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Todos tenemos el espíritu democrático en las venas igual que tenemos la sífilis en el cuerpo. Baudelaire. La democracia es el abuso de la estadística. Borges.
Vivo en una calle cuyo nombre nunca recuerdo por exceso de ver televisión y que he de preguntar a los paseantes. Uno nunca se hace a su ciudad y más bien es la ciudad la que le apresa a uno. Como ese verso de Kavafis sobre el que huye de la ciudad. No puedo huir de la nacionalista Norta. Aquí se vive la política de forma vehemente, combativa y pasional. Leñe y más leñe, caldeando la hoguera de las vanidades, arrojando combustible al fuego del odio. No quiero arrojar más azufre a esta hoguera en la que quemamos nuestros demonios políticos y nuestras mezcolanzas ideológicas. Caza de brujas en las que se busca al “borroka” para “darle patada en la boca” o al “fatxa”, un concepto ya tan amplío que se aplica lo mismo a un padre autoritario que a un profesor que intente tener autoridad en esta politizada sociedad. Si de verdad queremos ir sofocando paulatinamente la llama para que no acabe en una pira común de cadáveres o en el humo de otra guerra de Caín... deberíamos echar agua, desahogarnos de mucha lágrima reprimida (no será de hombres llorar pero no es sano recalentarnos ese agua dentro del cuerpo), compadecernos de los demás en un ejercicio de empatía y tragar mucha saliva infecta y bilidinosa de esa que se escupe al gritar. Porque no se esta en la razón por gritar (la razón, además, siempre se busca entre todos, nadie la tiene), ni se es más sincero por decir lo primero que te venga a la cabeza sin sopesar consecuencias. Hay sinceridades que duelen y hay otra con tacto y educación que dice las cosas no sólo como las siente y piensa sino además de la forma más correcta posible. A esa sinceridad y buena voluntad apelo cuando digo que tengo sed de agua, de paz, de la fluidez que tienen los ríos en calma, del sosiego de una situación tranquila y normalizada. Sólo pedimos agua los de aquí de toda la vida, con muchos apellidos para demostrarlo y mucho RH-, y sólo pedimos agua los que hemos venido aquí a trabajar. No sólo los maquetos metidos en sus respectivos centros regionales, sino también el moro marginado que trapichea en el casco viejo o la ecuatoriana que te cuida a la amona o el negro que me abrazó llorando una noche preguntándome por qué no les queremos. ¿Acaso el buen samaritano o el griego que respeta al extranjero, al xenios, puede negar un vaso de agua a quien llama a su puerta?. No soy un extranjero, he nacido en esta tierra pero entre todos habéis hecho avergonzarme de ello, llevarlo en secreto cual hemorroides cuando viajo como si ser vasco fuera una deshonra o un estigma de Caín, intentar distanciarme de vuestros pedestres griteríos. Y por todo ello me siento extranjero, como el de Camus, un exiliado interior, extraño a mí mismo y a esta tierra, desenraizado de esas raíces en las que crece el árbol de Guernika. Desarraigado de mi familia y de esta tierra yerma. Esta tierra lleva al demonio en la sangre, decían los campesinos que rezaban el ángelus, sin saber que no hay tierra celestial o paraísos artificiales, ni tampoco tierras malditas como ciénagas de nuestra desolación, en la que embadurnarnos de lodos de nihilismo. No es la tierra, somos nosotros los podridos por falta de riego, de agua, de paz, y sólo nosotros los que nos podemos regenerar, replantar, renacer, rebrotarnos, porque el hombre es una planta con raíces que vegeta en la comodidad y en las costumbres pero también un animal con alas que siempre sueña con emprender nuevos vuelos. Y por eso el hombre esta siempre en un punto medio entre los ángeles y los animales, entre los dioses y los héroes que crea nuestra imaginación y los sucios monos sabios que no dejamos de ser, después de todo.
