCRITORES ACTUALES

CELA

DELIBES

UMBRAL

TERENXI MOIX

MATUTE

GAITE

FERLOSIO

ZAFON

PEREZ REVERTE

JAVIER MARIAS

ANGELES CASÓ

LUISA CASTRO

ALMUDENA GRANDES

LUIS GARCIA MONTERO

JOSE ANGEL MAÑAS

JUAN MANUEL DE PRADA

LORENZO SILVA

CERCAS

MENDOZA

MANUEL RIVBAS

TRAPIELLO

ELVIRA LINDO

MUÑOZ MOLINA

CARMEN RIGALT

MARINA MAYORAL

GIL BIEDMA GIMFERRER

JUAN MARSE

ROSA REGAS

MARUJA TORRES

SANCHEZ DRAGO

ESPIDO FREIRE

CARMEN LAFORET

LUCIA ETXEBARRIA

NOVELA DE INTRIGA: EL ROL DE LOS ROMANTICOS

                                        EL ROL DE LOS ROMANTICOS



NOVELA DONDE SE MEZCLAN LAS HISTORIAS DE MIGUEL Y STEEL, DOS HEROES POSTMODERNOS, Y LA HISTORIA DECIMONÓNICA DE LORD BYRON Y EL MATRIMONIO DE LOS SHELEY- 

BREVE RESEÑA de George Gordon Noel Byron, 6º baron Byron

  • En 1790 muere John Trelawny, su padre.
  • En 1800 su madre le da la herencia de su padre y hereda de su tío abuelo el título
  • Su infancia es triste, como la de la mayoría de artistas; triste, aislado por egocéntrico, desarrollando mucho introvertismo, imaginación y fantasía.
  • Es seducido por su niñera.
  • A los 15 años el se enamora de su prima.
  • Ingresa en el Trinity College de Cambridge.
  • 1808 composiciones Fugaces
  • 1809 Bardos ingleses críticos escoceses
  • GRAND TOUR viaje de iniciación de los adolescentes ricos al terminar sus estudios q se solía hacer en Reino Unido por todo el mundo. Junto con John Cam Hobhouse viaja por Lisboa, España, Malta, Albania, Grecia y Turquía cuyas impresiones se encuentran en las peregrinaciones de CHILDE HARROLD
  • En 1812 muere su madre y se introduce en sociedad y en política, en la cámara de los lores.
  • Empieza su fama romántica y de Don Juan y sus listas de amantes:
  • Lady Caroline Lamb Frances Websters   Lady Oxford la vieja. Su hermanastra Augusta Leight, de la q nace 1 niño y estalla el escándalo, aun así no puede casarse con ella. 
  • En 1813 se casa con Anabella Milbanke, una noble(matrimonio de convivencia) del q nace Augusta Ada
  • En 1814 se divorcia de ella.
  • En 1816 se exilia de aquella desoladora isla por los rumores de su homosexualidad q empieza a extender el pequeño John, amigo y confidente de sus peregrinaciones. Por sus líos amorosos y financieros y por q querían quitarle el título de lord.
  • En 1816 Publica desterrado “ EL CORSARIO” sobre la Libertad.
  • En 1816 va a la Villa Deorati Orillas del lago Leman en Ginebra (Suiza)donde pasan su luna de miel el recién casado matrimonio intelectual de escritores los SHELEY. Viaja allí con su médico Polidori(como todos los románticos, sufría de tuberculosis) y tuvo un romance con Percy, con Mary y con su hermanastra Claire ClairMont (monte claro), fruto de esta última relación nace su tercera hija Allegra q muere a los cinco años.   Tras la famosa reunión en la q acordaron imitar al gran romántico de terror Allan Poe y q fruto de ella surgió Frankestein, Byron y Sheley también se perdieron en poemas q luego rompían pero Byron escribió EL VAMPIRO.
  • En 1818 Marcha a Venecia, donde estudió con Armenio y se enamoró de Franarina

 

CAPITULO PRIMERO

Entre mi larga lista de conocidos y amigos tengo el honor de contar al matrimonio Sheley, una pareja de intelectuales con los que pasé este verano de 1816 en su amable villa. Es un verano muy diferente, muy distinto, el primero que paso en el exilio, una amalgama de emociones contrapuestas se baten en mi cuerpo. Aún no doy a crédito por el desprecio y el menosprecio que se me ha hecho en la corte, debido supuestamente a ciertas aficiones pecaminosas y ciertas licencias que se me reprochan. La vieja nobleza y la nueva jet set me ven como un astro libertino caminando por el universo sin brújula, perdido y perdedor.  El maldito famélico John, mi último amante despechado, ha sido el causante de semejante desatino contra mi noble persona. Nunca pude imaginar que un efebo de la especie plumífera y de escaso honor caería tan bajo en los dimes y diretes de la buena sociedad. John Cam Hobhouse.. en la cárcel de Reading he tenido el honor de vengarme de su violento chantaje, escribiendo la que será mi obra póstuma y quizá la más criticable; canto de De profundis, es un canto del alma a la par que una ironía hacía las concavidades oscuras de su cuerpo, es mi poema más trasgresor, no diría mi mejor creación pero sí la que con más placer y rabia acumulada ha salido de mi pluma y talento.  Le odio, le odio, y no puedo engañarme pensando que nada de esto fue un error, uo uo, uo, uo, fue un error tremendo, sí, pero de los errores uno escarmienta y se vuelve más ácido y espabilado. Pasará a la historia como mi judás, tal es su honor, tamaño honor sólo es digno de un cobarde twist de la peor especie.  He grabado su nombre en sangre. Él preside las primeras líneas, y con su nombre las cierro. Espero que con este encantamiento le haya echado definitivamente de mi vida.

¿Cómo guardar rencor a la tierra de Shakespeare? No, odio al ladrón y al pecador pero no a su patria que me vio nacer. Debo olvidar, ¡como si todo fuese tan fácil!, sólo se olvida lo insustancial, nunca lo doloroso.  Recuerdo ahora que mi infancia no tiene nada de literario, nada hermoso queda de esos destellos de mi vida en el Trinity College de Cambridge, un internado donde conocí los malos tratos, la frialdad, la hipocresía de clases, las peleas, los escarnios y mis primeros desafortunados amores. Después la vida se me hizo demasiado grande. Los acontecimientos se me precipitaban sin tener tiempo de asimilarlos. Y el escándalo de incesto con mi hermanastra Augusta Leight salpicó las crónicas rosa amarillentas. Todos me negaban el saludo o me miraban con recelo, murmuraban a lo bajini, haciéndome el vacío. Creo que fue entonces cuando tomé la determinación de huir de Londres e irme a visitar la India como un pogre liberal asustado de su sistema de castas. Soy un funcionario rico, debo dar gracias al altísimo de poder comer mis kebaks de pogre y follar con cuanto adolescente de torna mirada gusto.

Empecé a visitar países orientales y a escribir crónicas de estos exóticos ligares, las mando a un periódico, que aunque pagan pooo, algo me pagan.  Empecé a comprar ropa bohemia y actuar como un liberal. Pero todo era una mascara social, un juego de abalorios, todas las personas- personaes- prosopos- lo somos- todo es un juego para ocultar mi crisis de identidad, mi falta de alma, este no saber quien soy, mi incomprensión hacía el mundo y mi miedo o fobia social. Para seguir viviendo de mis escritos y callar los rumores de gay y zoofilico. me casé con la bella Annabella. Quería amarla, osé, intenté amarla, de verdad, quería, pero no podía.

Ana no me entendía, yo tampoco a mi mismo. Nadie piensa que el amor sea tan complicado hasta que se da de bruces con él. Jamás llegué a intimar ni a consumar el matrimonio, ni nos dijimos sonetos a la luz de la luna, no, fue todo ¡tan prosaico... ¡, ¡tan parco en palabras...!, un matrimonio de conveniencia o mejor dicho matrimonio de convivencia, o mejor dicho aún; intercambio de patrimonios.  Para no herirla  apenas la rozaba, la traté como un ángel, un primer amor, no osé mancillarla con mis torpes manos. Vamos, que no se me empalmó la pluma ante sus voluptuosas páginas abiertas. Nunca una palabra más alta que la otra. Ambos teníamos miedo del otro, como dos críos descubriendo el cuerpo ajeno. Sí, tuvimos una niña; Augusta Ada Byron Milbanke. Ese fue todo el fruto de nuestro tortuoso, aunque bien entendido por los demás, amor.  Más tarde me  denunciaría por abusos y maltratos.  Ya había abandonado toda personalidad, no era él mismo que escribió las peregrinaciones de Childe Harrold ni él que hizo el gran Tour, ese viaje iniciativo con mi amante bandido y traidor. Ahora soy una leyenda, el demonio. No, señores que me juzgan, señores procuradores de este tribunal, Mary Sheley ha sido, es y será la única mujer que me ha entendido, la única que me supo comprender con todas mis luces y sombras y a la única que he querido nunca. En el fondo el pobre Byron es débil, un corazón débil y enamoradizo como una pluma en medio de la levedad de kundera. Tormentosa búsqueda de mi ser. Ahora, en un caluroso día primaveral, mi médico de cabecera, mi secretario personal, me despierta de mis ensoñaciones.

- Estamos en la romántica ciudad de  Zurich-

La hermosa villa medieval. Allí me esperaban el vitalista Trelauny, antiguo amante, amor y amigo. Y mi fiel criado Fletcher.. se ha escrito un crimen. El crimen de los Sheley.

 Entre mis amigos, tengo el honor de contar al matrimonio Sheley, una pareja de intelectuales con los que pensaba pasar ese verano de 1816. Era un verano diferente, el primero que pasaba en el exilio. Quería creer que voluntario, aun no podía entender que la vieja nobleza y jet set me vieran como un astro libertino que camina por el universo sin brújula, perdido y perdedorEl maldito famélico John se había ido de la lengua. Ese adolescente era el culpable; John Cam Hobhouse. Por él, los rumores que desató, los loores dejaron de hablarle. Hasta que la embarazosa situación, el tabú encerrado, se hizo insostenible y estalló el conflicto.  Traicionó su amor. Esta era su venganza; decir a todos que era homosexual. Un título de lord por él que tanto luchó. Heredado a los 10 años (A la muerte de su tío Abuelo) y que ahora estaba manchado y mancillado, en mal lugar, por un puto crío. Esa noche soñó que se le aparecía el espectro de su antepasado noble y le recriminaba su inocencia, torpeza y por supuesto sus actos libertinos.

Le llamo indecente y le mando ponerse a cuatro patas mientras lo azotaba. Era un sueño extraño. Pronto la llamada disciplina inglesa se desveló como otro acto sexual. Su tío le dijo que aquello era algo hereditario. Pero esto le hizo sentir fatal, como si él no fuera libre y todo le hubiera venido ya escrito por el cruel destino, nefasta fuerza del sino.

¿Cómo guardar rencor a la tierra de Shakespeare? Debía olvidar pero solo se olvida lo insustancial, nunca lo doloroso.  Recuerdo ahora que mi infancia no tiene nada de literario, nada hermoso quedaba de esos destellos de su vida en el Trinity College de Cambridge, un internado donde conoció los malos tratos, la frialdad, la hipocresía, las peleas y los primeros amores. Después la vida se le hizo demasiado grande para él. Los acontecimientos se le precipitaban sin él tener tiempo de asimilarlos. Y el escándalo de incesto con su hermanastra Augusta Leight salpicó las crónicas de la época. Todos lo miraban con recelo, murmuraban a lo bajo y le hacían el vacío. Empezó a visitar países orientales, a llevar ropa bohemia y actuar como un liberal. Pero todo era una mascara, todas las personas lo somos, para ocultar su falta de aspecto, su incomprensión hacía el mundo y su miedo o fobia social. Para seguir viviendo de sus escritos y callar los rumores de gay, zofilico.... se casó con la bella Annabella. Él quería amarla, de verdad, quería, pero no podía. Ana no lo entendía, él tampoco. Nadie piensa que el amor sea tan complicado.

Jamas intimaron, ni se dijeron sonetos a la luz de la luna, matrimonio de conveniencia o mejor dicho matrimonio de convivencia.  Para no herirse apenas se rozaban. Nunca una palabra más alta que la otra. Ambos tenían miedo del otro, como dos críos descubriendo el cuerpo ajeno. Tuvieron una niña; Augusta Ada Byron Milbanke.  Más tarde lo denunciaría por abusos y maltratos.  Ya había abandonado toda personalidad, no era él mismo que escribió las peregrinaciones de Childe Harrold ni él que hizo el gran Tour, ese viaje iniciativo con su amante del momento, su efebo adolescente traidor. Ahora era una leyenda, demonizada, exagerada, distorsionada, inhumana. Mary era la única mujer que entendía y a la única que había querido nunca. En el fondo el pobre Byron es débil, un corazón débil y enamoradizo como una pluma en medio de la levedad.  Sus padres murieron a edad muy temprana para él, pasó su melancólica infancia de internado en internado, de amor a amor, de lecho a lecho.

 Su médico de cabecera, secretario personal, lo despertó de sus ensoñaciones.

- Estamos en la romántica ciudad de  Zurich-

La hermosa villa medieval. Allí les esperaban el vitalista Trelauny, antiguo amante, amor y amigo. Y su fiel criado Fletcher.

 

  

EL ROL DE SHELEY

El juego ha empezado; es la vida, es la muerte           

                                         Proverbio Chino

Capitulo I

      Residencia del matrimonio Sheley

 ( villa Deorati a orillas del lago Leman)

            Ginebra (SUIZA)

Los ojos deMary Sheley se pudren en agua. -- Pero osado de ti ¿qué te ata a mí? Percy ya sospecha de nosotros---El hombre que acaba de llegar ,George Gordon Noel Byron, sexto Lord Byron de Gran Bretaña, con una seguridad que sorprende a la mujer, entra bruscamente y cuelga su sombrero parisino en el perchero de la entrada.

--Calla mi niña, lejos queda ya esa pasión de nuestras noches en Caledonia, Percy me ha invitado—Esta respuesta la tranquiliza; su marido no iba a descubrirla ya en sus brazos, pero ¿Por qué llora? Mira esquiva sus ojos cenagosos, los que la habían visto desnuda, y que ahora se habían negado a hablar.

 --- Me agrada este retiro , naturaleza y tranquilidad y la bulliciosa Ginebra a un paso-

Con unas confianzas que extrañan a Mary, se tumba en el butacón oriental y lía un cigarrillo.

--- Espero que me hospedéis este verano, no puedo volver a Inglaterra—

Mary no lo escucha perdida en los ecos de la ventana.

--Por cierto, traigo noticias de Londres ¿Sabes la última de tu hermana? Ha irrumpido en el serio y regio parlamento ingles y han tenido que sacarlas a rastras, ja, ja, ¡Feministas!--

--Si ríete, pero cada vez lidera a mas y mas sufragistas, creo que al paso que vamos...—

Mary se calla y un silencio un tanto brusco cabalga en sus cabezas. Mary acaricia el retrato de bodas, donde su marido sonríe estúpidamente, George la besa en el pelo como a una niña buena ¿Como resistirse?  , 

El reloj da las dos cuando aparece el poeta. Observa el bastón de su amigo en el paragüero y les sonríe expectante. Los senos de su mujer pretender escapar por algún recodo de su bata y desprende un olor afrodisiaco, no se había fijado con detenimiento en la amplitud de los pectorales de su amigo, la perfección de sus muslos perfilados bajo el pantalón.

Este rompe su paraíso sexual delirante al proponer leerles un manuscrito del siglo XII que ha “tomado prestado “ de la biblioteca nacional. Lord Byron iluminado por la fastuosa llama de la chimenea les lee un texto que hace que la erección de Percy se trasforme en estremecimiento por todo el cuerpo. La vela se consume y el poeta, del que solo se distinguen rasgos calavericos, sombras chinescas les reta a seguir el juego. Mañana prepararían lo necesario para llegar a Compostela. 

 

CAPITULO I  BILBAO

Stheel aterrizaba por fin en el aeropuerto de Sondika. Tras su master en París, no solo traía una excelente preparación como creativa publicista de nuevas empresas, sino un matrimonio fracasado. Bajaba con prisa infundada del avión de la compañía Air France, sin apenas prestar atención a la azafata que servicialmente la condujo al exterior.

¡Y que exterior!, Sondika había cambiado bastante. Acababan de hacer las reformas en el aeropuerto. Sthell pensó que todo, desde que se fue, había cambiado una y otra vez.

 

En realidad, todo seguía igual, con mas años. Mientras esperaba sus maletas, prefirió no pensar en los motivos que la traían otra vez a su Bilbao natal. La triste muerte de su tía. Aunque la quería enormemente, no era su defunción lo que la preocupaba tanto. Aun no se cría que hubiera dejado toda su majestuosa vida en París como señora de Pierre Renoir, por una estúpida llamada. Seguramente no se trataba de Miguel, sino de un bromista.

Había picado el anzuelo de vete a saber qué trampa. . Estaba nerviosa pues además era su primera cita a ciegas. Por los recién fregados suelos del aeropuerto, se movía como si toda ella fuera armonía. Más que andar, flotaba, estaba tan feliz, emocionada, nerviosa. ¿Y si de verdad era Miguel quien la llamo?

A pesar de llevar siete años sin verse, se acordaba o al menos lo creía, de la cálida voz de Miguel. Estaba casi segura de que era él. Miguel fue su compañero de piso, su amor platónico durante toda su vida. Después, ya en París, lejos de él, empezó a asimilarse en su neurótica pero romántica concepción del mundo, que tal vez no fuera su amor eterno. Ese que esta toda tu vida ahí, desde la infancia. Y que ni siquiera volvería a verlo. Empezó a culparse de haber sido tan mojigata, de haberlo dejado escapar. No podía comprender como había estado tantos años sin confesarle/se su amor, pues Miguel también la quería secretamente. Al menos era bonito recordarlo así.

En realidad; su relación era bastante confusa; aunque llegaron a ser amantes, a pasar locas noches abrazados y juntos, el se reservaba. Creando un halo de misterio en su persona. Miguel siempre había sido un chaval muy estudioso, retraído, diferente, introvertido y tímido. Hasta primero de universidad no había salido con ninguna chica. Y la primera fue, claro, Stheel.

 Desde el colegio eran los mejores amigos. Sus padres se extrañaban de que Stheel no saliera con el resto de presuntuosas y superficiales compañeras y de que Miguel no se relacionara más que con ella. Era como si ambos escaparan de lo normal. De Lo convencional. Su destino. No tenían personalidad, era eso, y por eso no seguían las redes que sus padres habían tejido para ellos. Sino que tenían fuerza de voluntad. En el instituto, seguían siendo confidentes y parecía que se cerraban mucho a los demás. Pero después, en la Universidad tuvieron que separarse, porque Miguel iba a estudiar Filología y letras y Stheel publicidad.

Aun así, coincidían en varías asignaturas y seguían acompañándose en la facultad.

Y Alquilaron entre los dos el piso. Ninguno de los dos había dado nunca el primer paso porque eran felices como estaban. Siendo amigos. Era algo que no se les pasaba por la cabeza. Es esas amistades que estropearías enamorándote. Fue Miguel, en una borrachera, quien se armó de valor.

 Ahora Stheel sentía curiosidad por ver que le había reservado el destino o tal vez usaba de pretexto esa llamada, para escapar de su matrimonio del que cada día se percataba más de que había sido un error.

No había maltrato, parece que si no lo hay, todo va bien. Ni siquiera había enfrentamientos. Stheel los evitaba a toda costa. Y además ¿Cómo haberlos? Si apenas se veían. Ella siempre estaba en la Universidad, en la oficina, en excusas para olvidar.

En los tres últimos años, que llevaban juntos, no le había permitido ir a ver a su familia. Y como hacía mucho que su madre no la telefoneaba ni la enviaba cartas, Stheel había llegado a pensar que esa era su condena por irse fuera. Por dejar a su madre con el papelón de cuidar a su padre enfermo.

Era una egoísta. Ir a divertirse, estudiar, trabajar en lo que le gustaba, enamorarse dejando abandonados a sus padres, que tanto habían hecho por ella. Ahora tenía la excusa de que su sobreprotector marido no aprobaba que volviera a Bilbao. Había costado mucho convencerle de que quería muchisimo a su tía y...

Seguro que si no hubiera ocurrido esa repentina y oportuna muerte nunca la hubiera dejado ir. Esto no le alegraba pero era su última oportunidad de escapar de esa aburrida, monótona vida.Un grito de auxilio al vacío. Un chillido ahogado de desesperación.

 Todo había sido tan rápido, que esos siete años apenas parecían siete meses. Parecía que su matrimonio solo era un paréntesis en su vida. Quería pensar que aun era la inteligente niña que ya no volvería y prefería seguir engañándose de que aun controlaba su vida. Soñaba con no estar atada a la aburrida y rancia burguesía, a la hipocresía de su marido. Era muy romántico, cierto, pero acaparador, sobreprotector... La trataba como a otra más de sus posesiones. Eso la llevó a pensar que nunca había conocido a los dos hombres, que había amado.

A Pierre, lo conoció ya en París. Era su jefe y aun la avergüenza reconocer que le sirvió para ascender. Había trepado en tan solo tres años(los tres de matrimonio, justo al termino de la carrera y master) hasta directora general de Marketing de la empresa Renoir Corporation, de la que su marido era socio fundador.

Parecía que lo había utilizado, pero, en realidad, lo quería, o lo había querido alguna vez.

En el avión se le ocurrió una perfecta locura. Tiraría su anillo de casada por la ventanilla. Tan solo para ver como tres años de su vida se perdían en el vacío azulado y claro del cielo.

Entre las nubes de algodón.Después le diría que fue un estúpido accidente o igual, lo más probable ni se daba cuenta. Así pasaría, mientras tanto, por soltera, otra vez en la Gran Vía. Como si no hubiera pasado el tiempo. Como si no la hubieran empezado a salir las primeras arrugas.

 En estas cábalas estaba, cuando la desagradable voz de la quiosquera la volvió a la realidad del aeropuerto. Compró una cajetilla de tabaco y una revista de este país. Volvía a leer algo en castellano. Se decepciono. En su país también había gran hermano. Esperaba que Bilbao no, que se mantuviera lejos de esas cosas. Muy defraudada, tiró el papel couche a la papelera. Sobre esta sobresalía una página arrancada del “Mas Allá”, recortada, donde se explicaba lo que el cabalista Henrik Fellout había descubierto, no lejos de la estrella de Santiago de Compostela; La Espada de Cayo Casio Longino, supuesto verdadero asesino de Jesús según los evangelios apócrifos. Lectura preferida de Miguel. La leyenda decía que Jesús no murió en la cruz, sino al clavarle en el costado esta demoniaca espada. Stheel era agnóstica y le resultaba más fácil creerse esto, pero no podía entender que podía hacer en un lugar tan remoto como Hispania; en Finisterre. Así que no le dio importancia.

 Siguió poniendo en orden sus sentimientos, mientras llamaba al servicio de taxis que la llevaban de vuelta al casco viejo. Quería ver que seguía igual, para creerse que el tiempo no había pasado. Pensó en su extravagante tía Clarisse, de la que poco o nada sabía por medios propios. Ya que la conoció ya anciana. Se la presentaron como la encantadora abuela que nunca había sido. A Stheel le parecía que este rol con que la conoció en su infancia, no encajaba con lo que la habían contado sobre ella. Una mujer liberal, bohemia, un poco ligera de cascos, problemática, vivaracha y muy excéntrica que había sido actriz y tenía la lista más larga de amantes de toda la urbe parisina. Se había codeado con escritores del periodo existencialista, había sido la musa de pianistas de cafés teatros y pintores al aire libre. Sus amantes fueron altos cargos, directivos, políticos... Su lema “a vivir, que ya descansaré” terminó cuando se vio obligada a arrastrarse patéticamente en una tumba silla de ruedas, su tumba móvil. Sus días de gloria habían terminado. Ella que tuvo las piernas más bonitas del espectáculo. Tampoco la sirvió el  “a vivir que son dos días”, porque acababa de fallecer con noventa y nueve años. Toda su vida había sido conocida por todos, pero su persona siempre fue desconocida, hasta para ella misma. Era un personaje público y famoso pero ninguno de sus maridos la había durado más de medio año.

 A Stheel la agradaba esa viuda que le enseñaba postales y álbums repletos de recuerdos, fotos de escenas congeladas en el tiempo. Que la preparaba pastas en un cálido y entrañable hogar. A la par que una tormenta las hacía sentirse seguras, una cerca y teniendo a la otra. Tal vez estuviera arrepentida de su vida, porque los últimos años, según su madre, los había pasado asistiendo a misa, dedicándose a Dios y a obras de caridad. Ya podría con todo el dinero que había acumulado en trabajos, no del todo honesto. Al ritmo que había despilfarrado, su última época debió haberla pasado apurada económicamente. Pensar que la gran Clarisse Defoe, actriz de postín, amante de lujo, había acabado sus días en un lugar como aquel... En un barrio minero, obrero y común de Gallarta. Donde ya sólo vivían viudas de mineros y obreros de A.H.V hasta que una a una iba marchando al asilo. El barrio se llamaba El Casal y no tenía nada de particular. Tal vez por eso lo escogió, por su silencio, paz, quietud, espera de la muerte y tranquilidad que emanaban sus luminosicos pisos de hormigón. Y eso es lo que necesitaba tras toda una agitada vida; alejarse de la opinión pública. ¿Qué había venido a hacer esta dama de cafés teatro, grandes tertulias y cafés irlandeses en un barrio tan escondido como este? En el que todo se murmuraba.

Allí hoy, todos hablaban de su repentina muerte y recordaban la forma tan extraña en la que se instaló por primera vez en el piso 5º del nº 3 del barrio.  Entre estos 2 hechos,  apenas había salido de casa.

 

Stheel lo había conseguido. Había estado pensando en algo no egocéntrico, que no girarará en torno suyo, de Renoir, su madre o Miguel. Pero ya todos se habían bajado del autobús y el conductor la recordó que era la última parada. --A no ser que te vengas a comer con mi parienta.--- Bromeó el chofer. Sthell no estaba para bromas. Si aun no había bajado del autobús era porque la asustaba el reencuentro con su madre.

 --- Eres ya una mujer, hija. Como has cambiado. Siete años y solo viniste a la boda de tu primo. Ese marido tuyo ni siquiera nos dejo ir a verte el día de tu graduación o el no creo que feliz día de tu boda. ¡Lo siento! Nos hemos perdido todas esas cosas importantes de cualquier vida--- Su madre hablaba sin parar, llorando.

---¿Por qué no me llamabas? ¿No aprobaste que me fuera?, ¿que estudiara letras? y lo que menos, que me casara ¿No?---

--- Si, si si te he llamado. Nunca estabas. Pensaba que me evitabas. Que ya tenías tu vida allí y esta vieja...¿recibiste mis cartas?---

---¿Qué cartas?--- Stheel ya lo entendía. Su marido no la avisó de las llamadas de sus padres y debió de interceptar su correspondencia. Era como si temiera, que extrañará a su familia, su pasado y le abandonara. Stheel le creía capaz de eso y de más. 

