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sábado, 9 de abril de 2016

libros para reír y llorar

La sesión empezó con la lectura de unos poemas de Blas de Otero
. 1923
Llueve en Bilbao y llueve llueve llueve
livianamente, emborronando el aire,
las oscuras fachadas y las débiles
lomas de Archanda, mansamente llueve
sobre mi infancia colegial e inerme
( jugando con los chicos de la calle
reconcentrada y tímidamente)
Por Pagasarri trepan los pinares.
Llueve en la noche triste de noviembre,
el viento roza y moja los cristales,
y, entresoñando escucho... Llueve llueve
en mi villa de olvido memorable
-mademoiselle Isabel-, pálida frente
de niño absorto entre los soportales...
de Otero, Blas. Que trata de España.
Cuánto Bilbao en la memoria. Días
colegiales. Atardeceres grises,
lluviosos. Reprimidas alegrías.
furtivo cine, cacahuet, anises.

Alta terraza, procesión de jueves
santo, de viernes santo, santo, santo.
Por Pagasarri las últimas nieves
y por Archanda helechos hechos llanto.

Vieja Bilbao, antigua plaza Nueva,
Barrencalle Barrena, soportales
junto al Nervión: mi villa despiadada

y beata. (La virgen de la Cueva
que llueva, llueva, llueva). Barrizales
del alma niña y tierna y destrozada.

