Militante del periodismo serio, y del periodismo feminista, proviene de la primera generación de periodismo de la UPV, donde ha sido profesora muchos años de generos del periodismo y periodismo de opinión, junto a otras coetaneas como Nati Abril o Isabel Muguruza y jovenes que empezaban como Tania Arriaga. Era la profesora preferida de todo el alumnado, y siempre la elegían para que les guiara en el trabajo final de carerra o final de master porque era muy competente y benigna. Yo la tuve de profesora de opinión y me puso una matricula de honor. Y realicé el trabajo final de grado sobre la generación kronen y la movida con ella y Tania Arriaga. Solíamos quedar en el Tamarises, emblematica cafeteria irlandesa en pleno corazón de Algorta. Allí me invitaba a un café y repasabamos por octava vez la entrevista a Lucía Etxebarria hasta crear un lenguaje invisible. Fundadora honorifica e imagen de la revista Pikara, que fundó junto a June Fernandez (la del libro Los igobernables) ha sido militante de la ciudadanía de getxo, amiga de Pinilla (a quién tanto promocionó en conferencias y congresos), ha participado en el gutun zuria que se celebró en la alhondiga entrevistando a escritores, asistía a los talleres de Ramiro; y era amiga personal de Maria (la viuda, segunda novia de Pinilla, autora de El mar de Arrigunaga y El escritor y las damiselas, dos biografias sobre el genial autor algorteño)... Mis recuerdos tienen que ver con ese café, que me parecía caro, en la margen derecha, con ese taller humilde donde ella siempre metía baza o con el recuento de novelas que había leído y paises a los que había viajado. Hoy su nombre va asociado al premio de periodismo feminista, a la asociación de periodismo vasco, a las ferias de libros, al molino de Aizerrota y las escuelas de teatro y escritura de Getxo. Nos dejó de repente; se le complicó un trasplante de higado que reaccionaba mal en su cuerpo, murió casi al tiempo que Ramiro Pinilla o mi madre, pero me viene al recuerdo la anecdota que ella contaba que tuvo un accidente de coche con Carlos de Agustín, marques de Marzana, y que por poco no lo cuenta. Hoy su muerte tiñe las páginas del periodismo vasco que tanto debe a esta mujer corpulenta y vivaracha, sincera hasta el extremo y en ocasiones grotesca en su gestualidad. Podemos decir que sobrevivió al accidente de coche y ha vivido para contarlo.

















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