martes, 1 de septiembre de 2026

CUENTOS CORTOS

EN ESTE DN4

En este DN4 cabe mi mundo, reino de mudanza, praderas de hidalgos, lanzas de Sanchos Panzas. Lirios, delirios, girasoles tornasolados, seres etilicos y etelicos, entelequias, endes y entes, genios, ingenios, imaginación, marginación.... En estos márgenes se achican letras y grafos. En estas líneas lindan las lágrimas derramadas de quien busca un corazón. De quien llena su vacío emocional de palabras hasta que estallen y... ¡callen!

Las palabras fluyen; manantial incesante, verborreico vendaval de improperios, caudal de sueños, lluvía de estrellas en raudal, ventisca de silencios. Ellas no quieren sólo este papel, no, ellas quieren el mundo por montera cual atlas. Las palabras se revelan al boli, violan al papel con estas incongruencias, in cohesionadas, incoherentes, incompletas. Todas quieren nepotismos, favoritismos, protagonismos. Ser el término que aprehende la totalidad blanca y nadina de este papel, luz vacía.

En este folio no entra mi mundo; mi infancia en burbuja, mi amor en conserva, mi odio en mi mismo, mas las palabras insisten en que si, no tengas miedo al olvido ni te aferres al recuerdo, susurran, concibe letras tal como aparezcan, alúmbralas, dalas luz, parir, En este DN4 el sudor es tan despreciable como mis palabras.

  

QUERIDO DIARIO, “HOLA CATHY”

Salí de mi casita muy arregadita

¡Ay, soy la ratita presumida!              

Me gusta mi inocencia bendita

¡En busca de lobos va Caperucita!

 

Tengo una melena áurea, brillante

(ósea: soy una rubia tonta, una Marylin)

desayuno con diamantes

y me acuesto con jerifaltes.

 

Soy más tontita que el bueno de Emilio

Soy toda dulzura, pirulí y algodón de azúcar

Soy la Cándida Candy, la dulce Lolita

La más blanca de todas las margaritas.

 

Soy Audrey Hepburn en vacaciones en Roma

y Shirley Temple, tan bonita como odiosa,

entre todas las flores la más primorosa

es múa, la niña modosa, pochola... ¡¡ pura rosa!!.

 

Mi cara es redonda, de ángel, de demonio.

Mis ojos son azules, mis pestañas inmensas

Carillos sonrojados y dientes marfileños

Mi sonrisa de indolencia, mi sonrisa de inocencia.

 

Me abandono a mi misma por la entrega a mi amado

Busco al príncipe azul anhelado, pero mientras lo busco

Voy y vengo y por el camino me entretengo, en mi cabeza de leche un cántaro

Soy la lecherita que en vez de tropezar con una piedra

Se pasa por la piedra a todo lobo que tiene el gusto.

 Acabo de escribirme un poema fashion a mi misma. Me llamo Tamala Etxebarria (pero mi nombre artístico es Candy) y soy mala mala, más mala que los papeles de Bette Davis en el cine clásico, más mala que las madrastras de los cuentos de hadas.

Soy una chica mala, chicas, porque las buenas vais al cielo y las malas vamos a todas partes. Jajaja. Soy narcisista y creída, son piropos que me lanzan mi lista de envidiosos/ as. (carezco de fans, soy una reina del pop, una diva musical de la que se ríen en todos los programas del corazón. La prensa cardiaca me llama monstruo, híbrido cultural para freaks) Me he escrito este poema porque ya no quedan hombres de verdad, ¡es alarmante, chicas! Ya no quedan hombres románticos por la calle. Paseo todos los días delante de las obras para que me piropeen los obreros pero hay mucho paro y no me aprecian, no saben lo que se pierden. YO soy andaluza de origen, sevillana de gracia y salero, pero mi padre se vino a Santurce con la industria a buscar trabajo y ahora me encuentro en una tierra de tímidos, sosos e introvertidos, unos desabrios, mi arma, eso es lo que son. Andalucía es la patria sin patria de los poetas y aquí me siento como demasiada bella para tanta fealdad post-. industrial y fabril, en una tierra baldía de obreros sucios, margarita dada al hocico de los cerdos proletarios, que hay que ver el asquito que me dan.