Unos matones de “Fatxadolid” nos rompieron los faros del coche por tener matricula de Norta. Y otros matones me pegaron por no querer besarles un trozo de tela llamada Ikurriña. Me llamaron asesino por ser de Norta y me preguntaron donde tenía la pistola, con lo cual yo apretándome el paquete les dije que ahí mismito la tenía. No tengo más pistola que esa. Y aún me dan de lado los de eusquera en mi universidad por cursar la carrera en castellano. Y aún no puedo pasearme por Sevilla con lauburu, aunque la verdad es que jamás me ha gustado colgarme fetiches y collares de perro y aunque un agnóstico no lleva cruces ni anticruces, ni del derecho ni invertidas.
He nacido aquí y no obstante me siento extranjero a todos vosotros y absurdas peleas. El quiosquero se ríe de vosotros a la puta jeta, porque vosotros le pedís con orgullo no se de qué el periódico de siempre, el de toda la vida. Él te endosa el Diario Vasco, el Correo del pueblo vasco, el Egunkaria, el Gara, el Deia, el Mundo edición país vasco, el ABC español y el País del país vasco... riéndose de que siempre compréis el mismo periódico, de que jamás os dignéis a leer otra marca, a la competencia, escuchar a los demás en un ejercicio de comprensión. Él sabe que no se diferencian unos de otros, pues la mayoría de noticias vienen de agencia y se las copian y se las roban o te las dictan institucionalmente los jefes de prensa, pero vosotros picáis en el anzuelo comprando este porque queréis leer lo que ya pensáis, no queréis que os apeen del burro, que os cambien la forma de opinar o de pensar, pero en realidad son ellos quienes os hacen pensar de esa forma. ¿qué es antes, el huevo o la gallina? ¿Leéis lo que ellos quieren o compráis realmente sólo lo que queréis leer? Por desgracia como meros receptores leemos lo que nos escriben y lo que intentan hacer que nos guste. Pero a mí no me gusta nada leer a un catedrático de la complutense poniendo a parir a los vascos o a otro que me vende no sé qué plan. Y por eso intento escribir lo que me gustaría leer. Y me gustaría poder contar una historia sobre Norta sin que se me juzgue en este colador de lo políticamente correcto, sin que al leerme me cuelguen el sambenito de ser de kas naranja o de kas limón. Me recuerda a las viejas de mi pueblo que para encasillarme me decían “niño, y ¿tu de quien eres?” y tenía que decirles que de tal familia, yo no era yo, era mis apellidos, y eso es contra lo que hemos de luchar.
Tenemos tantos tópicos metidos en el inconsciente colectivo que no podemos siquiera reírnos de ellos. El nacionalista jesuita con su txapela se va de potes con los amigotes del bar y deja a la andrea cocinando. El hijo de estos ha salido borroka, con la txapela al revés, al modo Ché, y se lee libros de socialistas- revolucionarios rusos para comentar en la Herriko, y bebe kalimotzo y se sabe a pies puntilla la genealogía de mitos vascos empezando por el Basajaun y acabando por Arzallus. Y lleva camiseta blanca con mapa de Euskal Herria y consignas pegadas. Deja que en su camiseta escriban los mensajes que la secta reclama. Son los maniquís que pasean las reclamaciones institucionales de su partido. Y luego esta el maqueto de Burgos con su bigote a lo Aznar, y su chaqueta gris, y sus pantalones gris, y sus hijas pijas de marca, grises también, aunque lleven pantalones Carpe Diem de color naranja chillón enseñando los michelines, las bragas y el ombligo con el piercing. Con los aros colgados del cinturón, las caderas anchas de matronas que pierden la virginidad muy pronto (pues van de adultas), los rastros del vómito del sábado lavados por vuestra mamá, el móvil con cámara de fotos e Internet en el bolsillo derecho y el paquete de tabaco, los klinex, el spray antivioladores, las comprensas, las gafas de sol de pasta, los condones y las rebajas de las discotecas en el bolsito naranja de Just Do It. ¡Ese es vuestro kit del sábado noche, apolíticas que sois, zorras de la noche! Porque siempre me ha reventado que se llame apoliticismo a lo que sólo es el indiferentismo, el pasotismo y el asqueamiento de toda nuestra generación con la política tal y como actualmente se presenta.