Blas de Otero en Fieramente Humano lucha por dios y su enigma, y contra Dios, por su silencio. La  visión histórica impregnada por lo religiosa, lo social, la visión mística, el sentido al enigma de la esfinge de Edipo. Soportar el absurdo sin sentido, la incomprensión, el aburrido e inglés Bilbao, y sentir mariposas grises en el estómago. Tras haber conocido el bohemio París de luz y oscuridad, Cortázar o Blas de Otero sienten que París no existe (como la novela de Villa Matas), que París es una gran metáfora. París, la ciudad del amor, el París es una fiesta sólo es una metáfora, ósea algo que no existe, un mito de la bohemia, París es la utopía y la infancia a la que les gustaría regresar.  Hemingay, Picasso, Arrabal, Bretón, Jodorowsky.. en Monmartre y Monparanse..
El lenguaje se enriquece con la Metáfora de la utopía y también con el humor. La sidra quisiera ser champan pero no puede, no ha viajado al extranjero. Pasos son unos octogenarios. Armario abierto, la casa bosteza. Escoba baila el vals de la mañana. Abrir paragua, disparar contra la lluvia. El viento se suena la nariz, en la tormenta. Las pirámides son las jorobas del desierto. Son algunas greguerías de Ramón Gómez de la Serna que  en 1917 publica ese libro en el que juega con el lenguaje y los aforismos. Las greguerías se caracterizan por la brevedad del lenguaje, son casi haikus y por la gracia e interpretación de la propia literatura
Carlos nos habla de Movy Dick de Melville. La novela empieza con ese “Llámame Ismael”, navegar en las aguas de la melancolía. La novela refleja que obsesión por llegar al absoluto (para amarlo o destruirlo) destruye. La ballena es el absoluto. El capitán es el orgullo, el ego, alejado de la humildad. El capitán quiere matar el absoluto (dios, la nada) pero es el absoluto y la ballena la que mata al capitán. La Razón (sobrevalorada por los ilustrados) entronca con la humildad. El orgullo del hombre ilustrado europeo que quiere matar a la ballena blanca. Es un acto de soberbia, de super hombre que quiere convertirse en Dios en la tierra. La Ballena se aleja del capitán. No podemos dominar el absoluto que conduce  a la autodestrucción. Jon Huston llevó el libro a la pantalla con Gregory peck como capitán. Es tal el grado de obsesión y locura del capitán, su incapacidad para ser flexible y ambiguo ante lo novedoso…. Se embarca en una lucha sin cuartel, quiere conocer el enigma de la ballena blanca, lo incognoscible, lo divino, el noumeno. El libro es libertario, la mar es metáfora de la libertad, y el naufragio de nuestras vidas. Es una reflexión teológica y también filosófica.
Carmen Laforet creó una obra maestra, Nada. Trata de una muchacha Andrea que va a la calle Aribau de Barcelona. Allí vive su abuela y una serie de familiares. La abuela es un personaje a lo Bernarda alba. Luego esta la tía Angustias que es una beata mojigata y frígida. Y una tía a la que su marido le pega. Y también está su tio pintor que se enamora de Andrea y que es borracho y maltratador. La novela nos recuerda un poco la tormentosa relación de Chaterine con Heasflith en la novela Cumbres Borrascosas de Emily Bronte. Andrea sería la protagonista y su tío el personaje atormentado y bohemio. Andrea inicia sus estudios de filosofía y letras. Esta parte es muy autobiográfica porque es lo que estudió la propia Carmen Laforet que se casó con Manuel Cerezales, escritor y editor de novelas. Allí Andrea conocerá a una serie de universitarios bohemios que hacen fiesta y un chico que va detrás de ella. La novela nos habla de cómo se veía el amor en tiempos de posguerra, los bailes de sociedad y el ambiente universitario. Y nos habla de la pobreza y miseria de la posguerra. Y es una novela feminista que nos habla de la situación de la mujer en el franquismo cuando necesitaba la firma del marido para cualquier trámite y la mujer no se podía separar y estaba explotada laboralmente, eso si la contrataban y la entrada de la mujer en la universidad. Retrata la España negra con la maestría de Cela en la Colmena o Delibes en los santos inocentes. La libertad de la noche barcelonesa. La novela empieza con su llegada en la noche, la sangre que circula en sus piernas, las luces siempre tristes, llega a la adorada ciudad de sus sueños que ella desconocía e idealizaba. Nada refleja la dignidad de una persona progresista en esa España costumbrista en blanco y negro, de cartillas de racionamiento.  Carmen Laforet triunfó con esa novela y después escribió un par de novelas más. La insolación o la mujer nueva. También son famosas las cartas con Miguel Delibes, su correspondencia. Sólo existe una biografía de Carmen Laforet, es un personaje oscuro y enigmático del que poco se sabe. Después de su éxito prefirió el anonimato, como Salinger del guardián entre el centeno, y se sabe que murió de Alzheimer.