Me encanta que me lisonjeen de zalamerías, a una le maravilla que los galanes le digan cosas bonitas pero ya no se lleva, ahora se hace el amor virtualmente, ausentes, como entre maquinas copuladoras y ¡sin ningún romanticismo, chica!. Si YO hubiera nacido en Egipto sería Cleopatra, la joya preciosa del Nilo. En Grecia sería Aspasia, la hieródula de Pericles, o Urania, la cortesana que enseñó a Sócrates a amar. ¡He nacido en el milenio equivocado...! ¡Joooo, que hastío!. En el medievo YO sería una princesa encerrada en un torreón, me dejaría la melena muy larga y un trovador treparía por ella hasta mi balcón. En el París ilustrado YO sería la Madam Mertebiul de las amistades peligrosas. En el Londres industrializado sería la Salomé y la musa del pintor de buhardilla. En el Madrid de posguerra sería la coplista venida de provincias. Pero en la posmodernidad me toca ser la pija de Neguri que se va a la capi a hacerse famosa y todas la consideran un personaje y un monstruo. Las vecinas opinan que he pactado con la Diosa Luna, la Diosa Madre, la Diosa Tierra, la Diosa femenina para que me deje siempre la piel así de impoluta, sin arrugas, sin rastros de sufrimiento. Lo que he hecho es pintarme un retrato y mientras el lienzo envejece, YO soy perpetuamente bella en una juventud eterna, una rosa inmortal para poetas. Debería ser la musa de todo escritor. Mi cara es divina de la muerte. No parezco humana sino recién salida de la fragua de Platón, modestia aparte. YO lo valgo más que Loreal. Voy a ser YO. Es un placer haberme conocido.

Nunca había escrito en un diario, pero siempre me ha dado envidia Ana Frank, lo famosa que se hizo con su diario. Quizá deba reconocer que lo pasó un poco mal encerrada en su cuarto de atrás y además tenía esa desgracia de ser judía y de ser llevada a un campo de exterminio que es tan poco chic, y tan poco glamoroso eso de ser judía, pero lo importantes es que se hizo famosa, ¿saben?. Ósea que YO QUIERO SER FAMOSA, siempre lo he querido, lo supe desde chiquilla. Recuerdo a mi madre haciendo la cena... YO me travestía con disfraces que sacaba del baúl del desván y montaba números de baile, imitaciones de Grace Kelly, les montaba en medio del dormitorio una revista española, un cabaret francés y un music hall yanqui, todo en uno. Vivía histérica desde que vi Fama por la Tele, también veía Hombre Rico, Hombre pobre (YO tenía claro en que piso quería estar) He chupado muchísima tele, casi todo telenovelas (para aprender el método de improvisación de Stalinlasky) y las series. En todas las series salían profesionales liberales triunfadores; abogadas tipo MC Beall, periodistas, compañeros, sicólogos, asistentes sociales... (también había series de fontaneros y familias obreras, pero eso era más chabacano que ver los Morancos)

En todas esas series las mujeres habían ascendido laboralmente a las grandes cúpulas de poder, hablaban por el móvil, cenaban en caros restaurants franceses, defendían casos judiciales o escribían en redacciones de importantes periódicos en “New York”.  Llegaban a su piso urbano, metro-politano, cosmo-politano y una asistenta las tenía ya lista el menú vegetariano. Esa era la vida que quería llevar. Tenía que emular a las grandes estrellas, situarme en el firmamento junto a Dietrich, Ava Gadner y otras actrices a las que recortaba la foto del Fotogramas para pegarlas en el corcho de mi habitación. Tenía en el cuarto unas estrellas pegadas al techo y esos recortes de famosos por toda la habitación, y posters de Andy Warhol, y de grupos pop de los años 80.

Ahora una de las series que más me gusta es Upa Dance. No tenía muy claro en que ramo de ese abanico que es la Fama iba a triunfar. Eso es lo de menos, talento derrocho desde que me puse las tetas siliconadas y me teñí el pelo de rubio imitando a Marta Sánchez, a Madonna o a la travestí de Divine, vaya usted a saber. Me puse unas mechas moradas para trasgredir un poco cual Alaska, también me ecaucheté los labios para hacerlos más sensuales.

Me convertí en una mujer artificial, tan maquillada que sufrí una verdadera crisis de identidad. Ya no sabía quien era, fijo que no era un alma (soy atea de la movida madrileña, faltaría plus) y tampoco un cuerpo autentico, sino un residuo de la cirugía quirúrgica y una víctima de la cosmética probada con animales. YO era El Cuerpo, pero no mi cuerpo. Era la novia de España. (En Euskera España es labio, yo sólo era unos labios superiores e inferiores siempre abiertos)

Así que fui al siquiatra de la seguridad social, me hice adicta al prozac, el lexatín, las pastillas de ácido, las pirulas, el LSD, las pastillas, las terapias de grupo, las reuniones de alcohólicas anónimas, las aspirinas para la cabeza, para dormir, para despertarse, los estimulantes, los relajantes, los antidepresivos...

