sábado, 22 de agosto de 2026

ENTREVISTA A LA PLANETARIA ESPIDO FREIRE y DIABULUS IN MUSICA

 


Desde el pasado 15 de octubre, día en que se celebró la entrega del Premio Planeta de Novela 1999, Espido Freire se convirtió en la más joven escritora galardonada con un premio otorgado a sólo nueve mujeres hasta la fecha. Con su tercera novela, "Melocotones helados", y con un buen puñado de cuentos escritos, Freire salía del anonimato convirtiéndose en una escritora de mucho futuro, sobrada de talento y oficio para hacerlo.

Nacida en Bilbao hace 25 años, Espido Freire ha estado desde pequeña ligada al mundo de la música, la escritura y el dibujo. En la Universidad de Deusto fundó dos revistas de opinión y de creación literaria. Su primera novela salió publicada en 1998 con el título de "Irlanda". Más tarde, y de manera casi consecutiva, ha sacado al mercado "Donde siempre es octubre" y la premiada "Melocotones helados".

Además de los 50 millones de pesetas del premio, Espido ha tenido que hacer una gira por casi toda la geografía española para presentar su novela junto a la finalista Nativel Preciado. Su sobriedad y madurez, a pesar de su juventud, están fuera de toda duda.

ENTREVISTA

Antes de empezar a preguntarle nada, Espido Freire comienza por su cuenta a hablar de "Melocotones helados".

Los melocotones helados son el postre favorito de uno de los personajes, del abuelo. Es también el hilo conductor de la novela, la historia que no se atrevieron a vivir, es decir, la elección de determinada vida en determinado momento. Años más tarde, esa vida, que fue dejada a un lado, parece que hubiera sido la mejor. Ésta es una historia de olvidos, de recuerdos, de memorias silenciadas. La historia que se narra es la de una familia. Comienza cuando una chica joven, una pintora, va a vivir con su abuelo, y el lector, que no ella, poco a poco va desentrañando los misterios de esa familia. Ninguna gran tragedia, ningún hecho desesperado, solamente vidas que se truncaron a raíz de la guerra que luego los años han ido variando. Una niña que desapareció, dos hermanos en cierta medida responsables de la desaparición de esa niña, que a su vez tendrán dos hijas, a las que llamarán Elsa, como aquella niña desaparecida. Y básicamente la historia que se cuenta es aquella que la familia se ha esforzado por ocultar, por no contar, por silenciar ocurriera lo que ocurriera, porque estaban demasiado avergonzados para que nada de lo vivido o de lo sentido saliera al aire.

¿Esperabas llegar a la segunda edición tan pronto?

No, a las dos semanas de publicar "Melocotones helados" descubrí, con sorpresa y pasmo, que las cifras eran realmente excepcionales. Entonces una va haciéndose a la idea.

Espido, has declarado que, en la actualidad, los jóvenes escritores están sobrevalorados. ¿No es eso tirarte piedras sobre tu propio tejado?

No lo creo. En todo caso, de lo que estoy hablando es de la excesiva importancia que le estamos dando a un valor que es perecedero. La gente que trabaja bien, los buenos profesionales, lo son tanto a una edad como a otra. Incluso la madurez da una responsabilidad y una sensatez que no se tiene habitualmente entre los veinte y los treinta años. Creo que, en muchos casos, el único valor de determinadas personas es ser joven. No creo que eso sea suficiente para sentar las bases de una fama o de una profesión. No se trata de tirar piedras contra tu propio tejado, se trata de dejar muy claro que yo soy consciente de que me rodean una serie de hechos, como puede ser mi sexo, mi edad, el proceder de determinada región que, en realidad, son accesorios.

¿Una persona puede ser igual de egoísta con veinte años que con sesenta?

Puede ser más conservadora. Más egoísta imagino que dependerá de la evolución y de las vivencias que le hayan tocado a esa persona. Pero el egoísmo de la juventud es muy distinto al de la edad madura y, en algunos casos, mucho más intenso, más devastador. No solamente eso. La juventud, en los últimos años, se está prolongando de una manera natural. Ahora continuamos siendo jóvenes hasta una edad muy avanzada. Los productos para jóvenes, los programas, la música y demás, lo que llevan implícito es el mensaje de mantenerse jóvenes a toda costa y no creo que eso sea beneficioso. Nos está obligando a vivir en un círculo, en un mundo cerrado, en el que lo único importante es la gente que está en determinada franja de edad.

