martes, 13 de febrero de 2018

POEMAS DE CARNAVAL



Aquí van unos poemas celebrando el carnaval. En Clara Campoamor este viernes 9 hemos podido disfrutar de un espectáculo que mezclaba cuadros pictóricos del carnaval (como la plegaria de Francisco Llorens o cuadros flamencos) con piezas de música interpretadas por la orquesta municipal de Barakaldo (Klezier cannel spanker,  Hora stocato dionis o piezas del pianista Ferren Ferran)y los siguientes poemas que recojo. 

 
 


Canción de carnaval Rubén Darío
Musa, la máscara apresta,
ensaya un aire jovial
y goza y ríe en la fiesta
del Carnaval.

Ríe en la danza que gira,
muestra la pierna rosada,
y suene, como una lira,
tu carcajada.

Para volar más ligera
ponte dos hojas de rosa,
como hace tu compañera
la mariposa.

Y que en tu boca risueña,
que se une al alegre coro,
deje la abeja porteña
su miel de oro.

Únete a la mascarada,
y mientras muequea un clown
con la faz pintarrajeada
como Frank Brown;

mientras Arlequín revela
que al prisma sus tintes roba
y aparece Pulchinela
con su joroba,

di a Colombina la bella
lo que de ella pienso yo,
y descorcha una botella
para Pierrot.

Que él te cuente cómo rima
sus amores con la Luna
y te haga un poema en una
pantomima.

Da al aire la serenata,
toca el auro bandolín,
lleva un látigo de plata
para el spleen.

Sé lírica y sé bizarra;
con la cítara sé griega;
o gaucha, con la guitarra
de Santos Vega.

Mueve tu espléndido torso
por las calles pintorescas,
y juega y adorna el Corso
con rosas frescas.

De perlas riega un tesoro
de Andrade en el regio nido,
y en la hopalanda de Guido,
polvo de oro.

Penas y duelos olvida,
canta deleites y amores;
busca la flor de las flores
por Florida:

Con la armonía te encantas
de las rimas de cristal,
y deshojas a sus plantas,
un madrigal.

Piruetea, baila, inspira
versos locos y joviales;
celebre la alegre lira
los carnavales.

Sus gritos y sus canciones,
sus comparsas y sus trajes,
sus perlas, tintes y encajes
y pompones.

Y lleve la rauda brisa,
sonora, argentina, fresca,
¡la victoria de tu risa
funambulesca!
Carnaval viejo loco Gabriele D’Annunzio
Carnaval viejo loco
vendió su colchón
para compran pan y vino
espaguetis y salchichón.
Como un glotón comió
una montón de roscas fritas
le creció tanto la panza
que parece una balanza,
tomó, tomó y al rostro
el rojo se le subió.
La barriga le explotó
comió, comió y no paró.
El martes termina el Carnaval
y le hacen un funeral,
porque del polvo nació y al polvo regresará.

La rueda de las máscaras
Gira, gira el Carnaval
viaja y baila en todo el mundo.
Gianduia de Turín y Meneguelo que es de Milán
Pulichinela, Colombina,  Arlequín
Briguela enamorada y el avaro Pantalón,
Pepe Nana el comelón se come un turrón.
Gira, gira el Carnaval
con títeres y marionetas
con disfraces y carretas
llevando trucos y alegría
llevando un costal de mentiras.



Francisco García Jiménez carnaval

¿Sos vos, pebeta? ¿Sos vos? ¿Cómo te va?
¿Estás de baile? ¿Con quién? ¡Con un bacán!
¡Tan bien vestida, das el golpe!...
Te lo digo de verdad...
¿Habré cambiado que vos, ni me mirás,
y sin decirme adiós, ya vas a entrar?
No te apresures.
Mientras paga el auto tu bacán,
yo te diré:

¿Dónde vas con mantón de Manila,
dónde vas con tan lindo disfraz?
Nada menos que a un baile lujoso
donde cuesta la entrada un platal...
¡Qué progresos has hecho, pebeta!
Te cambiaste por seda el percal...
Disfrazada de rica estás papa,
lo mejor que yo vi en Carnaval.

La vida rueda... También rodaste vos.
Yo soy el mismo que ayer era tu amor.
Muy poca cosa: un buen muchacho,
menos plata que ilusión.
Y aquí en la puerta, cansado de vagar,
las mascaritas al baile miro entrar.
Vos entrás también
y la bienvenida, a media voz,
yo te daré.

Divertite, gentil Colombina,
con tu serio y platudo Arlequín.
Comprador del cariño y la risa,
con su bolsa que no tiene fin.
Coqueteá con tu traje de rica
que no pudo ofrecerte Pierrot,
que el disfraz sólo dura una noche,
pues lo queman los rayos del sol.