Tanto descreimiento hacía la política, que esta no tardará en pasar de ser el eco de la voluntad del pueblo como dijera Aristóteles a pactar directamente con las multinacionales en este juego de la globalización. Si perdemos los organismos públicos que nos representan, me pregunto como velara la Coca Cola o la Telefónica privatizada por todos nosotros. El tema político no es algo que se saque así en el ascensor, no vivimos todos con la paranoia de estar en una zona conflictiva, el Ulster poco menos, ni somos conscientes de vivir en una radicalización política extremista ni nada de eso. Pero tampoco en Euskadi se vive que te cagas como te intentan convencer esos que dicen “no hay sitio en que mejor se viva, este es el mejor de los mundos posibles y Euskadi va bien porque tiene una Osakidetza que ya la quisieran para sí los de Europa”
El tema político sale a relucir por ejemplo después de una comilona familiar en la casa vasca, a tenor de algo que dijo no sé que político (siempre somos el reflejo de lo que hagan o dejen de hacer estos políticos. Somos representantes de nuestros representantes. Nunca surgirá el debate de la política como en los banquetes platónicos por pura iniciativa, siempre repetiremos lo que se ha escrito sobre lo que un periodista ha recogido de la rueda de prensa aquella, en la cual alguien declara sobre lo que hablan en una reunión. Ya se sabe que los medios nos dan una información objetiva, de primera mano, y desinteresada)
Este debate aflora por ejemplo cuando ya los colegas de farra han apurado su heineken y se ponen “a pensar en verde”. Hay un momento cuando tu vas con colegas de tus colegas (los amigos de tus amigos son tus amigos) en que al final de la noche, cuando ya no puede salir nada coherente por tu boca, que ese colega de tu colega te mira con recelo y como preguntándose de que lado eres. Jiji jaja toda la noche, pero por un momento tu compi de barra se pone serio y te mira, como a perro verde al que aún no ha puesto su collar, y en ese momento sabes que piensa por dentro “¿De quien es? ¿Será de kas naranja o de kas limón?” Y te suelta un comentario superficial y al principio intrascendente para ver de que pie cojeas, si estas con las negras o si juegas con las blancas (¡el color siempre tan relativo en el prisma del pintor de la realidad! Para gustos se hicieron los colores, y aquí no hay blancas, negras, sino una gama de grises)
Ya su forma de mirarte será distinta dependiendo de la observación que tu hagas. Muchas cuadrillas prohíben hablar de política precisamente para que ese momento de la noche nunca suceda, pero hay otros que sólo repiten lo que su líder ha aseverado por la tele, y con el fanatismo de los borrachos empieza a defender unas opiniones que no son suyas, sino ecos de sombras de declaraciones que anoche hizo nosequien. Nadie tiene una opinión propia sobre el tema, sino que repiten como loros papagayos lo oído en la Tv, lo leído en el periódico, lo que el gatekeeper o líder de opinión interesa que retengas en tu cabecita. Y no es que quieran que otros piensen por ellos para no pensar por sí mismos, sino que no son siquiera conscientes de que no piensan por sí mismos. Creen que lo que dicen brota de la inspiración repentina que les ha dado esa cerveza y de lo listos que ellos son y lo tontos que somos los demás. Y así es como hacemos nuestra una polémica no nuestra sino de nuestros “viejos” que ya parece sempiterna o que siempre ha estado ahí, un status quo inamovible. Como inamovible es el PNV, más de un cuarto de siglo en el poder y sin posible rotación de partidos, sin bipartidismo ni turnismo ni gaitas, así da gusto gobernar, casi sin oposición y con los verdes sollozando que por favor les cedan al concejal al menos de cultura. Ya se sabe que el concejal de cultura lo tenemos en las concejalías para estos casos, como parches para que los intelectuales izquierdosos, verdes, ecologistas, postmodernos, marihuaneros, vegetarianos y gays no se quejen demasiado. Y la izquierda desunida sólo halla un pequeño asiento, el más bajito de la mesa. Y es que la unión hace la fuerza. Pero tenemos a el partido canabico de los verdes, el partido rosa del arcoiris, el partido de los vecinos cabreados con el precio de sus viviendas, cada uno por su lado y Dios en la de todos. Marginamos a la izquierda con este turnismo bipartidista que no lo han descubierto Tom y Jerry, digo Bus y Kerry, sino que es la forma de marginar la diferencia y la minoría, que esto es lo que entendemos por democracia y no es sino una dictadura de las multinacionales aliadas con el despotismo ilustrado de los mass media; que le dice al Pueblo lo que ha de querer. La política actual son los rollos que lastran nuestros abuelos desde la guerra civil y más atrás si me pones, desde los tiempos de los dinosaurios en que el reino de Navarra resistía siempre al invasor, y unos carlistas se oponían a la unificación centralizada de los reyes católicos llevando camisetas del Ché compradas en Garbera y colgando carteles en contra del apartheid a los presos. Porque ya se sabe, el PNV es de izquierdas porque es vasco, ETA es un grupo de montaseñes jacobinos que hacen la revolución al modo del comandante Marcos o de Asterix el galo. Los socialistas y obreros de la margen izquierda son sucios, huelen mal y trabajan en la mina.