 ¿Está presente la reflexión sobre la edad en tu novela?

Yo creo que está más presente esa reflexión en la novela de Nativel Preciado (finalista del Planeta) que en la mía. En "Melocotones helados" hay un anciano de más de ochenta años que recuerda su juventud, pero piensa en la tristeza de hacerse viejo. Está completamente volcado en los recuerdos del pasado. Y luego existen varias personas jóvenes, de alrededor de la treintena, que tratan de abrirse camino pero que no se paran a reflexionar sobre su edad, tratan de escapar. En el caso de Elsa grande, que quizás es la más convencional. Es una muchacha que tiene su vida perfectamente atada, que quiere casarse, y quizás trata de huir del miedo, de la inseguridad que le produce su edad y de cerrarse en su mundo convencional.

Te llamas Laura, pero te conocen como Espido
 El nombre con el que firmo es Espido Freire. Reivindico que nadie me llame Laura, porque no es un nombre que use ya.

¿En casa te llaman Laura? En casa me llaman Etu.

¿Cuál es el secreto para que una escritora tan joven gane un premio tan prestigioso?

No hay secretos, yo fui una de las primeras en sorprenderme. Imagino que lo único que cuenta es constancia, muchísimo trabajo y, por supuesto, tener la suerte de que tu novela guste al jurado más que las demás.

¿Qué fue lo primero que pensaste cuando te dijeron que habías ganado el Planeta?

Es un proceso mucho más largo, estás durante toda una cena, a lo largo de la cual se van eliminando candidatos. Al principio son quince y al final quedan solamente dos. Estaba bastante tranquila hasta que sólo quedaban tres, yo una de ellas. Entonces fui consciente de que me podían eliminar, de que me podía quedar en puertas, y hubo un momento en el que el postre casi se me atraganta. En el momento en el que no me eliminaron dije: "Bueno, aquí hay que salir, hay que dar la cara". De modo que comprobé que estaba bien maquillada y salí. No había tiempo ni para alegrías ni para otras cosas, lo inmediato era saber quedar bien delante de los "tropecientos mil" medios de prensa que había delante, de modo que lo primero que pensé fue en hacer las cosas bien. Luego llegó la alegría pero, en un principio, la noche para mí empezaba ahí.

- Qué nervios

Había agitación, pero la hay en todas las cenas del Planeta. Era la segunda a la que yo iba, y siempre hay un ambiente de tensión, de cierta angustia mascándose. Yo iba más bien eranzada.

¿Cuántos libros has escrito?
Empecé a escribir con nueve años, una novela rosa espantosa. Continué con algo tan original como La hermana de Hamlet, en la que intentaba descubrir la vida oculta de Hamlet que Shakespeare se había dejado en el tintero. Después vino Irlanda, Donde siempre es octubre y Melocotones helados, cinco libros de cuentos, La última batalla, que es una novela juvenil... De los que podemos contar como definitivos, es decir, no infantiles, unos diez, pero hay que tener en cuenta que yo empecé a escribir profesionalmente con dieciséis años. Ahora tengo veinticinco, de modo que no ha sido tanto.

¿Cuál es tu método a la hora de escribir?

Depende de si es una novela, si es una colaboración para prensa o un cuento. Los cuentos son fogonazos, instantes. Una idea surge y a partir de ahí se va estructurando. Suelo escribirlos de un tirón y sin saber cómo va a terminar o, a veces, sin saber cómo va a empezar, pero sí sabiendo el final.

En una novela, en cambio, el proceso es mucho más lento, lleva un año, año y medio, dos años tal vez. Ahí llevo una agenda, un libro paralelo en el que voy anotando personajes, música que escucho, cuadros que veo, trozos de flores que he recogido... Formo una especie de álbum que es un eco de la novela. A partir de ahí voy escribiendo poco a poco, sin ninguna prisa. Ahí sí que sé exactamente cómo termina el libro antes de empezar a escribirlo.