El Reencuentro estaba teniendo lugar en un pequeño parterre del barrio. Su padre se encontraba en su silla de ruedas, al fondo, en un segundo plano. Se abrazaron con todas sus fuerzas hasta quedar satisfechas. Herminia separó de sus pechos a Stheel para verla mejor. Stheel había cambiado tanto físicamente, se preguntaba como sería por dentro. Stheel veía a su madre igual que siempre. Pero mientras ella había crecido, su padre había empeorado. Estaba muy decrépito y su enfermedad crónica muy avanzada. Sintió mucha pena por él pero aun más por su madre, cuidándolo. Aun reconocía a su mujer pero a su hija Stheel la trataba muy fría hasta que se dio cuenta de que la había confundido con la enfermera. Le regaló una piadosa sonrisa. Siguiéndole el juego.

 

Aunque era una calurosa tarde de Julio no sabía que la hacía recordar las frías y lluviosas tardes en la que su tía abuela Clarisse relataba románticamente su vida. La costaba entrar en sus arrugados ojos, descubrir la autenticidad de esas historias en los brillos del iris. Pero disfrutaba de su compañía. La puerta se abrió con dificultad, como si no se hubiera abierto desde hace años, a pesar de que el día anterior el juez y el forense habían sacado el cadáver de la solitaria mujer. Con la lujosa vida de amantes y dinero arrastrándola, e ir a morir justo allí. Una patética muerte acabo con su soledad y ruina. Igual que Dietrich, igual que Monroe. Parecía que todas las actrices y divas acababan desengañadas y en muertes nada románticas. Es como si Cleopatra hubiera muerto mientras retransmitían Tómbola por su TV.

 

El que había sido su hogar estaba destartalado, lleno de figuritas y recuerdos tirados por el suelo. Esparcidos papeles a doquier. Como el estudio de un joven artista. Notaba que al entrar a esa casa que olía muerte y a vejez, su madre había tenido el mismo remordimiento que ella. El de que la hubieran dejado morir sola y triste, amargada, sin salir de casa, en sus recuerdos. De que no la hubieran llevado a una residencia o se hubieran hecho cargo de ella. Pero se excusaron pensando que ya tenían que cuidar de Víctor, el padre. Además habían dado por supuesto que estaría bien. Siempre fue muy independiente. Una intromisión familiar la hubiera desconcertado. Pero tal vez era su orgullo, el no hacer lo que no esperaban de ella, la razón de que no hubiera pedido ayuda a tiempo a su familia.

 

El resto de la tarde, Stheel y su madre lo pasaron recordando añorantes travesuras y conversaciones que a Stheel le habían marcado su vida. Herminia se había fijado más en sus gestos que en sus palabras, por más que su hija intentara parecer feliz, a ella no podía engañarla. Así que saco el tema de Richard . Stheel, que ya había bebido, se desmoronó y se echo a llorar, como si nada hubiera cambiado, desde la última vez que se enfado con sus amigas y lloro en los brazos de su ama. --- De veras,  no deseo volver a París, me quedare ayudándote a cuidar a papa—dijo con la mirada ida.

--- Pero hija, tienes allí una vida, un marido, un buen trabajo.—

--Todo eso me hace sentir como una trepa que ha ascendido a costa de un marido que la ignora— Cenaron en un chino y después, acudieron a una fiesta veneciana en la plaza nueva ,en el centro del casco viejo, con motivo de los 700 años de la fundación de la villa de Bilbao. Fue preciosa, llena de luces, colorido, mascarada, globos aerostáticos pintados como en el siglo pasado, muchisima gente, la policía, la televisión, los balcones de la plaza ocupados por estudiantes de arte dramático vestidas de reinas... Y la aguardaba lo mejor.

 

Sus amigos la habían preparado una fiesta en el bar de copas o pub, anglicanismo que usaban ahora las generaciones por debajo de Stheel, que pertenecía a Luigi.

El “Eguzki Selene”, que así se llamaba, estaba repleto de gente, muchos amigos de Stheel que venían a darla su fiesta de bienvenida, esperando que se quedara para siempre. No podía dar crédito a lo que veía; la individualista de Natalia, la más reacia al matrimonio y la que peor se llevaba con él, estaba esperando su segundo hijo. Aquella noche fue una locura. La bebida corría de mano en mano, el camarero de la barra, algo furioso porque su jefe Luigi no arrimara el hombro, preparaba cócteles y mezclas. El pinchadiscos(o DJ) había dejado la música maquina y esa noche solo tocaba las baladas preferidas de Stheel. Stheel había bebido más de la cuenta, llevada por la emoción de ver tantas caras conocidas, estaba muy alegre y más sociable que nunca. Daba besos a todos, ya no sabía ni a quien. Se sentía tan feliz por estar lejos de Richard, de esa vida falsa de París, que no era la suya. Hoy era la reina del baile. Las luces de los focos la iluminaban, los cuerpos sudaban y bailaban hasta enloquecer. Y así hasta las tres o cuatro de la mañana.

 Para no molestar a su madre, sus amigas habían reservado entre todas una habitación en el hotel Ercilla. Porque sabían que la gustaba el lujo, no era lo mismo que el Ritch de París pero se intentaba. Stheel, completamente borracha, no se acordaba de que Miguel, por teléfono, la había dicho que quedarían al día siguiente en un hotel. ¿En donde? En el Ercilla, ¡qué coincidencia!

 Sus amigos daban por supuesto que el anónimo era Miguel. No habían podido localizarlo para la fiesta, así que convencieron a Stheel, para que lo sorprendiera.

 - Toma la iniciativa y entra en su habitación. Adelanta su cita a ciegas.-

- Sí, ¿después de tres años?- No sabía si seguiría existiendo la complicidad de antaño, pero ansiaba descubrirlo.Tras tres años sin verse, era una locura sorprenderlo a las tantas de la mañana pero si era Miguel, si de verdad era él, esta excentricidad le haría mucha ilusión. Ebria nunca lo hubiera hecho. Tampoco si sus amigos no la hubieran casi obligado. Ahora no se acordaba de la infidelidad de Miguel con Jennifer y lo que había llorado. Solo recordaba lo que le gustaba el cuerpo de Miguel y sentía que aquella madrugada la esperaba. Todo lo demás era el pasado, quería recuperar el tiempo perdido. Aquella llamada, en medio de su soledad, la hizo lo que a una enclaustrada un rayo de luz.

 El hotel, a esas altas horas, estaba muy silencioso. Sin embargo, había un limpiador al que ignoró y llamó al ascensor. Las luces estaban casi apagadas, por un momento sintió miedo, no sabía a que. Lo dicho, en vez de ir a la 308( su habitación) se dirigió a la 105( en el 1º piso)

Tan ensimismada iba, que tropezó con el trasnochador botones que corría como presa del diablo. El encontronazo violento duró apenas unos segundos porque llevaba mucha prisa y en segundos, reanudo su ¿huida? Sin embargo, Stheel veía algo raro en ese botones. Tal vez que llevaba un gran maletín y una bolsa de basura en la otra mano. A Stheel le sorprendió muchisimo, encontrar abierta la suite de Miguel. Ignorando la repercusión en su vida de ese paso, entró en ella.

Su sonrisa en décimas de segundo la transformo en una mueca de espanto. Ni siquiera tenía fuerza para gritar pero lo hubiera hecho, un grito de terror que despertará a todo el hotel.

Allí yacía inmóvil su compañero y  amante eterno desde los diez años hasta los veintidós. El admirador secreto anónimo sobre una bañera de espuma, desnudo, de la que ya no salía agua sino sangre. Sangre enjabonada, pero que emanaba pura de la herida profunda y mortal  de su cabeza. Y de otra en el corazón donde tenía anclada una daga templaría.

  Todo esto lo supo después Stheel, porque ahora, se limito a caer cual pluma a merced del aire que era, y a desvanecerse. Se desmayó, perdiendo el conocimiento, junto a su amor eterno Miguel. Como Romeo y Julieta. El viento, proveniente de la ventana, cerró la puerta.

 Serían las diez de la mañana, cuando la señora de la limpieza Placa 7 encontró a la pareja totalmente cubierta de sangre, en el cuarto de baño. Avisó al gerente, este al director y al departamento de policía y de seguridad del hotel. Y en escasa media hora, ya estaba todo aquello repleto de policías. El enfermero tranquilizó a Stheel, que era presa de un ataque de histeria. La cara del comisario Iriarte, sin embargo, inspiraba todo lo contrario. Sus arrugados pómulos contraidos la daban una idea del lío en que se había metido. Su plegada frente intentaba decirlo con palabras que una universitaria entendiera.Al final su temido pero obvio formulismo salió de su amarga boca de labios finos:

                                  “Queda Usted detenida”

Tras leerla sus derechos, la pidió amablemente que le acompañará. Ni siquiera la puso las esposas. Allí dejaron al juez tomando nota, al fotógrafo policial tomando fotos del horrible homicidio ¿1º? ¿2º? ¿Involuntario?  Y al enfermero que quitaba la sangre ya reseca del traje de los sábados de Stheel, cual maquillador preparando a una estrella para salir en TV.

 

Estrella. Lo había sido de la noche y amenazaba serlo del resto de ese horrible día.

 

Cercana al barrio de Begoña, estaba la comisaria donde Iriarte tenía su despacho.

Stheel fue conducida por dos hombres por un estrecho pasillo de delincuentes, prostitutas, traficantes y criminales. Más para protegerla a ella de aquellas resentidas gentes que la lanzaban obscenidades, que para asegurarse que no se escapaba. Durante todo el interrogatorio, el comisario no sonrió ni gesticulo, manteniendo su inexpresiva mueca de Póker. Mientras la hacía el test de alcoholemia.  Mientras revisaba primero en sus viejos archivos rebosantes de papeles y luego, corregido por su auxiliar, en la base de datos del nuevo ordenador. Parecía no acostumbrarse todavía a esos trastos.

--- Compruebo que no tiene antecedentes---

¿Por qué iba a tenerlos? Hasta hacía menos de 24 horas su vida era un capitulo de la casa de la pradera.. No pensar en su madre al irse, en Miguel al casarse con Pierre y en Pierre al casarse sin amor, no era aun ningún delito legal. Quería echarse a llorar ante el comisario,   --- Usted no le conocía, era un amor--- le habría dicho—Siempre se van los mejores--.Pero el serio rictus de su interrogador, la devolvió la compostura. Invitaba a desafiarle.

-¿Cuánto tiempo tengo que estar aquí?---

--El que haga falta, como digo, no tiene antecedentes pero el test da positivo.---

--- Era mi fiesta y Si, bebí un poco ---

--- ¿Tanto como para tener el valor de matar a su amante?—

- ¿Amante? ¿Cómo demonios sabía eso? ¿Una cosa que había pasado hace 3 años?-Pensaba—Lo habrá deducido ¿Qué otra cosa puede hacer una mujer allí con él a las tres de la mañana?---

Stheel, que es de las que creen que con la verdad se llega a todas partes, le contó al paciente comisario todo desde el principio. Todo lo que se acordaba(por la borrachera) e incluso su pasado con Miguel. Aquello parecía la consulta de un sicólogo.

--- ¿Me esta diciendo q tras 3 años de ausencia, entra en la habitación de un ex novio para sorprenderlo?-- Preguntaba sarcástico el viejo policía, añadiendo irónico--- La sorpresa se la ha llevado usted---

Humor del negro que se clava en la muy consternada Stheel.El comisario firmaba algo que parecía una orden de detención.La secretaria pasó una llamada al comisario.

--- Su mujer esta aquí --- silencio—si, detenida por la muerte de Miguel Vellocino --- silencio--- en este caso no hay fianza ni multa—silencio--- Por esa suma y viendo que es usted un hombre de posibles... digo de confianza, podría darla la libertad condicional si me garantiza que no saldrá del país y se presentará a todas las vistas judiciales--- Silencio—Se la paso, señorita, es su marido...

 

--- No quiero ponerme—De nuevo, sus manos se habían adelantado a sus deseos.

La voz de su marido la daba asco, era una cosa que nunca se había dado cuenta hasta oírla en otro país. Era carrasposa, como la de un viejo verde. Desde luego, solo tenía cuarenta años, pero aparentaba bastantes más.

 

En menos de un cuarto de hora, se la había relacionado con un amigo al que no veía desde hace siete años. Se sentía profundamente mareada y quería concentrarse en recordar todos sus pasos de la noche anterior.Eso era lo que hacía de pequeña, taparse los oídos y creerse que nada había sucedido. Y cada vez que los habría enfurrullarse porque todo era real.

Esta vez el asunto no era una regañina con mama o las amigas, era algo muy grave.

 

Su marido ahora acababa de decirla que estaba en un avión viajando de un congreso de accionistas pero que intentaría pasarse por allí y sacarla.Y tenía algo importante que decirla.

A Stheel le daba igual lo que tuviera que decirla por importante que fuera, solo veía que no podía escapar de él y del rumbo aburrido y burgués que su vida había tomado. Como cuando de niña, intentaba en vano escaparse de casa y de sus padres, al día siguiente volvía gacha y arrepentida.

Un día fuera de casa y ya estaba envuelta en un crimen.

 

Los dos hombres de antes la llevaron por fin a una celda donde por fin pudo  descansar de tanta presión, tantos nuevos acontecimientos y reflexionar.

Sola consigo misma, ¿con una asesina?

Entonces entró Natalia, marcando pecho o en su caso vientre embarazado, desafiando al fascista(según ella que ya le tenía asco de antes) del comisario. Detrás iba Luigi, muy cortado.

--Pero bueno. Nos hemos vuelto locos. Ella no pudo matar a Miguel porque nunca ha amado a nadie como a él y porque esa noche estuvo con nosotros. ¿De donde va a sacar una daga templaría? ¿Y que sacaba ella con esto?--- Despues siguió hablando en terminos judiciales.

Natalia era abogada no practicante, se ocupaba de la barra con su marido. La gustaba ser su propia jefa, ella no iba a despedirse por estar embarazada.

El comisario Iriarte, al que las histéricas que venían a montarle el número, desde hacía años, no le impresionaban, corrigió--- La recepcionista ha testificado que Stheel entró a las once de la noche---

--- Imposible, a esa hora, Stheel cenaba en un chino con sus padres---y había testigos. Su coartada.

 

Stheel no quería meter a su madre en todo aquello.

Odiaba verla sufrir. Por eso, cuando salió de la comisaria acompañada de sus héroes salvadores; Luigi y Natalia, optó por no comentar el asunto con ellos.

 

El tren la dejó en Gallarta, en las encartaciones, donde en una iglesia moderna obrera iba a tener el lugar el funeral por su tía abuela Clarisse. En la comitiva fúnebre un hombre la separó del resto, con fuerza.

--Usted no me conoce, Madam —tenía un aspecto francés repelente y un acento gabacho en su castellano de cursillo--- su marido me confio vigilarla por su propia seguridad

¿Seguridad? ¿vigilancia? ¿Protrección? Ja. La expiaba por celos de Miguel Ya había notado que a veces la seguían pero creyó ser otra paranoia suya. Es lo que la faltaba, su marido un celoso neurótico.

- Descubrió en su correspondencia una carta de amenaza chantaje, hagamos un trato. Yo le doy esa carta que no ha visto si me habla de esa llamada anónima.-

---¿Por qué no me pincharon ya el teléfono de paso?---

--- No se enfade- la calmaba el languido hombre, que sabía de los vanos intentos por pinchar la linea.

-- ya. ¿Cómo sé que no me engaña?—

--- No lo sabrá---

La carta, sin sobre (es decir, que Miguel la mandó a un enlace en París que lo echo en mano en su buzón)estaba construida a partir de recortes de letras de revistas diversas que formaban frases amenazadoras, era un chantaje en toda regla:

 

Estoy pasando un gran apuro económico. Me veo obligado a pedirte un “préstamo” de tres millones de francos. Los necesito y por favor, sin preguntas. Hay alguien importante persiguiéndome y lo he perdido todo.

De lo contrario aireare nuestra secreta relación y no creo que el gran Renoir este dispuesto a otro escándalo. No le vendrá bien a su imagen.

Te llamare para decirte donde debes de darme el dinero en mano.

 

Había varias cosas en esa carta que no encajaban con el idílico recuerdo que mantenía del romántico Miguel. No podía creer que la hiciera esto. Miguel tenía orgullo, no sería capaz de pedirla dinero tras 7 años. Sin embargo era capaz de perdonarla y de arrepentirse, en tan solo una noche de amor loco, en el hotel Ercilla. Así era Miguel.

 

La llamada parecía más un juego que una petición de cita a ciegas. Así que la carta era falsa pero la llamada no. La preguntaba si estaba sorprendida de escuchar voz castellana tras tanto tiempo y la decía que él la echaba de menos y que prefería no decirla quien era para que fuera a verle. Pero, sin dudas, era él. La cita era para el 4 de Julio. Stheel al principio no iba a ir, pero aprovechando ir al entierro de su tía, se había hecho la ilusión de volver a verle.

 

El detective francés no estaba convencido del todo. Sabía que ella le ocultaba algo pero él también. Así que la dejo irse. Stheel por olvidarse de ese tema, entró en la vivienda que hasta hace tres días había ocupado Clarisse.

 

Quería que aquellas paredes y recuerdos la dieran una idea de lo que había sido el día a día, sumergido en añoranzas, de aquellos últimos años de vida de esa solitaria mujer.Anhelaba un regazo sincero y que no buscara nada a cambio, como el de aquella señora que la mecía junto a ella en su mecedora.

Se sentó en la mecedora, seguía en el lugar de siempre.¡Y la de años que habrían pasado!

Se contemplo en el espejo, comparándose con el viejo retrato de ella, que como un fantasma iba susurrarla a la oreja que la historia se repite.Que todo vuelve a su punto de origen y las generaciones se confunden. Y todas las hijas, nietas y biznietas son una misma entidad, un espiritu comun.

Stheel se ensoñaba con nada y volvió a la realidad de una caída de culo. Mecedora incluida. Esta tenía la trasera descosida y de ella se desprendió un paquete, lleno de polvo. Era de un papel corriente y anudado con un lacito rojo.En su interior había un montón de cartas de amor, que la curiosa de Stheel, dejó para luego. Porque ahora lo que verdaderamente llamaba su atención era un diario del camino de Santiago y un tablero ¿de la oca? muy extraño.Sus casillas eran bien diferentes a las actuales.

En ellas estaban representadas las diferentes etapas del camino pero no, no era un juego de la oca, sino un tablero de Rol.

Rol; eso le vino a la cabeza la de risas y marginaciones que la había costado ser la única chica que se ponía a jugar a esos juegos “ de espiritismo y locos”, con los chicos. Y esos chicos no eran nada interesantes, los empollones. Sin embargo Stheel se lo pasaba mejor jugando a ser una princesa, en el patio, que una presumida, dependiente para seguir existiendo, de la admiración masculina.

 

Ese tablero representaba el norte de España, desde Roncesvalles hasta Finisterre.

Y había posadas, puentes, ermitas, rutas, bosques y castillos.

El tablero se abría en dos; Y dentro estaba el dado, unas fichas muy desgastadas, en las que era imposible distinguir su forma(por los años, parecían ya tabas) y una libreta de anillas, también muy sucio, viejo, carcomido y casi ilegible.

 

Le agradaba tener un recuerdo así de su tía abuela.

Se lo guardó y echo una ojeada a la biblioteca de la tía.

Stheel era una lectora empedernida, desde su más tierna infancia y estaba dispuesta a “Tomar prestado” algún ejemplar, antes de que un bibliófilo se hiciera con todos y los subastará a otro amante frívolo del exterior de un libro.Era muy reducida pero tenía todos los clásicos ingleses y franceses. Se decepcionó un poco porque salvó unos ejemplares muy antiguos de la Celestina, el resto eran colecciones, casi actuales.

Clarisse, antes de llevar la vida que llevó, había querido ser escritora. También habló de hacerse egiptóloga y arqueóloga, por lo que sus padres comprobaron que había vuelto a leer Agatha Cristhie.

Pero, después, en su adolescencia, la literatura y sus memorias, sus cartas, sus pequeños cuentos y cuanto escribía o leía, eran sus momentos de tranquilidad y reflexión de toda aquella vida suya.

Fue militante de izquierdas. Uno de sus amantes era un político, cuyo romance con esta diva, provocó un escándalo y su dimisión.Clarisse enamoró lo mismo a los grupos de existencialistas, nuevos románticos, snobs hiperrealistas y cuanto intelectual se encontraba en los cafés teatros, como a Hitler y los soldados nazis que descansaban viéndola las piernas. 

Clarisse era muy parecida a Stheel en su visión romántica del mundo hasta que la edad y sus amistades como Sartre y Duras la envolvieron en un pesimismo típico de los desengañados o desilusionados.

 

Stheel sacó un tomo marrón oscuro, con cubierta de cuero y algo quemado. Eran los versos satánicos encontrados en Jerusalén. Uno de los muchos libros prohibidos, que después censuró Franco y la iglesia Catolica.Este venía de contrabando de la frontera. Una edición francesa que se basaba en el manuscrito original, una traducción de Peter Sheley.En el había algunas letras subrayadas, que al juntarse, por orden, daban forma a una frase.Era como los juegos infantiles que tanto gustaban a Stheel. OYE LA BRISA

Eso era lo que se podía leer. Pero ¿eso tenía algún  sentido?

 

El mar. San Sebastian le vino a la cabeza. Su tía había nacido en San Sebastián. Eso lo supo por su madre, aquel mediodía, mientras ambas comían juntas en su restaurante favorito.

-- Cuéntame algo de la tía---

--- Ella arrastra el secreto de familia—

Herminia tenía la facultad de darle misterio a todo, hasta a la conversación más insustancial. Gustaba de ver intrigados y curiosones los ojos de su hija.

- Tu bisabuela fue infiel a tu bisabuelo. Ese es el secreto---

¡Ese es el secreto!. ¿Qué clase de secreto familiar es ese? Aunque ser infiel a finales del siglo XIX si que era, para la época, un signo distintivo de la familia.

 

Herminia, fabulista y poseedora de los conocimientos de toda su historia familiar, empezó a relatar una vieja historia, que la traía muchos sentimientos inconfesados:

 

Bernardo(abuelo de Herminia, bisabuelo de Stheel) fue infiel en San Sebastián, y el amante, amigo del marido, le confeso a este quien era de verdad el padre de la niña, de Clarisse.

Tu bisabuelo lo supo desde antes de que naciera a quien iba a querer menos por no ser su hija. No fue una cosa así de fría y radical, sino que se ocupaba más de su otro hijo mayor, al que procuró unos estudios de medicina, una buena carrera  y todo lo que pedía, mientras que a su hijastra pronto la dio por perdida.

Incluso cuando Bernardo murió, que ya era viudo, dejo todo, absolutamente todo a su hijo mayor y solo una escasa pensión y muchisimas deudas y muertos a Clarisse, que no es tu tía abuela sino tu verdadera abuela. Pero al marcharse así de mi vida, abandonándome y enemistada con toda la familia, por esos problemas de herencia, la dejamos vivir su vida, hasta que ya de mayor, te la presentamos como una tía abuela para que no nos preguntaras porque la veías tan poco.

 

Ayer me sentía culpable por abandonarla en esta casa, con su soledad, pero no fue por tener a tu padre, sino por despecho, por resentimiento hacía ella.Ahora muerta, me atrevo a contarte esto y ahora, muerta, me parece que me porte fatal con ella. Y ya es tarde para reconciliarnos madre e hija, tal como hemos hecho tu y yo ayer.   Stheel estaba descubriendo más cosas sobre ella, los hombres a los que había amado y su pasado y el de la familia, que en todos sus años de vida juntos. Descubrir que tenía, perdón, que había tenido una abuela, ya no despertaba en ella nada. Ser la niña sin familia era un complejo de escuela ya superado. O tal vez no. Por eso se lanzaba tanto a los hombres, buscando aquel cariño que su familia podría haberla dado.

 

Esa tarde la pasó en la lujosa pero desastrosa casa de su antiguo profesor, Ricardo.Este había sido muchos años su profesor de lenguaje y de historia española.Y la manipulaba, cierto, pero del lado republicano.

Tal vez porque conservaba los peores y más atroces recuerdos de la guerra civil.

Él era profesor de una escuela rural, cuando aun no había empezado la vorágine del éxodo rural o los vientos fuertes del capitalismo. Era demasiado mayor para la contienda, pero por otra parte los nacionales lo veían como un joven intelectual. Y serlo era sinónimo de ser rojo. El rechoncho hombre estuvo a punto de morir, temiendo como un vil cobarde la muerte, le pisaron las gafas y ya no era testigo de su secuestro en un cuartelillo, en vez de un zulo. Se sentía igual que se siente un reo que va a morir en la silla eléctrica.

Y todo el resto de los acontecimientos, que él ya no podía ver sin las gafas, le parecían lejanos, como los de otro hombre. Otra orden de fusilamiento...

Se salvó porque su mujer se había liado con un capitán y había conseguido sacarle.Después nada le pareció tan horrible y a la vez emocionante. Todo fue pobreza, hambre, niños que le pedían su manzana, totalmente desnutridos y mal vestidos.

 

Ahora vivía entre recuerdos, novelas, papeles, documentos, tesis, basura y comida. Ricardo Barroso había engordado mucho y envejecido muchisimo más. A distancia había seguido actualizando sus estudios.

Era filólogo y había sido anticuario y esa era la principal razón de que fuera a verle. Aun se acordaba de ella, con dulzura, como la niña sabihonda a la que le ponía las preguntas más difíciles que al resto de la clase, para hacerla superarse.

--- Quiero que me digas que valor artístico, económico e histórico puede tener este antiguo juego de Rol. Y tu que conociste a mi tía Clarisse, que por cierto, ya me han dicho que es mi abuela, ¿sabes que valor tenía para ella el mar?---

El viejo profesor se rió, esta vez no era una sonrisa benévola hacía su alumna, sino una picarona pose de viejo verde.    Ahh, ¡como recordaba sus pechos, su piel, su pelo precioso sobre sus ojos que le miraban con pasión. Si, el mar, que de recuerdos le traía aquello. La playa desierta en invierno, La concha, y ellos dos, por la noche, sin importales el inhumano frío o los curiosos, se daban calor bajo el estrellado reinado de la luna y la noche, el mar...

Pero era un profesional y tras saber todo el asunto del libro, se lo contó todo a Stheel.

--Si, a tu abuela la gustaban los mensajes secretos, pero este se lee al revés. En vez de querer decir OYE LA BRISA viene a decir si lo lees al contrario, proyectado contra un espejo por ejemplo, ASIRBA  LEYO.¿Asirba? ¿Quién es Asirba?

- Era el primer novio de tu abuela y sospecho que tu abuelo. Es una historia larga de contar y a mi edad te das cuenta de una cosa; el tiempo es muy preciado.

Con esa indirecta venía a decirla que tenía algo que hacer. Por supuesto, ya con casi noventa años, no trabajaba, pero de vez en cuando, se paseaba por su antiguo y último instituto a decepcionarse un poco, como le gustaba decir.Veía en que había degenerado aquello y a la generación x se reía de él.Eran dos mundos opuestos.

 

Stheel empezó aquella noche la lectura de las cartas de amor, porque con agrado, se dio cuenta de que era una correspondencia ante su abuela Clarisse y...Asirba.El filólogo la llamó a altas horas de la noche, tan solo porque se había acordado que Asirba significaba Siervo, en árabe.