Los vascos son todos etarras. Los de Neguri son todos pijos. El Athetic de Bilbao es lo mejor porque no acepta maquetos en su equipo. ¡están locos estos romanos imperialistas y pepistas! Como diría Obelix birra en mano. ¡estos vascos estan locos y se matan entre ellos!. ¡Dejémonos de tópicos, arquetipos, prototipos, mitos y demás fantasmas de nuestro inconsciente! Saquemos todos esos prejuicios que intentan que interioricemos hasta un nivel de conciencia en el que podamos manejarlos hasta con humor, en estos nuevos programas de humor vasco o humor andaluz y gallego, quitándole gravedad al asunto. Son sus resentimientos, sus paranoias y odios que no son eternos, que los hacen eternos. Son sus movidas que no venían ya con el municipio, pero que intentan hacernos creer que venían en el contrato de estas tierras tan verdes antaño, tan grises hoy.
Ellos, nuestros viejos fraga- saurios que redactaron la constitución o se negaron a ella o que luchaban del lado de los buenos (antes malos), se encargan bien de avivar la hoguera. Unos jesuitas cascarrabias, unos trasnochados del marxismo, unos añorantes del carlismo, unos hijos de franquistas (peor insulto que decir hijos de puta)... Son esos viejos carcas quienes nos dejan de herencia sus cuentos chinos. Y así es como tenemos a todo mi curso separado por modelos, los que estudian en euskara y los que estudian en castellano. Para unos el euskara es vascuence, y lo dicen por joder, porque las palabras duelen. Y para otros el castellano es español, y también lo dicen por entrar al trapo. Yo he estado en castellano toda mí vida, y el eusquera para muchos de mis compañeros de clase ha consistido en la asignatura más pesada y soporífera del mundo. Reconozcamos por un momento que el eusquera es una lengua muy difícil para quien no la tiene como lengua materna, para quien es obligado a estudiarla, para quien se la impone.
Una cosa es fomentarla o extenderla y otra imponerla, que es con todas sus letras lo que aquí se esta haciendo. El castellano también es una lengua muy difícil para un inglesito por ejemplo, acostumbrado al reduccionismo léxico del ciber- inglish que ya no es ni por el forro el que declamaba el vate de Stranford. He tenido la suerte de mamar desde txikitin una de las lenguas más ricas en sinónimos, una de las lenguas que más léxico gasta. Aunque también precisamente por esta recursividad una de las lenguas más propensas a la retórica pomposa y el circulonquio ostentoso, a decir lo mismo con otras palabras, a darle vueltas una y otra vez a lo que se quería decir embelleciéndolo.
Quizá por eso España es la mayor cuna del barroquismo, del hablar por hablar, de las vueltas de tuerca una y otra vez a lo mismo, repetitivo, cansino, rayante. El modernismo volvió nostálgicamente a ese culteranismo y a ese apego por la sonoridad, la cadencia, la calidad estética de las palabras en sí. Haciendo muchas excepciones, porque modernista fue Machado y es uno de los escritores más claros y sencillos que he leído en poesía. Pero ahí tenemos a Rubén Darío o a J. R- Jiménez como ejemplo de ese cultismo puntillista a la palabra, y no digo que no me gusten, sino que escriben barroco, y yo quizá – para bien o para mal- también sea de esos que se excusan en “yo antes muerto que sencillo” tendiendo a las florituras, las jerigonzas y los oropeles como un divo de las letras con mucha pluma, con un abrigo de plumas a lo Bette Davis.
