MARIPOSA LIBRE
Jaime se esconde tras el estereoscopio, analiza la disección de una mariposa para su colección. Olga, la ayudante, le encara – No pienso volver- Jaime se hunde ante el cristal, para no darla el placer de verle llorar. - Ya no estas para andar rompiendo corazones, ya solo los analizas, el tuyo dejó de latir- No permitiría que Olga le fuera con el cuento a su mujer, pero ¿iba a cargársela con el estilete o el ácido? ¡Que absurdas le quedaban las lentes sobre su mar de arrugas! ¡Que viejo estaba! Olga creciéndose en su ensayado monologo de despedida, espeluznante al trasluz del laboratorio, con su pelo rizado y su sonrisa sarcástica como un monstruo de Frankestein que Jaime ha cultivado en su probeta. El portazo de Olga retumba en el sótano del ambulatorio, expandido en el silencio de la noche y la oscuridad de la luz de infrarrojos. Se acuerda de los castigos escolares en el cuarto de las escobas, cuanto odió al profesor cuando le arrastró de la oreja al objetar que los artículos no podían abarcar algunos sustantivos. Tenía razón, no puede él con El Amor o La Felicidad. Los átomos son microscópicos y abarcables, y esas palabras demasiada grandes. Si, debía concentrarse en ellos. ¿Que le pasa hoy? No rinde, la cabeza revolotea en plan insecto entre anuncios de Navidad; debe comprar el pavo, colocar el belén, encender las luces del árbol, comprar regalos. ¡Que pereza!. Se toma un gelocatil, la ciencia lo cura todo. En el Cuento de Navidad de Dickens, aquel severo empresario prohibía a su esforzado notario celebrar las fiestas, él no tiene jefes y por tanto ninguna excusa para no asistir a la cena de la gorda y santa.
Mary Sheley; Frankestein, Stevenson; Mr Heide y el Dr.Yake... el de literatura pedía largas listas de escritores y obras. La luna brilla, él bebe, y un cortocircuito. La turbina de experimentación se para, siente cosquilleo en su espalda, un bulto se abre paso por ella, la ropa cede, el sueño vence, las piernas vuelan, quiere huir, besar el infinito, abarcar por fin esos sustantivos abstractos que le esperan entre nubes. Su piel se vuelve de colores, como arcoiris.
Nace el día de Navidad con la nieve deshaciéndose por los parabrisas de los coches. Varias familias acuden al ambulatorio, el doctor Jaime ya no les recomendará no darse esas comilonas ni indigestiones de turrón. No podrán lucir sus panzas ante sus ojos derritiéndose en celos. - Ha muerto el doctor- se oye por el barrio- con una sonrisa- Y la gente abarrota la sacristía para comprobar más la segunda afirmación que la primera. El viejo sonríe a todos desde el féretro. – Señora, no sé cómo explicarle que...-- Lo sé, sé el contenido de esta probeta, pero ha sonreído-- zanjó con entereza.
- No, ha volado.- intervino Olga- Tu marido huía de mi, de ti, de si mismo. Ayer rocíe esta habitación de insecticida, mire la mariposa revolotea revoltosa. La mujer abre el álbum donde coleccionaba mariposas, falta una. Jaime huyó de las palabras, de su propia gusanez de seda en su crisálida. Ahora el pato feo es cisne y hoy empieza su vida; un día, todo lo que viven, pero intenso. ¡Un día es un día!.