Las siguientes sesiones serán sobre los cuentos (tienes mucho cuento) y sobre el humor (personajes en busca de humor) Carlos nos habló también de la obra silencio de Natalie Sorgaute, del libre te quiero de García Calvo. De la conciencia que es el pepito grillo que surge en el niño que dice el emperador va desnudo. Adelantamos algo de la siguiente sesión; hablaremos del psicoanálisis en los cuentos tradicionales, Handel Gretel, la figura de la madrastra, Pinocho, Peter Pan... El niño que dice el emperador va desnudo es el esclavo que sale de la caverna de sombras para encontrar su punto de luz, su punto de dios, su punto de razón. Al igual que el emperador, Julio Cesar tenía un esclavo encargado de repetirle todas las noches; eres humano. La ilustración o el renacimiento fueron esa salida de la caverna sombría del medievo y el ancine régimen en busca de la luz del sol, sabiendo que exponerse demasiado tiempo al Sol puede dañar la vista. Y sabiendo que nadie hará caso al que ha salido de la caverna, se le marginará, porque la mayoría de esclavos querrán seguir viendo su teatro de sombras. La verdad os hará libres pero a veces no queremos la verdad.
Hablamos del origen social de  los escritores (de Dostoievski, de Goethe que vivía en un castillo, del título de Tolstoi, de Chejov  que era medico e iba por los pueblos,) hablamos del personaje de la conjura de los necios, un ser repugnante al que amamos o odiamos sin postura intermedia. Lo aceptamos o rechazamos. Hablamos del homenaje a Charlie Parker, su cuento de amor al jaz, de Horacio Oliveira y su obra la maga. Su deambular por las sesiones de jazz y reuniones de amigos, cuando sentía mariposas negras y estaba comprometido con los movimientos de liberación de América Latina. Nicaragua tan violentamente dulce
Cortázar habló de Rayuela con Joaquín soler serrano en el programa a fondo de los años 70. Por entonces Cortázar estaba de moda y había que leerlo “porque todos lo leían”. Estaba “in”. De los relatos de Rayuela, instrucciones para dar cuerda a un reloj o las cabezas de la hidra que se cortaban y salían más cabezas hasta que la hidra te devoraba. También pasó por ahí  Borges. Borges estuvo a  favor de la dictadura militar, era reaccionario. Escribe maravillosamente pero es un ser odiable. Borges era cualquier cosa menos argentino, pues fue a morir a suiza. Cuando conocemos al autor a veces nos quita las ganas de conocer las obras como Shakespeare o Juan Ramón Jiménez que debían ser maltratadores. Cuando se enteró de que Sean Conery pegaba a mujeres no vio nunca mas una peli de el. Borges tenía una relación edipica con su madre, con 70 años estaba muy influenciada por ella.  El cabrón escribe mu bien, pero por la calle no saluda. Hay que tener empatía con el escritor, leer sin dejarnos contaminar por la historia de su vida. Igual que a uno le puede gustar la mística siendo atea.
Hablamos de la fe que mueve montañas y de Marcela Serrano y del ateísmo. Del absoluto divino de Tomás de Aquino y su santa trinidad aristotélica en la suma teológica. El sistema más cerrado de los sistemas, en que nombra cada parte del universo en categorías cerradas.  Umberto Eco en su tesis sobre Tomás de Aquino reconoció que lo único para lo que le había servido leer al padre del tomismo es para hacerse ateo. Gracias a Dios tenemos el ateísmo, por encima de la interpretación hermenéutica de la escolástica. En la obra el nombre de la rosa se habla del nominalismo que intenta que el nombre de rosa sea más importante que la rosa en sí, la rosa referente. El antagonista, Jorge de Burgos (precisamente basado en el personaje de Borges), esconde el tratado de la alegría de Aristóteles. El monje siniestro piensa que el hombre no debe conocer la risa porque la risa nos hace libres y es un antídoto contra el miedo. La iglesia en la edad medía se impuso a través del miedo. Pagar diezmos, trabajar las tierras, ser virtuosos, hacer el bien ante el miedo al castigo conductista, ante el miedo al infierno. Pero Aristóteles escribió un libro sobre la tragedia pero también sobre la comedía. Y ambas posturas, tragedia y comedía, se mezclan en la ambivalencia de la tragicomedia. El mundo, como decía Woody Allen, se puede ver como una comedía de Groucho Marx o como una tragedia de Fassblinder.  Nos hemos educado en la tragedia, en el valle de lágrimas medieval pero al final todo acaba como el rosario de la aurora y necesitamos reír. Porque el humor suaviza, endulza, la realidad, como la fantasía.  el sistema de Hegel no permitía la ironía, el chascarrillo, la broma, la risa, porque los absolutos son personajes muy serios.  Los absolutos los escriben los resentidos, como decía Nietzsche, los camellos de los curas resentidos contra su cuerpo físico y su naturaleza animal. Ahora nos reímos con obras como las de Eduardo Mendoza, ese catalán que frivoliza la tragedia con su humor. Unamuno escribió el sentimiento trágico de la vida olvidando que también hay un sentimiento cómico. El murió en el 36 escribiendo el sentimiento patético de la vida que no era otro que la guerra civil, la guerra de Caín y Abel del 36, entre hermanos. Leamos libros que impriman y no depriman, y sobretodo que no repriman ni opriman.