Explico todo este amor que siento hacía mi lengua madre para que se entienda un poco mejor el dolor que me infringe ver a tantos niños de ikastola chapurreando un euskañol digno de compadecer. Un observador superficial los tildaría de analfabetos funcionales. Muchos se quejan de tener que estudiar conocimiento del medio o historia en eusquera. Yo creo, es mi opinión (ni me va ni me viene pero por comentar... como dicen en “vaya semanita”) que una asignatura como historia de España sólo puede y debe darse en castellano, porque la historia de un país debe entenderse en su lengua, al igual que es mejor leer directamente que leer resúmenes de resúmenes traducidos y malinterpretados o pensamientos disconexos sacados de contexto que es lo que se estudia en una universidad. El lenguaje es la materia que confecciona nuestros sueños, en el lenguaje va la lluvia o tormenta de ideas de toda una época. No hay pensamiento sin lenguaje, vaya, porque mi mundo llega hasta donde llega mi capacidad de nombrar a las cosas.
Los límites de mi razón son los límites de mi lenguaje, como vio Wittgentein. y por eso muchos escritores quedan hoy desvirtuados, anegados a un mar de incomprensión, por las palabras, palabras, palabras, que aunque se las lleve el viento nos aferramos a las palabras “de moda” como naufrago a su balsa, o Ulises a su Circe. Y hay que de- construir muchos estos términos, darles otro significado, pues el nuevo lenguaje que asentemos será el nuevo mundo en el que nos moveremos. Y por eso un mundo en Eusquera se limita a un mundo en Euskadi, y me da pena que se cierre un país así, no ya en una autarquía económica, política o social sino en esa cerrazón vital de no querer ver por una parte que el nacionalismo se cura viajando y por otra que hay que defender con la pluma y no con la espada una cultura que ciertamente amenaza mucha inestabilidad ante la cultura del pensamiento único americano.
Y al igual que digo que la historia de este territorio no geográfico y espacial o natural sino cultural, histórico y creado llamado España debe darse en castellano, la historia de este estado aún no creado – pero en ello andan- llamado Euskadi debe darse en eusquera. Actualmente asignaturas de letras como las humanidades quedan reducidas en la ikastola al esperpento y a la broma fácil teniendo que hablar del “empirismoak” etc, ya saben a que me refiero. O las matemáticas traduciendo suma, resta y logaritmoak.
Me parece muy bien que haya esta bipolaridad lingüística y me parece muy mal que se tenga que imponer a la fuerza, echando a profesorado competente que hace sus esfuerzos por “reciclarse” en euskaltegis y me parece muy mal que para recibir una educación en castellano tengas que irte a un colegio privado (en los concertados creo que hay aún modelo en eusquera y en castellano, pero en los públicos no puedes elegir).
Y los niños de esas ikastolas tienen serias deficiencias a la hora de hablar castellano. Supongo que a un euskoparlante también le dolerá que se hable mal su eusquera. Y yo no puedo quejarme de lo mal que se habla el eusquera por la sencilla razón de que no lo hablo, ni bien ni mal, aunque he intentado memorizar estructuras ya hechas – ¡y cuantos mares de lágrimas me ha costado luchar cada noche con mi pésima memoria!- Pero sé que los diletantes y amantes del eusquera también se quejan de lo mal que se habla el eusquera. Ahí andan intentando aglutinar todos los localismos y modismos (vizcaíno, guipuzcoano...) en un eusquera batua, unido y cohesionado. No sé cual es la solución para aglutinar todos los dialectos y extender un poco el eusquera, sólo sé que la imposición no es la solución correcta. Toda imposición a la larga trae una rebelión.