SUEÑO DE UNA NAVIDAD PERDIDA
La luna caía bajo la noche del nuevo año. En el cielo del Bilbao de 1899 la nieve se batía con el humo de los contenedores de basura, de las residencias residuales, de las fábricas.. Las embarcaciones de indianos, los tesoros de los siete mares se desvanecían para siempre en tascas, donde viejos lobos de mar se resentían de sus románticas batallas. Las señoras de la capital no compraban ya perlas escondidas en almejas, la joyería quebró. Y el sol del antiguo imperio se eclipsó. Clara abrió confusa la ventana del caserón esperando ver en su señora aprobación. Su señora dominaba el arduo arte de la amargura. - No, la luz me molesta –replicó la vieja en un amago histriónico-- Pensé que la claridad la despejaría -- excusaba mientras volvía a colocar la ventana en la posición en la que permaneció estos últimos años. Todo seguía igual con tres años más de polvo. La estancia con el hermano no la hizo olvidar la tragedia, debía enfrentarse con los recuerdos, con la casa, con tres años de retraso. Su piel se tensa cuando Clara evoca el asunto, la anciana se evade y gimotea. El timbre de la puerta suena, menos mal. Clara pensó que su señora andaba mal de la cabeza, todo este tiempo se ha debilitado como un crisantemo marchito. El timbre sonó de nuevo, ¿Quien en su vecindario se apiadaba de ella? Todos creían que esta romántica tenía el final justo a esa libertina vida de amantes y esa casquivana forma de mirar a sus esposos, y esos aires de persona leída que se daba, tornando los ojos bajos en su piel de porcelana. A todos les parecía gruñona y eso que apenas hacia 2 meses que había vuelto de casa de su hermano. El timbre volvió a sonar y esta vez Clarita se dispuso a abrir, pero en este periodo había hecho de una niña su amiga y confidente y ahora era esa muchacha de apenas diez u once años la que asomaba por la puerta, centrando sus cristalinos ojos, que reflejaban el pasado de la Madam, en la mesa dispuesta para un festín de año nuevo o por lo menos un té y si son posible unas pastas cuando se conoce la tacañería como defecto de la señora.- ¡Ana!—fingió la vieja que en verdad la esperaba como se espera un rayo de luz en un claustro.
- Vine cuanto pude, ya sabe que mi tía no me deja venir a visitarla- si su tía era despreciable, avara y ruin, materialista y conformista, todo lo que se rumoreaba era de su agrado y tenia la enfermedad que Ana llamaba CRONITIS, La cual no la dejaba vivir, ni disfrutar el tiempo, temía el paso de este, por eso destruía toda muestra del pasado, incluido el medallón que era lo único que hasta hace poco le quedaba a Ana de sus padres, apenas hablaba con nadie, no dejaba espejo con cristal entero y obligaba a Ana a llevar ropas que negaran el paso de la adolescencia. Ojalá solo fuera esto, pero lo más horrible que se puede hacer a una persona, aun peor que la muerte, que es privarla de su Libertad se lo hacia a Ana, no la dejaba disfrutar del bien más glorioso que el Destino nos da y no solo libertad espiritual sino física ya que la tenia encerrada, sufriendo que se hiciera mayor. Este, el peor de los pecados no se la podía reprochar pues lo hacia por la noble y justificable causa que es el amor que la tenia, creía que encerrándola y no dejándola ver el sol de la infancia iba a permanecer para siempre con ella e iba ser su venganza al reloj.
Mas que engañada estaba, pues así solo conseguía atormentarla, que crecieran sus miedos y su odio por su tía a la par de sus sentimientos idílicos de un mundo lejos de ella, que se cerrara en su interior y que delegara sus problemas creyéndose inútil. Pero la salvación venia junto a su pena pues encontró en la señora Robinson una amiga de alma y en un aparentemente corazón lleno de espinas, otra mujer que ansiaba libertad. Ttambién la vieja había cambiado mucho desde el incidente:
Los padres de Ana querían disfrutar las Navidades con la tía, (la que obtuvo después la custodia de Ana) pero no tenían coche, en todo el barrio solo unos aristócratas con mas titulo que dinero que era el matrimonio Robinson. El marido de la Sra. Robinson accedió a acompañarlos pero en el trayecto el autocar choco y los padres perecieron en el instante queriendo las caprichosas hilanderas de la vida y del cruel destino que el conductor y Ana vivieran para lamentarlo. El señor Robinson no sabia que hacer, estaba nerviosismo y de su cara brotaba un sendero de sangre. Nunca le había visto en un estado tan patético y el nunca en semejante tragedia así que pidió ayuda y aun tuvo fuerzas para llegar a casa y suicidarse.Era un hombre pequeño en una situación grande, le atormentaba el pensar que él había sido el causante de la muerte de dos inocentes personas y hornada de esta preciosa niña.
