RA I FABRA, Jordi. Noche de viernes.
Alfaguara, 1994.
Mariano tiene el complejo de hijo de divorciados, menuda estupidez. Va al sicólogo. Es pijo, con un pendiente, recibe mucha paga, es de derechas, un tanto miedica. Su padre le deja plantado ese día porque su madrastra va a dar a luz, mientras la madre se ha echado un nuevo novio, Jaime. Es el más joven del grupo. Serafín tiene delirios de grandeza, quería ser un nuevo Erik Clapton, quería ser una estrella de rock... quería, quería. Ahora todo se ha derrumbado. Su timidez no le impide cometer un crimen, o liarse a ostias con un grupo de neonazis. Este personaje no resulta nada creíble; es borroka, algo heavy, pero a la vez es el más callado del grupo y al final se convierte en una especie de superheroe que se enfrenta a los skins y neo nazis. Ismael está traumatizado con el hecho de tener un hermano gay, desde pequeño ha sido el más ligón y romántico del grupo. Es hippy y el personaje que mejor me cae, odia la guerra y es insumiso, no quiere ir a la mili, sobretodo porque su novia Loli -en una relación abierta- no sabe si le va a ser fiel. Lázaro es el matón, el gallito de pelea, el broncas, siempre buscándose problemas. Trabaja en un taller y le gustan las motos, además tiene una. Es comunista y siempre está con el rollo de las clases sociales. Es muy violento, desengañado y se hace el duro y el barriobajero. No para de hablar y se busca líos por bocazas.
José Luís va de líder
y se cree el jefe. Aunque habla poco, al ser el más mayor, es el más
experimentado en la droga y el que más aspecto de duro tiene. Todos le respetan,
aunque él se mete con todos y no respeta a nadie. Siempre va buscando droga. Tiene
una hermana que es una “chica fácil” y explosiva. Mientras, la madre se desvive
trabajando en un bar por la noche. Y el padre que es un borracho que la pega y
vuelve siempre echo una mierda a casa.
Los tres amigos se encuentran con
sus dos amigos macarras. José Luis se encuentra con una antigua novia, Petra Aunque esta muy buena, pasa ya de
tías pues la noche del viernes es de los colegas y se la quita de encima. Van a
los primeros bares de la noche y hay una redada policial; no queda nada de
droga, no hay camellos en el barrio. Todos huyen de la pasma.
Preguntan a distintas personas,
entre ellas a Mustafá (Típico nombre de Moro) que asegura no vender mierda, él
ser honrado. Vive en una puta choza, liga cuanto puede, esta explotado y mandar
todo el dinero que gana a su familia en Marruecos. Hablan con un okupa, unos
verdes, unos góticos, chunteros...(Mosaico de personalidades) Ligan con un par
de tías, fumadoras compulsivas, con las que José Luís se enrolla ante la mirada
envidiosa de Serafín a quien le gustaba una de ellas. Serafín se para a mear y
entonces lo atacan al pillarle solo y desprevenido una panda de cabezas
rapadas.
Sus amigos van a ayudarlo, no ven
cómo ha llorado Serafín y entre todos se lían a hostias. Serafín se hace el
valiente. Vuelven a casa de Serafa para curar a Ismael que tiene un ojo morado,
mientras que Mariano no ha intervenido en la pelea y se enfadan con él. Ahí
encuentran al padre de este, borracho perdido y en un estado lamentable, y le
han de subir a arriba a ducharlo y meterlo en la cama. Mariano lo ve con asco,
y su hijo José Luis con odio y vergüenza.
Salen de ahí y no saben que hacer,
se encuentran perdidos sin rumbo, ocio, ni ideales, como los miles de
adolescentes de España y del mundo que cada sábado nos emborrachamos en el botellón
y nos drogamos, intentando buscar un sentido a toda esta mierda. Pues bien,
salen en busca desesperada de la droga perdida. Y al no encontrarla en ningún
lugar, van hasta la casa del moro, una vulgar choza, y al despertarle, este les
insulta, y ellos a él le llaman moraca de mierda, salido y demás. Y no sé cómo pero
se enzarzan en una bronca, de puñetazos, y mucha acción, en la que queman la
casa por accidente (la ceniza de una lámpara que se propaga el fuego) Serafín,
para proteger a sus amigos, forcejea con un “moro” que les amenaza con una
navaja. El adolescente le arrebata la navaja tras forcejear y se la clava a
este un golpe certero.
Todos le animan a ello “Hazlo, Hazlo”
llevados por una catarsis grupal, solo comparable a la barbarie de la masa
nazi. Me recuerda al extranjero de Camus cuando el protagonista no siente nada
por la muerte de su madre y le mata a otro moro porque hacía calor.
Dejan el cuerpo del inmigrante
allí, ardiendo bajo los fuegos del incendio, quemándose hasta el dinero que
había ahorrado estos años para mandar a Marruecos. Y desesperados huyen
despavoridos de su propio crimen.
El sábado siguiente de resaca no
quieren despertarse ni llamarse, avergonzados, van a dejar de ser amigos. ¿Cómo
vivir con la conciencia de un crimen así, hacer sus vidas normales? Ellos
creían tener problemas, pero nada comparado con lo que se acaban de meter. Un
gran lío para estos niños de papá pijos.
EPILOGO: El comisario detiene en
su casa a Serafín el asesino y al resto de sus amigos que le instigaron a ello.
Como lo sabía no queda claro pero eso es lo de menos, y dicen estar todos
arrepentidos. El final es abierto y redondo. Acaba el libro como empieza; en la
comisaría de policía. Toda la historia es una reconstrucción de los hechos del
comisario ante los comentarios de cada chaval que en el interrogatorio por
separado. Acaban condenándole por homicidio asesinato, y con él a tantos
jóvenes que siguen EN EL CAMINO. El contenido moralizante resta valor a una
historia que hace de la acción su componente más importante, junto a las
descripciones de los chavales que en mi opinión son muy tópicas y recuerdan al
libro mítico de la generación Kronen; historias del kronen.

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