Hablamos del teatro del absurdo; Pirandello, Ionesco o esperando a Godot de Becket que usan el humor para suavizar y endulzar la vida. Igual que la vida exagerada de Martin Romana de Bryce Echenique, autor de un mundo para Julius, el hombre que hablaba de Octavia Paz, o la huerta de mi amada o no me esperen en abril.  Martin Romana sale a las manifestaciones del mayo 68 gritando consignas (Adorno decía; nos apuntamos a las consignas, no a las campañas que exigen más compromiso). Una obra cómica. Grita los mensajes revolucionarios hasta que se da cuenta de que esta en una manifestación de sordomudos. Y el malvado Mocasines hoy en día ocuparía un cargo de administración pública en un país sudamericano. El amor y el humor suavizan y endulzan lo trágico unamuniano, la lucha por la vida. El sarcasmo es cruel, mal intencionado pero bendito sean las irónicos, de ellos es el paraíso de la tierra. La ironía romántica que nace de la inteligencia pero que también tiene mucho de inocencia.  En todo irónico se esconde mucha tristeza pero también mucho humor. Hay libros para llorar como Nada de Laforet o la Colmena, Movy Dick o Blas de Otero y libros para reír como la conjura de los necios o el Quijote.  

sábado, 5 de marzo de 2016

VIDA EN LAS VENTANAS

VENTANA PROPIA EN UNA HABITACIÓN AJENA
Aunque recorras el mundo hallaras esta misma ventana, sólo abriendo persianas te perderás por el mundo sin perderte nada.
 Gorka está en la cama leyendo el ensayo de virginia Woolf una habitación propia. Cuando termina el libro, lo cierra, y lo devuelve al sueño de su biblioteca. Se sienta en su silla y escribe unas reflexiones en el ordenador:

Es cierto que la mujer necesita un cuarto donde escribir, pero creo que es más necesario que tenga una ventana. Desde la edad media, o quizá antes, la mujer es cortejada cuando sale a la ventana. Me refiero al amor cortes de los trovadores o a la misma tuna cuando canta clavelitos a la amada.  La celestina empieza así, en una ventana, y Melibea asomada a ella. ¿Qué sería de Romeo si Julieta no hubiese salido a la ventana? La ventana es el rincón íntimo de la mujer, su gineceo y su geografía humana. Es en la ventana donde ella apoya sus puños en su cabeza y se dedica a soñar. Es en la ventana donde puede hablar con los ruiseñores del alba, o regar las macetas, las plantas, los geranios… la princesa espera todas las noches a príncipe azul, él vendrá en una carroza dorada y cuando llegue escalará su larga melena a modo de escalera. El escritor necesita la ventana para salir al exterior, para abandonar su castillo de marfil y jaula de oro. Las cotillas en el pueblo se pasan el día mirando las musarañas de la ventana, o espiando a los vecinos como los voyeurs y mirones.

La ventana es el lugar preferido de las chismosas de escalera, o del patio de corralas y mentideros. Ahora no tenemos esas ventanas pero tenemos otras; las ventanas del ordenador o Windows. Las ventanas de los programas de mensajería (el Messenger, elskype) o de comunicación (Facebook, twenty) y redes sociales. Las cartas de nuestros abuelos se han sustituido por mensajes cortos en ventanas de internet.  Llamados sms.
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Por la ventana inciden los rayos de sol de la mañana, por la ventana hablamos con la luna y la confesamos nuestras cuitas, los enamorados se mandan besos que vuelan y sobrevuelan los tejados. Soltamos una paloma y vuelve un cuervo negro.
Sin ventanas, el mundo sería un cuarto oscuro y estrecho. Hasta santa teresa necesitaba una ventana para llegar a Dios, y Segismundo y los presos necesitan la ventana aunque sea para agarrarse a los barrotes.  Una ventana en una celda al menos da esperanza, que allá afuera espera el mundo, que sigue saliendo el sol y poniéndose la luna.
No es necesario un cuarto propio, basta con tener una ventana, un ordenador y una cama donde pasarse las horas escribiendo como Proust. Con eso me conformo.

Gorka se ha pasado la mañana leyendo porque es sábado. Tiene un examen de filosofía el lunes, sobre Nietzsche, su filósofo preferido. ¿En qué se diferencian los filósofos de los poetas? El filósofo mira el mundo creyendo que lo que ve en la ventana es la realidad. El poeta, en cambio, sabe que sólo es una ilusión. La filosofía antes de Nietzsche era un claustro tenebroso, con todas las ventanas cerradas, una celdilla monacal, una atmosfera viciada de oscurantismo. Y abrir las persianas, claro, provoca al principio un destello de luz fuertísima que ciega los ojos, como si miráramos directamente al Sol. Y es que mirar directamente al sol, a la Razón, significa quemarse los ojos y que las alas de cera se derritan por sus rayos como le pasó a Ícaro. El orgullo, el ego, volar demasiado alto, creernos súper dioses o querer sustituir al Dios muerto y al demiurgo. Cuando el esclavo de la caverna  de Platón sale de su cueva llena de sombras e intenta mirar al sol, al principio se queda cegado, pero poco a poco logra sustituir las sombras por la luz. Ambos filósofos nos hablan de lo mismo, abrir las ventanas para que entre la luz.