Alexis Díaz pimienta diez poemas de fiesta de disfraces

FIESTA DE DISFRACES


Nadie sabe el tamaño de su cara.
Jorge Luis Borges
I
La vida es una fiesta de disfraces
en un cuarto de espejos invertidos
y nos probamos máscaras y frases
y risas y disgustos y vestidos
y besos y zapatos y antifaces
y libros y condones y latidos
y corbatas y miedos y qué haces
y cómo estás y miércoles y olvidos.
La vida es una fiesta de disfraces
con máscaras y rostros confundidos,
con espejos farsantes y veraces,
con ojos sordos y ciegos oídos.
La vida es una fiesta de disfraces:
eterna danza entre desconocidos.

II


Todos somos —no quieran engañarse—
maniquíes con voz. En mí se prueban
sus máscaras los otros, los que llevan
la mía en el costal para cambiarse.
Todos somos —no intenten revelarse—
esclavos de una imagen que renuevan
en voz baja los otros, los que aprueban
o desaprueban cómo hay que portarse.
Yo tengo un rostro aquí y otro mañana.
Tú tienes otra máscara debajo.
Todos somos de cuarzo o porcelana.
Todo rumbo hacia el rostro es un atajo.
Entre el vidrio y la cara, el vidrio gana.
Barajas con azogue: Yo barajo.

III (Llegada de un intruso)

Se ha colado en el baile un atrevido
con la cara al desnudo, y por supuesto
le hemos negado hasta el saludo: un gesto
bastó para entender lo sucedido.
¿Y sus máscaras qué?, ¿se le han perdido?
¿es temerario?, ¿es un suicida presto
a que lo reconozcan? Indispuesto
cambié de máscara y seguí escondido.
Se detuvo la música. En los vasos
se evaporaron vinos y cervezas.
No se sintieron sístoles ni pasos.
No se movieron manos ni cabezas.
El atrevido, al fin, cayó en pedazos
y el baile continuó sobre sus piezas.

IV (Resignación del reo)


Y compartimos panes engañosos
y rayamos el tiempo en las paredes
y hablamos en voz baja sobre ustedes
y nos creímos tipos peligrosos.
Todos los presidiarios son nerviosos,
peces violentos entre viejas redes.
Todo es de rayas —o rayarlo puedes—:
la ropa, el agua, el pan, los calabozos.
Todo es oscuro: el hambre, el sexo, el miedo,
el silencio, las fotos familiares.
Todo es húmedo y hosco. Con un dedo
decides entre gozos y pesares.
Vete, sol. Fuera, viento. Yo me quedo.
Perdí el rostro de entrar a otros lugares.

V (Carpe diem)

Todas los días a la misma hora
unos se visten, otros se desnudan,
unos dicen adiós, otros saludan,
alguien ríe a mansalva, y alguien llora.
Todos los días a la misma hora
unos afirman ser lo que otros dudan,
unos fijan su sitio, otros se mudan,
alguien dice “después” y alguien “ahora”.
Cada día, en el mismo instante escaso,
alguien lee un poema, alguien lo escribe,
alguien deja de andar, alguien da un paso,
alguien da besos, alguien los recibe,
alguien muere, alguien nace... pero acaso
todos los días el Ayer prescribe.
VI

Quien fabrica las máscaras no sabe
a qué rostro se encuentra destinada
cada una; trabaja sin mirada,
no las quiere mirar, mientras no acabe.
El que vende las máscaras ignora
su precio verdadero; sólo sabe
que mientras más costosas es más grave
el secreto a ocultar, la tez traidora.
El que compra las máscaras no piensa
en el lúdico susto, ni en la forma,
ni siquiera en el precio y la medida.
Compra una máscara y otra y otra: inmensa
colección que la vida le transforma
en una y otra y otra y otra y otra vida.

VII


Quien fabrica las máscaras se presta
a ver al vendedor, que lleva otra,
y éste, a su vez, cuando lo ve se empotra
en un nuevo modelo: otra propuesta.
Quien las compra —si hay fiesta o por si hay fiesta—
encuentra en el camino a otros viandantes
enmascarados, álteres, mutantes,
que ya no saben bien cuál llevan puesta.
En el mercado de las apariencias
está mal visto el regateo, incluso
está mal visto hablar de diferencias.
Todo máscara implica cierto abuso.
Todo espejo disuelve las anuencias.
Todo rostro es El Rostro con el uso.

VIII


Si un rostro sólo es rostro con el uso
y el hombre cada día se enmascara,
¿quién sabe dónde está mi última cara?,
¿quién la encontró olvidada y se la puso?
Yo me parezco a cierto joven ruso
que se parece a un jeque mahometano
que se parece a un negro coreano
que se parece a un indio bielorruso
que se parece a un carpintero griego
que se parece a un niño blanco en canas
que se parece a un maquinista ciego
que se parece a un cantador de nanas
que se parece a un pescador gallego
que se parece a mí por las mañanas.