Los sicólogos hicieron de mí una drogata. Me metía rayas en los baños de esos bares de la Gauche Divine (la movida barcelonesa) Ligaba con los patrocinadores, los promotores, los editores, los directores de TV, los periodistas... Mi mundo laboral no necesita conocimientos sino contactos, no importan ser tal cosa sino aparentar tal otra, tener buena presencia, un par de tetas, fingir educación en las fiestas y desvergüenza en los moteles.Me acuesto todas las noches echándome unas gotas de Channel. Soy toda modestia pero yo diría que cuando Rubén Darío hablaba de una flor de pitiminí se refería a mí. Sí, dicen que soy flor de un día, pero las rosas de la belleza somos eternas, nunca nos deshojamos ni podrimos, siempre florecemos aunque los campos estén yermos. Sólo quería dedicarme a mi misma estas reflexiones.

Hoy voy a fumar menos, diario, voy a seguir muy en serio la dieta de adelgazamiento, voy a buscar y encontrar marido. Me ha dado envidia el diario de Bridty Jones y por eso escribo en un diario... ¡es tan cool escribir en diario! ¿Verdad, Cathy, querida amiga imaginaria? ¡Tiene tanto glamour escribir en un diario rosita! 

Hoy me he puesto muy divina, chicas, con una pieza chaqueta de zara que imita un diseño de Versace y una falta tubo chic y un fular algo hipioso y sesentayochista.Me he colgado la cadenita de oro de mi abuela y un collar étnico hecho por niños sarawais, y unas zapatillas Leli Kelly, made in Indonesia. He desayunado un café con leche y una napolitana en el VIP de la Gran Vía. Me gusta este café porque es el mejor de la urbe y va mucha gente de la yet de la crem. 

Tengo una cara angelical, al menos eso dice mi fotógrafo, que como es gay tiene un gusto exquisito. Es que veréis, me he hecho un book para la agencia. Cuando ha acabado la sesión, me ha llamado uno de mis amantes. Quiere que ruede su película, ¿no es halagador?. Yo bien modosita como soy le he dicho que no, que no me veo haciendo de Nora, la de Casa de Muñecas de Ibsen. ¡A ver si me estaba llamando Barby o qué! ¡Nos han merengado!. Yo no soy una mujer objeto- florero, faltaría plus, que tengo 3 másters de artes escénicas en la escuela de Cristina Rocha, por favor, donde vamos a parar. Y me he educado en el Colegio Estilo de Madrid para princesitas. Y he asistido a clases del Actor´s Studio, cuando James Dean y Marylin aún no habían nacido. ¿Qué se creerán? Yo soy una diva, una reinona, una autentica dama.  Deambulo por el boulevard pensando en mis cosas, en la cita de la pelu, con el fisio, la manicura, la clase de danza clásica... Buff, qué estrés sólo de pensarlo. Hoy no he hecho nada de eso. Simplemente me he venido al vips y he escrito otro poemilla. Me ha salido chachi del pirulí. Me estoy convirtiendo en una Silvia Plath como quien no quiere la cosa. El primer verso dice así y hay que leerlo con tono dramático e impostada pose soñadora:

“Las estrellas en la noche tiritan de frío.

No me mires. Me siento observada. No me mires. No me mires.

No me mires que me quemo en el infierno de los Otros.

Soy una rosa en un mundo de espinas. 

Me siento el centro central del universo constelar.

Mi sonrisa luminiscente cae a todos bien en el bar. 

Pero tú me miras mal y me llamas cabeza loca

Y YO me quiero morir con sobrechute de pastillas juanola”

Me he dado cuenta de que no tengo ni perra que me ladre en mis penas. ¡Cómo me gustaría una caniche a la que vistiera con atuendos rosas, la pondría a la moda, haría de la perra una mujercita, una chica de mundo, un ángel de la noche.! ¡La abrazaría fuerte, fuerte, hasta aplastarla casi, la besaría el hocico...! Pero no, moriré solterona, gorda, hinchada de palomitas mientras veo una remasterizacíón de Casablanca por el DVD, y me devoran los perros pastores de la vecina. Los gatos de toda vieja solterona se mearan en mis carnes, mi cuerpo perfecto (mis reales me costó) se lo comerán los bichos, y mientras mi cadáver se desintegra seguirán echando Tómbola por la Televisión. 

Y encima en ese programa estarán poniéndome a parir, que siempre me ponen verde.  Dicen que si sigo adelgazando así me voy a fundir con el éter. Me alimento todos los días de sombras, sí, aunque también tomo cafés. Me refugio en las esquinas. Me siento encerrada entre cuatro paredes. ¡Que agobio! Es una sensación claustrofóbica y kafkiana. Estoy dentro de un cuadro. Soy un maniquí encerrado en un escaparate. Tengo anorexia, bulímica y otros trastornos alimenticios... Los obreros sólo se han fijado en mis piernas porque casi provoco un accidente automovilístico. Me he quedado traspuesta del café, mirando un escaparate toda embobada. A esa tienda ya no entro porque tiene demasiada ñoñeria y me siento una “des-classé”. El caso es que no miraba los modelitos, chicas, miraba al maniquí.