Gorka oye ruido en la calle. Entra en el cuarto de sus padres, ellos no están, porque están separados, porque nunca están en casa, siempre trabajando o de viaje. Le gusta probarse ropa de su padre, es una forma de perderle el miedo.
Se asoma al balcón, se asoma a la vida. Se refugia en su ordenador donde escribe su diario, un diario para aprehender la vida que es escurridiza, para congelar o petrificar el momento. La literatura es un palacio de invierno y las letras… gélidos témpanos que caen a modo de una estalagmita en una cueva. Gracias a la literatura puede esfumarse de vuelo sin salir de su cuarto. La literatura es su ventana de emergencia en su edificio funcional. Su cerebro es como un cuarto lleno de ventanas- cajones y cada ventana le lleva a un paisaje diferente.
Pero en el fondo todas las ventanas le llevan al mismo sitio, al paraíso perdido, al jardín interior, el jardín de los secretos y de la infancia, al niño interior.
Desde el balcón oye el maullido de los gatos en sus cubos de basura, espía las parejas besándose con fruición en los soportales, trascurre la vida más allá del cristal de su tragaluz pero él no puede alcanzar esa vida, siempre está en medio el vidrio. Quizá por eso, ella le dejó, porque siempre estaba distante, con su coraza de cristal. Los maniquíes de los escaparates nos parecen fríos, nos parecen muertos, no sólo porque están estáticos sino porque están tras una luna que los aleja. Siempre ese cristal entre él y la vida, y escribir es en cierta forma traspasar esa barrera entre lo real y el sueño, entre la filosofía y la poesía. Entre las sombras y la luz.
Para mirar por una ventana hay que ser cautelosos, y no dejarse ver, deslizarse furtivos y camuflarse entre las cortinas. Observar, anotar la vida, embarullarla después de barruntadas. Así, entre lo vivido y lo luego escrito hay un trecho o más bien una brecha colosal.
Mirar por la ventana como el farero se asoma al faro escrutando el inabarcable horizonte, respirando los efluvios y sintiendo el vahído y la náusea salada del mar. Gorka al recordar el mar recuerda la playa y aquel verano en que conoció a Laura. Gorka no cree en el amor, porque desde niño sólo ha oído gritos en casa y nunca palabras bonitas. Por eso mismo tiene miedo al amor, prefiere que el amor sea platónico, un sueño y nada más.
La mujer, para Gorka, es algo ideal, esa princesa que se asoma en su torre o se intenta suicidar desde un campanario, un cuadro de una Ofelia prerrafaelista, ahogada en la mar. Eso es mirar el amor desde una ventana, como hacían las princesas de los cuentos de hada, sin atreverse a vivirlo. Gorka aguarda a su princesa que lo rescate del dragón de su padre. Lo que un sicoanalista llamaría complejo de Edipo. Esperar el ósculo que le libere de su largo letargo.
Quizá todos vivamos en las ventanas a la espera, mandando e- mails sin puerto de llegada. El pos- moderno es el Ulises que no atisba la costa desde la escotilla de su barco naufragado. Gorka se asoma a las azoteas de los pensadores buscando la isla de la utopía, el lugar que es un no lugar.
Pero a la ventana no vuelve la paloma que soltamos sino un cuervo negro y cojo.
También hay toda una filosofía de la ventana. Los soñadores tienen insomnio, se pasan la noche mirando el cielo cuajado de estrellas, temen el crepúsculo, tienen miedo de la Nada que cuelga en una tela de araña en el alfeizar de la ventana. Los filósofos purgan reconcomios en sí mismos y se comen la chola.
Las ventanas nos engañan, son espejismos. Las ventanas son espejos donde nos vemos deformados, más gordos, o más bellos, y la literatura es ese espejo que intenta ser real pero que siempre es sueño. Espejos plurales de múltiples prismas, tantas ventanas como habitaciones. Y al palpar el cristal al final nos vemos reflejados a nosotros mismos como fantasmas que se han colado en medio del paisaje.
Vivimos en una prisión y al abrir la ventana entra el aire de la brisa mañanera y el perfume de las flores agrestes, crecidas en libertad. Asomado al balcón de sus padres, Gorka riega las plantas, enclaustradas en tiestos, que han quedado cubiertas de escarcha, de témpanos y palacios de hielo. Son flores de invernadero pero todas las flores abren sus capullos y pistilos en primavera. Y desfloradas de todo rocío, se deshojan de lágrimas. Renacen las flores como si se volviesen a plantar de nuevo. Y al final se plantan.
Gorka fuma en su ventana propia, en una habitación ajena, la de sus padres.
Recorrí el mundo y sólo hallé esta ventana. Abro persianas y me pierdo por el mundo, sin perderme nada. Esta ventana es el objeto del filósofo, el sujeto del escritor. Es mi ventana interior. Gorka escribe un email de despedida a su novia:

