Ahora
que celebramos el centenario de Neruda, quiero invitaros a ver una película que
no deja impasible a toda persona que aún tenga
“conciencia sentimental”
de lo que es ser marginado u explotado. Película destinada a toda persona aún
capaz de sentir y de emocionarse en esta era deshumanizada
. El cartero y Pablo Neruda es una bella
película italiana que trata de la estancia del poeta exiliado en una pequeña
isla, punta de la bota. En plena naturaleza, el vate halla la soledad y la
inspiración para sus poemas. Se enamora de la belleza del paisaje natural pero
sobre todo del paisaje humano. Se hace
amigo, camarada o hermano, de la gente “sencilla”. En especial de Mario
que es su cartero(y cuya conciencia de clase o dignidad humana le impide
aceptar propinas del poeta). Estos pescadores se hallan explotados por los
empresarios del lugar. Estos caciques les traicionan prometiéndoles empleos en
el periodo electoral y untándoles un pucherazo tras otro después. La fuerza de esta película no esta quizá en
lo intelectual sino en el componente emocional, en la carga sentimental. La
película trata de la gran metáfora de esta vida y de las pequeñas o grandes
cosas que verdaderamente importan en ella.
Es una hermosa película sobre el poder de la palabra para trasformar el
mundo.
Las acciones tienen más poder en
un momento puntual, pero si no van cargadas de un contenido, no permanecen. Por
eso creo que ahora es tiempo de elaborar teóricamente una alternativa a la globalización
que después pueda servir a la “praxis revolucionaria”. Vivimos tiempos
reaccionarios como los que Marx vivía mientras elaboraba su materialismo
didáctico y su socialismo científico. Son tiempos de incubación y gestación de
nuevas ideas en la izquierda, aprovechando que no es posible aún llevarlas a la
practica. Toda estructura precisa de una súper estructura teórica que la
respalde. Y la poesía de Pablo ha hecho más por extender el comunismo que
muchas acciones violentas duramente represaliadas después por las mercenarias
policías estatales. La poesía es un arma cargada de futuro, y Pablo fue un gran
poeta universal. Y su poesía nos pertenece al Pueblo, por mucho que quisieran
monopolizarlo. Pablo. Pablo. Pablito. El clavito. Su Canto General es el canto
del pueblo chileno de aquella época, pero también un canto a la humanidad en
general y por tanto atemporal. Las repúblicas comunistas funcionarían si
hubiera más personas como él en el mundo. Pero ya sólo es posible en mi opinión
un comunismo en los pueblos o hombres en la selva. Esta película reivindica los
sentimientos, lo más humano que tenemos. Los sentimientos son la mayor arma
para hacer la revolución, un arma más poderosa que todas las armas de
destrucción masiva que pueda inventarse Bush. Ese arma es la palabra (pequeña
pero matona), cuando va cargada de sentido y sentimiento. No hay que ser más
papista que el papa, pero también podría criticar de esta película su estética
de cuento de hadas rosa (aunque no tiene un “happy end”de holiwood sino un
final triste como la vida misma y que no os destriparé) Podría también criticar que se haya
comercializado a Neruda. Una vez que se hizo con el Nóbel, Neruda pasó a ser
recordado por las niñas bien y ñoñas sólo por sus 20 poemas de amor, pues la derecha
intentó despolitizarle. (el amor, creen los hipócritas matrimonios burgueses,
no entiende de clases, pero que se lo pregunten a Romeo y Julieta) No olvidemos la importancia de Neruda en el
partido como embajador cultural de la URSS y como divulgador del comunismo en
Occidente, Latinoamérica y todo el mundo. Neruda se rebeló a la poesía
modernista de los “felices” (sólo para muy pocos) años 20, y creó una obra nada
evasiva en torres de marfil. La moraleja
de esta película es que las personas explotadas en el fondo desprenden mucha
más humanidad y sentimientos, y un aura de inocencia que sus caciques y
explotadores.
Aunque fueran personas
analfabetas tenían más humanidad que los déspotas ilustrados y los políticos o
empresarios que las explotaban. Y es que a veces, cuando nos cansamos de ser
hombres, de seguir tragando con todo, Neruda nos confiesa que las palabras no
pertenecen a quienes las escriben sino a quienes las necesitamos.
Reivindiquemos una cultura para el pueblo, escrita por el pueblo, leída por el
pueblo y ,desde luego, siempre con el pueblo.
Aunque la verdad es que no se puede caer en “todo para el pueblo pero
sin el pueblo”, ni siquiera con Neruda.
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