Tan alto, tan rubio, tan vetusto como edificio del parlamento inglés ese, donde murió Lady Dí (que vaya desolación, hija, que me entró ese día fatal). Ese maniquí era un hombre y no lo que me hace el amor por ahí, pensé. Además los maniquís los he sentido vivos, más vivos que yo que sólo soy una fantasma cursi. Me he quedado helada, porque el fular no abriga nada y mis pechos se han estremecido.

Soy la mujer invisible, la mujer impasible, la mujer de hielo, la mujer de nieve (como el cuento de Andersen), la mujer de escarcha que cualquier soplido del viento derribaría. Creo que tengo mi corazoncito, no sé, que no soy una mujer tan artificial, ¡no soy una mujer de hojalata!. No, lo sé, a veces siento mi cuerpo de plástico, igual que una hamburguesa del Mc Donald, siento mi cuerpo chicle, mi cuerpo y mi pensamiento débil, mi cuerpo blandiblú. Sí, soy una MUJER- MASA.

Oh, que triste, querida Cathy imaginaría, creo que nunca más voy a escribir en un diario. Me he puesto estupenda y filosofea y se me ha corrido el rimel, ¿sabes?, ósea ¡que fuerte, tía, yo que no lloraba desde la muerte de Lady Dí...!  Perdona, Cathy, pero he de ir al mejintorio, nunca me ha gustado llorar de verdad delante de mi público. Dispensen a Candy, y no se preocupen, que la función siempre ha de continuar.

Estoy en mi camerino por si quieren enviarme esas rosas rojas que ustedes mandan. Hoy las estrellas en el cielo han dejado de brillar y este crepúsculo de las diosas me ha hecho llorar. No quiero ser una vieja gloria, no quiero apestar a carmín y a viejas fotos en technicolor firmadas para mis fans, no quiero seguir fumando en narguile sobre mis jóvenes mantenidos, no, no quiero acabar mis días añorando otros tiempos como una vieja gloria a la que en todos los castings la dan ya sólo yates, ya te llamaremos.

GRAN OJO

Mi abuela dijo que quería salir a comprar nueces y una sopa. – pero abuela, hoy es domingo- mi abuela dijo tajante; - yo esperaba haberme muerto para mi santo pero como sigo viva no sé que hacer. Y se retorció en el sofá, como una niña o una gatita, parecía lógico; seguir viviendo cuando uno ya se ha hecho a la idea de que esta esperando a la muerte. Esperando a la muerte, que palabra.

Don Gonzalo se sabía el nombre de todas las calles. Había leído tantos libros, tantas bibliotecas que no le cogían en ninguna empresa, los amigos se reían de él al verle sólo por la calle, un poco perdido, paseando por las calles, refugiado en su soledad.

El bulto parece preocupante. Parece ser un hematoma de primer grado.- yo diría que es un ojo, interrumpió la madre. Sí, ya se ve que es un ojo, estaba intentando darle el nombre técnico. Cuando Optius despertó tenía en toda la frente un enorme ojo. La madre pensó al principio que se lo habría pintado con algo, pero no... Igual era un cromo, un tatuaje, pero no, lo palpó y era viscoso, se trataba de un enorme ojo, crecido en medio de sus otros dos ojos y entre la frente....una enorme frente estropeada por un inoportuno ojo. El médico no sabía que decir. De repente el ojo un día en casa parpadeó. Y al día siguiente el ojo había crecido unas milésimas más, apenas perceptibles. Y luego creció más y más y más. - dios mío, el gran ojo se va a comer a mi niño. Cuando se quisieron dar cuenta ya era tarde, el gran ojo había devorado toda la cara del niño. Sólo quedaba extirparlo, pero si lo extirpaban perdían al niño. Pensó la gente que el ojo lo habían enviado los marcianos, otros que el tercer ojo simbolizaba a Dios o el ojo del culo. Un sicoanalista opinó que el tercer ojo era el subconsciente, el ojo de la sociedad que nos juzga. Todo el mundo tenía la explicación perfecta de porque le había surgido un ojo en la frente. Lo que nadie sabía es que el niño había soñado la noche anterior con un enorme catalejo desde el que observar el mundo. Había pedido en sueños a los reyes magos un ojo enorme para que nada del mundo pudiese escapársele de la vista. El sueño se había cumplido. Cuidado con lo que sueñas porque puede cumplirse. El ojo del gran hermano era demasiado ambicioso. Es el ojo que nos ve a todos y que se come las caras de los niños con sueños.

 

 

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