Tambien la interrumpió otra llamada, esta le gusto todavía menos, porque era al timbre de casa, de casa de su madre. Serían las dos de la mañana y su padre ya había dejado de quejarse y decir las tonterías que el alhceimer le hacía decir(compadecía a su sufriente madre) y todos dormían, menos Stheel que con las cartas de amor, intentaba olvidarse de su propia vida. De que Miguel había muerto y con él, la esperanza de encontrar el amor eterno y las maquiavélicas estrategias de su marido, además del estar metida hasta dentro en un asesinato. Todo eso la venía a la cabeza entre tanto amor, mi gatita, te añoro, besos, espérame y demás, cuando llamaron al timbre.

Era su marido. Esto era como una pesadilla. Precisamente cruzaba todos los Pirineos para alejarse de él y él en un día, la localizaba y se presentaba a las puertas de la casa de su madre.

--- Tranquila mama, vuélvete a dormir, esto es asunto solo mío.---

En la escalera no podían discutir porque estaban los vecinos durmiendo.Salieron a dar una vuelta. Aunque Stheel no hiciera más que mirar a las estrellas creyendo que estaba ella sola hablándolas, sin Pierre molestándola. Y Pierre la desnudaba mentalmente, quería sentir su cuerpo.Hundir sus manos entre sus mechones e ir surcando sus senos.Pero Stheel le hablaba de divorcio. Hoy era mal día para unir sus cuerpos.

--- Lo que no entiendo es porque lo mataste—

--- No necesito que tú me creas, no sé ni para que has venido---

--- Mira, haré como si no me hubieras engañado, olvídate ya de él y de todos los hombres.---

Era cierto,resiganda a su marido o no, ahora le tocaba olvidar. Olvidar a Miguel y todos sus recuerdos o sufrir una añoranza continua y perniciosa. Aun no se había dado demasiada cuenta. Él estaba muerto. No le vería más. No era, tal vez no existía, su amor eterno.

No escuchaba a su marido--¿Has visto lo que te sucede por ir de Dama de loas Camelias por la vida?—

 

Solo tenía algo claro. Con su marido, no podía ni quería volver. A esa vida, a esa dejadez por su propia vida, a los malos tratos, a la soledad. Nunca más.  Stheel creía que su tía y Miguel muriendo la misma semana querían decirla algo. Una señal. Tal vez que viviera la vida o quizás Miguel, metido siempre en asuntos de historia medieval y aquel tablero tenían alguna relación.

 

Le vino a la cabeza las cartas de amor, que habían revivido en ella su pasado lector de Daniell Steel, Corin Tellado, cumbres borrascosas y cosas por el estilo.

Entonces pensó en el primer amor de su excéntrica abuela.Cuando ella estudiaba aun Arte dramático, antes de que empezará en la compañía de baile. Cuando le conoció en Almería, en aquel tableado flamenco que se marcó y despues cuando interpretó a la egocentrica Diana en el Perro del Hortelano en Sevilla. Y sus primeros encuentros y citas, sus besos furtivos de Melibea¡Que joven, inocente y principiante era en el amor! Y sin embargo, ningún amor posterior superó aquel. Ni siquiera con el profesor de Stheel, D. Ricardo.

Asirba era marroquí y en su país había descubierto un libro persa sobre el camino de Santiago. Pero su país, con todo el conflicto español, no estaba para arqueología. Sus investigaciones se vieron frustradas, no llevaban a nada y sus publicaciones no conseguían pasar la frontera.

El intento emigrar hacía España. Lo consiguió de polizón de un trasatlántico de lujo que había hecho escala en su ciudad. Él era bastante joven, para haber descubierto ya un libro inédito, de incalculable valor artístico e histórico. En realidad, solo había seguido el sueño de su padre y abuelo.

Ambos sabían de una pequeña ruta, escondida en la parte oriental del Monte Atlas, la que pegaba con la rica y prospera ciudad Ben-Ghirana. Esta era como un barco en mitad de la soledad del océano.

Es decir, rica, prospera(al contrario que su país) y sumergida en un oasis, allí en mitad del desierto saharahí. Era una zona tranquila, pacifica, rutinaria, donde ningún ejercito se adentraba.

Sus habitantes eran ricos y burgueses camelleros, que al alquilar camellos y dromedarios a los turistas habían añadido guías turísticos, como sus hijos.

Como Asirba. Asirba no servía de pastor o agricultor. A lo que la mayoría de sus compañeros aspiraba. Mujer, ovejas, camellos, tierras...todo eran posesiones.

Pero posesiones materiales, ideas conformistas.

Asirba, al no tener tv( como todos allí) leía mucho. Y por las noches soñaba salir de aquel pueblo, donde tenía todo, iba a tener un futuro organizado, como mercader.Y esposas ya concertadas.

Pero eso no era vivir, como lo entendían los occidentales. Seguir a tu voluntad, aquello era seguir el Destino.  Por eso se puso a estudiar, hablaba varias lenguas. Y su padre se pudo permitir muchos cursillos y academias en la gran ciudad, pero no una carrera.

En Marruecos se necesitaban personas que hablarán francés, castellano y alemán.

Los turistas ya no querían solo sol, playas y comprar.

Querían ver monumentos, que para los habitantes de la zona pasaban inadvertidos. Era la roca testigo de todas las mañanas cuando debían llevar los rebaños. Eran piedras absurdas, inservibles, calladas y que les condenaban con sus silencio.Monumentos y lapidas de grandes de la historia que los recordaban que ellos formaban parte de ella y que iban a morir.Si, odiaban esas montañas, esos souvenirs que vendían monótonamente, con el mismo tono de voz desagradable y mismos regateos, repitiéndose una,otra vez.

No sabían más palabras de los forasteros.

Asirba si las sabía.

Odiaban todos aquellas rocas.

Asirba no las odiaba.

Había una, escondida, misteriosa, testigo de su infancia, del trabajo, motivación y vida de dos generaciones de su familia.Una roca del monte Atlas cercana a su tienda, donde tenían la certeza de que algo descansaba allí, esperando el justo golpe de picoque lo liberará de años de oscuridad y anonimato.

Por poco tiempo que tuvieran debían seguir excavando en la ruta, limpiando las paredes, archivando todo lo que encontrarán por nimiedad que pareciera.Eso es al menos lo que una arqueóloga de 22 años, española, estudiante de carrera(Arte Dramatico) y muy hermosa los había dicho.

Y ellos soñaban con encontrar algo y hacerse ricos.

Los museos pagaban bien las ánforas, las pizarras, los huesos o cualquier cosa que tasarán de antigua.

Al menos eso les había contado un tío lejano de su padre. Que había marchado a la ciudad, rico.

Pero el sueño del padre se realizó en el poliglota y estudioso Asirba.Nunca hubieran imaginado que lo que al fin encontraron fue un libro antiguo.Y lo consiguió vender a un bibliófilo de EEUU para su colección privada.Pagaba más que todos los museos no visitados y arruinados de su país juntos.

De nuevo la cultura se fugaba a donde el dinero la requería. Pero Asirba se encontró con muchos dólares y un trasatlántico que cruzaría el Mediterráneo y así pudo viajar a España y encontrarse un país al que las cosas tampoco le iban muy bien.

Un gobierno de izquierdas, idílico, añorado y literario pero al que las cuentas no cuajaban. Y en el que nacían niñas ambiciosas, que deseaban dinero, como Clarisse.

Así se conocieron; Su primera actuación y su primer amor.

Para la joven Clarisse de 22años, ese moro, mayor que ella, con mucha experiencia en el sexo y disponible sin ataduras, era el primer hombre que tocaba.Pero Asirba no se había criado en un colegio de monjas en el norte, exclusivista y femenino, sino al aire libre y bastante caluroso de Marruecos.

Y había estado con muchisimas chicas, pero para él eso no estaba relacionado con el amor.

Clarisse no podía enamorarse de alguien de esa calaña, clase social, sin estudios y emigrante. Su padre no se lo perdonaría. 

Pero lo hizo y Asirba desde el frente, debía de ayudar a los Nacionales, a Franco, ni por la Patria ni por narices, por ganar algo de dinero de contrabando de tabaco, que se había traído de Marruecos y para tener un puesto de trabajo cuando ganara al que debían de apoyar.

Era el Sur contra el Norte.

Y del Norte era Clarisse, del caserío de Bernardo, su padre. Su padre la odiaba.Ella no sabía porque.Mas tarde supo que era por no ser su hija. Su madre, una mujer conciliadora y buena, intentaba mediar entre ambos. Pero Bernardo poseía un regio carácter, fuerte, tenaz, dominante, autoritario, manipulador, bruto y primitivo. Clarisse, aunque nadie se lo crea tras haberla visto hasta desnuda en una foto de la época y siempre en lios politicos, sentimentales, sociales..., era una niña modelo.

Lista e imaginativa era la primera de su clase en casi todo. Poseía como un don, el de los artistas.

Aunque al principio el dibujo no se le daba muy bien, era perseverante y creativa. Fue la primera de su clase en Pintura, Literatura y todas las que la permitieran ser imagintaiva y creativa.

 

La encantaba inventar historias y escribir sobre sus sentimientos, dentro de ese internado maldito, de monjas y de más mayor, sobre sus pasiones. Sus memorias fueron un Best Seller, pero eso es otro tiempo.

Como ya he dicho, se codeo con Sartre y Pavesse y Duras y otros existencialistas y siempre quiso convertirse en escritora y en egiptóloga. Admiraba a Agatha Cristhie, siguió todas sus obras hasta que la encantadora ancianita dijo adiós al mundo. Realizó varios cursillos como monitora turística y ayudante de egiptóloga, mientras estudiaba. Estudiaba Arte Dramático, por que eso siempre fue lo suyo.

Tal vez lo hizó para revelarse a su padre, que, en su lejana(en el caserío de Bilbao, en medio una guerra) pensaba que estaba estudiando comercio en una academia o trabajando.

Cuando se dio cuenta del engaño dejó de enviarla dinero.

Pero hacía mucho que ese dinero se acumulaba en su cuenta sin nadie recogerlo, porque Clarisse había sido raptada por un moro.

Un moro, que había escapado de su país, huido del ejercito y al que se buscaba por una violación y por desertor.

Así empezó la mala vida de Clarisse.

Hasta allí llegaban las cartas de amor de los enamorados. Una vez que no tienen la necesidad de escribirse cartas de amor. Que el varón ha cumplido su promesa de ser su príncipe azul, de ir a buscarla, se acaba la historia, se terminó la literatura epistolar. Y se suele poner fin, colorín colorado...,lo de las perdices y ser felices. ¿Felices? Era obvio que no lo fueron. Clarisse acabó después con ese intelectual rijo, su profesor; Ricardo. El amor que parecía eterno, infinito, romántico había llegado a su fin.

Y el amor romántico de películas y libros no nos dice que mantuvieran la postura del beso flotando en el aire, hasta el infinito. Como una postal. O una carta.

 

Pero Clarisse todavía creía en todo lo que decían los libros(y tuvo millones de amantes de una sola noche) y después, su hija Herminia(que acabo con un hombre insípido al que llego a odiar)y como ella Stheel (que se rebatía entre dos amores, creyendo haber encontrado el verdadero.)

La historia se repetía, madre a hija, generación a generación de desesperadas Ana Ozores necesitando creer en el amor.

 

Se acabo.

Ella acababa de poner fin a esa idea del amor eterno.Existía, claro, pero no con el mismo hombre.

Así que pidió la separación a su marido y al día siguiente le echo voluntad y ánimos para despedirse del único hombre al que había amado. A su marido le sentó fatal, no hacer el amor esa noche con ella, que tuviera que volver solo en su avión privado y haber hecho el viaje en balde.

 

Al día siguiente, su madre y ella se vistieron juntas ante el espejo. Ambas parecían la misma persona. La misma cabecilla loca. La historia se repite.

-- ¿Quién era ese hombre de anoche?--- dijó seria

---Aunque no te lo creas, era Pierre, un viaje larguisimo desde París solo para llevarse calabazas.---

--- No me digas, que ese hombre, que nos prohibe a tu padre y a mí, ir a verte, ha venido hasta nuestra casa. Si llego a estar suficientemente despierta, lo echo a patadas---

--- Ya lo he hecho yo por ti---sentenció la hija.  Y ambas se abrazaron. Diferencias del pasado atrás, eran iguales. Stheel había madurado lo suficiente para comprender a una adulta y Herminia había envejecido tanto como para comprender a otra niña.

-- ¿y a donde vas tan guapa, madre ?---

--- Al testamento¿ y tu de negro riguroso? Pensé que no nos ibas a acompañar.

- Y no lo haré, no me gusta cuando en estas circustancias se habla de dinero. Voy a ....Y Stheel no completó la frase -- Ya has tenido suficientes muertos por esta semana, mama- penso Stheel, así que se fue sola al entierro de Miguel, su compañero de piso, amor, amante...

 

No pudo evitar llorar. Le veía tan frío, allí en aquella urna de cristal. Ese hombre no podía ser él, siempre tan pasional y cálido. Y no era, de pronto se acordó que una vez Miguel, cuando aun creían ambos en el amor eterno, le había confesado su mayor secreto; - Tengo un hermano gemelo, ya sé que tú no le conoces, pero ya sabes que mi madre se fugo de casa cuando nací, lo que no sabía es que lo hizo con mi hermano.- Y Stheel que era como la madre que nunca tuvo (le escuchaba y le daba aliento, esperanza, consuelo y, claro, cariño) en ese momento no supe que decirle. Stheel recuerda que solo comento divertida, no por herirle sino por restarle seriedad e importancia, que podría haberse enamorado del gemelo en vez de él.

- Has tenido suerte- Luego viendo que se quedaba serio, meditabundo se ahorro el bromear con lo típico de los gemelos; presentarse uno al examen por el otro y cosas así. Y le pregunto seria porque su madre no lo habría escogido a él. Esa es una de esas preguntas sin respuesta, filosófica, absurda como todo en el mundo porque hay que aceptar que hay cosas que escapan a nuestra voluntad, por ejemplo el destino o lo impuesto. El hermano.

 

Y Stheel no queriendo que este fuera el fin del amor eterno, quiso creer que estaba enterrando al gemelo. Quiso seguir creyendo en el amor.

 

A la salida del entierro tuvo tres encuentros transcendentales.

Primero, el comisario Iriarte la recordó que debía ir buscando un abogado y que ellos podían conseguirla uno de oficio y que debía presentarse en el juzgado tal día con su marido, ya que la libertad condicional le obligaba a él de responsabilizarse de ella. Era una ley machista, solo pensó eso, no que su marido estaba en París y no volvería a verlo más.

 

Después, Ricardo el erudito le dijo que ese tablero era muy valioso, que el juego de rol, sería del siglo XVIII pero que los dados eran dos runas celtas o de la edad media, y las tabas también eran muy antiguas.

- Escucha quiero comprarte todo, en la Universidad de León, donde a veces colaboró van a montar una exposición  continuada, sobre el ocio en el mundo  templario. Por esto pueden darnos...-, 

Stheel le cortó, odiaba hablar de dinero tan ligeramente, de millonadas con un viejo amigo, le daba igual lo que le dieran. - Lo siento, no esta en venta. Es un recuerdo, era de mi tía y además acabo de salir de una vida de excesos y despilfarros, me gustaría vivir sin preocupaciones, con el dinero necesario-  

Ricardo se extraño de que no aceptara el dinero y tras insistir mucho la grito –Eres igual de cabezota y necia que tu abuela y te diré más; Eres tan aprovechada como ella ¿Vas a vivir de la pensión de tu madre?- Y empezó una discusión. Él la hecho en cara que volviera para quedarse, exprimiendo a su pobre anciana madre que bastante tenía con el padre paralítico.

El comisario vio toda la discusión, hasta que Stheel se largo llorando de rabia.

 

 

Una mujer la seguía en su loca carrera. Stheel quería suicidarse, estaba harta del mundo. De no haber vivido su infancia y adolescencia estudiando, de no haber tenido una madre normal, de que hubiera muerto Miguel (su amor eterno) de que su matrimonio hubiera fracasado, de que estuviera envuelta en un crimen, de que la llamarán aprovechada, de haber perdido su trabajo y de que su padre fuera paralítico. Tenía más que motivos para querer acabar con su vida. A su paso, la circulación de pasajeros y coches se paraba. Quería morir, la daba igual si la pillaba un coche. Llevaba el pelo revuelto y mojado con tanta lagrima, se le enredaba a su cara. Fue un milagro que no la atropellarán. A su paso las viejas casas, pobres o señoriales, daban paso a las  industrias, navales, casas de pescadores hasta  llegar al superpuerto.

No paró hasta divisar el faro del Malecón en el Abra, que señalaba las Arenas-Algorta con sus destellos de luz. Este era el lugar donde en su infancia jugaba con Miguel. Aquí jugaba ella sola a cocinillas, a dar vida a sus muñecas o a los amigos invisibles, pero cuando venía él nunca. Para impresionarle, intentaba jugar a todo lo que a él le gustaba como el fútbol o las tabas, y al verle estudioso en el faro, (porque en su casa su padre llegaba borracho y le molestaba y además en el faro tenía mucha luz) le imitaba, aunque el libro la aburriera y se pasara las horas contemplándole. Por todo ello, había elegido para morir el faro.

 

Y subió veloz, sujetándose las faldas, las escaleras. Totalmente calada por haber recorrido toda la ciudad lloviendo. Quería tirarse desde la parte más alta del faro del puerto. Le vino a la cabeza que de pequeños, tenían miedo al Hombre Solitario o el Hombre del Faro, como llamaban al  que encendía el faro.

Se lo imaginaban como un hombre mayor y enclenque, antiguo bucanero, solitario, borrachín y proteston. ¿Qué sería capaz de hacerles si le despertaban?Pero ahora que era más mayor, Stheel sabía que solo había una maquina automática. Nadie la vería reencontrarse con Miguel.

 

La mujer que la había estado siguiendo debía de ser muy buena deportista, porque no se había cansado ni un solo momento. Y alcanzó a Stheel.Mientras, Stheel se lo pensaba mejor al sentir el frío y profundidad de esas aguas atlánticas y la abruptidad del pequeño acantilado rocoso que sostenía el faro ahora apagado. Para cuando llegó la persecutora dispuesta a evitar esa locura, ya no estaba segura de querer morir.

Necesitaba a alguien para hablar y aunque no la conocía de nada, enseguida la dio confianza su sagaz mirada, su atlético cuerpo, su rojizo y corto pelo teñido.Estaba muy cambiada. Más moderna tal vez, pero había mantenido su envidiable esbelta figura. Era Jennifer.

Stheel y ella fueron grandes amigas, hasta que se enteró por una tercera que se había acostado con su novio. Y no al revés, porque Miguel siempre y solo la ha querido a ella. Él no podía haber traicionado su confianza y eterna fidelidad. Aunque no estaban saliendo en ese momento. Había una ley no escrita de no volver a enamorarse. Eso creía Stheel y por eso se fue definitivamente del apartamento y de su vida. Y empezó a ser más esporádica. Ella nunca le había sido infiel a Miguel y salían con altibajos desde el instituto, así que era una inexperta en hombres. Esperaba que llegado el momento, Jenny la orientará un poco, pero ahora... Se habían convertido en enemigas, olvidaron sus confidencias, sus guerras de colchones, sus travesuras. Miguel las había separado para siempre.

 

Stheel engordo mucho, tuvo una depresión, incluso fue al sicólogo. Y, ya he dicho, se hizo más esporádica y ambiciosa; La Carrera, La profesión, amantes, master, París, Su jefe Richard, su boda... Pero ni volvió Miguel ni su espléndida figura de adolescente. Stheel seguía creyendo que estaba muy rellenita.

Sin embargo Jennifer si la conservaba y por la conversación, también a él hasta esto. Stheel odiaba que su amiga- enemiga hubiera sido testigo de una profunda depresión y un intento de suicidio, en esa etapa de su vida. Era como dejarla ver que su vida era infinitamente peor que la de ella.

Ella era de familia rica y además jóvenes, sin problemas. Y le tenía a él. Se había permitido estudiar Historia que era lo que de verdad la gustaba. Estuvieron hablando toda la noche, haciendo la vista gorda a su pasado enfrentado, a sus peleas por Miguel. Al fin y al cabo él estaba muerto. Y ambas tenían tanto que decirse como en su etapa escolar, cuando sus madres las hacían pagar el teléfono por que no podían dejar de hablar.

 

Miguel se licencio y al poco lo hizo ella, cuando ella se fue a París la extrañaron muchisimo, sobretodo Miguel. Pero cuando Miguel encontró trabajo como conserje y después como profesor, se casaron.

A ella le fue mejor porque su padre la metió en el museo de Historia, del casco viejo, del que era socio fundador.Y viajó con el dinero de su padre al Cairo, varias veces. Algunas con Miguel. Ella sabía porque lo habían matado. Había traducido un libro templario, encontrado en Marruecos, del latín. Él libro lo había conseguido su magnate padre para su museo a un magnate de EEUU q había timado a unos pobres campesinos de la zona. Al final el Director del museo lo reservó para su colección privada, para su hija mimada. Esta, Jennifer, había quedado muy intrigada tras la traducción.

El libro, aun lo conservó –decía Jenny con su voz melosa de gata – era un libro de leyendas y cantos, oraciones y salmos. Y entre otras leyendas, hablaba de la ciudad del Tiempo. Una ciudad imaginada, que ya aparecía en las mil y una noches, en la que el tiempo no pasaba. El libro describía sus desiertos como el reloj de arena de la existencia desparramado. Roto, porque un cataro había desafiado a Dios, había sido infiel y ayudado a unos herejes islámicos a escapar de la inquisición y volver a su país y como castigo, vago eternamente por el Sahara. La conversación la continuaron en un local de moda, en la terraza.

 

  • Es una leyenda bonita ¿Pero de verdad te llevo eso al Cairo? -

- No fue eso, sino que en el manuscrito había una letra diferente, la de un monje místico de una orden que convivía con los beréberes del desierto. A Él había llegado el manuscrito y dedico toda su vida a descubrir la ciudad y lo curioso es que decía que existía un oasis en el que se protegían muchos tesoros, entre ellos, posesiones que los templarios, cataros y cruzados habían traído de Jerusalén. -

- Ya. Lo típico.- comentó escéptica Stheel - Seguro que creía que la lapida templaría o la mesa de Salomon. ¿O el cáliz sagrado? -

- No nada de eso, no eran doblones ni oro, sino un juego de dados-

- ¿De dados?-  casi gritó Stheel, las otras mesas las miraron extrañados

- Sí, hija, de dados. Y fue la forma con la que describía el lugar y la localización de ese juego y el que fuera algo tan cotidiano y posible de encontrar, que me lo creí todo.

Jenny la hablo de esa luna de miel con Miguel en Egipto para ponerla celosa, pero luego reconoció que ni se bañaron en un balneario turco ni tuvieron tiempo para navegar románticamente por el Nilo, tomar el sol o ver monumentos. Allí se encontraron con una expedición que aceptaron llevar a los hispanos inexpertos, a cambio de que todo lo que encontrarán, les pertenecería a ellos.

Y Jenny se había sentido inútil y engañada. Estafada por aquel libro de mentiras.

 

Y el trabajo era muy rutinario y aburrido. Lo odiaba, rastrear, marcar la zona, ir metiendo en el ordenador las coordenadas y los trozos de barro que encontraban. La mayoría eran recientes y si eran un poco antiguos, no se podía especificar.  Allí conoció a un egiptólogo autentico que se interesó por el libro, intento comprarlo, intento robarlo y finalmente aceptó asociarse con ellos.

Él tenía uno de los dados que ella buscaba. Los había encontrado en un yacimiento en Marruecos, en el desierto. Pero le faltaba el otro. Porque aunque el monje estaba convencido de que se trataba de un juego de runas, él seguía creyendo que eran los históricos dados, conque se jugaron la ropa de Jesús.

Jenny le dijo el nombre del historiador ingles; D. Henrik Fellout y a Stheel le sonaba de algo, se acordó de lo que hacía poco había leído

- Ese hombre acaba de descubrir la espada con la que las fuentes no oficiales de la iglesia, declaraban que murió realmente Jesús, pero ¿Sabes donde? En Galicia –

Entonces Jenny dudo en si contar a aquella extraña toda la verdad, que Miguel y ella también habían participado en ese descubrimiento. Necesitaba a su antigua amiga. Sabía por Ricardo que ella tenía el tablero del siglo XIX donde habían jugado tres literatos a un juego endemoniado; Lord Byron, Mary y Peter Sheley. O mejor dicho. El juego lo tenía Ricardo, si es que había registrado bien la casa de sus padres.

- Si ya lo sabía. Precisamente esa es la posible causa del asesinato de Miguel. Había otros dos colaboradores más; un matrimonio parisino con mucho dinero, que habían invertido en la excavación. Pero ese matrimonio quería la espada y  Virgilio nos traiciono. Escapo con ella, publicó todas nuestras investigaciones y ahora la espada la tiene la Xunta de Galicia, imposible de recuperar.-

 

 

Stheel estaba tragándose todo como una inocente. Stheel daba por supuesto que una enemiga del pasado no iba a invitarla a visitar el hallazgo, lo último que había ocupado laboralmente a Miguel. Porque emocionalmente, ya sabía quien. Por eso se quedo intrigada cuando Jenny la invitó. No solo eso. Acababa de contratarla, Stheel creía que había leído su esplendoroso curriculum lleno de master y cursillos en París en la revista “Magacine Emprendedores.”

 

No podía sospechar que su amiga quisiera algo suyo, o mejor dicho de su abuela.

Estaba contentisima. En una noche, se la había arreglado la vida. No había recuperado a su Miguel, pero al menos si a una amiga, y que le contaría mucho sobre el. La daba exactamente igual los enfrentamientos del pasado. Ya no era una aprovechada. Ya no tenía que depender de su chantajista madre, ni cuidar a su padre hasta envejecer, ni volver con su marido o a esa vida en declive ni  venderle aquel dichoso tablero a ese usurero. Ya no, tenía trabajo.

Nuevas ilusiones llenaban otra vez su espíritu, se sentía joven, otra vez plena.

Se despidieron en el metro y allí sola, en un vagón dirigido al vacío, empezó a pensar q tal vez no fuera tan buena idea. Era extraño que Jenny hubiera olvidado así de golpe, su enemistad.

Ya estaba maquinando su nueva campaña de marketing sobre un descubrimiento único; colonias de universitarios dispuestos a ayudar y de periodistas a incordiar y estorbar, tras publicar su anuncio. Su gran anuncio.

Y durmió en otro hotel porque no quería volver al Ercilla y volver a recordar todo, ni molestar al entrar a sus padres. Se le había hecho muy tarde, hablando.

Esa noche durmió como una reina, soñando en su viaje a Galicia.

 

Pero el volver al día siguiente a ese piso que olía a ancianos, el de sus padres, volvió a la realidad. Habían registrado su habitación. El cuarto de sus padres, el salón, el camarote...