La Sra. Robinson estaba allí e intento evitarlo y siempre se culpo por que no lo logro, vio morir con sus propios ojos a su marido y su vaga rapidez de reflejos la devolvió de un fuerte golpe. La casa quedo sola y lóbrega sin la vida que el señor la regalaba.Ana nunca la guardo ningún rencor a la Madam, incluso la tiene lastima y esto es mutuo, una relación compasiva agrandada por el amor que se iban profanando. Ana estaba entonces bajo la tutoría de su tía a la cual había burlado para visitar a su amiga y quien ahora la buscaba por toda la comarca mientras Ana caliente por el fuego de la chimenea que inundaba el salón eduardino de su amiga a quien confesaba sus sentimientos y la ponía al corriente de las nuevas del pueblo.
Mientras tanto Clarita se preparó para irse y entró Gerard, el jardinero que empezó a besarla. --Ay, quita —dijo molesta—aquí no, espera, que hoy me toca librar. Mientras esperaba nervioso y excitado, Gerard fumaba rubio.
--Con el permiso de la señora y la damita, hoy me prometió el día libre—
--- si, si, vaya—rumió la vieja con la boca llena. Esta vez estaban comiendo caliente y bien. Cuando terminaron, la niña por educación comió menos, se sentaron cerca del fuego cálido de la chimenea. Las entró la zozobra, después de comer los sentidos están mas indispuestos y hace bien una siesta. Pero la vieja recibía pocas visitas y luchaba contra Morfeo para seguir escuchando a su amiga. La niña, con su inocente voz angelical, le contaba todas las maldades que su tía la hacía.
---A veces desearía estar muerta ¿sabes? ¿Nunca te has preguntado para que nos levantamos?—
--- Para quien. Yo me levantaba para él—musitó la dama de hierro que con su lagrimilla cayendo por la cuenca de sus arrugadas ojeras había demostrado que tenía sentimientos. Eso no era un secreto para la niña que sabía que su dureza y amargura era solo un escudo protector. Ambas mujeres empezaron a sentir mucho calor y el ambiente se hizo pesado e insoportable. Como tenso y tedioso. Olía a madera quemada y ambas se acurrucaron en el sofá. Acunadas por el calor y lo tardío de la noche se durmieron. Ya eran casi las doce. La casa estaba ardiendo. --¡Dios mío!. Despertar—pero ellas, desde mi posición egoísta de narrador (que no puede intervenir en la historia para ayudarlas) no me oían, o tal vez no querían oírme. Como si ahí, dormidas por el desengaño de la noche, no quisieran despertar y supieran perfectamente su destino. El reloj sonó. Eran las doce. Mágica hora de brujas y en que las animas, espíritus, fantasmas y almas en general abandonan sus materiales cuerpos perecederos para encontrarse con el infinito de lo indefinible. Del reloj de la pared salía un pájaro cucú que desearía poder hablar el lenguaje de los humanos para avisarlas, desde su posición de dueño del tiempo. En lugar de eso, salió doce veces porque las doce eran. Y las almas de las dos buenas mujeres se mezclaron con las almas del marido y los padres y todas eran invisibles pero existían. Y todas empezaron a bailar mientras se quemaban sus cuerpos en la tierra y sin importarles la hoguera de vidas que tenía lugar abajo se abrazaron y de ese abrazo del infinito se juntaron y se hicieron un solo todo, una sola nada.
La desagradable tía fue la primera que vio quemarse La mansión, aunque todo el barrio con calderos de agua, intento salvarla. Se echo a llorar, en un primer momento penso que aquella niña no debería haberla desobedecido, que no tenía que haber ido a aquel lugar donde la esperaba la muerte...