Y a estas alturas sé que las cosas no se hacen nunca desde abajo porque las revoluciones fueron “que todo cambie para que todo siga igual”, simples rotaciones de poder, cambio de manos, los mismos perros con distinto collar como dicen en estas tascas de Norta. Las cosas bien se hacen desde arriba pero contando con los de abajo, sin caer en despotismos ilustrados que no es sino la perversión que entraña el poder, pues el poder es un anillo maldito como el de Frodo o el del Gilges (un mito de Platón) que corrompe a quien se lo pone y lo convierte en un “ente invisible”, en la mano negra e invisible del Sistema, aquel que maneja a los títeres como Aznar desde la sombra. Y creo que toda una vida con un partido ya ha dado tiempo sobrado para que ese partido se crezca, y ese anillo pervierta de megalomanía a su portador. (El anillo de Frodo es un remake del anillo de los nibelungos)
Soy de los que piensan que la letra no entra con sangre sino con amor, con afecto y que por eso lo que mejor hablamos es la lengua en que nos mimó nuestra mami, o sólo aprendemos francés en la cama con una gachi gabacha y no en esas caras academias y escuelas de idiomas para niños de papá y tontos inútiles que te hacen perder tiempo y dinero haciendo frasecitas del tipo “Kepa tiene un coche. El a ti te dio unos caramelos”, memorizando listas de hiztegis y vocabularios.
Quizá parezca una burrada lo que digo pero yo no recibí por ciencia infusa mi vocabulario en castellano ni tampoco me he memorizado el diccionario de la RAE empezando por la letra A ni he aprendiendo listas de palabras sino que lo he aprendido leyendo. Pero cuando los libros editados en eusquera no llegan a las veinte páginas, tienen argumentos absurdos, tramas tan poco interesantes... no sé como quieren que aprenda nada. Así sólo he cogido asco a esas ediciones de tapa blanca que siempre intentaba descifrar como si de un códice antiquísimo lleno de jeroglíficos ininteligibles se tratara.
Esta imposición del eusquera ha creado una nueva modalidad de profesor en el colegio, la del profesor de Eusquera, que solía ser en los institutos el que más bromas hacía. Gracias a ellos estábamos al día de la actualidad política local. Este modelo de profesor era “especial”, para bien o para mal, unos le cogieron asco y otros le idolatraron pero a nadie dejaba indiferente. Hablo de mi caso personal, como siempre hago al escribir, esperando que quien me lea se identifique. Yo he tenido a uno de los de HB o EH o Hnosécomo que venía borracho a clase y se jactaba de fumar porros y era el coleguita un poco de todos, y se sentaba encima de la mesa en vez de una silla, y era muy respetado y querido porque iba de coleguita de todos y no imponía autoridad de profesor.
He tenido también a una mujer de fuerte carácter, modelo de hembra vasca que diría Unamuno (fatxa desde luego porque se fue a Salamanca, ¿No?), de la que sospechaban debía ser una de esas feministas intransigentes, o quizá una mujer soldado, hombruna y dictatorial. Ella también era muy respetada y querida. Aunque había quien no la tragaba. Hasta a los borrokas les choca lo borrokas y peleonas que pueden llegar a ser sus mujeres. A otro profesor con gafas quevedianas le apodábamos “Artapalo” (por el etarra) Gordo y tripón como un olentxero, bebedor, con camisetas de leñador y barba poblada a lo Fidel Castro (que continuamente se estaba mesando). Tenía aquel hombre un humor socarrón y bonachón (de hombre gordo que compensa su fealdad física siendo el alma de la fiesta) Un humor en ocasiones irónico, sarcástico y hasta negro, verde, machista o cruel, de tan inglés y fino te tronchabas por el suelo. Humor basado a veces en una apelación a tu sentido común (me repetía mucho “¡ene buru! ¡Buruetan txoriak!) y otras casi con un tono surrealista.
Desde luego era un hombre muy culto, pero también con muy mala uva, que creo son las condiciones imprescindibles del perfecto profesor o profesora de Eusquera. El carácter se les agria dando eusquera en un colegio privado de “españolitos” y la lengua y el sentido del humor se les afila más con los de castellano que con los de eusquera, un poco por eso de reírse para no llorar. A los profesores de eusquera, haciendo un ejercicio de empatía, también hay que comprenderlos. El profesor de eusquera es el que más te jode, hablando pronto y mal, el que te has hace pasar virutas y no obstante el único profesor con el que te imaginas saliendo un día de farra por el casco viejo de tu ciudad.
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