domingo, 23 de agosto de 2026

EL CARTERO Y PABLO NERUDA

  


Ahora que celebramos el centenario de Neruda, quiero invitaros a ver una película que no deja impasible a toda persona que aún tenga “conciencia sentimental” de lo que es ser marginado u explotado. Película destinada a toda persona aún capaz de sentir y de emocionarse en esta era deshumanizada.   El cartero y Pablo Neruda es una bella película italiana que trata de la estancia del poeta exiliado en una pequeña isla, punta de la bota. En plena naturaleza, el vate halla la soledad y la inspiración para sus poemas. Se enamora de la belleza del paisaje natural pero sobre todo del paisaje humano. Se hace  amigo, camarada o hermano, de la gente “sencilla”. En especial de Mario que es su cartero(y cuya conciencia de clase o dignidad humana le impide aceptar propinas del poeta). Estos pescadores se hallan explotados por los empresarios del lugar. Estos caciques les traicionan prometiéndoles empleos en el periodo electoral y untándoles un pucherazo tras otro después.  La fuerza de esta película no esta quizá en lo intelectual sino en el componente emocional, en la carga sentimental. La película trata de la gran metáfora de esta vida y de las pequeñas o grandes cosas que verdaderamente importan en ella.  Es una hermosa película sobre el poder de la palabra para trasformar el mundo.

 Las acciones tienen más poder en un momento puntual, pero si no van cargadas de un contenido, no permanecen. Por eso creo que ahora es tiempo de elaborar teóricamente una alternativa a la globalización que después pueda servir a la “praxis revolucionaria”. Vivimos tiempos reaccionarios como los que Marx vivía mientras elaboraba su materialismo didáctico y su socialismo científico. Son tiempos de incubación y gestación de nuevas ideas en la izquierda, aprovechando que no es posible aún llevarlas a la practica. Toda estructura precisa de una súper estructura teórica que la respalde. Y la poesía de Pablo ha hecho más por extender el comunismo que muchas acciones violentas duramente represaliadas después por las mercenarias policías estatales. La poesía es un arma cargada de futuro, y Pablo fue un gran poeta universal. Y su poesía nos pertenece al Pueblo, por mucho que quisieran monopolizarlo. Pablo. Pablo. Pablito. El clavito. Su Canto General es el canto del pueblo chileno de aquella época, pero también un canto a la humanidad en general y por tanto atemporal. Las repúblicas comunistas funcionarían si hubiera más personas como él en el mundo. Pero ya sólo es posible en mi opinión un comunismo en los pueblos o hombres en la selva. Esta película reivindica los sentimientos, lo más humano que tenemos. Los sentimientos son la mayor arma para hacer la revolución, un arma más poderosa que todas las armas de destrucción masiva que pueda inventarse Bush. Ese arma es la palabra (pequeña pero matona), cuando va cargada de sentido y sentimiento. No hay que ser más papista que el papa, pero también podría criticar de esta película su estética de cuento de hadas rosa (aunque no tiene un “happy end”de holiwood sino un final triste como la vida misma y que no os destriparé)  Podría también criticar que se haya comercializado a Neruda. Una vez que se hizo con el Nóbel, Neruda pasó a ser recordado por las niñas bien y ñoñas sólo por sus 20 poemas de amor, pues la derecha intentó despolitizarle. (el amor, creen los hipócritas matrimonios burgueses, no entiende de clases, pero que se lo pregunten a Romeo y Julieta)  No olvidemos la importancia de Neruda en el partido como embajador cultural de la URSS y como divulgador del comunismo en Occidente, Latinoamérica y todo el mundo. Neruda se rebeló a la poesía modernista de los “felices” (sólo para muy pocos) años 20, y creó una obra nada evasiva en torres de marfil.  La moraleja de esta película es que las personas explotadas en el fondo desprenden mucha más humanidad y sentimientos, y un aura de inocencia que sus caciques y explotadores.

 Aunque fueran personas analfabetas tenían más humanidad que los déspotas ilustrados y los políticos o empresarios que las explotaban. Y es que a veces, cuando nos cansamos de ser hombres, de seguir tragando con todo, Neruda nos confiesa que las palabras no pertenecen a quienes las escriben sino a quienes las necesitamos. Reivindiquemos una cultura para el pueblo, escrita por el pueblo, leída por el pueblo y ,desde luego, siempre con el pueblo.  Aunque la verdad es que no se puede caer en “todo para el pueblo pero sin el pueblo”, ni siquiera con Neruda.

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