- Todo, han destrozado todo – gritaba su madre a un policía. Ellos no podían hacer nada. Nadie había resultado herido, porque sus padres se encontraban en el juzgado (escuchando la lectura del testamento) durante el saqueo. Y además no habían robado nada, nada de valor. Comprobaba una y otra vez su madre

– Que extraño, no se han llevado la TV, ni el Estéreo nuevo, el vídeo no lo han tocado, ni siquiera las joyas que estaban a plena vista. Es como si se conformarán con ponerlo todo patas arriba, para vernos sufrir, recogiéndolo –

- O como si hubieran buscado algo concreto – dijo el Comisario Iriarte

- ¿Qué podemos tener nosotros? No tengo nada de valor -

¡Que inocente mi madre! La TV cree que la han robado- pensaba Stheel que acababa de tener un presentimiento, fue a su buhardilla y entre los colchones de la cama, donde había escondido el tablero, pudo comprobar que efectivamente, había desaparecido.

 

Abajo continuaba el ajetreo, un policía repasaba el inventario que había hecho su madre y preguntó

– Entonces ¿No se les ha robado nada? –

- Yo si tengo un objeto que declarar- dijo desde la otra habitación Stheel, al acercarse las miradas del comisario y de ella, se cruzaron (en un gran odio mutuo).

- De nuevo, en la escena del crimen- dijo sarcástico el comisario

- Ah, pero ¿Conoce a mi hija? -

- Por favor, mama ¿podrías dejarnos solos?-

- Nada de eso, es mi casa, para secretitos al jardín – respondió bruscamente por no saber del asunto. Y Stheel sacó a su padre al jardín. Le seguía el comisario.

 - Como quieras –

- ¿Y bien? ¿Sabe que esta mañana han intentado envenenar a un señor mayor? Creo que le sonará el nombre D. Ricardo Barroso del Nogal.-

  -¡Dios mío! ¿Y esta bien? –

- No actúe conmigo, los vi como discutían en el cementerio ayer. Hoy al desayuno al ir a servirle su taza de café habitual, la asistenta se extraño del color que tenía. Y luego, Ricardo, que debe de saber que quieren fulminarle, nos avisó para que analizáramos el compuesto-

- Por que poco ¿Y no sospechan de la asistenta? –

- Ella solo compraba el café al bar - Puf de debajo “Sol y Luna”-

-. ¡Dios mío! Si ese es el de...

- El de Luigi y Natalia, lo sé. Ellos me dijeron que detenerlos eran mis represalias por sacarte de la cárcel. Esa Natalia es una autentica descarada y una soberbia. Y mentirosa; niega que estuviste anoche con ellos

- Y no estuve- recordando su intento de suicidio y reencuentro con Jenny

- Pues hay una testigo de que sí. Su amiga Jennifer García.

Más tarde Jenny la llamaría por el móvil y la diría que fue ella. Que ese tal Ricardo era un individuo peligroso. Que quería conseguir el tablero del siglo XVIII fuera como fuera y que seguro que él ordenó que registrarán la casa de tus padres.

-¿Y porque me has incriminado a mí?- iría directa al grano Stheel

-A mí me conoce y confía en mí. Aun no puede saber que estoy en su contra. Debes de dejar que yo guarde ese tablero, sino puede atentar incluso con tu vida ese...-

- Demasiado tarde, yo ya no lo tengo-

 

En todo eso hay algo que no encaja- le decía Jenny a un hombre de voz joven que estaba en su cama- ella dice que no lo tiene, o es más lista y la hemos subestimado o alguien más esta detrás del juego.

 

Un juego, un vulgar juego de rol pero con incrustaciones en oro se subastaba  en Montecarlo.El Hotel Rich, de lujosas cortinas y alfombrajes sobre los que caminaban enhiestos aristócratas de toda la jet set europea era el encargado de efectuar la pugna..

Acababa de ser vendido por doscientos millones a Henrik Fellout. Todos le hacían en las islas caimán, con todo el dinero que se había llevado de las inversiones de capital de esa pareja francesa. Los Rembrandt o algo así, ni siquiera recordaba el nombre de sus ex. Socios inversores, bueno de dos sí. Miguel era para él como un hijo. Sintió de verdad su muerte y Jennifer era un desenfreno de sexualidad, que a sus sesenta años y pico, nunca había visto en una mujer.

Todo en ella era dulce y hermoso, blando, suave y cálido y a la vez agresivo, salvaje, peligrosa. Tenía ya los dos dados y acababa de comprar el juego, y tenía la espada. A Galicia, para que no sospechara, le había dado una reproducción exacta, casi perfecta. De todas formas daba igual. Acabaría en un museo sin ser apreciada por el público y turistas.

Eh aquí la espada que mató a Jesús- Ohhh.

Eh aquí un vaso de agua surrealista en proyección a una salchicha marxista, arte vanguardista ojo - Ohhh    

Solo él era capaz de apreciar lo que tenía metido en el banco suizo. La espada del ángel insurrecto, del demonio. De su ídolo.

 

Las semanas transcurrieron sin más incidentes en la vida de Stheel.Su madre no la hizo preguntas, a las que hubiera tenido que mentir. Porque habían registrado su casa era algo que no la importaba.

Al mediodía, con el sol brillando sobre la pequeña casa obrera unifamiliar con su pequeño jardín, ya no quedaba un solo policía.Allí quedaba ella, con su lumbago y achaques de la edad, para recoger todo aquello. Y el sol la cegaba. Su hija la estaba ayudando a recolocar los cajones, a recoger todo lo tirado. Estaba contenta de que hubiera vuelto. Pensaba que esta vez era para quedarse. Cuando fue a París, ella sabía que terminaría por volver.

El amor era una tela de araña que te enreda toda tu vida y tarde o temprano se vuelve a sus raíces. Por eso, le entristeció mucho más el que se fuera, por que estaba convencida de que esta vez no.

 

Stheel se presento al juzgado sin su marido, pero este le había recomendado un excelente bufete, que efectivamente ganó el caso. Su abogado había logrado convencer al juez de que la mujer con quien Miguel paso su última noche no era Stheel, sino una mujer que se parecía o pretendía parecerse a  Stheel, las camaras de seguridad del hotel habían grabado todo. Y había testigos. Es decir; Todo indicaba que efectivamente Miguel había estado viéndose durante aquellas semanas con una mujer, que en recepción habían confundido con Stheel. Así que solo habían pasado dos meses pero el caso ya se había cerrado, con una rapidez inusitada a falta de pruebas incriminatorias para Stheel de la fiscala.

 

Stheel estaba en el AVE hacía Santiago de Compostela. Aun tenía el rímel corrido, de haber llorado al ver a su madre tan fría y distante con ella. Se limpiaba con un pañuelo mientras pensaba que nunca había hecho el camino de Santiago. De pequeña tenía muchas ganas, Miguel y ella lo veían como un viaje iniciativo, místico, visitando restos del pasado, encontrándose con uno mismo.

De mayor también se desilusiono con esa idea; la habían ofrecido ir en coche pero ella creía que eso no tenía sentido. De niña incluso le propuso a Miguel escaparse a hacer el camino, y ahora lo veía muy largo, muy duro. Demasiado.

 

Dejo de mirar por la ventanilla porque se mareaba y volvió la vista a su amiga y jefa. Le vino a la cabeza lo que de niñas Jenny y ella se parecían, la miró y con horror comprobó que en la noche podrían haberlas confundido. Eran de la misma edad, estatura, el pelo las distinguía un poco y Stheel era un poco más regordeta pero por lo demás; confundibles. ¿Y si era ella la que estuvo esa noche y las anteriores con Miguel?¿Y si ella lo mató?Estaba viajando con una asesina. Era cómplice involuntaria. Su amiga no solo le había robado el novio; se lo había matado.

 

Luego quiso creer que eso no podía ser así. Entonces Jennifer se dio cuenta de que la observaba y la dijo:

- sé lo que estas pensando- Stheel tuvo por un momento miedo de su sonrisa inquietante y sus ojos frios y distantes, de una asesina que leía sus sospechas de su mente - No tienes que agradecérmelo -

- ¿De que hablas? -

- Te preguntarás como has salido del caso tan pronto; chantajeamos a la limpiadora testigo y a la recepcionista la amenazamos. Sobornamos incluso al juez-

Stheel se figuraba algo así. Un caso tan complicado como ese puede durar hasta años, se limito a comentar que hacía buen tiempo. Era un Julio esplendoroso.

Casi no hablaron en todo el trayecto. Jennifer lo prefería así. Se ausento un momento para ir al baño y aprovecho para llamar a su enlace M – Byron.

- Ella no sospecha nada, mañana empezará tu gran actuación –

- De acuerdo, presentale al grupo. Agente J- Mary Sheley- y colgarón.

 

En la estación, los esperaba Gerard, Lucia, Antonio, Carmen y el marroquí Aníbal. Estos eran el resto del equipo de investigadores, historiadores, egiptólogos y arqueólogos detrás de la espada, el tablero y los dados.La pusieron al tanto de sus investigaciones. Y la contaron parte de verdad.

Stheel hizo un gran descubrimiento; su abuela Clarisse mientras estudiaba Interpretación cursó un modulo de la Universidad de arqueología. Ser arqueóloga ,escritora y actriz(como la admirada Agatha Cristhie) fueron los motores de su vida de exitos y frustraciones.

Se incorporó a un grupo, en el que también estaba un joven Henrik Fellout cuya obsesión (era y es un fanático católico) era encontrar los dados con los que se jugaron las prendas de Jesús. Quería reconstruir toda la muerte de Jesús; la espada, los dados, las prendas... Y tenía mucho dinero para su locura.

 

Clarisse se enamoró de Asirba, cuya familia por fin descubrió el libro que Henrik Fellout (el estadounidense rico) compró y que su hija tradujo. Osea, Jennifer, quien tradujo el libro, debía ser su hija.

 

Acababa de encontrar relación a todo. Por eso Asirba emigró, alistándose con los Nacionales marroquíes que apoyaban a Franco (con el dinero que le habían dado por el libro) y desertó para buscar a su amor, a esa egiptóloga que en verdad era actriz; Clarisse. Y ella huyó con él y allí se pierde el rastro.

Clarisse, su abuela, tenía el tablero. ¿Lo había encontrado en Marruecos cuando fue? Si, y nadie sospechaba de la niña rica, de la inocente actriz, que se había llevado el tablero sin decir nada a nadie.  

Y Fellout, que lo había comprado a Asirba, se sintió robado. Asirba fue asesinado en oscuras circustancias, las de un emigrante en esa época casposa e intolerante. Lo intentó, pero no encontró a Clarisse. Fue más lista que él. Debía haber al menos dos tableros; el de la subasta en Montecarlo y el de eEthel que la habían robado. Estheel comprendió cual importante era el tablero que había heredado y que la habían robado. Y aquella noche, durmió en la sede gallega de la Reliqhy Corporation. Pero durmió con mucha agitación, porque aquel grupo no le daba muy buena espina.

A la mañana siguiente visitó el museo histórico de la ciudad, donde la contaron todos los pasos hasta encontrar la espada de Cayo Longino.  Y ahora se buscaba a Henrik Fellout por traidor, por escapar con un patrimonio de la ciudad de la plata. Por lo mismo que 60 años atrás buscaron a Clarisse, la actriz.

 

Después, insistieron mucho en que si tenía el tablero, debía declararlo. Se la recompensaría pero no podía quedárselo. Pertenecía al ayuntamiento o en todo caso a la Reliqhy Corporation. La habían explicado lo de su abuela, la traición que los hizo para convercerla de que se lo devolviera. Por las buenas

Pero ella realmente ya no lo tenía. Se lo habían robado. Temía que no la creyeran, que la torturarán hasta que les dijera un lugar donde encontrarla. Prefería no saber como era por las malas.

 

Así que tras salir del museo, empezó a correr sin motivo aparente y como había supuesto, aquellos hombres sacarón sus armas.Esta locura la había hecho, entre otras cosas, para convencerse de que la Corporation la perseguía por lo mismo que a Clarisse, que a Fellout; El Tablero.Corría, mucho más veloz que cuando quería suicidarse. Tal vez porque no hay prisa para morir, pero si por salvar la vida.

Incluso su amiga la había agarrado del pelo. Ella la dio un codazo. Pero entonces sacó también su pistola. Y empezaron a lanzar disparos, pero Stheel, había supuesto esa reacción, se camuflo entre el mercado de abastos de Santiago.Hoy era Jueves y estaba lleno de mujeres que hacían sus compras y maridos desempleados con una lista en la mano de las verduras y cerezas que debía traer.

La fruta, por el calor, estaba casi podrida. Los olores se camuflaban en un hedor general, que envolvía el ambiente.También había muchas madres con sus niños eligiendo bañador y adolescentes en busca de colgantes y camisetas de South Park. Era el verano.

Muchos iban en camiseta y chancletas. Pronto Stheel se perdió entre aquellos turistas, domingueros y habituales del mercado. Y los hombres tuvieron que dejar de disparar.

Stheel iba dando codazos, empujones y se abría paso a golpes. Muchas mujeres la seguían pensando que se precipitaba hacía una ganga estival.Se formaba un alboroto en torno a ella que no la dejaba seguir corriendo.El gentío era ya masa, era imposible andar más rápido y los mafiosos o traficantes o quienes fueran en realidad los pistoleros, habían rodeado el circular mercado y la esperaban a la salida del mismo.

Habían rodeado todas las salidas y varios hombres ya la habían visto; se dirigían hacía ella. Sin prisa, como quien ya tiene cazada a su víctima.No podía correr entre tanta gente, ni retroceder pues la cogían.

Así que se agacho y camino a cuatro patas hasta un puesto de revistas, allí se escondió, asegurándose que no se habían dado cuenta de donde se metía.Allí espero hasta que los hombres que venían cada uno por un lateral del mercado, se juntaron en el centro y se mirarán unos a otros, diciéndose “nada”.

 

Y después se limito a esperar, esperar que se cansarán, se marcharán. Pero no sucedió así, eso solo pasaba

en las películas.Se sentaron a esperar que saliera de donde quisiera estar.

Mientras, la gente se iba marchando, llegaba la hora de comer y poco a poco aquello fue despoblándose. Llegaría un momento, pensaba triste, que el puesto de libros, dejaría de estar concurrido y entonces nadie la taparía y la verían.Así que se coló en la furgoneta donde se apilaban libros, revistas, flotadores, muñecas y otros productos para el turismo. Desde allí veía como registraban todos los puestos. A algunos les decían que eran policías y les preguntaban por sus licencias, entonces estos se echaban a un lado y preferían dejarles hacer. Incluso las mujeres gitanas les ofrecían un poco de su sandía, la única no podrida del puesto, que tenían como postre.Y es que todos los hijos de los mercaderes jugaban a fútbol, mientras sus padres, más lentos, terminaban de comer. Todos los puestos parecían unidos por una especie de hermandad y cantaban y hablaban entre ellos a gritos.

 

Todos menos el tendero de libros. Desde donde estaba en la furgoneta no le había visto la cara, pero se lo imaginaba viejo, gordo, huraño y poco sociable.Por eso oía ruidos en todos los puestos menos en ese. No tendría mujer o hijos.De repente, oyó como alguien se acercaba, su respiración, sus pasos lentos.

Se escondió debajo de una manta, pero más tarde se dio cuenta de que había dejado los pies al descubierto.El hombre pareció no darse cuenta y empezó a cargar la furgoneta, con todo lo no vendido. ¿Irse ya? Con eso no contaba Stheel. Nadie del mercado estaba cargando, solo él. De repente oyó encenderse los motores y arrancar el coche y salió de su escondite, muerta de miedo e incertidumbre de a donde llevaría esa furgoneta.

Aunque por otra parte, segura y alejada del peligro y aquellos hombres malvados.Creía estar a salvo y se puso a hojear las revistas cargadas. Que equivocada estaba, el verdadero peligro estaba aun por llegar.

 

 

Capitulo II

Algún pueblo de Finisterre (Galicia)

El barquero les transportaba por el movido mar del Cantábrico como presa que lleva el diablo. Estaba fuera de sí, excitado y asustado por la tormenta que los impedía pasar, la noche retumbaba y Mary Sheley se abrazaba a su marido con miedo. Lord Byron comentó—estamos demasiado acostumbrados al tranquilo y sosegado mar del mediterráneo---

En efecto era una noche aterradora, que por su oscuridad y su constante tronar daba miedo hasta a la creadora del mito diabólico de Frankestein.

La luna era testigo de la mayor borrasca de Galicia en mucho tiempo.

El mas miedoso de los pajes adolescentes de Lord Byron comentó:--Esto es un castigo de Dios porque estamos llegando a Finisterre, al final del mundo—

Peter lo contradijo— tonterías que los romanos decían, supercherías que los neoclásicos y la iglesia mantienen aun y que el vulgo confunde porque no esta formado ¿No sabes acaso que al otro Lado del mar están las Américas?

Pero lo cierto es que si aquello no era el fin del mundo, poco faltaba. La barca casi volcó de las impetuosas olas del enfurecido mar. Pero al fin a eso de las once y media de la medianoche, desembarcaron en un pequeño cabo del puerto de un pueblo gallego sin nombre o que olvidaron sin problemas.

Solo eran casi las doce pero todo estaba demasiado oscuro. Mirar al vacío, al infinito de los azules ojos de Mary daba pavor, mas que una crisis existencial. Todo estaba oscuro pues era pleno octubre mediano otoño. Era el día de todos los santos, fiesta introducida por la iglesia catolica para tapar un culto pagano proveniente de los celtas, la noche de los muertos, la noche de ultratumba.

Mary Sheley estaba calada y era la portadora del candil que ni la calentaba ni apenas iluminaba. El barquero llevaba otro pero prefirió volverse al pueblo y comer caliente, estar refugiado del frío, la intemperie, la lluvia, aquel temporal y sobretodo de aquellos lunáticos y les deseo suerte en su escalada hasta la abadía. Perfectos locos, tenían toda la pinta de muertos vivientes, mas en el otro mundo que en este, piel blanca casi tenue e invisible como las de losa fantasmas, delgados rostros espirituales y lánguidas sonrisas. Les hacía falta comer pensaba sin darse cuenta que acababa de transportar a unos genios de la literatura.

A él también le hacía falta y el  no se iba a quedar sin comer pudiendo y podía con todo aquel dinero que aquellos bohemios ricos habían soltado por transportarles en plena noche y en el mayor de los secretos a un rincón olvidado de Dios(a pesar de ser una abadía abandonada)y donde solo reinaba la soledad.

Tras una larga caminata por un viejo sendero, sin asfaltar y de tortuoso pronunciamiento.

Llegaron, fatigados, a su destino. La ruinosa abadía  de la Oca, próxima a Santiago de Compostela. Allí se decía que se habían encontrado los restos de Santiago y también que cuando se transportaron a Compostela, el alma errante de este, permaneció en esta morada cual fantasma.

Lord Byron derribó la puerta de una patada --- Maldita iglesia, siempre presente--- y se dirigió molesto hasta el altar. Allí pego otra patada, esta vez a la mesa que descansaba anclada en la tarima del altar. Para cercionarse, de lo que ya sabía; que aquella losa sobre la que descansaba el sagrario, la mesa, el altar... no era sino una gigante tumba. Una enorme tumba, o más bien la entrada a un panteón familiar.

 

Mientras, el matrimonio Sheley buscaba indicios del lugar en el que estuvieron enterrados  los restos del apóstol, pero en su lugar encontraron en la fachada de piedra de sillería una losa sobresaliente en la que había grabado unas palabras rotundas, de trazó firme pero intencionadamente ilegibles al inscribir encima. Aun así, Mary interpretó “”No olisquéis a los muertos, no robéis su caja.””

Esta advertencia bastó para acrecentar su curiosidad y justo cuando se disponían a buscar aquella caja misteriosa Byron gritó que la Había encontrado.

Entre los tres(los pajes esperaban a la entrada de la iglesia) abrieron, con todas sus fuerzas, la losa de los templarios de Santiago.

Era el panteón de los que protegieron y escoltaron, con todo su valor y coraje, la tabla de Santiago, la que se rumoreaba que era la mismísima tabla del Rey Salomon.

Pero dentro se llevaron una decepción; las gloriosas tumbas de aquellos honrosos caballeros del medievo no eran sino sucias y pestilentes hamacas donde los cadáveres se apilaban.

Los cráneos y calaveras se amontonaban en un rincón y eran sus podridas cuencas (donde antes descansaban ojos)atravesadas por gusanos en busca de algo de carroña en aquellos pestilentes cuerpos, armaduras oxidadas y telarañas, que cubrían espadas manchadas de sangre, que antes habían atravesado cabezas de ricos y pobres por igual.

La oscuridad impedía ver mas allá de lo que permitía las telarañas. El aire a cerrado era irrespirable, insufrible. Salía humo de cada lapida pero era humaredas de polvo. El horror inundaba aquella cámara de muerte y corrupción de cuerpos, con las mismas ilusiones y sueños que, tu, lector, en este momento.

Horror se respiraba, desolación y mueca de espanto fue lo que se dibujo en la cara de los tres poetas. Lord Byron disfrutaba silenciosamente de una visión tan lóbrega.

Pero Percy estaba asqueado y Mary  estuvo al borde del desmayo, pero era fuerte.

Lord Byron(Juan sin miedo ni temor a nada, que no fuera a él mismo)abrió un gran arcón cuya cerradura era ya pasto de polillas. La madera podrida ya ni crujía al abrirse y la humedad de aquel subterráneo, de aquella fosa humana (insisto, pestilente)era tal, que el manuscrito que dentro encontraron estaba muy mojado.

Era un manuscrito seglar, húmedo, amarillento, viejo e ilegible.

Junto a él, una gran caja con cerradura en el centro pero que podía abrirse fácilmente. Sacarón todo al exterior. Era lo que buscaban. Lo habían encontrado.

Un tesoro templario con tanto valor como para haberles dedicado toda la vida de unos guerreros aun fuertes a su protección e incluso su muerte, cuando estos guerreros supieron demasiado. Esto eran conjeturas pero la  mente de George había leído en sus mandíbulas desencajadas, que habían sido asesinados.

1500 años atrás, pero asesinados, igual que ellos podían serlo en aquel momento. Nada había cambiado.

Abrieron la caja con gran solemnidad y curiosidad y expectación y en cuanto la nube de polvo se hubo evaporado y pudieron ver su interior, con asombro. Se quedaron atónitos.

Era solo un juego de mesa, un tablero de la oca absurdo. Y digo solo y digo absurdo, porque ellos esperaban alguna daga templaría, algún tesoro celta, extrañas monedas o algo que hubiera justificado su búsqueda. Todo por lo que habían pasado para encontrar un ¿juego?

Si, pero no era un tablero convencional, las fichas formaban parte del Camino de Santiago desde Roncesvalles. ¿y las fichas? Las piezas eran el vivo retrato de Mary (con sus marcados pómulos, su sonrisa cómplice, sus ojos taciturnos y su pelo recogido) de Peter (con sus rechonchas formas, su prominente barba, sus ropas) y del extravagante Lord Byron con ropa oriental. ¿Pero como era posible? ---¿Qué hechizo es este?--- gimió bajito y asustada Mary. Peter cerró rápidamente el juego cuyas bisagras al cerrarse hicieron un ruido que retumbo en toda aquella ermita de suelo destapado, bajo el cual la tumba.

Lord Byron leyó la inscripción de la tapa ”Quien se interese por este acertijo, por el juego de la vida, morirá en vida” Eso lo confirmaba, les habían enterrado vivos.

Sus torcidas mandíbulas no eran sino la expresión más atroz de un hombre que se ahoga, que lucha contra la muerte, tal vez contra algún veneno, contra alguna droga alucinógena,

que encima les hubiera hecho parecer que habían muerto a manos del demonio, de Bassuet (el demonio celta y templario) por abrir el juego. Por picar la manzana del Edén.Peter les obligo a jurar a sus dos amigos que jamas, jamas(ocurriera lo que ocurriera)abrirían mas aquel juego o hablarían del tema.

Todos estaban asustados pero racionales como para ser consecuentes con su juramento. Dejaron todo tal y como lo habían encontrado, es decir, cerraron la losa que separaba el sencillo altar de su insospechada tumba humana. Aunque el juego estaba cerrado, sintieron que una ficha caía. Con las prisas lo habían cerrado mal y una ficha cayo al suelo de piedra. Alguien se acercaba. Era un pastor, no les reconoció como literatos pero si como los intrusos que el obispo le había avisado que vería y que debía despachar.

--Lo siento, el obispo sabe que llevan una semana por estos alrededores y no quiere que esto se llene de visitantes, curiosos ni nada de eso.---

Los escritores estaban demasiado asustados como para desafiarle. Peter busco a los criados de Lord Byron. ---¿dónde han ido?---

 Mary buscaba, mas preocupada por irse de ahí, al barquero.

Lord Byron fue el único que siguió con la mirada al pastor hasta donde llegaron sus cansados ojos.

Un grito ahogado de dolor profundo. Mary grito contagiada y aterrada. El ruido venía del trecho por donde había marchado el pastor. Lo encontraron ya muerto, sangraba del abdomen. Parecía un mordisco aunque también podía haber sido una bala o un desgarrador cuchillazo. Pero Peter y Byron se miraron. Los médicos, dirían después que aquella herida había sido producida por una manada de lobos, pero ellos dos sabían que había sido el juego, la maldición, la ficha que había caído.

Mary postrada en el suelo lloraba no por el pastor sino por ella, por el miedo que sentía. Su figura y su llanto incomprendido se asemejaban a la pose de un lobo en un aullido a la luz de la luna.

Todos tenían miedo del juego humano que por su curiosidad habían iniciado.

 

 

 

CAPITULO II    PARÍS

Stheel seguía encerrada en la furgoneta y repasaba sus últimos acontecimientos, como si fueran los de otra persona, como si no la estuviera pasando a ella.

Desde que se marchó de la Universidad de Deusto, del piso compartido de Miguel y de él y Jennifer y de la de sus padres a París, veía la vida lejana, distante, absurda. Nunca pensó que en eso iba a desembocar ella, y los últimos meses ya habían sido como de película de acción.

Su novio muerto, el reencuentro con Jenny, su mejor amiga, la muerte de su tía que resultaba ser su abuela y una estudiante de Teatro, metida en asuntos de arqueología. En los que aquellos fanáticos, el insistente Ricardo (antiguo profesor) y Jenny también estaban envueltos. Y ese tal Henrik Fellout.

Pero ya iba a escapar de todo eso. En una furgoneta rumbo a un destino incierto, pero seguro, mejor que este.

De repente la furgoneta se paro. Pero estaban en medio de ninguna parte. En la Nacional 6 y en medio de la autopista se había bajado un hombre muy delgado pero musculoso. Llevaba el pelo muy largo, el viento le removía las melenas.

Sonreía y sus ojos brillaban mucho, con ese sol de Julio reflejándose en su cornea y haciéndole sudar con tanto pelo.Iba pensando para sí - Que susto se va a llevar-

Y así fue, cuando vio abrirse las compuertas de la furgoneta. Se froto los ojos, por si la oscuridad de la furgo la habían hecho alucinar. Pero no había dudas; el sol le iluminaba como a una estrella en medio del escenario.

-Miguel- gritó y se desmayó. Despertó en una cama muy incomoda de madera pero su primera reacción al ver a su novio, bien muerto y enterrado como estaba, fue aferrarse a las sabanas de la cama. Como si el hombre que la miraba ahora fuera un fantasma, un muerto viviente y eso la intimidaba.

