BEATRIZ Y LOS CUERPOS CELESTES
Una mujer de pueblo, Oviedo, que
por su epilepsia va a Madrid para poder casarse. Allí su mentor será su tío homosexual
y vividor y conocerá a su amor, que pronto dejara de quererla y de aburrirse de
que no pueda tener hijos. Ella muy religiosa y él de derechas, abogado (como su
suegro) e infiel por todas partes. Un matrimonio que por católico no se decide
al divorcio, que pagan sus problemas con su hija Bea, dulce, estudiante
aplicada e introvertida. Igual que Lucia en su infancia, lectora de todo cuanto
llegara a sus manos, y tímida. Delgada, guapa, pero sin llamar la atención. Sin
amigas. Hasta que conoce a Mónica, la rebelde, mal estudiante aunque
inteligente y estudiosa si quisiera, que ha repetido curso para separarla de
sus amigas. Ahora las dos están solas. Y Mónica hará mucho por su anoréxica
amiga, evitando que se suicide y enseñándola a vestir bien, tiñéndose juntas,
criticando a las pijas y presuntuosas amigas y compartiendo tardes frente al
telescopio, observando los cuerpos celestes, el vacío, el silencio, el amor que
iba surgiendo. Se enrollaran en una noche de borrachera. El primer beso de la
virginal Bea cuando su amiga ya ha estado con más de 100 chicos y casi se
prostituye a cambio de droga. Chica fácil, que da su cuerpo pero no su amor.
Ahora convive con un camello, Coco, porque al puede conseguir farlopa,
pastillas, porros, rayas... Su padre no esta y tienen la casa libre. Para coco
(como Víctor) con sus ideas locas de vender porros y de iniciar un contrabando
de armas ilegales. Venden los calmantes, tranquilizantes y estimulantes de la
nerviosa y obsesionada con la belleza, madre de Mónica, Charo. Una mujer hecha
a base de liftins y cirugía, con una carrera en el mundo del periodismo labrada
por sus tetas y por tirarse a la redacción que hiciera falta. Ambiciosa,
trepadora, más extrovertida y adorable que la pirada, religiosa, tímida y que
va con un club de mujeres de la madre de Bea. Charo, cuyo marido y padre de
Mónica se largó y que se ha casado con Manuel y tiene dos niños pequeños,
traviesos, pijos y enganchados a los videojuegos y las marcas.
Coco, el novio (por llamarlo de alguna forma) de Mónica le roba a Charo sus antidepresivos y estimulantes. Y con la ayuda de Bea (que da el pego de una niña buena) logran vender todos. Ella ya empieza a aficionarse, pero sigue diciendo que no a las drogas y a todos los que la piden rollos o salir, y Mónica empieza a sospechar que lo que pasa es que le van las tías. Por eso y con unas rayas de más, se enrollan en el lavabo. Al día siguiente no se acuerda de nada. Coco la manda esta vez que lleve unos paquetitos a una dirección de la moraleja, donde vive un pijo bien (Con cara de no ponerse muchas rayas ni de fumar) y que tiene una pedazo colección de clásicos y actuales de música (su padre es de una banda) pero que intenta violar a la pobre Bea. Esta le estampa un jarrón en la cabeza y se va corriendo. Ya de paso, le roba todo lo que puede y abre ese paquete, a ver que era, un arma. ¿Se puede saber, Coco, que pinto yo con un arma por todo Madrid? La culpa la tienes tú por haberlo abierto. Ahora el tío estará rabioso. Querrá matarnos. Estaba trapicheando con armas, porque esos paletos de universidad, pobres niños ricos que se aburren, van de nazis y le compraron las armas porque le vieron cara ilegal y supone que irán por allí quemando inmigrantes o pegando a marikas. Ahora ya no pueden ir a la Metralleta, el bar al que van siempre, ni a casa de Charo (poor lo menos ahora, ya se olvidarán) ni a la de Bea (Esta sus padres) Así que coco propone un hotelillo de la gran vía, de citas, muy hortera, pero todos llevan mucha mierda encima. Coco intenta violar a Bea pero Mónica se despierta. Todos comparten cama. A la mañana Coco amanece con una sobredosis.
A Mónica parece que no le importa
todo eso, a pesar de que era su novio y es Bea, a la que acaba de intentar
violar, quien se queda velando el cuerpo hasta que venga la poli y la
ambulancia. Luego se pasea por donde Charo y le pilla el nazi al que pego,
intenta de nuevo violarla. Ella para disimular le dice que estaba nerviosa, que
fue sin querer, mientras le clava en un costado la navaja de Coco. Después
llama a Mónica. Se ha ido a vivir, asustada, con Borja. Su novio pijo, un chico
formal, con carrera ya hecha, hijo de papa, trabajando en su empresa y ya
viejo, con un sueldazo y bastante guapo. Le ha pedido matrimonio a Mónica. Bea
le cuenta todo muy nerviosa, los intentos de violación, Coco. Pero se enfadan
porque se va a casar sin amarlo, por dinero y estabilidad.
