domingo, 7 de febrero de 2016

carta de amor a mi bisabuela dormida


100 años es todo el tiempo destinado al ser humano para realizar sus sueños. Murió Matusalén, incluso has muerto tú, yo que te creía inmortal. Eras para mí la diosa naturaleza, la madre tierra, un titán centenario, fuerte y dura como roca.  Despertamos del sueño para sabernos más muertos cada día pero no escribo en pasado, para mí sigues viva. Tus lágrimas resbalan por tus arrugas y por la línea de tu sonrisa y sufrimiento. Cumplías años el 29 de Febrero y lo celebrábamos cada 4 años, así que has muerto a los 25. Me cantabas las nanas de tu abuela y tus batallas de guerra y amor perdido. Fuiste condecorada en la república por tu labor de enfermera. Luchaste sin más armas que tus manos, sacando vidas de los úteros o dando aliento a los moribundos. En mi familia eres una institución que preside nuestra mesa;   Carmen Egurrola Jocano.
Me besas con cariño en la frente, y me das la paga en un apartado, cada día que faltara a  mi cumple sumabas una moneda más. Recuerdo el sabor de tus caramelos de menta o las muñecas de porcelana de tu cuarto, los paseos por Granja de Moreruela, la bolsa de basura que te ponías en la cabeza para protegerte de la lluvia y tus dos mecedoras solitarias. Tengo 18 lunas y tu eres mi sol, mañanero y vespertino. De bebé me paseabas con el carrito orgullosa. Siempre has sido buena, blanca e inocente, por eso te daban miedo las cosas negras y las serpientes.  
No sé si eras creyente, los fuertes sólo creemos en esta tierra campesina, en este más acá donde venimos a sufrir y pasarlo bien, a rezar el rosario y a bailar en las verbenas. Naciste en un caserío, cuidabas la huerta. Escapaste de un tren en marcha en pleno bombardeo.
Te casaste con un minero, el amor de tu vida, que desapareció en la guerra.
Esta guerra mató a tus hermanos y tú cuidaste de tus sobrinos, y después de tus hijos, nietos y biznietos.
Tuviste un aborto de gemelos y tu hijo murió en un accidente salvando la vida a un compañero Tanta muerte te devoró las entrañas como Dionisios destripado por los titanes. Naciste y te has ido en carnavales, la fiesta pagana del renacer de la carne, de Baco. ¡Luchadora de esta vida!: Luchaste con tu corazón.
Trabajaste con un médico rural. Serviste en un prestigioso hotel donde te regalaban entradas para ver coplas y corridas de toros (tu pasión). Cenabas lo mismo con jefes de altos hornos que con obreros del pueblo Y serviste en una mansión, llena de fantasmas. Te prometo hacer de esta historia un guion de telenovela como las que veíamos juntos en el sofá. A ti te dormían, pero te gustaba que todo se dividiese en buenos y malos, criados y señores.  Yo me dormía en tu regazo como un niño bueno. 
Ni siquiera puedo imaginar lo que has sufrido y reído. Lo tuyo fue andar, pisar fuerte y pisar tierra. Madrugábamos para ir a las eras y buscar moras en las zarzas. Plantamos un huito en un garaje pero talaron el árbol porque impedía pasar a los coches.  Pero a ti no te han talado, mi viejo y duro roble. Caminábamos por el árido y pedregoso camino, se hace camino al andar. El sol impregnaba a tus ojos un hálito de vida. Eres más vital que lo que yo seré nunca, pero de ti sacaré fuerzas para serlo. Al irte se ha ido mi infancia. A mi madre la dijiste poco antes de morir que me veías muy perdido. Estos días no podía verte así, abuela; postrada en tu cama, encogida como un ovillo, drogada en una especie de dulce amodorramiento, en duermevela, sin cerrar los ojos, mientras se consumían tus suspiros. El abuelo apagó las luces del cuarto, y como vela extinguida, te desvaneciste de la vida, envuelta en sueños. “Sé fuerte” fue lo último que me dijiste, despedida que se prolongaba para nunca serlo. Mientras tú sueñas, abuela, a mi me sobrecoge esta pesadilla de perderte. Tu aletargada y yo insomne.


La vida es sueño, soñar despiertos mientras los otros echan la siesta.  Siempre has sido dura, a vueltas de la vida pero no del amor. Así, entre sueños te has ido, abuela, pero quedan los cuentos, los cuentos nunca nos abandonan del todo. Te reconfortará saber que todo sigue igual; somos una familia que se pelea por los langostinos y sigues presidiendo nuestra mesa. Nunca viste más mundo que estos caseríos pero ¿sabes?, la vida es andar, y a veces caerse pero resistir, no desistir, no mirar atrás. En paz te has ido, niña dormida viendo su telenovela. .¡Que orgullo de bisabuela Carmen!. Tus arrugas son mi sendero. Sigo el brillo de tu cara curtida por el sol del pueblo…tu cabeza poblada de sueños y realidad. Nadie podrá decir que has muerto porque estas viva dentro de mí y de todos los que te amamos. 

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