- Pero tú, tú... estas... - balbuceaba en una mezcla de lloros, gemidos, balbuceos y miedos.

- Muerto. ¿No? Ya me querías enterrar-

Miguel, como si no supiera lo que había llorado Stheel en su entierro, como si no se diera cuenta del miedo que en ese momento le tenía, la abrazó con ganas.

Stheel seguía gimoteando- Pero ¿Cómo...? - - Pero...- Pero al igual que Miguel hacía cuando quería besarla con lengua y ella no hacía más que hablar, la mando callar y Stheel se dejó llevar, se abrazó fuertemente a él, como hacía de adolescente, cuando había tenido una bronca de un profesor o de su madre. Ya no la importaba si estaba muerto, si era un fantasma o si había asistido a un entierro falso. Solo quería que aquel momento durará eternamente.Eso era lo que soñaba de niña; un amor interminable, eterno...Y con él abrazada, se sentía segura, completa, plena, feliz.Después Miguel la explicó todo; que por error habían asesinado a su hermano gemelo (lo que imaginó Stheel)

-¿Pero quien? ¿Quién quiere matarte?-

- Luego. Ha pasado mucho tiempo. Estas más completa(era su forma de decirla que había engordado un poco, el era un caballero pero sincero) ¿Qué tal tu vida en París? Sé que te casaste, lo que no sé es porque le has dejado...-

- Pero ¿Qué dices? Si tu me llamaste-

- Si pero se me ocurrió lo de la cita a ciegas no para quedar contigo y volver a conquistarse(se sonrió) sino para tratar un tema muy serio. No quería dejar mi nombre, te han pinchado el teléfono. Tanto el de Pierre como el de tu madre. –

- ¿Pero porque? Yo no sé de que va todo esto. Yo solo quería verte- Se puso melosa como una niña.

Miguel y Stheel, aunque hacían años que no se veían (Desde la Universidad),se acariciaban y besaban como si solo hubieran estado separados un fin de Semana.

 

Miguel sabía todo lo que había sido su vida aunque Stheel por no aburrirle (o ponerle celoso) no le había contado nada. Desde Bilbao, por las noches imaginaba como sería el cielo de París. El cielo de los gabachos- se consolaba- No ha de ser tan diferente a este. También estará presidido por la luna y cuando Stheel la miré, yo también y seguiremos juntos. Y lo extraño es que Stheel había hecho lo mismo.

Por eso Miguel sabía tanto de ella, la conocía como la niña que nunca había dejado de ser. Su cabecita loca sería eternamente suya. En cambio, Stheel nada sabía del rumbo que las cosas habían tomado en Bilbao. Pero se lo imaginaba; Jennifer y él no se casaron, pero habían vivido juntos hasta la supuesta muerte de Miguel. Y habían hecho practicas de Investigación arqueológica en Egipto, Marruecos...

Lo sabía por Jennifer, ahora lo confirmó con Miguel;

Se habían metido en un sucio asunto. En una especie de sociedad, que según Miguel, era una secta. Oficialmente era un grupo de arqueología. Serio pero que en verano organizaba talleres y practicas para los universitarios.Igual que años atrás,(20 años), habían captado a Clarisse, otra universitaria. De teatro. A ellos los convenció el padre de Jennifer. Stheel se cercioró de lo que suponía.

 

- Si, Jennifer Fellout es la hija de Henrik Fellout, el famoso y rico empresario, obsesionado con el tema de la religión, que desde hace treinta años pertenece a esta sociedad Arqueológica, y ha publicado tratados y artículos sobre el mundo egipcio. Un libro y ha encontrado la famosa espada de Longino, las prendas y dados que los evangelistas dicen que sirvieron para repartir sus ropas.-

Stheel lo miraba, su boca, su forma de hablar. No había cambiado nada.

-¿me estas escuchando?-

- Perdón, estaba repasándote.-

Se rieron, Stheel añadió – Henrik Fellout, por mucho dinero que le sobre y por muy fanático que sea... ¿Qué interés real tiene en esos objetos?-

- Su fortuna la invierte en Arte, libros de edición original, colecciones de sellos... Ya sabes, todo eso que se pueden permitirse los ricos. Además en un museo pueden darte una beca o un agradecimiento, pero donde más salida tienen estos objetos es en el mercado negro-

Miguel también le explicó las teorías de Henrik respecto a los dados

- Él cree que no solo se jugaron a los dados sus ropas, sino también su propia vida. Afirma que tras salir el 6, el número del Diablo, Cayo Longino tuvo que clavarle la espada que él tiene. Es más afirma que Longino no era el diablo, sino que estaba poseído por él. Porque los dados pertenecían a un juego, solo digno de los ángeles rebeldes; los diablos y ese juego lo encontró... -

- Sí, ya lo sé. Mi abuela, la actriz entrometida. Pero fue gracias a su novio Asirba, el marroquí, cuyafamilia que llevaba toda su vida buscando tesoros, vendió todo a Henrik, menos el tablero que Asirba confió a su amor, Clarisse, con la que se reencontró en España.-

- ¿ahora tienes tú el tablero?

- ¿Tu también? Que manía os ha entrado a todos con el dichoso tablero.-

- ¿Pero lo tienes?- decía llevado por la codicia

- Antes debes de darle a esta Isolda algunas explicaciones de este Tristán vividor-

- Si es por Jenny. Lo hemos dejado-

- Ja, ella me ha dicho que la mujer con la que me confundieron fue ella que se reunía contigo hasta el día de tu muerte. Con su amor eterno-

- ¿amor eterno?- decía sarcástico Miguel- Si me confundió a mí con mi hermano. Por eso no sabe que en realidad sigo vivo. -

- Explícame otra cosa más. ¿Qué relación tienes tu con esa secta?-

- Tanto Jenny como yo estabamos en un “Bajón”, muy deprimidos. Veíamos como nos habíamos cerrado a todas las demás amistades, de la misma forma que pasó contigo. Solo que lo nuestro era diferente, menos profundo y cálido. Veíamos que nuestras carreras no tendrían salida y además te añoraba. Así que Henrik nos lavó el coco. En ese momento yo hubiera hecho lo que fuera por defender a los nuevos caballeros templarios. Nos ofrecían ritos y estudios exotéricos. Orgías y sexo entre vírgenes y caballeros. Nos daban respuestas fáciles. Pero yo descubrí la gran mafia y venta de arte y hallazgos en el mercado que había detrás de eso. Intente avisarla a Jenny de que su padre estaba aprovechándose de nuestro trabajo. Me percate de que fuera del grupo no éramos conocidos. Con eso de “Practicas” y “aprendices” no teníamos sueldo, solo cama y comida. Intente salvarla pero no se dejó. Yo escapé a París, intente localizarte, te necesitaba-

- ¿y el chantaje?-

- Déjame que acabe. Tu marido me prohibió verte y se invento todo eso del chantaje que tu dices. Yo soloconseguí llamarte de esa forma, como una cita a ciegas. Porque corro peligro de muerte y solo hay una cosa que puede salvarme-

 

Stheel sintió pena. Mucha pena por su amigo. Él que siempre había sido el fuerte, el seguro, el serio, el centrado. Su madre le ponía como buen ejemplo para ella, tan inocente y cabecita loca siempre. Y había imaginado una carrera brillante, que lo había pasado genial, que se había casado con Jenny, había tenido hijos y había sido feliz. Ahora se encontraba con esto. Había sufrido aun más que ella.

- Ya se han dado cuenta de su error. Murió por parecerse a mí. La verdad es que nunca nos conocimos, pero ambos sabíamos que existíamos. Que había un igual, el polo opuesto, el clon, el alma gemela deambulando por el mundo. ¡Coño! Era mi hermano...!- Se echo a llorar sobre Stheel.

 

- lo siento pero yo ya no tengo el tablero-

- Yo lo guardare mejor, confía en mí-

- De verdad, no lo tengo-

- así te verías absuelta de este, que no es tu lío-

- Te he dicho que no lo tengo.- se había enfadado un poco- ¿No me crees?-

Stheel se suavizó porque Miguel empezó a masajearla la espalda, a soplarla en las orejas y a besarla el cuello. - Pues claro que sí. Esta vez, sin dudas, sin malos rollos, sin engaños ni mentiras-

- Trato hecho, sin mentiras- decía ilusa Stheel a la que una vez más engañaban.

Después empezaron a desnudarse. La conversación los había vuelto a reunir con sus voces, sus recuerdos, sus esperanzas e ilusiones infantiles compartidas.

El calor que hacía no impedía que quisieran tocarse. Mezclarse en sus dos cuerpos. Fundirse en una sola masa. Miguel la dijo- Me he enterado lo mal que lo has pasado. Te implicaron en mi asesinato. Lo siento pero no pude ponerme en contacto antes contigo-

- ¿Cómo sabes eso? ¿De verdad ya no hay nada entre Jenny y tú, no?-

- Lo sé y basta. Por cierto hay otra cosa que también sé-

- ¿Así?- decía cariñosa

- ¿Viniste a buscarme al hotel, tras tantos años sin vernos?-

- si fue una locura-

- Por esas te quiero-

Stheel por fin se sentía como una princesa, rescatada de la malvada secta y de la bruja Jenny, la muy perversa, por su príncipe Miguel.

Pero es que Stheel tiene lo que todas las románticas; mucha imaginación y una visión inocente del mundo. Stheel creía en la bondad humana y en el amor.

 

Aquella misma noche Miguel(el enlace M-Byron) llamó desde la recepción a Jenn(El enlace J-Mary Sheley) que llamó a su padre(El enlace y jefe de la operación; H.F- Peter Sheley). La llamó sin remordimientos envuelto en las sombras del vestíbulo, la noche y los engaños.

 

A la mañana siguiente Miguel se había ido. Había dejado sola a Stheel, como tantas veces. El hueco entre las sabanas aun estaba caliente, acababa de irse.

La había dejado una nota bajo la almohada.

“Me voy a París; tú marido quiere matarme. Debes ayudarme. Has de reunirte con él. Yo sabré como ponerme en contacto contigo. Él sabe que no estoy muerto, tú y él sois los únicos que lo sabéis. Vuelve con él para ayudarme desde dentro”

Miguel no había muerto, eso ya era un consuelo, pero estaba en peligro de muerte.

¿Y todo dependía de ella? Daba igual, sin preguntas, si Miguel la pedía que volviera con el insensible de Pierre, por algo sería.Además en Galicia no hacía nada.Esa tarde visitó la catedral y el pazo de Rosalia de Castro. Mezclada entre los turistas, la ciudad la parecía mágica. Muy diferente a como era por la mañana, cuando intentaban matarla. Llamó a su madre para decirla que volvía a París para solucionar el papeleo de su divorcio. Su madre estaba helada al otro lado del teléfono.

- Hija, nos han llegado amenazas. Piden que les demos un tablero que les pertenece o que si no volverás con vida. Estamos muy preocupados. ¿Qué es lo que sucede?-

- Nada mama, estoy protegiendo a un amigo- Herminia insistía en que ahora se podía arreglar todo por correo, por teléfono o por Internet y que volviera con ellos. Iba a necesitar explicar mucho.

 

Stheel asistió a una conferencia sobre los cataros y el camino de Santiago. Y se preguntaba si su tía guardaría algún tesoro más escondido en alguna de las casas en las que vivió. Y Se compró la biografía, descatalogada ya (La fama efímera de las viejas glorias) en una librería de viejo.

El anciano del mostrador sonreía, parecía orgulloso de que una joven inteligente y moderna se interesará por alguien olvidado, tal vez muerto.Alguien que él amaba platónicamente. Era su ídolo, su prototipo de mujer.Pensar en la gran Clari, como el la llamaba (como si fuera a tenerla más cercana por llamarla cariñosamente) le hacía añorar otros tiempos.

Tiempos en los que aun era feliz, porque lo tenía todo o no tenía nada pero soñaba y creía que lo tendría todo y a ella. Y no a la vieja y protestona mujer con la que se había casado. Por otro lado pensar en Clarisse le entristecía, le hacía volver a ver todos sus sueños rotos. Y le recordaba esa noche de sexo con la más famosa de las coplistas de la época.  - Usted es muy joven para haberla conocido-

Stheel que a la hora de hablar con desconocidos era muy tímida, cerrada y extrovertida, y más en esta peligrosa aventura, no le hablo de que era su abuela.

- Sí. Por eso, al verla tan guapa, me he aventurado a probar. ¿Cómo era?-

- Llego a ser la diva más grande de España. Cantaba para Franco, incluso las malas lenguas hablan de que le visitaba... Stheel se escondió la repugnancia y olvidó que estaba hablando de su abuela

- ¿Usted que cree?-

- Esa mujer era explosiva. Era capaz de enamorar a toda un batallón nacional y a la vez dejar con ganas a Arthur Miller. Nunca supimos que bando defendía.¿Pero importaba? Yo la conocí...

 

Y empezó a relatar sus tiempos en que trabajaba por la mañana como vigilante del museo y por las tardes de Viernes, en que el teatro se llenaba, como limpiador del Teatro Nacional. Recordó como de entre bastidores surgió esa perfecta figura, invitándolo a pasar a su camerino. Él con mujer e hijos solo era de ella en ese momento. Esa mujer lo había hechizado. Si antes de aquella noche, estaba ya enamorado de ella y tenía en vídeo todas sus películas, ahora no haría más que hablar de ella.

Y esa mujer le pidió un favor. Aun lo recordaba, robar para ella una de las antigüedades traídas de Marruecos que se exponían. El promotor era el ayuntamiento de Compostela, la asociación amigos del Camino de Santiago y la sociedad privada de Henrik Fellout. Quien había cedido al museo unos dados de la antigüedad, por espacio de un mes. Lo que duraría la exposición.

Su trabajo era fácil. Solo debería cambiarlos por las exactas reproducciones que la actriz le había confiado. Así es como de guardia nocturna del museo, cambio los dados, aun en el almacén (sin exponer a alarmas todavía) por las copias.

 

El no sabía que interés podía tener esto para una actriz. Le daba igual. Contentarla era su mayor logro en la vida. Pero esa mujer le rompió al corazón al irse, eso no impidió que siguiera idolatrándola.

No sabía porque le contaba todo eso a Stheel. Tal vez ella también lo hubiera hechizado con sus ojos verdes esmeralda. No es que fuera un calzonazos o se convirtiera en un esclavo de las mujeres. Pero Stheel tenía la misma sonrisa que diecisiete años antes le había perdido. Se preguntaba si Stheel y Clarisse no serían la misma mujer. Stheel con la biografía de su abuela se sintió ridícula. En primer lugar por gustar a un viejo, después pensando en que uno de los hombres más ricos (Fellout) había sido estafado por una tonadillera y en último lugar por haber comprado ese libro.

Era su abuela y sin embargo se veía obligada a comprar una biografía suya. En cierto sentido es una paradoja muy ridícula. Demostraba la poca comunicación que había entre su familia  La leyó de un tirón en un banco del parque.

La mitad era mentira, la otra exagerada. Había momentos del libro que se olvidaba de que era la encorvada anciana anclada en su silla de ruedas y se dejaba llevar por esa falsa biografía.

A momentos se la pincelaba como una promiscua ninfómana. Un personaje infrahumano, a- sentimental y ambicioso.

Hablaba de su recesiva y complaciente madre. Que nunca hablaba, no tenía trabajo ni ideas propias, relegada en la cocina.

Y que Clarisse quería ser de mayor todo lo contrario a ella; alguien que piensa y siente por si mismo, que no le importa trepar por encima de los demás con tal de hacer oír su voz.

Un poco lo que le pasaba a Stheel con su madre, ama de casa frustrada.

Ya no había más coincidencias. A Clarisse le gustaba mucho cantar, el histrionismo, actuar, el barroco, escribir, leer, el amor y la arqueología.

Stheel en cambio era muy sencilla, tímida y algo insegura.

Clarisse pasó su vida en internados y su padre la hacía la vida imposible.

Se escapó en cuanto pudo; Universidad de Jerez, cursillos de arqueología en Marruecos... Hasta que se fue definitivamente gracias a un hombre; Asirba.

La narración lo mencionaba por encima: “Un zíngaro, al que su padre no aprobaba en matrimonio, que raptó o se fugó con ella. Había desertado y estaba a mal con la justicia. Clarisse también se cansó de él y lo abandono. Fue el primero de una gran lista de hombres utilizados”

Pero Asirba pudo ser algo más, pudo ser juntó a Ricardo(el intelectual) él único hombre que amó. El tablero era como el anillo de Frodo; haya donde va siembra la cizaña y pervierte a su poseedor con ansias de poder y posesión.

Y ansias de poder es lo que la llevó a meterse en una compañía de Teatro y un grupo de sevillanas. Pero allí era una más y eso no la gustaba, quería destacar.

Enamoró a un político de la izquierda. Este fue su fin. Lo condenaron por inmoralidad. Una excusa para quitarse de encima a un intelectual contrario al régimen. Y la inmoralidad era ella. Una ramera de lujo.

Empezó a acudir a fiestas y a bailar ante multitudes de militares de ambos lados.

Se hizo muy famosa su cristalina voz. Los periódicos hablaban de que tenía carácter. El carácter que hacía falta a España tras tantos años de odio a la iglesia y de excesos. Ella simbolizaba el alzamiento nacional.

Así es como disfrazaron a una mujer excéntrica y vivaracha de la izquierda, en una portada de revistas de la sección femenina. Empezó a hacerse fotos. Los fotógrafos venían de Francia y también de uno se enamoró. Ese hombre fue el único que la hizo daño. La robó mucho dinero y joyas y desapareció de su vida.

Ella empezó a codearse con muchos hombres importantes. De la política, del espectáculo, del mundo literario.  Fue elegida para una película sobre una cantante de pueblo. Un poco lo que ella era. Y esta película es la que la lanzó definitivamente a la fama. Periódicos, revistas, magacines extranjeros todos hablando de ella, comentando su excelente interpretación y sus siguientes papeles, que se superaban uno a otro.

Hasta el generalísimo la recibió en su casa del Prado. Y fue enviada al extranjero, como embajadora de la grandeza española. De que aquí no pasaba nada, que mira que portentos tenemos. Y fue algo así como la Marilin Monroe a lo castizo. La novia de Castilla.  Es entonces cuando sorprendió a todos con su implicación en un asesinato. Durante una de sus visitas a la ciudad del París tomado por el ejercito.

Había mandado asesinar a su ex novio, el fotógrafo francés, el caso nunca llegó a cerrarse. Ni se encontraron pruebas de su culpabilidad.

Pero a partir de ahí empezó su declive. A salir en revistas de desnudos que censuraban, a estar envuelta en muchos más juicios, a llevar su desordenada vida de amantes y drogas.

A sentir un gran vacío en su vida. Fue el momento en que se dio cuenta de que era vieja, que era mejor retirarse a tiempo.

Para nunca dejar de ser una leyenda. No quería morir joven o en un accidente de tráfico, pero tampoco quería que la vieran morir vieja y decrépita.

Se fue retirando poco a poco. No fue algo bruto. Y su vida se hizo más personal. Su padre la había desheredado y su familia la había abandonado.

Su marido, con el que tuvo a Herminia, era obrero de la fabrica Vizcaina AHV y no quería saber nada de esa mujer ligera de cascos.

Ya se perdía su historia. Pero Stheel conocía el resto, su hija creció en el resentimiento de que su madre los abandonara de niños para ese mundo del cine.

Por eso cuando llego a vieja, cuando se dio cuenta de que su gloria había pasado, de que llegaban tiempos de democracia, que no eran los suyos, la abandonó.

Clarisse se dio cuenta que tanta fama y reconocimientos no la habían conducido más que a un abismo personal. En que su familia no la aceptaba. Había decidido ser independiente, llevar una vida alocada y divertida y ahora ese individualismo la había llevado a la soledad.

 

Stheel viajaba en el mismo avión en el que había vuelto de nuevo a Bilbao.

Allí pensaba en su tía, tras el viaje resultaba que era su abuela.

Tampoco era la mujer tierna y religiosa que recordaba de los últimos tiempos, de su infancia. Era una víbora obsesionada con al fama, que aprovechó las circunstancias políticas. También era una mujer que viajaba, leía, enamoraba e independiente. Algo extraño, anormal, en su época.

Y esa vida de Madame Bobary era la que su marido Pierre la había reprochado a ella.

Y ahora volvía a ese marido insensible y a esa vida vacía, de la misma forma que se había ido. Apenas habían pasado dos meses.Y el anillo seguía en su dedo índice, como si todo hubiera sido un mal sueño.

Como si hubiera ya vivido su época plena, antes del declive. Su aventura de tiroteos antes de volver a la monotonía de la rancia burguesía de París. Pensó en que tarde o temprano iba a volver a las redes de su marido.Al fin y al cabo, él era lo seguro. Hacerse vieja con él era muy sencillo, tan fácil que asustaba.

Era un cómodo trabajo, fiestas, museos y conformismo.Ella necesitaba vivir un poco. Ilusa ella al pretender escapar de su destino.Esa vida era la suya, la llamaba y no era tan fácil escapar a ese canto de sirenas.Pero no, ella volvía por otras razones.Lo último que quería ver era a su marido. Ahora que sabía que Miguel estaba vivo, no le importaba reconocer que se arrastraría hacía él como fuera.

Esta vez no le dejaría escapar. Le había tenido muy cerca de la muerte como para andarse ahora con remilgos. Él había dejado a Jennifer, aun podía ser posible eso del amor eterno. Quien niega que exista tal amor, es porque no lo ha sentido.Era joven, aun podía rehacer su vida.

 

Al bajarse del avión. La visión otra vez del gigante y completo aeropuerto parisino, la mareó enormemente. Contrastaba mucho con el de Sondika.

También su vida en París era muy diferente. Allí no era la Stheel de toda la vida para sus amigas, o la inseparable pareja de Miguel o la hija de Herminia. Allí era la señora Renoir. Así que lo llamó. No sabía ni volver a casa desde allí. A pesar de que había vivido 7 años en él. París seguía siendo demasiado grande para ella. Allí sin Pierre no era nadie.

Le fue a buscar su chofer y le llevó a los Bulevares de las avenidas ricas.

El cochero, que tenía familiaridad con la señora, la habló de lo consternado que había quedado el señor tras su partida y decisión de divorcio.Era la lección aprendida, memorizada por orden de su señor.

Debía evitar sus ansias de abandonarle.Todo el servicio, todas sus superficiales amigas de París, hasta sus compañeros de trabajo, todos la insistían en que no abandonará a Pierre.

Pierre, sin embargo, no estaba nada suplicante. Más frío y distante que de costumbre. La aceptó en sus posesiones, como a la hija prodiga.Mejor. Ya incluso dormían en camas separadas, pero no por Stheel (quien estaba interpretando su papel de casada para los propósitos de Miguel) sino por Pierre.

Él debía olerse algo. No era normal que volviera así sin avisar. Era demasiado fácil.

Miguel no podía llamarla al teléfono de casa, así que la localizó en su departamento de Marketing y la invitó a comer.Miguel era todo un caballero y la llevó a un caro restaurante francés.

La preguntó si su marido había sospechado algo, si él sabía todo lo que había pasado.

- Sabe que Clarisse en realidad es mi abuela. Lo sabía antes que yo. Cree que estas muerto o al menos lo finge muy bien. Y aunque sabe lo del registro a la casa de mis padres, no sospecha nada de mi incidente con la secta de Jennifer.-

- Bien, porque tengo que decirte algo que he descubierto, pero solo si me juras que me ayudarás- Stheel haría cualquier cosa por él y asintió- Tu marido ¿Estuvo en casa de tus padres?-

- Si cuando se enteró de todo, vino pero yo le eche.

- lo sospechaba. Pero ¿Estas segura de que no entro en casa?-

- ¿Para que iba a entrar? Me fui a dormir, y supongo que se iría.-

- Pues no se fue. He hablado con tu criada y dice que el señor faltó toda esa semana ¿Sabes lo que estaba preparando?-

- No fastidies que él fue quien me ha robado el tablero-

- Exacto, es cierto que Ricardo, que es uno de los fundadores de la secta, y Jennifer y otros de la compañía, te registraron la casa. Pero no encontraron nada porque...-

- ¿Para que quiere mi marido ese tablero?-

- ¡Ah! ¿Pero no lo sabes? Jennifer, según me has contado, te habló de que el dinero para nuestras expediciones venía de los socios fundadores. Es decir de su padre(Fellout) y de un matrimonio francés-

- ¿Alguien que conozca, tal vez?-

- Ya lo creo. Ese matrimonio erais Pierre y tú-

- Pero yo no sabía nada- los pensamientos de Stheel se empujaban unos a otros por salir a su conversación estrepitosamente - ¿He estado invirtiendo en una secta que explotaba a mi novio? Mi marido ponía todo a nombre de los dos, eso es cierto...-

Eso significaba que Stheel tenía derecho a ese tablero no solo por haberlo heredado de su abuela, sino por ser una de las socias.Tenía el 25% de los millonarios ingresos de Henrik Fellout y no lo sabía.Miguel la pidió el favor, no tenía ni que pedirlo. Stheel recuperaría el tablero.

Al día siguiente era viernes y Stheel no trabajaba. Este era el día más aburrido y monótono.

No estaba Pierre, así que registro su habitación con cuidado de dejar todo luego en su sitio. Tal vez evitar que buscara el tablero era una de las razones por las que ahora dormían separados.

Stheel lo encontró en la caja fuerte pero no tenía ninguna reproducción que dejar en su lugar.

Así que esperó a la noche. En ese momento no había vigilancia a la entrada de la ajardinada mansión y podría escapar sin ser vista. Solo había un problema; a esas horas debería de tener mucho tacto, para no despertar a su marido.Así lo hizo. Fingió estar ese día muy cansada para irse antes a la cama y prepararle un somnífero disuelto en su medicación.Después, a eso de las 3 de la mañana, abrió suavemente la puerta de su habitación.Pierre guardaba junto a su cama, en el cajón de la mesilla, una pistola.

Stheel por un momento pensó en matarlo. Suavemente posaba sus dedos entre los botones de la caja fuerte automática. Sabía de memoria la combinación. Había sido un regalo suyo. Pero estaba cambiada. No tardó en descubrir que la nueva coincidía con la placa de identificación del perro de su marido.

Se abrió si, pero de un gran impulso. Y para sorpresa de Stheel sonó la alarma que su marido, previniendo esto, había mandado instalar.

Para que Stheel se confiara, la alarma solo sonaba en la habitación del vigilante.Con lo que este, entrenado para cuando llegará el día, salió como una bengala.Pero Stheel corría con su maleta y el tablero envuelto, como nunca en su vida.Escapaba de esa vida aburrida, de ese muermo de marido y de su destino.Corriendo como una colegiala, se sentía de verdad libre.La noche era muy cerrada y solo la luna llena iluminaba un poco el paisaje.Hacía muchisimo frío. Si en Bilbao lo hacía, en París era exagerado y más a esas alturas de la noche. El viento soplaba con fuerza, como si quisiera hacer retroceder a Stheel. Las ramas de los arboles del jardín se fluctuaban y hacían un ruido que daba pavor. Los grillos, a estas horas de la noche, seguían sus ruiditos molestos.Tal vez por la oscuridad de la noche. Stheel pudo saltar la verja, como una adolescente, sin ser vista por el jardinero, que dormía alejado de todo.Y enseguida dejó atrás al obeso vigilante, que se sentía fracasado y temía confesar su inutilidad ante su jefe.