Esa es una historia, la otra se
desarrolla en la fría ciudad escocesa de Edimburgo. Allí el padre de Bea(que es
abogado), la manda como tantos otros a aprender ingles y si eso, si se le da
bien, a hacer una carrera. Eso es lo de menos. Se trata de quitársela de
encima. Y ella también ha de escapar. No solo del mal ambiente en su casa, las
broncas, peleas, malos tratos y depresiones sino del ambiente de drogas de
Madrid. Y sobretodo de Mónica. Allí al principio se sentirá muy sola. Luego
conocerá a dos personas, con las que perderá sus dos virginidades. La ilusa,
infantil, conformista, hermosa, atlética, lesbiana pura (no se acostaría más
que con tías) Caty. Más conocida como Cat porque
cuando se escapo de su granja (donde su madre malvada, su padrastro y su
hermana y marido la pegaban, insultaban y maltrataban) empezó a trabajar de
gígolo. Y allí la llamaban Cat o Gato, por sus sinuosos movimientos. También es
la época de salir con una periodista de la CNN, ahora famosa y con Barry, quien
la abrirá las puertas al mundo de las drogas. Es de esas personas que no
soportan la soledad(Y por eso su casa siempre esta llena de las mujeres
lesbianas, de horteras ropas y zapatones de tacón, pelo al 1 y teñido, como la
zorra, que en cuanto se fue Bea, aprovechó para liarse con ella. Ahora trabaja
de camarera-cocinera, con sexis ropas, en un café frecuentado por las más
excéntricas lesbianas. Y es en un local de esos, donde Bea, que solo quería
mirar, la encontró. Y Bea, con tal de abandonar su sucia, humilde, fría y vacía
celda, que no cuarto, de la residencia de estudiantes, se fue a vivir con ella.
Aunque no la amara, al menos no tanto como había amado platonicamente a Mónica.
Tal vez el platónico sea el amor más puro y el que más desilusiona por lo que
idealizas a la persona. A sus padres les dijo que compartir piso era más
barato.
Pero ella no compartía los
hobbies de Cat, tenía vida (Ir a la universidad) no como ella. Y se encerraba a
estudiar o a leer, sin relacionarse con las raras amigas de Cat. Y es
precisamente en la Universidad, aunque era estudiosa y rara y fría en el trato (borde),
donde conoció al único tío, que para ella merecía la pena y con quien perdió la
virginidad. La hubiera gustado que fuera una amistad. Él tenía muchos discos y
libros (Y es que era hijo de marqueses y estudiaba Arte por puro gusto, sin necesidad)
y buen tema de conversación. Estudioso, atlético, fuerte, de pocas palabras y
tímido, muy tímido. Pero lo hacían salvajemente. Pero Bea se enteró de que su
madre había intentado matar a su padre, uno de esos matrimonios que por los
hijos y aparentar no se deciden a divorciarse y ya no pueden ocultar broncas,
disputas, peleas y violencia. Su otro hijo se había dado a las drogas y en
nada, se había quedado solo. Por eso ahora era incapaz de amar.
Pero un día la deja sin motivo. Y Bea que ha acabado la carrera deja a Caty o al menos se despiden muy fríamente. No sabe si volverá. Su vuelta a Madrid es muy triste, desilusoria. La ciudad que tanto idealizaba, echaba de menos y añoraba le parece ahora suburbial, barriobajera y como quien vuelve al pueblo tras triunfar, pequeña. Y lo primero, tras ver a sus padres más viejos y que ya no los odia tanto, pero más fríos, hipócritas quiere volver a ver a su amiga, su amor. Se entrevista con la triunfadora periodista, que ahora dirige varias revistas, Charo. Esta usa un tono misterioso por teléfono. Porque lo de Borja y la vida ordenada y snob la duró poco y enseguida lo dejó y volvió a las drogas y volvió a encontrar y salir con Coco, que no había muerto pero no tardo. Y ahora, desecha, dando pena, vieja, muy gorda(No delgada y anémica como se imaginaba Bea a las drogadictas) esta en una clínica de rehabilitación y desintoxicación. Parece una aldeana o una monja y es más tranquila y conformista, espiritual, melancólica. Así es como ha acabado esa chica talentosa y hermosa. Ni siquiera Bea sabe si volverá a verla o se irá con Caty, allá en el frío Edimburgo.
Recomiendo a todos este libro. Por primera vez
se trata de literatura contemporánea realista, que no se centra en la guerra
civil o sus consecuencias (Angeles Caso) ni se aleja de la realidad (Laura
Espido Freire) Se trata de una novela un tanto fuerte. No solo por ser
catalogada de erótica, genero a la que yo no la incluiría. Son escenas llenas
de sensualidad, magia y amor, no es pornografía. Pero si es fuerte por las
continuas referencias a la droga. Parece desde luego una historia real, la de
la propia escritora y autora lucia Etxebarria. Una
historia feminista, una novela de amor, un cuento moderno, una leyenda urbana,
el “todo sobre mi madre” de la literatura (De hecho no es solo las 2 relaciones
lesbianas de la protagonista, tanto como su relación con su madre lo que marca
la trama argumental.) Tal vez, el cine o la TV sea más liberal que el mundo
literario, ya que esta historia actual (Tanto como la peli citada o Historias
del Kronex) ha sido criticada como una obra menor, perteneciente a la literatura
rosa, femenina y de mujeres. Entendiéndose como adjetivos despectivos. La
autora afirma que es una novela femenina, ya que ellas tienen más sensibilidad
y entienden el sexo con amor y no el amor como sexo. Pero eso no es por su
condición de mujeres, sino por lo aprendido y almacenado en su educación. La autora protagonista tuvo una infancia de
malos tratos, gritos y silencios contenidos con la que pueden identificarse
muchas lectoras de su generación.



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