RECUERDO EL PASADO DESDE LA VENTANA DE MI RESIDENCIA

Veo llorar a mi ventana con su cara frágil de cristal. Mi cuarto es una urna de cristal; cuatro paredes y tu ausencia. ¡Dédalo de nimias dimensiones donde uno se pierde!. Cada mueble esconde recovecos para llorar, recodos del laberinto, resquicios de nuestro primer amor.  Mi ventana es una mujer cuadrada, pero voluptuosa porque tras su luna te rememoro.
De mi ventana ha escapado un rayo de luna. Ella es nuestra distancia.   Me he percatado de que todo (el destino, el azar, las casualidades o coincidencias, nuestros padres, nuestros bares y nuestros campamentos) nos abocó a las adversidades y buenos rollos del primer amor. Lo fuiste de cría, flor rara en insufribles poemas botánicos, versos que versaban sobre flores enclaustradas.
Luego este teatrillo tornó roles; De tú destinataria fantasma, a yo espectro. Dejaste de ser mi juego verbal y quizá me convertiste en tu juguete emocional, pero no hay lágrimas, las diluyen los limpia- ventanas. La iridiscente luna me limpia las lágrimas y la lluvia se agolpa en la ventana. La luna siempre ha representado al eterno femenino, regula los ciclos menstruales y los periodos fértiles en la Tierra. También la llaman astro mágico, inspiración de poetas,  señora de los gatos que la aullamos, madre de huérfanos fantasiosos. Por la ventana intento apresar mi rayo de luna.
Estoy borracho perdido, en este final de la noche donde la luna irradia destellos de melancolía y destemplanza.
Sobre el aparador se alza mi casa de muñecas victoriana. Dentro de este micro mundo minimalista las damas leen fumando en narguile, suspirando, anhelando.
Al asomarme a la ventana siento nostalgia por lo soñado, no por ti, sino por un gelatinoso cuerpo que elucubro a mis anchas. Se precipita un amor apremiante por ese etéreo destinatario sin rostro. Mi beso se pierde en el aire, busca vehemente su interlocutor, ¡ruego no interceptes su misiva ni mi huida!. Kafka susurró a su Milena que los besos que mandamos por carta o por e- mail se los beben por el camino los fantasmas.
Mis besos van dirigidos a un vaporoso ente; a mi alma gemela. Quizá sólo una anímica muñeca anémica de mi casa sobre la hornacina. Tal vez una gótica decadente con su jeta de inhalar rapé e ingerir vinagre, un crisantemo mustio. A lo mejor una rubia de cara sonrosada, labios carnosos y una sonrisa de no comprender mis palabras, pero asistirme como mujer del escritor, como pareja y compañera de las letras. O una intelectual de gafas Joko Ono, look Susan Sontag, harapos jipiosos y collares tribales. ¡Qué triste que mi ideal de mujer sea una simple sico marxista con ojos achinados de lectora! A veces pienso que antes de a estas tías soñadas, me encontraré a esa puta sifilítica llamada Muerte. Bolsito de rebajas colgado en la guadaña y rostro de Nacha Guevara. Todos son tópicos culturales, prejuicios en el amor, eso son los ideales de mujer u hombre ideal.
Los poetas decadentes se asoman demasiado a las ventanas, desesperadas esquelas invitando a la caída.
Porque el que se asoma a la ventana tiene siempre la tentación de tirarse por ella, de acabar con todo. Los suicidas escriben cartas de despedida, y quizá esta sea una que prolonga su adiós hasta la extenuación. Larra y Werther demoraron al máximo su inmolado acto, ¡Que placer les comportaban los preliminares de la víctima! ¿Me tiro, no me tiro? No, no me atrevo a matarme pero reconozco que dilatar el amor, o alargar la muerte de quien pide eutanasia a gritos, sólo trae dolor y más dolor.
Doy tumbos por este camarote, los vaivenes del barco, la borrachera, las farolas... Escucho por nuestra caracola, al otro lado estas tú.     
Y un runrún agonizando, olas muertas sobre las rocas. La espuma de las olas es la baba de un bebe y el semen de un niño y la crema de afeitar de un adulto. Las olas fenecen en nichos y cercos de algas.
El cuarto ya no es mi cuarto, es una isla de marginados, niños sabios distorsionados en una nube de agua, en un espejo roto en finas partículas de arena sobre mis pies, una ventana rota por un puñetazo.