Gritaba cosas como “Señora Stheel, vuelva, solo quiero saber q va a hacer paseando por el bosque a estas altas horas” o “Vuelva, se va a costipar”.Intentando inocentemente de que esa mujer volviera por si sola.

Pero Stheel no iba a volver, creía que no vería más esa mansión.Iba a morir feliz, a sus ochenta años, por haber olvidado aquella casa. Feliz al morir por haber olvidado para siempre esos aburridos años sin libertad.

Se adentró en el bosque. Stheel había crecido y era ya una mujer hecha, pero seguía teniendo el irracional miedo infantil al bosque.Para ella el bosque era ese lugar de ruidos, hojas moviéndose, frío, animales y seres extraños observándola, donde era fácil perderse.

Extraviarse para siempre, perdida entre la inmensidad de las ramas.Perdida en el miedo de imaginar lo peor de cada ruido, en medio de la oscuridad y de la nada. Todas aquellas hojas parecían no acabar nunca. Se perdería en esa inmensidad de vacío verde, sin llegar nunca a la explanada donde debía reunirse con su Romeo, su Tristán, su amor.Llego para abrazarse a él. Se sentía una delincuente que robaba y mataba por amor. Una espía que escapaba de su marido y se reunía con su amante.

Le abrazó muerta de miedo por el bosque y por cuando su marido mandará buscarla. Pero le abrazó fingiendo valor, el valor de los héroes.Le abrazó como solo se abraza en las películas pero él la rechazó con extraña frialdad. Tenía sus ojos, rojos y avariciosos, concentrados en el tablero que una  débil mano femenina retenía. Se lanzó a por el con brutalidad y violencia, aunque Stheel iba a dárselo de igual forma. Pero llevado por la codicia, la empujó para atrás y cayó al suelo.

Stheel no entendía lo que sucedía. Era su amante y habían robado juntos el tablero al malvado antagonista de su marido. Su mente romántica no daba para más. Se había formado ya su propia película, con héroe, heroína y malvado Pierre. La vida no era tan romántica, ni literaria, ni sencilla.

Su novio, su amor eterno acababa de pegarla. Iba también a violarla pero había tenido compasión de sus llorosos ojos verdes, que tantas veces le habían mirado.Pero nunca como ahora, preguntándole que pasaba, no entendiendo nada.

Y Miguel no podía responderla. No así, no esa noche.La dejó abandonada en esa inmensidad de incertidumbre y de hojas verdes.La amenazó con que la mataría si decía algo, si iba a la policía.

Si ahora la había amenazado. También era probable que la hubiera escrito aquel chantaje y que toda su historia fuera farsa.Y ahora que lo repasaba mentalmente, había sido una inocente.

¿Cómo creerse que había escapado de una secta? ¿Qué había dejado a Jennifer?

¿Qué lo querían matar? Seguramente estaba casado con Jenny, ambos pertenecían a la secta y al grupo de arqueología de su suegro; Henrik FelloutY el enemigo siempre había sido el mismo. Clarisse, ella ¿Su marido?

Había dado por sentado que su marido estaba del otro lado y quería matarla a ella y a Miguel por el tablero. ¿Y sino? ¿Y si estaba de su parte? No había hecho otra cosa que protegerla. El detective matrimonial que la espiaba, haberla sacado de la cárcel... Incluso robarla el tablero podía haberlo hecho con el objetivo de no implicarla en un turbio asunto, en que él y sus antepasados (Clarisse) la habían metido.El problema de Stheel es que los dos hombres que había conocido sabían todo de ella; lo inocente, divertida, romántica, trabajadora e infantil que era y ella no sabía nada de ellos. Su problema es que no sabía en cual de los dos confiar.

 

Miguel, aunque la hubiera pegado, era su amor, era su compañero eterno. Ya cambiaría. Podría cambiarlo. Tampoco podía volver con su marido y a esa vida fácil y protegida, por su robo.

Necesitaba más que nunca sentirse protegida, como las princesas de los cuentos, en una urna de cristal. Que podía ser su vida y trabajo en París o los músculos de Miguel. Pero necesitaba a alguno de los dos. Y no podía volver, era una fugitiva.

 

Y estaba sola.

Por primera vez, estaba verdaderamente sola.

Heroína de su propia vida, sin ningún príncipe protegiéndola.

 

Stheel no podía volver a casa. La policía la detendría. Así que llamó a u madre para tranquilizarla. Pasaría una temporada en París.Lo primero que hizo fue ponerse en contacto con el biógrafo de Clarisse.

Stheel sabía que el francés era un poco más empalagoso y de distinta tonalidad que el castellano, pero el modo de hablar de ese escritor rozaba lo relamido.Era joven, un poco mayor que ella pero ya estaba completamente calvo. Se llamaba Fidel y había estado siguiendo toda la vida el rastro de esa diva.

- Sabe que se parece muchisimo a su abuela-

- Ya me lo han dicho veces- Stheel se mostraba muy educada con él, necesitaba información que su madre nunca la daría. Sin un interrogatorio previo al menos.El padre de Fidel había sido representante de Clarisse pero había muerto en un accidente, así que Stheel no sacó muchas cosas sobre su abuela q no supiera.

Una sí y muy importante. La que había sido su residencia durante años, cuando se casó con el fotógrafo al que luego mataron, se encontraba en la Rue Napoleón, 6.

Era un barrio muy rico y tranquilo, de hermosas mansiones blancas y pequeños parterres y jardines.  La actriz había ocupado la casa nº 6, que llevaba ya años abandonada. Desde el asesinato del melancólico y único habitante.Nadie había querido comprarla. Así que pronto la demolerían.

Una casa así necesitaba de cuidados continuos, de serias remodelaciones y tirar tabiques, contratar servicio y la mayoría de ejecutivos actuales no disponía de ese tiempo. Así que terminaría  por ser derrumbada. Contrastaba con los hermosos palacetes de alrededor, esta ruina de lo que una vez fue, cuando ella también era una hermosa casa solariega.

Ahora las tejas negrizas se caían, los marcos de la puerta se habían venido abajo. El jardín, abandonado, era una mullida selva de enredaderas y maderos viejos.El interior tampoco era muy alentador.

El polvo reinaba por doquier y el suelo de madera se había apolillado y había muchos agujeros. En uno de esos fondos dobles del salón, Stheel encontró una caja de música. Pero no podía abrirse y había perdido ya el color y el esmalte.No había muebles. La casa no daba ningún miedo sin las lamparas en las que caían cristalitos y velas, sin los sofás apolillados, sin las cortinas oscuras.

No, esa casa parecía que nunca se había habitado. Daba una sensación de novedad, excepto por todo el polvo, las telarañas y la suciedad y desorden de las cuatro cosas que quedaban. Quedaba una mecedora igual a la que tenía en San Fuentes.Quedaban las estanterías vacías, una nevera vieja y el calentador. Nada más.

Stheel estaba violando infinidad de leyes al entrar en esa casa pero ya la daba igual. Su abuela Clarisse con su herencia la había fastidiado su vida, así que ahora no descansaría hasta recuperar el tablero, por el que tanto había luchado ella.Y cuando ya se iba a ir con las manos vacías. Solo la había parecido interesante la caja de música. Vio la chimenea. ¿Cómo la había ignorado antes? Era enorme, en el centro del salón. Y bajo ella había unos trozos de papel quemado esparcidos.Era imposible que después de 20 años se pudiera leer algo en los restos de un libro quemado. Y sin embargo Stheel pasó la tarde reconstruyendo el libro, que no interesaba que se encontrará.

 

Era una leyenda sobre un peregrino que venía desde Marruecos a hacer el camino de Santiago, en el siglo XVIII.  Y en ella prevenía del peligro que tenía JAQUES DE MOLAY, el templario resentido.

Stheel  conocía la historia;

 

Que Felipe el hermoso y el papa Pío por intereses políticos económicos (la gran fortuna que de tesoros judíos y musulmanes y de prestamos a la realeza europea estaban amansando y que necesitaban urgentemente) condenaron a la hoguera y a la horca a miles de templarios por herejes, blasfemos, pederastas, por adorar a Bafoomet y por masonería y traición.

Y jaques de Molay era su sacerdote entonces, era su maestro de la orden.Y luego era obvio que los templarios no se fulminaron de la noche a la mañana y que habían sobrevivido ordenes como los cataros en España o algunos cruzados e incluso sectas.Y esto se había ignorado hasta el siglo XIX en que algunos escritores románticos ingleses habían resucitado aquella gran injusticia de la iglesia.

 

Por eso no la extrañaba una leyenda inédita de Lord Byron sobre los templarios que escoltaban a los peregrinos en el camino de Santiago.Lo extraño es que en el siglo XIX un antiguo fantasma de un templario siguiera vagabundeando por el camino de Santiago.

Esa era una leyenda fabulosa, imaginativa y propia del romanticismo. Pero ¿Qué daño hacía? ¿Qué necesidad había de quemarla?Stheel solo había podido leer que el marroquí murió. Y que ellos (Estaba escrita en primera persona del plural) se habían interesado por la maldición.

 

Stheel abrió la caja de música con una palanca y comprobó que dentro había un dibujo enrollado pequeño de una mujer y dos hombres jugando a un juego.¿Y si fuera el Juego? ¿Quiénes eran esas personas?

Entonces una sensación de pánico la invadió todo el cuerpo. Alguien se aproximaba hacía a ella. Había entrado sin que le oyera, porque Stheel, confiándose de la calma del barrio, había dejado la puerta abierta.

Ya era tarde. Una mano fría, muy fría, como la de un fantasma, la había tocado el cuello. ¿Iba a estrangularla? Stheel quiso mirar la cara de su asesino por si acaso.

Pero vio a un adolescente rubicundo y de rasgos muy pálidos. Era muy albino y sus melenas rubias, casi blancas. Aun así era guapo para un chico de su edad.Y tampoco quería hacerla daño, la había agarrado del hombro para darla un susto. Era muy bromista.Stheel al ver que solo era un chaval, relajó la cara.

- Vaya susto te has dado, tía- decía él sonriente- ¿Pensabas que era la pasma?

- ¿Tú que haces aquí? ¿No deberías estar en tu casa, con tus padres?-

- Hey tú. ¿Qué eres? ¿Mi madre?-

- No pero soy la heredera de esta casa- dijo firme, aunque luego pensó que esa mentira tenía algo de verdad. Aquella casa la pertenecía a su madre.

- La casa es suficientemente grande para todos. Hola, me llamó Felix y duermo aquí. Me escapé de casa, pero aquí estoy mejor que en ningún sitio-

- ¿Sabes algo de los antiguos propietarios?-

- No, ¿No decías que era de tu abuela? Solo sé que aquí hubo un asesinato. Una actriz, metida hasta el culo en asuntos de secta, se cargó a su ex. -

- Tenía algo que al pertenecía, creo-

El chaval miró la foto, deseaba cambiar de tema(no le gustaba hablar de muerte y esas cosas; era huérfano) y al fin dijo

- Eh ¿De donde has sacado ese retrato? Te pueden dar una pasta por él, si es autentico-

- ¿Es alguien famoso?-

- ¿No ves que es Mary Sheley, su marido y Lord Byron?  Literatura se me daba bien cuando todavía iba al colegio-

Stheel se olvidó allí la caja de música y hasta su abrigo. Deseaba saber que relación tenía el grupo de románticos ingleses, los templarios y la sagrada historia de Jesús con el tablero y su abuela.

Cuando se bajó del taxi en la Soborne, eran ya las 6 pero aun estaba abierta la biblioteca. Había cambiado mucho la universidad, se había incorporado una moderna sala de ordenadores y departamentos nuevos. Pero la vieja biblioteca no había cambiado nada. Aunque ya no estaba su amiga, la señora Walther.

Quizás hubiera muerto, era mayor ya.  Buscó en el ordenador las biografías tormentosas de Mary y su marido y la de Lord Byron. Ricos, nobles y bohemios, rebeldes y revolucionarios.

 

Mary era hija de la famosa feminista, líder de las sufragistas(y madre del feminismo) Mary Wolfcreast y de un político de la cámara de los Loores. La madre de Mary murió joven. Su padre volvió a casarse y la madrastra hacía la vida imposible a la pequeña, hasta que fue enviada a internados. Donde conoció a Percy y se afilió a movimientos, grupos literarios y a la política de entonces. 

Se casaron, a pesar de la oposición paterna y participaron en actos, periódicos y fiestas de la época. Conociendo a Lord Byron y viajando con él a su Villa Deorati, en Ginebra Suiza. Donde acordaron escribir cada cual una historia de terror.Mary fue la única que lo acabó, mientras que Lord Byron se perdió en divagaciones.

 

Llegado a este punto, Stheel pensó; Una de ellas, de esos manuscritos desechados podía haber sido el del peregrino y el fantasma. Y por eso estaba roto. Solo que eso sucedió en Ginebra y los restos estaban en París dos siglos después. Llevaba consigo el manuscrito, no iba a dejarlo con el sin techo, y comprobó los caracteres de la letra. Era la firma de Lord Byron, seguro,  pero la letra de otra persona. Tal vez su secretario.Consultó una cosa más. Sí, Los Sheley también tenían una casa en París, en la Rue Napoleón, 6. Clarisse enamorada de al historia y sobretodo de la literatura, había comprado la casa de aquel grupo de escritores, cuando visitaban París. Stheel estaba empezando a aclarar el misterio. Aquel relato, pasto de las llamas, se había salvado de todas las demás llamas. Eso solo podía significar que nunca habían encendido la chimenea. Por eso todavía estaba el calentador y la calefacción. Aquella chimenea había estado cubierta por una pared, que ya se había caído o tirado.

La mansión tenía sus rincones secretos, donde el fotógrafo revelaba las fotos.Donde el fotógrafo escondía el tablero, que no más casarse la había robado. Pero Clarisse tras el divorcio. Lo recuperó y a él lo mandó asesinar.Quisiera creerlo o no, su abuela no era la persona cuerda e inteligente que había dado por supuesto.Su vanidad y el que se parecieran tanto, hacía pensar a Stheel que su abuela la actriz fue tan fuerte como ella.Stheel aceptó que su abuela también había sido víctima de la secta.

Que tal vez en Marruecos, gracias a Asirba, se desengañó y vio que aquello no era un grupo normal de arqueología. E incluso juntos lograron huir.Asirba la salvó, la salvó momentáneamente.

Pero Clarisse en algo si se parecía a Stheel; necesitaba siempre a un hombre.

Y cuando él no estuvo. El fotógrafo, enviado por la orden, la engañó y la robó el tablero. Pero ella lo recuperó.¿Por qué? ¿Por qué es tan importante el tablero?

 

Un hombre anciano pero aun fuerte y bien conservado, se había sentado al otro lado de la mesa grande. Y no hacía más que mirar a Stheel. ¿Un viejo verde?

- Perdón, Madmuaselle, si no esta usando el ordenador....-

- Así perdone.- Stheel no se había dado cuenta de que había dejado el retrato de los 3 románticos  junto al teclado y ya se iba cuando retrocedió a por ella.Y la agarró antes de que el viejo pudiera esconderla, como pretendía.- Esta ilustración es muy interesante- se la arrebató a Stheel, que le miraba con ojos de rabia pero interesándose por su distensión- Es el tablero de Carlomagno, un tesoro único. Es tan antiguo como la humanidad, señorita, dicen que lo  forjó San José, el carpintero y se lo regalo a Santiago. Los dados que juzgaron a Jesús  (o al menos sus ropas)pertenecen a él. Pilatos no preguntó al pueblo, no. Él también estaba poseído por el juego, por el demonio y echó a suertes su destino.

Un tablero del que se dice que el Demonio resucita cada vez que alguien empieza a jugar. ¿Conoce los actuales juegos de rol? En ocasiones llegan hasta a la sangre y hay muertes y violaciones. Pues imagínese si ahora hay locos, en la era del conocimiento, como sería en la edad media. O incluso en el siglo XIX, estos tres escritores pensaban que eran los que habían resucitado el tablero, los que habían despertado a los espíritus de los templarios, incluso a Santiago, el apóstol.

¡Vanidosos! Este juego siempre ha sido cosa de tres, y ha pasado por infinidad de manos. Quien empieza a jugar no pude dejarlo.

- ¿Por un maleficio?-  preguntó Stheel interesada

- Eso dicen, para no despertar los fantasmas de todos los que debían protegerlo.-

- ¿Jaques de Molay, Por ejemplo?-

- La veo muy puesta. Sí, todos los templarios en general. Pero también Hitler, también Napoleón y Carlomagno y estos tres escritores. Es como esa correspondencia en cadena ¿Sabe? Quien juega, no puede dejar la partida a medias o resucitará a todos los que fueron sus guardianes-

- ¿Quién lo inició?

- Vaya pregunta. Jesús, nuestro creador. Toda la historia de la humanidad, del cristiano judaísmo esta resumida en ese juego. Por eso es tan importante, es un juego que tiene dos milenios.

-Eso es imposible- Decía escéptica Stheel. El juego que había heredado de su abuela sería a lo sumo del siglo pasado.-No me refiero con esto a que el juego tenga dos milenios. Por supuesto ha habido muchas replicas, en cada época. Pero todo el misterio de la humanidad gira en torno a Santiago, el que primero heredó “el muerto”(el tablero) y ese es el sentido del peregrinaje a Santiago de Compostela. Tener la suerte de encontrarse su espíritu- Stheel se dio cuenta de que estaba hablando con un parlabarato, con un charlatán, un loco y un fanático. Empezó a darse cuenta de quien era aquel anciano.

 

Aquellos ojos que no la miraban, que no despegaban la vista de la foto y que dentro de esta, no se movían del tablero. A veces miraba a la pantalla del ordenador y decepcionado por el retrato de Sheley, miraba al vacío, con ojos de loco, seguro imaginando el tablero que el había comprado hacía semanas.

Esos ojos, tímidos, se ocultaban temerosos de ser reconocidos.

Por eso no la miraba a la cara. Esos ojos eran iguales de huidizos que los de su traidora amiga, superficial amante de Miguel y fatal enemiga; Jenny.

El viejo añadió – El tablero que teníais, que tengo, es falso-

- ¿Cómo sabe que...?--Un rápido movimiento hizo que Stheel sintiera un objeto frío, muy frío en la espalda. Más frío que las manos del ario adolescente. Tan fría como el resto de las pistolas, de las embarcaciones a la muerte. Tan fría como el Rigor Mortis.

- Querida Stheel, por fin nos encontramos- decía ahora el viejo mirándola a la cara - ¿No la pasa mucho? Sé mucho sobre usted y usted no sabe de mí, más que un nombre. Un sobrenombre mejor dicho. Henrik Fellout. Se parece muchisimo a su abuela, es como si no hubieran pasado los años. Pero tú no eres esa puta traidora, esa arpía fulana que se acostaba y utilizaba a los hombres. Esa asesina despiadada. No, usted no es como ella, me dirá. Tiene estudios, una ética... Pues la aseguró que será capaz de matar por escapar de el sitio al que la llevamos.

 La aconsejó que no hiciera ningún ruido y junto a otros tres hombres jóvenes la arrastraron hacía la salida de la biblioteca. Bajó un libro de la misma ocultaban la pistola clavada en la espalda temblorosa de Stheel. La alarma de la sala de lectura sonó repentinamente, al pasar por el detector de la salida. ¡Claro! El libro en el que ocultaban la magnum no lo habían pedido prestado. La bibliotecaria joven, que sustituía a la conocida de Stheel, muerta hacía poco, acompañada de un guardia de seguridad, les pidió amablemente su carnet o su DNI o su carnet de residente en la universidad.

 

Los mafiosos se pusieron nerviosos y el viejo disparó al aire, con tan mala fortuna que rebotó a un hombro de la joven. El guardia de seguridad se volcó en ella, en hacerla con un paño un improvisado torniquete y vendaje.La joven no hacía más que gritar y moverse como una posesa.Dos guardias más salieron al oír el grito y persiguieron a los de la secta. Pero estos habían dispuesto un coche, paralelo a esa calle, y montaron precipitadamente a Stheel en la limosina negra. Conducida por el propio Miguel.

 

En el coche, Henrik Fellout o como quisiera que se llamase, hizo las presentaciones.

- Aquí tu amor eterno, aquí una estúpida- sobreactúo un lamento histriónico.

-¡Cómo la engañaste! ¿Eh, cabrón?

Stheel no daba crédito al Miguel perverso que se reía sin ganas y al cerdo barrigón  y viejo de Henrik Fellout que intentaba besarla y tocarla.

- Te pareces a esa ninfómana de mierda, pero solo físicamente, ella consiguió incluso engañarme a mí. La mejor amante que he tenido nunca y la que más daño me ha hecho. Era la más inteligente, demasiado. ¿Creía que podría abrir ella sola la cámara? Mis hombres la persiguieron día y noche. Luego, estaba aquel fotógrafo, nos recuperó nuestro códice, nuestro tablero. Pero no quería dárnoslo. Le estuvo bien que por avaricioso, la zorra lo matará. ¿Por qué creías que se retiró tan pronto? ¿Por qué crees que se fue al culo del mundo a morir? Estaba atemorizada, cagada ya te digo. Y en tu madre no podía confiar. Su familia la odiaba. Por eso pensó en ti, Stheel. Tu abuelita te recordaba más prudente y centrada cuando ibas  a visitarla. Pero la has fracasado. Ninguna mujer se ríe de mí. Ella murió creyendo que me había burlado, pero yo maté a su marroquí y aunque no pueda ya matarla a ella, te mataré a ti.   

¿Y Ricardo, mi profesor?

Ese se enamoró de ella. También para recuperarnos el tablero, pero tu abuela se dio cuenta. Luego, de profesor, pidió trasladarse a tu ciudad y nos informaba sobre ti. A veces te preguntaba dónde vivía tu abuela para decirla que tenía una nieta muy estudiosa. Pero tu madre te ocultó todo sobre tu abuela, por tu bien. Para no implicarte.

- ¿Cómo has sido capaz de meter a tú propia hija en esto?

- Miguel y Jennifer. Los creías tus amigos. Ellos son mis discípulos, Miguel será un estupendo yerno ¿Verdad Miguel?-

Sí, jefe- parecía hipnotizado. Le habían comido la cabeza toda su vida

Siempre has sido una ingenua. Creyendo en el amor, en la amistad, en todas esas mierdas. Miguel dila ya porque aceptaste entrar en su vida

Stheel yo te amaba, no le hagas caso.El mafioso se sobresaltó.

¿Qué dices hijo?- para Henrik era ya de la familia, tanto de la familia de la cosa nostra, como de la hermandad de la orden, como de su propia familia

- No me vengas ahora con sentimentalismos. Dila que toda su vida ha estado engañada, que los seres que ella creía suyos y cercanos, estaban allí por interés. ¿De que la ha servido creer en el amor eterno toda su vida?

- Padre, yo también creo en él-

- ¿Pero que dices imbécil?-

- Me has enseñado que hay que creer en cosas espirituales, sobrenaturales-

- Me refería a creer en Dios, en el Demonio, en el poder político y mágico de ese tablero... en todo eso. Pero ¿Para que la ha servido creer en el amor si ahora vamos a bajarnos en ese descampado y vamos a acabar con su ilusoria vida?

-No si yo puedo evitarlo- Y llevado por la furia de los románticos, por la sinrazón de los valientes, por la chispa de la ilusión y por el deseo de volver a ver desnuda a Stheel pero viva, torció el volante y descarriló el coche, sacándolo del camino de cabras por el que se había bifurcado la carretera.

- Párate ¿Te has vuelto loco?

- No, nunca he estado más cuerdo que ahora- Dijo  haciendo volcar el coche por una pendiente pequeña. De la que el coche salió ileso. Los hombres de dentro gritaban y le pedían que dejará de conducir así.

- Nos vamos a acabar matando todos, hijo de puta-

 

Uno de ellos le sacó la pistola y se la clavó en el gaznate. Pero Miguel, como un insensato o un héroe que no teme la muerte, hizo un  fuerte derrape en la curva y aceleró. Así que al mafioso se le había caído la pistola, cayendo en la cabeza de su compañero. El sendero de sangre que le caía del cráneo había salpicado todo el coche, porque este no hacía más que moverse como en una montaña rusa.

Un autentico suicidio. Stheel nunca había estado tan cerca de la muerte, la sangre siempre la había atemorizado. Incluso se había desmayado mientras la hacían un análisis. Y sin embargo ahora la parecía un buen decorativo para ese coche loco. Se había vuelto loco, hasta Stheel lo pensaba. Pero Stheel hubiera muerto de ambas formas. Así que prefería esta muerte irracional de un demente.

Imaginaba la otra; la hubiera dado más pavor.

- Bájate del coche- ante su negativa, la hubieran empujado.

Después la abrían violado y vendado los ojos, puesta contra un árbol, Miguel hubiera estado obligado a matarla.Porque Fellout en el fondo de todos sus fanatismos religiosos, sus ideas masónicas y su creencia de ser la reencarnación del demonio, llevaba muchas frustraciones.

Amores reprimidos, malas experiencias y traumática infancia. Debajo de todo estaba esa locura de no soportar la felicidad, ni las parejas. De criticar tanto el amor eterno, el romántico. Él lo había sentido por primera, única y última vez con Clarisse y ella lo había traicionado. Tras eso solo sexo. Llegó a odiar al amor.    

 

Miguel ¿Se abría negado a dispararla? Stheel tumbada bajó todo el peso del coche estrellado contra un árbol, seguía creyendo que sí, que después de todo existía el amor eterno. Que eso es lo que daba sentido a la vida.Su sangre era más roja, más llena de pasión y sentimientos que la del resto. Su sangre derramada en aquel siniestro, encaraba a las demás su falta de no haber vivido.

Y Stheel, que se había desmayado dos veces, había pensado que era la sangre lo que la había hecho desvanecerse en el hotel Ercilla. No, era la visión de Miguel. Por lo mismo que se desmayó al verle en la furgoneta de libros.Y Stheel que se desmayaba por nada esta vez, aunque estaba herida, no estaba desmayada. Tal vez temía que si se desmayaba no despertaría jamas.

Por eso se concentraba en ver la sangre de los cadáveres que se apilaban junto a ella. Pero entre estas no estaba la de Miguel.Debía de ser sangre azul, como la de todos los príncipes.

O no ser, como la de todos los ángeles. 

Miguel, a pesar de ser el imprudente conductor, el asesino de todos los demás y de no tener el cinturón puesto y sentarse en el asiento “copiloto” con más prbabilidaes de muerte, estaba ileso burlando al destino y las estadisticas de accidentes. Había salido ileso, totalmente ileso.
Los príncipes y los caballeros de verdad nunca se desangran delante de una señorita – bromeaba  Stheel cuando la intentaba sacar de debajo del coche

- Eres una princesita muy valiente ¿no te has hecho nada?

A Stheel la dolía todo el cuerpo. El dolor de la herida abierta y sangrante de su costado la estremecía todo el cuerpo.Pero tener allí a Miguel, vivo, junto a ella, apretándola la mano, la reponía de todo.

Era su confianza en el amor, esa vitalidad, ese no querer morir y su juventud lo que la estaba haciendo resistir.