¿Como un collage? ¿Te ha sido difícil meterte en la vida de tus personajes?
En realidad no. Tenía la experiencia de "Donde siempre es octubre", la novela que se editó con anterioridad, en la que me movía en una franja de cincuenta a setenta personajes. Mediante los cuentos que ya había escrito y otros personajes había probado con distintas voces. Quizás el personaje que me haya resultado más cómodo haya sido el de la niña Elsa, la niña que luego es un fantasmita, porque me atraen muchísimo ese tipo de personajes ingenuos, víctimas...
En poco tiempo has publicado bastante...
Sí. La primera novela que escribí fue "Donde siempre es octubre", que la finalicé con 19 años. Ahora tengo 24, y en esos cinco años me ha dado tiempo de trabajar en distintas cuestiones (Irlanda, "Melocotones helados"). Sin embargo, en año y medio han aparecido las tres novelas. Yo empecé a escribir muy joven. Tenía muchos cuentos escritos antes de decidirme por la primera novela, que fue "Donde siempre es octubre". Cuando la terminé, uno de mis profesores de la universidad me animó a que la mandara a distintas editoriales, que me moviera. Pero me entró el pánico. Lo que no quería era que una sola novela de una niña de 19 años tuviera relativo éxito por razones equivocadas. Yo daba por supuesto que tendría éxito (risas). Y a partir de ahí, nada. Prefería asegurar una carrera más pausada, con más novelas, con más obra detrás. Hasta que no tuve dos novelas y media e infinidad de cuentos no me acerqué a una agencia literaria, que fue quien movió todo. Y a partir de ahí sí que todo ha ido muy rápido.
G-Comentas que querías llevar una carrera pausada y te está pasando al revés, ya que ahora se ha acelerado. Has publicado tres novelas en año y medio, has ganado el premio Planeta y las expectativas son inmejorables.
No me preocupa en exceso porque tengo suficiente material. Trato de ejercer un férreo control sobre mis novelas, planificar con todo cuidado qué es lo que quiero, qué es lo que me parece más conveniente que aparezca en cada momento y, como trabajo bastante y me muevo siempre con dos novelas de reserva, es algo que no me preocupa. Desde luego no pienso seguir a este ritmo de publicación (risas).
Hay escritores que afirman escribir para ellos mismos. ¿Cuál es tu caso?
No es mi caso. Incluso en cartas, en diarios, siempre he tenido claro que el destinatario era de alguna manera un "otro". De ahí a tener presente continuamente la imagen del lector, va un gran trecho. Pero no creo que prácticamente nadie escriba únicamente para él. Si no se enseñan esas obras puede ser por saber de su poco valor literario, o porque expresan pensamientos demasiado privados. Si no, en otro caso, siempre hay un lector, un "otro".
G-Si hubiera programas de televisión más amenos sobre literatura, como ocurre, por ejemplo, en Francia, ¿se engancharía más gente a la lectura?
Si encontráramos un medio por el cual se pudieran contar las historias y éstas fueran contadas por autores, y no solamente habláramos de metaliteratura, sino que hiciéramos más literatura, sería un auténtico éxito. Todo el mundo adora que le cuenten historias. Y ahora, en gran medida, el ansia que teníamos por los cuentos, por los relatos breves, se está nutriendo de publicidad, de esos anuncios cada vez más narrativos, más conceptuales, que nos asaltan entre película y película. Si eso se pudiera hacer con la literatura, de alguna manera sería una ganancia para todos. Nos quejamos de que los jóvenes no leen, de que solamente se preocupan, en cuanto a arte, por el sector de la música. Pero si nos fijamos en la oferta que existe en los medios de comunicación, prácticamente no hay nada dirigido a los jóvenes en este aspecto.
¿De dónde sacas tus historias?, ¿de vivencias personales o de la imaginación?
Las dos cosas. La mayoría de las veces no me gusta lo que veo, imagino que como a la mayor parte de la gente. Vivimos en una sociedad contradictoria, violenta, cruel incluso, y no me muevo con comodidad en ella. Sin embargo, cuando hablamos de literatura estamos hablando de una postura estética, que no tiene nada que ver con lo que yo pueda escribir o cómo pueda reaccionar respecto a la sociedad, sino de qué manera quiero enfocar mi novela o mis cuentos. No me parece que pueda hacer nada nuevo, de momento, hablando de la realidad. No me parece que tenga suficiente experiencia ni madurez como para analizar o sopesar hechos que me hayan ocurrido. También creo que existe una falta de fantasía evidente, una falta de imaginación en los argumentos en la novela española. No digo que eso sea malo, sino que es un único camino. Hemos estado siempre muy apegados a una novela cuasi costumbrista, realista. Últimamente, entre los jóvenes narradores se ha derivado hacia un hiperrealismo urbano. Aun gustándome mucho esas novelas, esas tendencias, he preferido buscar un camino diferente.


DIABULUS IN MUSICA





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