Pero luego se echo al suelo y se sintió culpable, no sabía como, pero ella había ayudado con sus malos tratos, sus imposiciones, sus faltas de tacto y cariño a que aquellas dos mujeres se hubieran tenido la una a la otra y las dos A la muerte. A la mañana siguiente la casa era cenizas. Y no se distinguían siquiera los cuerpos calcinados de las dos mujeres, como si hubiera sido cierto que con sus almas se hubieran diluido. La mansión que en otros tiempos fue la del cacique del pueblo, la que dio y quito trabajo a todo el barrio. No era tan poderosa ni tan importante. El fuego no distingue al dinero que se funde de la misma forma y la soledad tampoco. Pero aquella mujer ni tuvo tanto dinero ni estuvo tan sola y menos ahora que se habían reunido todos los fantasmas de aquel accidente, allá en el infinito ancho.
Un sollozo ahogado de criada que se había dado cuenta del peligro que tiene dejarse el cigarrillo encendido, si, pero también la esperanzada moraleja de que la muerte solo es un comienzo.
SOLO VEO CENIZA EN TUS OJOS
Solo veo cenizas en tus ojos. Eran cristalinos, un iris azul cubierto por una fina capa de lino, pero ahora son vidriosos, una botella rota tras una discusión. Ahora no brillan, no tienen luz ni color, son ojos de cenizas prolongados en ojeras de mujer cansada que ha visto mucho, que ha abandonado sus sueños. Creo que no podré sostener mucho tiempo esa mirada. Nos encontramos en el supermercado, compras todas las rebajas, vas cargada de niños, sola, acarreando el carrito del Eroski de forma neurótica. Te has convertido en una vieja lunática. Este último encuentro no tiene nada que ver con tus miradas cuando te cegaban las luces de la discoteca, te mareaban tantas miradas y siempre contabas con una sonrisa para responderlas. Ni siquiera me has reconocido, pero yo no puedo quitarte la vista. Fumas sin parar, cargas vodka y whisky y tus niños no se enteran. Caminas con prisa, pero eliges con total lentitud, prolongando una lenta agonía. Ni siquiera controlas que metes en el carro, que te dejas en el camino. Algunos productos mas tarde ni querrás reconocer que los has metido en un ataque de soledad. De tu frente, tu precioso pelo reducido por el estrés y recogido por un moño donde caen gotas de sudor. Te va llegando La hora. La cajera espera impaciente porque tu estas absorta y no te das cuenta de tu turno. Juntas su mano con la tuya, por inercia. Pero no llevas dinero. No hay ningún intercambio, solo una llamada de desesperación. Ella no parece entenderlo, solo quiere rutina y tú la estas haciendo despertar de su trabajo. - Son 6600, señora- Ahora te ha llamado señora, no sabe que tu nunca te has casado. Has acumulado niños y problemas, trabajos basura y sueños rotos, pero nunca te has casado. Debe de creer que eres una viuda. Pareces más mayor, no queda rastro de lápiz en tus labios, cuarteados de dolor. Intentas hablar, quejarte, pero ya no pueden despegarse ¿Eh?. Esos labios que me besaron son incapaces de volver a abrirse o de sonreír. Una lágrima cae por tu nariz y tu caes, más frágil que esa lagrima en tu abrigo o el polvo que acumula la caja, y caes encima de la barra transportadora. Eres tú a quien ha de poner un precio y etiquetar, meter en una bolsa. ¿Cuánto vales? Te imaginas que tu precio ha debido de devaluarse mucho. No te preguntas nada porque la cajera exclama congelada de horror:- Esta muerta- y deja escapar un gemido no de dolor o miedo, sino de imprevisto. Algo que no debía pasar en su caja y aquel día, porque rompe su rutina. Y la de las demás mujeres y algún hombre con prisa. Enseguida se la lleva una ambulancia, aunque la medicina actual no puede curar amores ni combatir muertes de soledad. Pronto la caja queda vacía para seguir atendiendo más y mas almas que se hunden todos los días en la barca de náufragos de Guericault sin fuerza para escapar y seguir sus sueños.
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