- Oye, si quieres llamó a una ambulancia. Te repondrás en nada pero...-

- Lo sé, te detendrán, te procesarán y no podremos estar juntos hasta que nuestros cuerpos hayan pasado por la decrepitud de la vejez y ya no queramos vernos- hizo que lo meditaba y gritó al fin con jubilo, a pesar del dolor- no, si no es contigo, la vida no tiene sentido. Llévame contigo-

Y Miguel cargó con su amada herida, que una vez en sus brazos por fin se desmayó. Lo dicho, el motivo de sus desvanecimientos no era la sangre, era Miguel.

Y ya no la importaba no despertar, se desmayaba sobre su amor eterno.

 

Pero si despertó. En casa de su marido. ¿De Renoir?¿Todo había sido una pesadilla, un bonito y romántico sueño?Aun la dolía el cuerpo. Así que todo había sido real.Pero no veía a Miguel. Gritó su nombreAcudió su marido. Stheel no ocultó su decepción

- No temas, ya me lo ha contado todo Miguel- Así que estaba ahí, con él ¿Con él? – Y por mi parte asumo que ya no me quieras, porque yo también creo que deberíamos separarnos sin complicaciones-

No, demasiado fácil para ser cierto. ¿Y que hay de ese odio de su marido hacía Miguel? ¿Qué hay de que la persiguiera hasta la casa de su madre? ¿Qué hay del sobreprotector y sobretodo celoso marido?

-El tablero siempre es cosa de tres- sonreía Pierre

- No, esto es broma. Nunca te había visto sonreír Pierre-

- de tres; Mary y Peter Sheley y Lord Byron ¿sabias que era amante de Mary? -

Stheel siguiendole el juego, aunque aun perpleja, añadió:

- ¿Sabías que Lord Byron era amante de ambos?-

-Eh, me pides ya mucho y al pobre Miguel también- se empezaron a reír los dos.

Los tres porque Miguel había entrado en la habitación.

¿Qué sucede aquí? Le dirigió al mirada de incertidumbre a su marido, luego se llevó aparte a Miguel y le interrogó a la oreja.

-¿Pero que ha pasado?- susurraba Stheel- ¿No decías que tu marido era el que te había intentado matar? ¿El que por error mató a tu hermano gemelo?-

- Eso creía. O mejor dicho. Eso me había hecho creer mi “padre”. Ese día en el coche me di cuenta de cosas, pero en realidad ya empezaba a sospechar que aquello era una secta...

Corta, eso mismo me dijiste hace nada. Y luego- una lagrima la cayó de sus ojos esmeraldas verdes, Miguel se la secó- Lo siento. No sabes como siento lo que te hice. Cómo te trate ¿Te pegue? ¿Te hice algo más? La verdad es que ni me acuerdo, esta todo tan borroso en mi mente. Tan reciente. Ese tablero me volvió loco.

 

¿Qué os pasa a todos con el tablero? ¿Tan importante es?

 

Solo para él, para Henrik Fellout. Para Clarisse, tu abuela. Para Asirba, el fotógrafo, tu profesor Ricardo, el biógrafo, el manager... todos los hombres que han pasado por la vida de tu abuela. Para ellos, para los viejos, tal vez sí.Pero no es justo que para ti, Jenny y para mí lo haya sido.En la secta conseguir ese tablero era el mayor logro, la gran meta

 

Stheel empezaba a comprender toda la historia:

  1. José crea un juego de Rol. El juego de rol con el que juegan Jesús y los discípulos. El juego con el que Pilatos decide crucificar a Jesús. El juego ( o los dados) con los que se reparten sus ropas e incluso, para los E. Apócrifos, con los que juzgan quien debe matar a Jesús. Cayo Longino con su espada, del diablo, lo mata. No fue la cruz, fue él. Y luego arrepentido, comprende el horrible poder del juego.

Surge el primer trío de guardianes del tablero.

Santiago el Apóstol, La desolada Virgen María y como escolta Cayo Longino.

Llegan a Galicia y allí la esconden. Cayo Longino también esconde su espada.

La edad media. Oscura. Sin datos. La iglesia utiliza a los templarios en España, a los cataros, no solo paraproteger el camino de Santiago. También para proteger esta reliquia.  Y son enterrados junto al tablero, en esa abadía de Finisterre. Nadie conoce su paradero exacto.

La iglesia olvida la abadía, la reliquia, la historia, el tesoro

Siglo XIX; Un grupo de Románticos ingleses leen unos escritos que dejó Cayo Longino y animados por la sed de aventuras y tesoros, viajan hasta Finisterre.

Temen despertar las tumbas de los caballeros templarios. Hay inscripciones y maldiciones y prohibiciones.Lo violan todo pero ante el miedo a ser asesinados mientras duermen por el espectro de Santiago o Jaques de Molay, lo devuelven a su lugar.

Lord Byron solo deja constancia de esto en su obra de terror, más realista de lo que pueda parecer.

Todos los personajes cultos e ilustres de la Historia. Todos los megalómanos, enamorados de la grandeza y del poder, como Hitler, Carlomagno, Napoleón... intentan encontrar ese tablero mágico que decide el mundo.

Se harán copias. Circularán reproducciones y surgirán sectas y sacerdotes. Locos y fanáticos sacerdotes, muy ricos, como Henrik Fellout.Que lo buscaran incluso en Marruecos.Avariciosas actrices con afán de arqueólogas como Clarisse.Familias marroquíes, cuya vida había rodado en torno a buscar con dediación esas locuras que quería y pagaba Fellout y al no poder, hicieron lo que tantos; una reproducción.

Y un enamorado Asirba que salvó de la secta a Clarisse llevándose el falso tablero, que creían verdadero.

Que le costó la vida.Y a Clarisse vivir con miedo; Amenazada, rondada por el peligro.

Un fotógrafo que se lo robó y lo pagó muy caro.Miles de amantes que ambicionaban el tablero.

Una estratagema de Clarisse; cambiar la espada falsa de cayo Longino por otra, aun más falsa.

Y la huida, la vuelta a la familia.El legado de una abuela.

El legado de los mayores que había hecho peligrar al matrimonio francés; Stheel y Pierre y a los dos universitarios de la secta; Jenny y Miguel.Y la conclusión era que ninguno de ellos tenía el original.

El marido robó a Stheel el tablero y se lo vendió (lo subastó)a Fellout.Pero él se quedó el que creía autentico; que lo robó Stheel.Que lo robó Miguel para Fellout, que comprendió que o Miguel o Pierre le habían engañado. Todos los tableros eran copias.

 

Pierre y Miguel pidieron perdón a Stheel. Pierre había seguido al dinero y Miguel al fanatismo. Ambos se habían comportado fatal.

Stheel pregunto si se había encontrado el coche volcado.

- Sí y mi DNI, así que voy a tener serios problemas para solucionar esto- respondió Miguel

Pierre sentenció – Los ricos somos inmunes a la justicia, Miguel, tú tranquilo. Lo solucionaré, igual que hice con mi mujer-

-¿Entonces sin rencores?- preguntó Stheel

- Podría reprocharte el chantaje, la infidelidad y tú a mí muchas cosas. Pero debemos estar unidos. Es el trío maldito-

Stheel se vistió ante sus dos hombres. Ahora si que no los reconocía; allí en la misma habitación. Hermanados, sin odios.-¿Y mi madre? ¿Estará bien no?-

Precisamente tenemos que hablarte de una cosa....- Pierre se trababa no podía darle al mala noticia.

Miguel lo intentó- No ha sido nada doloroso, no ha sufrido. Dormía y ya sabes la edad y su enfermedad... no hacía más que sudarle las manos y mirar a Pierre nervioso.

La cara feliz por tenerles a los dos y juntos de Stheel se tornó roja, dramática y muy consternada. Llevándose las manos a la cara, exclamaba llorando

- Mama, no, mama no-

- No, Stheel te equivocas. Tu padre ha sido quien ha pasado a mejor vida-

No es que Stheel sonriera ni se alegrara ni mucho menos. A su padre, a pesar de la enfermedad y de haberle conocido siempre así, con alceimer, le quería con locura. Pero los dos hombres notaron la cara de alivio de que su madre estuviera viva.Su madre no podía morir. Porque Stheel se había portado fatal con ella. Desde pequeña siempre habían discutido y ella fue muy egoísta haciendo carrera fuera de España y al irse a vivir allí definitivamente.Con su madre tenía que pasar el resto de su vida, lo que aun las quedará a las dos.Para recuperar el tiempo perdido. Todo lo que su madre podría haberla enseñado y ella se perdió o rechazó. En cierto sentido. Ahora estaba liberada.No tenía que acarrear de atrás para adelante con su invalido padre.Se alegró e entristeció por ella a la vez.

-Ahora lo único que puedo hacer es volver, irme allí con ella-Pierre aceptó y luego miró a Miguel y le dijo-Eso díselo a él, que es ahora quien debe darte permiso-

-¿Y eso?Pierre, dándose cuenta que sobraba, se fue de esa habitación. Dejándolos solos, no sin antes dar una palmadita a Miguel en el hombro.- Que te sea leve, es una cabeza loca-

Como si Miguel no la conociera. Llevaban juntos toda su vida. Era su niña, su amor. Stheel todavía lloraba por lo de su padre.Le vinieron muy bien los brazos de Miguel rodeándola.

- ¿Y bien? ¿Qué es lo que querías decirme? – Se enjuagó el llanto y esbozó una tímida y leve sonrisa, imaginándose ya de que se trataba.

Una palabra sonaba en su cerebro, martilleándola. Boda, Boda.

Pero Miguel no se atrevió. Se quedo mudo y absorto. Tan retraído como cuando era el estudioso e introvertido lector, que estaba enamorado de Stheel pero no se atrevía a confesárselo. Ahora mantenía el mismo silencio, esa indecisión infantil.- No, pues que cuando quieras, podríamos acabar este misterio-

Stheel ofuscada por algo que no esperaba, se preguntaba porque no había salido de sus labios la palabra boda.- ¿A que te refieres?-

- A este misterio. Al del juego de rol. Iremos a Galicia, conozco a un eminente doctor en historia que sabe del tema y...

-Stheel, muy irritada y nerviosa, le gritó - ¿Aun sigues con eso? Quédate el tablero o vete a la China, me da igual – se fue, llorando de la habitación. Miguel, con cara de no comprender nada, se quedó atontado por su reacción. Con un si o un no, le hubiera bastado.

Al momento entró Pierre, quien le preguntó - ¿Es de la emoción?-

- Debe de ser, yo no entiendo nada-

- ¿Pero no la has pedido en matrimonio?

- ¿Quee? ¿Debería de hacerlo?- Miguel se quedó patidifuso y empezó a enterarse del porque de su reacción- Tu eres su marido. ¿Te parece bien?-

Pierre se quedó allí solo en la habitación, por primera vez  pensó que iba a ser feliz solo. Iba a rehacer su vida y se resignó a no volver a besarla ni tenerla allí.

 

Miguel había llegado tarde a la estación. El tren hacía Bilbao ya había partido. Y Stheel iba en ese tren llorando. Enjuagándose las lagrimas para volver a llorar, mirando al vacío de aquel tren de muertos dirigentes a la nada, al vacío.Un loco tren sin rumbo. Destino; el pasado, su infancia, su madre.

Miguel la había herido, necesitaba una prueba de que para Miguel ella era lo más importante en su vida. En el trayecto se arrepintió de haberse ido, deseaba tener a Miguel junto a ella, en aquel vagón. 

 

Su madre y ella se abrazaron. Fueron juntas al entierro, Stheel la arregló todos los asuntos legales de la esquela, el oficio del cura y la cena familiar.

 

Herminia había envejecido de repente. Se veía así misma vieja y sola, como si ya no la tocará más en el pastel de la vida. Stheel la menospreciaba porque ella no tenía cultura ni había hecho carrera. Era mucho más clásica y convencional que la pendeja de su madre y la sinsorgo de su hija.

Nunca se había preguntado nada. Siempre se había conformado con todo. Era lo fácil. No deseando se llegaba a ser feliz. No había ambicionado nada, todo lo tenía allí; su casa, su familia. Y ahora todo la había fallado. Sentía que no había vivido. Que entre Clarisse y Stheel, las dos protagonistas, había un vacío, un lazo de unión como mucho, que era ella.Una vida dedicada a los cuidados del marido. Otras lo hubieran mandado a una residencia o se habrían ido de su vida sin conciencia. Ella no, porque él era parte de ella. Cada vez que lo veía viejo e inútil,intentaba imaginarlo galante y conquistador en la verbena de su pueblo. Con ese carácter que le caracterizaba.

 

Stheel pasó casi un año con su madre. Nunca habían estado tan juntas. Sin Miguel, sin su padre. Ya no había ningún hombre en medio, estaban cara a cara.Pero Miguel llamaría al teléfono, como todos estos meses, infatigable, no aceptando un no por respuesta, insistiendo y esta vez Stheel cogería el teléfono.

 

Su madre, asistiendo al reencuentro telefónico, vería con horror la cara de satisfacción de su hija. Aquello significaba que se iría, que la dejaría sola.Stheel hizo esperar un momento a su novio y miró a su madre, con un gesto de suplicio (como quien se sacrifica; le diría que no por quedarse con ella).

Su madre recordaría cuando de adolescente la miraba así, con esos ojillos, para que la permitiera salir a fiestas. Y ella siempre se negaba (No quería ver a su madre en su hija).

Pero esta vez, pensó en que no había vivido y que su mojigatería a ella no la había hecho más que infeliz. Así que con la mano la instó a continuar la llamada y se fue a planchar.

 

 

 

Capitulo III

Los artistas habían vuelto a su tranquila vida descansando, esperando la inspiración, a orillas del lago Leman. Pero nada había sido lo mismo desde su episodio en España a oscuras y escondidas. Ojalá no hubieran ido. No habían vuelto a mencionar nada sobre aquello pero el juego estaba allí en una esquina de la gran biblioteca. Mary no había podido evitar llevárselo. Era como algo que amas y odias a la vez, que te hace mal pero no puedes dejarlo.

Estaban muy silenciosos o hablaban de temas banales como que ropa se llevaba ahora en Gran Bretaña, pero todos tenían en mente el incidente y el juego y si iban a hacer algo mas al respecto.

Lord Byron aunque no podía volver a su país, no quería abusar de la hospitalidad de sus amigos y además era de los que no pueden estar mucho en un lugar. Lo había prometido, solo estaba de paso. Así que esa mañana de otoño se marcho sin despedirse. Al fin y al cabo, estando él en la casa, el matrimonio no había disfrutado aun de su luna de miel.

Aunque por otra parte, al irse él, era como si faltara cada uno de ellos. Por que ese trío era una unidad.

Lord Byron volvió a su estudio que le guardaba su amigo en Grecia y a las fiestas, a las galas, al frenesí de creaciones, al silencio del monte Athos, a la contemplación de las ruinas del Partenón. Recuerdan que comento que aquel lugar tan pacifico era un remanso de paz en el que la mayor preocupación era llevar los rebaños a pastar pero que la guerra ya se olía y no se equivocaba, pues los turcos no iban a concederles la independencia.

 

Lord Byron volvía de visitar de nuevo las ruinas de la ciudad de Atenas, esta vez solo, sin aquel que había confesado su secreto y en el que prefería no pensar, cuando leyó en un periódico que el barquero que los había transportado había muerto estrangulado al día siguiente y que su cuerpo se había encontrado ahogado en el mar.¿Sería solo una coincidencia o era cierta la maldición?En los postres de la pensión en que se alejaba, le trajeron una carta fechada hacía tres días con la rubrica de los Sheley, inconfundible.--Veamos que es de mis amigos

 

 

Querido amigo: Estamos muy preocupados, tanto ella o más yo, ¿Te has enterado de lo de aquel pobre hombre? Pues aquí ha sucedido algo también, tranquilo estamos bien, aunque mi mujer tema que peligremos; en el espejo del baño han aparecido amenazas escritas en sangre que surcaba el espejo. Totalmente aterrador ¿Qué que decía? Cosas como “Los Muertos han sido despertados” y “Vamos a por vos.” .Nos choca que alguien tuviera tanta sangre en el cuerpo porque cada mañana aparece una nueva y cuando intentamos borrarla, reaparece. Debe ser un asesino q emplea la sangre de sus víctimas. La pasada noche hicimos guardia ante la puerta. Nadie entró(no dormimos)y sin embargo por la mañana allí estaba.En el libro que Mary esta leyendo han sido subrayadas un montón de letras, de tal forma que pone” No podréis escapar, ante quien os va a matar” Es horroroso, Mary esta en un estado de nerviosismo constante, casi parece un esqueleto de lo pálida que se vuelve cada vez que oye hablar de la maldición.El otro día limpiando se le cayo el tablero y oyó un grito, mas tarde se entero de que una niña se había suicidado. La fecha de su muerte coincidía con el momento en que el tablero cayó al suelo. Por favor vuelve, en una carta ponía “Solo una partida calmará la venganza”

No sé quien escribe estas cosas. Pero no nos avergüenza reconocer que tenemos miedo, mucho y angustia. Por favor ven en el tren de mañana. El juego nos llama.

 

Peter Sheley salió a recibir a su amigo a la estación mientras Mary preparaba el juego encima de la mesa y cerraba todas las ventanas ante extraños y curiosos. Con lo que la casa quedaba muy oscura y aterradora. Mary necesitaba beber y que el incienso inundara sus pulmones, sacó una pipa y opio porque aquel trago era difícil de superar de otra forma.

Estaba sola en la casa y unos pasos amenazadores se acercaban.

 

Peter no tuvo que esperarle mucho, por el camino le contó todo lo que allí pasaba. La casa estaba como poseída, parecía que los fantasmas de los templarios se habían introducido con ellos en la villa y vigilaban todos sus pasos, Ademas ella creía que se vengarían.

 

Mary se llevó las manos al corazón al ver como las cortinas empezaban a mostrarse inestables, aunque las ventanas permanecían cerradas.De un rápido estruendo, estas se abrieron. La casa se llenó del polvo del suelo y la lluvia de esa gran tormenta que asolaba la enorme mansión.

Mary se dispuso a cerrar pero no podía. El aire de fuera no era natural, era demoniaco. No podía cerrarlas y los manteles empezaban también a moverse.Después los candelabros, los relojes, las fotografías, las cajas de rape y las de música. Estas sonaban todas a la vez. Eran canciones alegres pero juntas formaban un canto al demonio. Una oda triste y lóbrega que atemorizaba a Mary.

Todo allí parecía bailar al son de una danza macabra. Los cuchillos afilados se la clavaron en la puerta, a un metro de ella. Estaba atemorizada, presa del pánico.Aunque había la típica borrasca y tormenta, la casa no era vieja ni misteriosa. En esa época era lo más parecido a un chalet actual.

Además como la pareja acababa de casarse, aun no había ni muebles. Y la casa estaba vacía y eso si que daba miedo.Porque ese vacío era la soledad.Estaban solos en la comarca. Si hubiera gritado, nadie lo hubiera oído.Una mujer sola en una casa enorme, un marido imprudente que tardaba.

Un cadáver en la alfombra, las cortinas escurrirán sangre.El florero salpicaba aun sangre de ese cadáver, muerto en su soledad.Ni un ruido. Nada de lo que en sus novelas de Terror aparecían; ni un miserere, ni un cuervo, ni luna llena, ni un búho nocturno o unos molestos grillos.Nada. Estaba sola con su propia desesperación.

Tal vez tener un mueble al que aferrarse o un ruido familiar la hubiera tranquilizado pero aquella nueva casa inspiraba desolación.Y de repente oyó pisadas y cadenas. Y sentía ya al fantasma acercarse hacía ella para matarla. La mataría con un soplido; mágico pero mortal.

Algo así como un beso de la muerte, el último aliento.

En lugar de eso fueron sus dos grandes amores (Igual que Stheel) los que entraron.

La encontraron en el suelo, ella creía que desmayada y en una posición digna para morir, para recibir el beso y dejar de sentir y existir.

En lugar de eso estaba presa del pánico, inquieta, nerviosa, gritando y moviéndose frenéticamente. Era el miedo, estaba muy agitada y atemorizada.

En la habitación nada más que ella y los muebles. Parecía una rabieta de cría pequeña.

- Eh aquí la explicación- Tranquilizó Byron a Peter al mostrarle las drogas y narcóticos que su mujer había tomado. Había muchisimas, aquella noche Peter la pasaba con su mujer mientras Lord Byron preparaba el tablero. Lo preparaba porque en cuanto Mary se recuperará de sus alucinaciones, iban a desafiar la leyenda, la Historia y al tablero.Según esta, si ganaban al tablero, este se destruiría para siempre y con él la maldición. Pero si perdían, la desgracia se cerniría sobre ellos.

 

Al día siguiente, no más cantar el alba. Mary, avergonzada del espectáculo de la noche anterior, fue la primera en mover casilla. Debía ir a Astorga, ruta de la plata y llenar una calavera de chocolate derretido.

Cada casilla era un pueblo, aldea, villa, anteiglesia o ciudad por la que el camino pasaba. Y las primeras pruebas eran fáciles e inocentes. Pero a Peter Sheley le tocó “la muerte”. Debía ir hasta León.

Todo esto lo iban haciendo ellos sin limite de tiempo o espacio.

Sabían que debían hacerlo y no hacerlo o prolongarlo, solo empeoraría la Maldición. En la catedral, no había turistas o visitantes en esa época.

La iglesia gótica, fría y austera y regía le estremecía. Dentro recibió una señal de un Bahomett camuflado a los pies del apóstol.No era su imaginación, aunque tampoco podría jurarlo, pero una voz suave pero firme, arcaica pero dulce le susurraba sádicas profecías, maldiciones y su prueba. La prueba por haber caído en esa casilla. Debía matar a su mujer.

Peter no lo pensó un solo segundo. Entre morir él o su delicada y protegida petunia, no había dudas.

Así es como se rompió el juego, la cadena.Acordaron ante la mesa donde lo mismo hacían espiritismo que jugaban al diabólico pero obsesivo juego. Allí decidieron que se cumpliera la maldición o no, no podían seguir jugando al juego.

Volvieron otra vez, esta vez sin barquero. Pues ya sabían el camino. Los criados de Byron remaron hasta avistar de nuevo tierras gallegas.Ninguno se atrevía a volver a tocar las frías losas o a abrir el falso suelo para acceder a esa fosa común de peste, a esa concentración de cadáveres templarios y a esas armaduras, que a pesar de los gusanos, el polvo y los deshechos huesos, aun parecían albergar vida, que no quería ser despertada.

Un sueño eterno.

El del metal de sus armaduras que nunca perece.

Ya no volvieron a saber más del tema. Para ellos el final había sido muy radical pero obligado. Desde entonces las penurias, las muertes trágicas como la figura de Byron combatiendo y luego su cuerpo herido por la tuberculosis. La maldición se había equivocado de persona.

El juego permanecía enterrado, pero muy poco profundo. Ninguno de los tres se atrevía a molestar más a las catacumbas y cuantos allí se pudrieran.

 

El tiempo paso. Y la madre Gea, de la naturaleza lo cubrió con el manto de la primavera. La dama de la nieve lo heló en invierno y el pueblo vivió de espaldas a esa iglesia, que como la aldea, no figuraba en mapa alguno. Y allí, en una abadía venida abajo, en una ermita vulgar, resistía el tablero.

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO III   EL VIAJE A SANTIAGO

 

Stheel y Miguel se re encontraron en Roncesvalles. Allí iniciaron el camino, ya que debían encontrar los restos del gran manuscrito que desvelaba el misterio del juego.

Miguel había estado nutriéndose de libros antiquísimos, como el códice calixtus o libros de un tal monje Virgilius. Por ejemplo estudió las relaciones que la esposa del rey de Castilla, Doña Urraca (odiada por el pueblo) mantenía con un caballero, que venía de las Africas y había luchado por la conquista de Jerusalén.

Este templario es posible que introdujera el juego en el camino, ya que debía ser escoltado hasta Santiago. Allí lo enterrarían en el lugar que estaba la espada de cayo Longino y solo quien encontrará los manuscritos desvelaría su localización.

El manuscrito de Lord Byron que tomó de la British Library permanece actualmente encerrado en la cámara de los Lords. Él leyó la amenaza, la de que junto a la espada había tesoros, pero que los monjes y caballeros custodios estaban enterrados junto a ellos, y habría quien siguiera protegiéndolo.

 

En Roncesvalles un guía mayor les enseñó el lugar en que se cree fue la batalla que inspiró el canto de Roldan. También los mostró la iglesia, tomada por templarios y después por las fuerzas de Napoleón. Allí bajó una losa, hace años encontraron un manuscrito. Estaba en castellano arcaico y se lo llevaron para Carrión de Los Condes.

Esa noche conocieron al resto de peregrinos. Los dos investigadores para pasar inadvertidos, se presentaron como un matrimonio. Ella estudiosa de Arte y él historiador, les apasionaba disfrutar de las joyas del gótico y románico.Lo que no les enseñaron era su permiso de exhumación, de lectura de todo manuscrito, códice o libro que pudiera estar relacionado o incluso la expropiación momentánea de todo lo que les condujera al verdadero tablero.

Y es que Fraga y la junta gallega los había dado carta libre. Para ellos era una deshonra la forma en que les había engañado ese estadounidense de Henrik Fellout y su muerte se calló a la prensa.

Por eso Miguel salió absuelto del caso. Aunque en EEUU no extrañaron la muerte del magnate más que la mafia y el FBI, el comité de prensa de la nación amenazó con publicar su “accidente en extrañas circunstancias”. Así que Miguel hizo el camino con su amada completo, para no levantar sospechas.

 

No se olían desde los Pirineos que atravesaban, que en París una mujer entraba en la casa que había pertenecido a la abuela bohemia de Stheel; Clarisse.

Aplastó su cigarrillo contra el suelo. Su figura, ya sabía la propia Stheel que parecían hermanas, se confundía con la de esta.Las dos caras del Ying Yang. Dicen que los niños no distinguen el bien del mal.

Felix, tal vez por eso, se acercó a saludar a su “colega” Stheel y recibió un balazo de la mujer. No estaba nerviosa, no había disparado presa del miedo, sino muy serena y fría. Era peor que el veneno.

Retiró con los pies el cuerpo del niño, que ninguna culpa tenía en todo esto.

Le apartó como había hecho con su cigarrillo y empezó a registrar la casa.

Unas luces la sorprendieron. Eran las de un coche policial.

¡Estaba perdida! Alguien, algún vecino, se habría extrañado de oir ruido en esa mansión deshabitada en años. Pero daba igual, ella ya tenía lo que quería. Subió por la ventana del ático hasta el tejado y saltó por la parte trasera del mismo. A nada que los policías hubieran levantado la vista, ya la abrían visto.

Pero estaban concentrados en amenazarla con echar la puerta abajo.

Nadie miró como saltaba, como una suicida, los tres pisos de la lujosa pero abandonada abadía. Y como sorprendentemente salía ilesa. Apenas unas magulladuras.

Dentro de la casa; el silencio. El niño no podía ya oír las amenazas ni como abrieron a tiros y después con un portazo la puerta de su escondite.Al fin y al cabo era un ratero. Un niño de la calle, un delincuente. Quien de verdad les importaba a la policía era esa mujer, reconocida como Stheel Renoir.