A mi cuarto sólo se entra por la ventana, almena de príncipe hechizado, en espera de sus princesas de sangre etérea, tendiendo su melena a quien por ascendente se tenga.  Campanillas volátiles y tías soñadoras. ¡Vuela, escapa por esta ventana, amiga hada!
Nuestra relación fue la luz intermitente de una farola que se apaga. Por esta ventana distingo los pubs y bares, recuerdo nuestro reencuentro. Te saludo, sales, paseamos, hablamos de viejos tiempos, inventamos un futuro, la uní, los sueños...Luego vimos la película los otros, y me sentí tu fantasma. “El infierno son los otros”, y otras frases de víctima, de nihilista, de rosa en un mundo de espinas.
No sé cómo me aguantaste, quizá te enamoró mi inocencia tras las múltiples mascaras dolientes. Vírgenes en el amor tornaron víctimas. Pasé mi mano por la butaca, apartaste tu cuerpo para permitirme rozarte, pero no me percaté. Cuanto más intentábamos asirnos, más nos separábamos. Las gafas te distanciaban, parecías una mujer madura, y yo un adolescente enmudecido de sonrojo. Pasaron los créditos y entonces me besaste, con una fuerza que enterró el pasado. Subimos a la azotea del centro comercial.
Me preguntaste ¿Ahora qué?. Eso pensaba yo; ¿Ahora qué? Esto no era escribir un poema o enrollarme con una tía un fin de semana. Quizá lo que creías pasotismo, era sólo miedo.
Tras un plantón en la torre del reloj (¡El tiempo!) cortaste con un SMS del móvil, escueto pero dañino como áspid en el palacio de Cleopatra. Lloraba en los bares, bebía acodado en la barra. Nada reinstauraba el arrebol a mi pálida cara, me desinteresé por el curso, leía por mi cuenta a Sartre (Que ya es estar de bajón), todo se mancillaba de negrura. Dicen que de los pozos sólo se sale si te interesas por el exterior, por los demás, pero dejé de frecuentar a mis amigos, me convertí en el autista y artista autodidacta de mi instituto, hermético adolescente, taciturno, insomne, fumador obsesivo, lector desazonado, ¡Como si tras el humo de las palabras hubiera respuesta!. 
La reconciliación aconteció una nochevieja. Estabas tan borracha que ya no recuerdas los mares que lloré. Fue el comienzo del fin. Primero el agobio; estos dos tórtolos se sentían espantapájaros sobre los que las palomas del parque pasaban de posarse. Muertos en vida, niños viejos, sorbiendo sus cafés, con un programa de horarios de biblioteca. Monotonía perfecta; seriedad en la mirada, trascendencia en las palabras y tú hipabas “No te vayas de Norta”, sólo faltó la alianza. “Necesitamos tiempo, conocer otras personas” Así la pareja perfecta, los novios que despertaban envidia y asco, sellaron un pacto de “amor libre”. Pero resultó un fiasco… pues si me liaba con otras tías las comparaba y te extrañaba. Si no nos veíamos en toda la semana, el finde nos devorábamos con sed acumulada. Fue un error, se está o no, no se puede estar en una relación “a lo fantasma”. Ni mirar el mundo siempre escondido tras ventanas como hacen los niños miedosos.  La gota que colmó el kubata fue este verano. Llegué a la conclusión de que la mujer que quería era la de la foto, la que veo tras mi ventana, la que puedo idealizar y aderezar de paranoias, no la mujer real.
Por supuesto que somos amigos, siempre lo hemos sido. Queda otra clase de amor, el fraternal; dos gemelos cosidos a la espalda. Univitelinos significa que lo que te pase al otro lado del hilo me afecta. Una especie de cordón nos une, por más que hayamos elegido laberintos diferentes. Ariadna y su minotauro bella y bestia son. El rencor se derrama en gotitas de vapor por mi ventana. En el cristal aparecen esas fotos de niños y nuestra relación sin fotos, sin testigos, sin pruebas para el juicio y mi condena.
Un día descubriré que la mujer inventada, la mujer que soñé y tú no sois tan distintas, que ambas sois la misma. Cuando te acuestes y sueñes con los angelitos, no olvides que a hora y cuarto de aquí, Peter Pan te lanza un beso desde su ventana.

Gorka cierra este documento, cierra la ventana del ordenador, y la ventana de su cuarto porque le está empezando a hacer frío en el alma.