 

Stheel conversaba entre risas con una danesa a la que no entendía nada.

Ane era una divorciada muy alegre y divertida, pero por otro lado guardaba la hiel de la soledad. Se alegraba de estar divorciada pero no sola.Miguel ya había dicho a todos que se casarían tras hacer el camino, que para ellos sería un viaje de decisión, de dudas y de consolidar su amor.

Pero aunque nada había compartido con Miguel y menos con las peregrinas, ilusionadas en que el camino uniera parejas, era que ya no estaba tan segura.

Quería estar un tiempo sola. Después de divorciarse repentinamente, no quería casarse. Un tiempo para pensar, para entenderse así misma y si eso era lo que quería en su vida. Para convencerse de que no pasaba de mano en mano. De momento el camino la ayudaba a reflexionar.

En Estella, la etapa antes de llegar a Pamplona, le habló por primera vez de que para ella ese tablero no simbolizaba nada.

- Para mí es un recuerdo. ¿No es mejor que olvidemos esto, ahora que Fellout ha muerto? ¿No querrás obsesionarte como él?-

- ¿Por ti? Demasiado tarde-

- Hablo en serio. ¿Mañana, que buscaras en Pamplona?

- En la Universidad del Opus, la catolica, guardan un códice que representa a ese juego.- 

Al día siguiente eran los San Fermines, pero aunque Stheel quería ir a las “Txoznas” a tomar algo, Miguel tenía mucha ciudad que patalearse. Pero participar en las corridas, algo que ni Stheel ni él querían, fue una improvisada situación muy cómica.

El saliendo del museo de archivos municipal con papeles y pergaminos en la mano, y los toros, que venían escapando de los borrachos y de los jóvenes, se les cruzó en medio. Miguel del miedo dejó escapar volando los papeles.Stheel se los recogía desternillándose ante el payaso de su novio siendo perseguido por los novicios. No pudieron comer más que unos bocadillos porque ese día todos los restaurantes (Y el albergue no daba comidas) estaban cerrados. Porque la ciudad se debatía entre dos manifestaciones; de EH y la silenciosa contra el terrorismo.

Aquello debió acabar muy mal. A palos con todo el mundo, la ertxaina propinó un golpe a Stheel en la tripa. Una panadería, simpatizante, los refugiaba. La tarde transcurrió ya sin accidentes y pudieron tener ante sus manos el códice de Virgilius en el que sobre el tablero más antiguo que el de Clarisse, se transfiguraban los montes de oca.

Hacía allí se dirigieron, tras dos etapas cortas. Subir aquellos montes la agotaba a Stheel. Se repusieron en un albergue de un pueblo muerto que les habló de la leyenda en torno a un tablero. Un pastor loco había jugado a él y había asesinado a todo su rebaño diciendo que eran las vírgenes moriscas, harén de Almanzor.

Él creyéndose Santiago Matamoros había advertido de sus intenciones a un monje del monasterio de oca, esperando que le diera su bendición.

Solo así, violando el secreto de confesión, lograron evitar que asesinara a una mujer ecuatoriana, que él creía mora, que estaba amenazando.Ya había matado a su novio creyéndose que extendía el cristianismo y libraba a Occidente de las invasiones de los infieles. La que fue su casa (él se suicidó en la cárcel) fue habitada por su anciana madre hasta que murió.

- Todos la queríamos mucho, sé que aunque no dijo nada a la prensa ni a la policía guardaba el tablero de rol que hizo enloquecer a su hijo, lo guardaba por odio-

La hospitalera los invitó a entrar en esa casa. Ella tenía una llave. A al entrada aun se conservaba una cabeza de buitre disecada y un cuadro de Franco, otro buitre disecado.

- Vivía absorta en el pasado, en el recuerdo- iba explicando la mujer a los dos visitantes asombrados- Se resistía a que su hijo, su único hijo,  hubiera muerto tras hacer esos horribles crímenes. Mantenía la habitación de su hijo “su niñito” como si solo hubiera partido a un viaje. Nadie entraba en su casa, pero lo sabíamos- La casa estaba llena de imágenes de santas, de beatas, velas y cirios, libros y cruces, hasta vírgenes con luces horteras de colores- Era muy religiosa- disculpaba ella.

 

Y allí, en un cajón, no dándole ni escondite ni misterio, estaba el tablero.Era muy parecido al de Stheel. Pero más moderno. Era el último tablero, fabricado por una empresa diabólica, que se anunciaba en Internet con el nombre Satánica y que ofrecía catálogos que pasaban desde música hasta productos para masocas y aberraciones al cristianismo.

- Así que ese era todo el misterio; ¿La tabla templaría, el juego de la muerte y la vida, se puede comprar por catalogo o correo?

- Tal vez no contáramos con las replicas, tableros en cadena. Pero sin duda todas parten de la original, la de Santiago-

Pero ¿Y si la que Los Sheley y Byron encontraron fuera otra reproducción?

 

Jenny tenía un mapa exacto de donde estaba enterrado el tablero de Rol.Eso es lo que sus amigos- enemigos habían pasado por alto.Estaba en la cornisa de la ventana escondido. La policía la sorprendió pero ya tenía lo que quería. Se preguntaba porque Clarisse y/o el fotógrafo no habían ido a buscarla. Tenían hasta el nombre de la ermita. Tal vez creían que la suya era la original. Jenny era más lista que Stheel, que su abuela Clarisse y que su propio padre. Muerto por incompetente. Él, Miguel, todos pensaban que era la secta quien le lavaba la cabeza, la esclavizaba a buscar el tablero.En realidad ella se servía del trabajo de su padre. Todos habían muerto, eso creía, sin encontrar ese mapa. Tiene la clave del lugar, como abrir el tablero. Jenny era muy lista, se pasaba de lista.Tal vez ni siquiera Clarisse y su amante el fotógrafo lo vieron. Pertenecería al circulo romántico ingles, quienes si fueron a buscarlo.

 

Stheel visitaba Fromista, mezclándose en un grupo de mujeres estudiosas por su cuenta del arte y de licenciadas en Historia, H. Del Arte y Bellas Artes.El cura muy animado las enseñaba esa joya del románico y también el museo de llaves, cuadros, cruces y casullas. Estas mismas atrajeron la atención de ella porque una tenía representada unos dados y una inscripción bordada, en Latín, que rezaba “Lava los pies de Santiago”El párroco se sorprendió de que esto la hubiera interesado a la mujer.

- Se refiere, señorita, sin duda a el lavatorio de pies de la última cena-

- ¿De donde sacarón esta casulla?

- De Santa María de Carrión de los condes ¿Por qué...

Sthhel ya se había marchado, dejando a las demás mujeres desconcertadas. Sentía la necesidad de reunirse con Miguel, que se la había adelantado una etapa, hasta Carrión. De pequeña lo había visitado y sabía que había una estatua románica, fiel retrato del Santiago peregrino. Extraño para una época en que solo “estaban de moda” los Santiagos Matamoros, para aumentar el patriotismo y animo de las cruzadas y de la reconquista. Pero este Santiago era además “Intelectual”, llevaba un libro, un codice o un pergamino bajo su brazo. Stheel se corrigió mentalmente- no, lleva un tablero bajo el hombro-

Allí se besaron y Stheel observó como la figura estaba poco clara, muy desgastada.

Pero mantenía frente a él que era el tablero y que al limpiar los pies...

Stheel se lo susurraba a la oreja y Miguel, como aceptando su capricho, pidió limpiar los pies del apóstol.

Tuvieron que esperar hasta la tarde, que un restaurador lo hizo.

- Nunca hemos limpiado esta estatua pero...

Como imaginaban, aparecieron unas palabras escritas, latinas:

Yo, Fray Diego López de la Villa, natural de Carrión, dejó constancia del manuscrito que me mandó redactar el ilustre monje Virgilius, del monasterio francés de Cluny, en Sahagun, y que se encuentra en su capilla, tras la puerta occidental. Si este se perdiera, conserva una copia la madre superiora de Santa Clara- 

En Santa Clara de Carrión, no podían entrar, era clausura. Y en el museo privado no encontraron el manuscrito que buscaban.

 

El manuscrito- códice que era un mapa y que Jenny había encontrado. Ya estaba en Santiago, ella sola estaría indefensa. Y entró en el despacho de un conocido de su padre.

- Don Vittorio, necesito a uno de tus hombres-

- te pareces mucho a tu padre, físicamente..

- Él cuervo ya es pasto para su especie

- Y en todo lo demás compruebo que también-

 

En Sahagun no tuvieron mejor suerte. El hostelero era muy agradable, licenciado en historia y encantado de enseñarles el monasterio. O las ruinas de él.Del monasterio solo se conservaba una gran puerta y las paredes occidentales, dentro los restos de lo que había sido una capilla. Al lado, la gran entrada a la ciudad; un Arco Románico muy bien conservado y restaurado

Y enfrente la iglesia románica de tres naves, con una torre mozárabe en su centro, para ahorrar material y dar consistencia al conjunto arquitectónico.

- Les advierto que aquí se han edificado lo menos tres monasterios. Uno suplía al resto pero el fuego, las invasiones o el frente de Napoleón o después el de los Nacionales, acabó con todo. Solo conservamos esto-

 

El alcalde completó la información- Todo lo incautaron en esa época y ahora esta en León. Eso que buscan estará en el archivo y museo histórico.

 

Así que de Sahagún, pararon en pueblos muertos, hasta León.La entrada de la ciudad feisima y un albergue de peregrinos horroroso y sin sitio, no les privó de dedicar toda la mañana al turismo por la ciudad.Visitaron la maravillosa catedral de León y la iglesia de San Basilio, el jardín romántico del cid y hasta Astorga con sus mantecados, su chocolate, su catedral, su palacio episcopal de Gaudí y su museo del chocolate.Todo esto lo hicieron ese día de descanso, aunque no de besos y afectos.

Pero al día siguiente encontraron, en el museo del monasterio en las afueras, lo que buscaban; El mismo mapa y manuscrito que Jenny había encontrado en la que fue casa del fotógrafo y de su amante Clarisse.

 

Ahora viajarían directamente a Santiago. Sabían que había más copias, pero no pensaban que alguien tan cercano para ambos, y a la que creía en el hospital psiquiátrico curándose, lo tuviera.

 

Y Jenny ya estaba bien protegida por los dos mafiosos alquilados, amigos de su padre, en el pueblo en el que debía estar la ermita.Pero allí ni rastro.

- ¿Puede ser que te hayas equivocado de pueblo?- decía inocente al que no pagaban por pensar sino por matar. En algo tenía razón. No venía el lugar exacto, ni el nombre del pueblo. Pero por las coordenadas era ese, sin dudas.

 

Jenny tardó dos días en dar con él.Tiempo desperdiciado en consultar imágenes antiguas del pueblo y libros que situaban en medio del bosque, en un claro junto al río, la ermita. Tiempo que Stheel y Miguel aprovecharon en llegar hasta Santiago directamente en autobús, ya no hacía falta disimular y estaban agotados.Ni siquiera visitaron la ciudad, que hoy 25 de Agosto y día del Apóstol patrón de Galicia y de toda España, que además caía en Jubileo(año 2000), recibía la visita de miles de cristianos de todo el mundo. De congregaciones de sudamericanos muy religiosos, con ese espiritualismo mezcla del catolicismo impuesto y sus raíces, su vudú y costumbres y ritos. También venían juventudes francesas y de todas lasa comunidades. Ancianos en busca de curas y milagros o de la eterna juventud.

Intelectuales, profesores de historia, licenciadas de Arte y feligreses.

Toda Galicia, Toda Compostela.Todo el campo de La Estrella (Que es lo que significa Compostela) saturado de periodistas y autoridades, del Rey y la reina, del presidente de la Yunta y el del gobierno. Todos esperaban la abertura de la iglesia, esa misa especial, que retransmitían en toda España y que el papa veía.

 

 

Y ese gran butafumeiro y ese enorme apóstol móvil,  que durante 30 días con sus noches, 30 etapas desde Roncesvalles hasta allí, había sido el sentido de la vida de tantas personas que dejaban de serlo, para convertirse en la masa, que quería entrar en la catedral. Albergues llenos, restaurantes saturados, ciclistas formando un gran lío en la carretera y un gran ajetreo y ruido de civilización unida. 

 

Con todo ese lío en la capital, en la pequeña y omitida y olvidada por los mapas aldea de Meigaterre los “forasteros” pasaban inadvertidos.Tierra de las Meigas sería la traducción.

Las brujas existen. Reencarnadas a veces en una ambiciosa, joven y guapa historiadora arqueóloga. Con un apellido noble, rico, de prestigio Fellout y un nombre sensual Jenny, que había embrujado a Miguel.

 

La ermita había estado tan olvidada durante la edad media que un mercader contaba, en uno de los libros en los que Jenny se documento, que había quedado enterrada por la arena, el polvo, las rocas y finalmente la maleza. Tan abandonada que el cura, decían las viejas del lugar, murió con ella.

Sepultada en ese polvo en el que tras cien años todos seremos. En ese polvo que quita todo el sentido que podamos buscar a nacer, a la vida.

Terrameiga siempre fue un pueblo ateo. O mejor dicho no católico. Aunque se impusiera esa ermita, que fue antes iglesia y monasterio en sus mejores épocas Fue un asentamiento celta. Se mezclaron con astures, vascones, iberos y hasta romanos(pocos porque era un valle, custodiado por las altas montañas que la había costado subir a Stheel) pero mantuvieron unos ritos y espiritismo extraño y arcaico, que los diferenciaba del resto de la comarca.

 

Esa iglesia tragada en el olvido. Metáfora de que todo se va, fluye, cambia y se desvanece pero no se destruye. Sigue allí. Lo mismo que siguió para los tres románticos con sed de aventuras y experiencias para sus novelas, como para este otro grupo de universitarios con sed de dinero.

 

Había cambiado una época y las motivaciones o ideales del grupo.

Pero este seguía. El eterno trío Custodio.

La Virgen, Santiago y Cayo Longino

Mary y Peter Sheley y Lord Byron

Clarisse, Asirba y Henrik Fellout

Stheel, Miguel y Jenny Fellout

 

Miguel se enfrentó a uno de los protectores de Jenny.Estaba en la puerta, con un hermoso arco visigótico, vigilando.Y no pudó desviarse de la trayectoria de un puño que salía de un matorral.Miguel, cual lobo que ataca a su presa, lo golpeaba la cabeza contra la dura piedra.Apartó su cabeza para que la sangre no manchará el monumento. El grito del otro avisó y previno a Jenny.

El otro gorila cogió a Miguel del pescuezo, cual pollo. Y empezó a darle puñetazos en la cara. Con la otra mano intentaba coger a la muchacha que huía, hacía donde estuvó lejos de su vista. Seguían pegando a Miguel.

- ¿Quieres dejar de darle ostias? A quien tienes que coger es a esa zorra-

- ¿Tu?- gritaba entre sorprendido y furioso, mucho, Miguel

-¿Y tu tratamiento? Me juraste que saldrías de este circulo

-¿Por qué? ¿no me crees capaz de nada por mi cuenta, sin una secta o sin mi padre por en medio. Te has equivocado de enemigo-

La sombra de la perversa mujer atemorizaba a Miguel. Asustado al ver en que se había convertido la que pudo haber sido incluso su mujer.¡Que error hubiera cometido! Y pensar en sus noches de amor, sus tardes estudiando, recordando juntos a Stheel o bailando o con los amigos... Luego mirarla a ella, y verla unos ojos de codicia, que nunca la había observado.Más guapa que nunca, más mortal que el veneno de Cleopatra.Sofisticación y crueldad en aquella mujer fatal, como una Mata Hari, una víbora negra, una áspide venenosa. Era la madrastra de blancanieves. La típica mujer que lo mataría con un beso con lengua de serpiente envenenada.

 

- Siempre la odiaste ¿No? – Hablaba lento Miguel y seductor, para dar tiempo a Stheel. Stheel conocía otra puerta por la que entrar, sabía que hasta esa ermita tendría una puerta grande para la minoría noble y los eclesiásticos y una pequeña para el vulgo. Y esta se había reducido, al llenarse de enredaderas, a un agujero entre las rocas por el que acceder a ella. Un agujero negro sin salida.

 

- Me encanta tu inteligencia, eso es algo que la ilusa y romanticona de Stheel no tiene- adulaba Miguel aguantándose el asco que le producía- Y cuando demuestras no necesitar a nadie para salirte con la tuya me recuerdas a...

 

Stheel la agarró del cuello, lo que siempre había querido. Su mejor amiga; la única que la conocía. Su mayor enemiga; la única que le robó algo.

 

...a tu padre  - concluyó Miguel. Stheel que la tenía bien cogida, era incapaz de matarla y él tampoco. Habían sido un grupo cerrado y muy unido. Eran un trío. Los dos seguían pensando que Jenny no era así desde siempre, que su padre y la orden de la secta la habían cambiado y vuelto otra.

 

Miguel se ocupó del otro mafioso, que intentaba huir, cuando Miguel sacó la pistola. Miguel había matado a todo aquel coche y había quedado absuelto. Él mismo reconocía que la Justicia era lenta y corrupta en este país.Pero se preguntaba si iba a salir tan ileso de haberle abierto la cabeza a ese hombre. Lo mejor sería matarlos a los tres y no dejar testigos. Pero era incapaz de matar a Jenny. Los tenía a los dos contra la pared.Stheel gritó desde el exterior- El hombre vive, no ha muerto, pero esta grave-

De repente Miguel oyó un forcejeo. Unos pasos acelerados y a Stheel gritar.

Al cabo de un minuto.

- Tranquilo estoy bien, ha escapado pero no creo que hable de esto a nadie-

- ¿Estas segura?

- Tendría que dar muchas explicaciones. ¿Qué harás con el otro?-

- Se le busca por robos y asesinatos, así que... - sonó un gran golpe- esta inconsciente, lo dejaremos cerca del cuartel de la policía.-

- ¿Y ella?- Su tono de voz era agrio y cansado, una pregunta espesa.

- Mírala como esta. ¿Quieres mandarla a presidio?-

- Tienes razón necesita recuperarse de estas obsesiones.-

 

Y así es como dejaron al mafioso por la noche junto al cuartel. Al día siguiente, preguntando se enteraron de que le habían detenido.Del otro no volvieron a saber nada, al igual que de la orden, del grupo egiptólogo, o de románticos, tableros de rol, códices medievales o actrices egiptólogas. Y respecto a Jenny...La atendieron en el Hospital de Zamudio, sufriendo secuelas de demencia y neurosis obsesiva con la figura paterna. Los informes que las enfermeras, pedagogas y psicólogos les pasaban hablaban de violaciones siendo niña por su padre, de la falta de madre, de su promiscuidad sexual, su obsesión con Miguel y sus delirios de grandeza.

 

Stheel y Miguel pasaron esa noche haciendo el amor en un caro Hotel de Santiago,3 estrellas. Y aun visitaron la ciudad, pero con menos gente. Y se quedaron una semana más. Ambos llevados por su desenfreno amoroso y sus confidencias y cariños susurrados a la oreja se prometieron no volver a pisar esa iglesia.

 

Mentiras de enamorados

 

Porque al día siguiente, ambos estaban allí.

Miguel, creyendo que engañaba a su inocente prometida, volvió al trabajo. Cruzó el arco visigótico con los apóstoles trazados y un pantocrator y se llevó un susto y sorpresa al ver a la Stheel madrugadora tanteando las losas.Ninguno se dijo nada. Era obvio que los dos volverían. Las historias tienen un final

¿Encontraste algo?La mano apasionada de Miguel se posó en la fría como un témpano de Stheel.

Ella había madrugado muy temprano, con todo el frío y las losas estaban heladas.

Al unirse la mano masculina a la de Stheel, la losa, que solo necesitaba un pequeño empujón o fuerza(Por ejemplo la fuerza del amor) se venció.

Ambos acababan de encontrar el antiguo sagrario, donde antes de crear el actual (Románico Siglo XII)de madera, el cura y abad guardaba la Biblia, el cáliz y el hostiario. Y allí no había ni el cuerpo ni la pecadora sangre de Cristo (borracheras) sino la meta, el final de la historia.

 

Un cubilete dorado, completamente de oro presidía el escondite durante un milenio. Esto ni siquiera lo habían descubierto Mary, Percy y Byron.La esencia del juego de Rol no era ese falso tablero templario.

El sentido eran los dados con los que se juzgaron las ropas (¿Y el destino- muerte de nuestro Salvador?). El dado que decidía la Historia, nuestros dos millones de años occidentales y judeo cristianos, según los designios del Caos.

Y el tablero estaba bajo sus pies, enterrado con prisa. Mucha prisa y miedo. Por unos escritores atemorizados con la leyenda de un templario vengador.

 

Ni siquiera se molestaron en buscar y desenterrar el tablero.

No sé, escapa a mi posición de narrador omnisciente, si sabían que descansaba bajo ellos.

              ¿Fue el miedo?

¿Los caballeros templarios que lo abrazaban enterrado junto a él?

                             ¿Fue que ya tenían su final?

 

- No busques más, cariño, el tablero es todo el camino de Santiago. – dijó de pronto Stheel

-Pero todos buscaban en él una explicación del mundo-

Como si la historia fuera una partida de ajedrez.- replicó ironica ella- ¿Sabes que buscaba toda la gente en este juego de rol? Ni riquezas, ni amor ni tesoros. Una simple explicación del mundo .Cual debía ser su rol. La gente se teme a si misma. Es más facil creer en una religión, o en este tablero que comprender que la historia la hace uno mismo

- Aun no sé que poder tiene ese tablero-

- El juego no es más que un juego, no tengo curiosidad o no quiero tenerla, porque no quiero convertirme en estatua de sal. Vamonos, el juego es un vulgar juego sobre el que han pesado muchas maldiciones y leyendas. Pero lo importante era dominarlo, no obsesionarse y que acabara por dominarte él a ti.

-Es lo que no supieron el loco del pastor, Carlomagno, Napoleón, Santiago, Fellout...

- ni Jenny-

- tampoco ella, ni tu abuela ni los 3 escritores y  todos los que no se tomaron esto como un juego-

- ¿Un juego un poco cruel?

- Sí, pero el juego de la vida-

 

Sthhel se había puesto demasiado transcendental para esa noche. Esa noche de Agosto, pasado San Juan, Santiago y todas las fechas mágicas. Pero sin embargo, una noche de luna llena. Mágica para ella. Pensó en su padre, en Pierre, en Jenny, en Henrik, en Ricardo, en su abuela Clarisse y luego solo en ella y en Miguel.En que su amor sino eterno, al menos duradero, estaba allí con ella, en una noche mágica.

Con una sonrisa picara, de quien pierde su inocencia, propuso un juego.

- ¿Sabes para que usáremos estos dados?-

 Miguel era telepático con ella y se ruborizó como un adolescente.

- Nunca lo había hecho en una iglesia...

 

Stheel le miró unos segundos arrepentida, como si hubiera propuesto una herejía

- Nada, nada, par. Tú. Encima- decía riéndoseMiguel se desvestía como haciendo una locura pero pensaba en que él no quería los dados. Ya tenía algo de dinero ahorrado y Stheel y él encontrarían trabajo pronto porque eran jóvenes y tenían estudios. Al fin la dijo:

- Dejaremos aquí los dados, como los 3 escritores...

-¿Tu crees que algún día encontrarán esta iglesia? ¿El tesoro?

- Espero que ahora no, esta noche no... - se reía Miguel contemplando la absoluta y perfecta desnudez de Stheel. El pasado, la Fantasía, la realidad y el futuro eran una fusión de amor.

El sentido de la vida, del gran juego de la vida.

  El Final.             Gonzalo Villar Mozo. Terminado en Agosto del Año 2000   (15 años) Arreglos 17 noviembre 2026

 

Una novela

  • ACTUAL con :

               ACCIÓN (para el que cansado de la jornada laboral ponee un video de Vanth Dann)

               AMOR(para la mujer nicotomaniaca que lee Corin Tellado)

  • HISTORICA El 60% por cierto de las novelas más vendidas son historicas o biogrfias; Juana la loca, los reyes, el papa, la inquisición... Con un lenguaje coloquial Un mensaje ñoño de grandes ideales de amor trasnochado

El Autor Gonzalo villar Mozo. Barakaldo

Estudios: Colegio S. Vicente de Paul y el Vizcaya. Modulo de Imagen y Sonido. Ciencias politicas y de la comunicación en la Universidad Complutense de Madrid(Periodismo), Filosofía y Letras, Litertura comparada y Filosofía y Letras.

Aficiones:Teatro,escritura,leer,dibujo,las miniaturas, comics,filatelia, música y cine.

Adicciones; El tabaco,los libros, la serie Periodistas...

 

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LA NOVELA EL ROL DE SHELEY(El tablero de La Historia)

 3 épocas;  La actual Globalización La guerra civil  El romántico siglo XIX

3 grandes ciudades;  Bilbao París  Santiago.

3 protagonistas;

Stheel (publicista, divorciada e ilusa)

Miguel (historiador y amor de Stheel)

Jenny (la traidora amante y amiga)

Debatidos en 3 relaciones relacionadas (Que rebuznante ha quedado) Pierre x  Stheel  Miguel  x  Jenny Miguel xStheel  Una historia de amor y del sentido de la Vida, pero también de aventuras, de  Intriga policial y misterio histórico. Dosis de humor y de terror, recorridos Históricos y mucha acción; mafia, secta,  Artistas, un coleccionista loco, traiciones,

PERSONAJES  Stheel Protagonista

Físico: Femenina y coqueta, algo rellenita pero joven y bonita

Empatía: Muy optimista, divertida, alegre, vital

Psicología: Romántica, ilusa, inocente, confiada y buena

Emociones: Sentimental, sensible, cabezota y neurótica

Relaciones; complicada, difícil de llegar a ella pero al conocerla es previsible.

Ideas: Consecuente, exigente consigo misma e inconformista e idealista

Laboral; Trepa, ambiciosa, trabajadora, sociable, creativa, imaginativa, segura

Amor: Insegura e Inestable, tímida, retraída pero algo obsesiva e insistente

  Virtudes:                                                                               Defectos:                                  

Imaginación                                                            Ensoñación

Insistencia/exigente/ Idealista/Inconformista      Obsesiva/Neurótica/Ambiciosa

Miguel protagonista

Físico: musculoso y fuerte

Empatía: Tímido, serio, callado, introvertido, valiente, decidido y misterioso

Sicología: Realista, practico, cariñoso, obstinado

Emociones: Sentimental, sensible

Relaciones: Pocas y largas. Jenny y stheel principalmente

Ideas: Inconformista e idealista

Laboral: Metódico, capaz, disciplinado, muy responsable, estudioso

Amor: Indeciso, tímido pero paciente y educado

Pierre

Físico: Delgado, enclenque, envejecido, arrugado pero rubio y joven

Empatía: neurótico, fuerte, seguro de si mismo

Sicología: ególatra, egoísta, manipulador, cariñoso, acaparador, romantico

Emociones: acaparador, insensible y poco delicado

Relaciones: muchas amantes, relaciones cortas y Stheel, su mujer

Ideas: Consecuente, muy obstinado, cabezota y conformista

Laboral: Trepa, buen orador, jefe dominante y gran inversor y accionista