IX


Por la mañana no nos parecemos
al ser que fuimos antes de acostarnos.
Llegamos al espejo y al mirarnos
a duras penas nos reconocemos.
Nos asustamos o nos sorprendemos
(según nuestra afición a enmascararnos)
y en baja voz solemos preguntarnos:
¿De dónde usted y yo nos conocemos?”
Por la mañana (legañoso todo:
dentífrico, agua, vidrio, enjabonarse),
todos somos el otro, el del apodo,
el que temía, incluso, enmascararse.
Por la mañana nadie encuentra el modo

de saber si es o no quien fue a acostarse.

 

X

Encaprichóse cierto fabricante
en hacer un modelo diferente:
máscaras de perfil (nada de frente,
basta ya de escondernos por delante).
Máscaras de perfil: rostro menguante.
Máscaras de perfil: la prominente
nariz, la bemba, el pómulo saliente,
la barbilla, la oreja… “Es importante
-argumentaba- enmascarar los lados,
protegernos de atisbos tangenciales”.
Desde entonces, bailamos más confiados,
mazurcas de perfil, vals diagonales,
transversales y oblicuos zapateados,
tan felices, tan otros, tan iguales.
XI
Uno llega a la fiesta y lo primero
que hace es quitarse el rostro, sacudirlo,
voltearlo, colocarlo en un perchero
y hacerle una marquita (sin decirlo).

La marca es por si llega un forastero
sin máscara y sin rostro, y quiere asirlo.
La marca es por si acaso, por si pero,
por si bueno, por si hay que readmitirlo.

La marca es por si el rostro, licencioso,
pretende irse con otro enmascarado.
La marca es porque un rostro es peligroso
si sabe que no está identificado.

Uno llega a la fiesta y lo primero
que hace es quitarse el rostro, sacudirlo,
voltearlo, colocarlo en un perchero
y hacerle una marquita (sin decirlo).

XII

No sé cuál es la cara que me mira
cuando miro la cara del espejo.

J. L. Borges

En esta fiesta todo el mundo aplaude
y asiente y bebe y vitorea incluso.
Ya nadie sabe dónde empieza el fraude,
o si hay fraude o no hay. Alguien dispuso
un baile… y ya… Después nadie sospecha
que hay vida en el espejo del lavabo.
Nadie sabe por qué, lugar, ni fecha.
Tú empiezas, ella sigue, y él/yo acabo.
En esta fiesta todo el mundo bebe,
hay sexo en cantidades industriales,
se fuma cuanta hierba el otro pruebe.
Después todos los rostros son iguales.
Después… ya sabes: todo el mundo debe
limpiar el vidrio de ojos residuales.

XIII

En el espejo del lavabo viven
todos los rostros que se vieron antes,
apisonados, rotos, intrigantes,
parásitos de luz que sobreviven
a merced de la cuota que reciben
de caras nuevas cada dos instantes.
Catálogo de impávidos semblantes,
ojos que ante los otros no se inhiben.
Reclusos en el vidrio, todos vamos
quedando cada vez que nos miramos,
presos de otros espejos, acechantes.
Al menos en mi casa (acostumbrados)
viven en el espejo, apisonados,
todos los rostros que se vieron antes.


El carnaval Manuel Machado, Pierrot y arlequín
Pierrot y Arlequín,
mirándose sin
rencores,
después de cenar,
pusiéronse a hablar
de amores.
Y dijo Pierrot:
¿Qué buscas tú?
«¿Yo?…
¡Placeres!»
«Entonces, no más
disputas por las
mujeres.
Y sepa yo, al fin,
tu novia, Arlequín…»
«Ninguna.
Mas dime, a tu vez,
la tuya.»
«¡Pardiez!…
¡La Luna!»
MANUEL MACHADO
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Alegría de carnaval Leopoldo luganes
PlegarÍa de carnaval

¡Oh luna! que diriges como sportwoman sabia
Por zodíacos y eclípticas tu lindo cabriolé:
Bajo la ardiente seda de tu cielo de Arabia
¡Oh luna, buena luna!, quién fuera tu Josué.

Sin cesar encantara tu blancura mi tienda,
Con desnudes tan noble que la agraviara el tul;
Oh extasiado en un pálido antaño de leyenda
Tu integridad de novia perpetuara el azul.

Luna de los ensueños, sobre la tarde lila
Tu oro viejo difunde morosa enfermedad,
Cuando en un solitario confín de mar tranquila,
Sondeas como lúgubre garza la eternidad.

En tu mística nieve baña sus pies María
Tu disco reproduce la mueca de Arlequín,
Crimen y amor componen la hez de tu poesía
Embriagadora y pálida como el vino del Rhin.

Y toda esta alta fama con que elogiando vengo
Tu faz sietemesina de bebé en alcohol,
Los siglos te la cuentan como ilustre abolengo,
Porque tú eres, oh luna, la máscara del sol.
Carnaval delmira agustini
Frúfrúes, tin tines,
. . . . . .Sedas, cascabeles,
. . . . . .Collares de risas,
. . . . . .Chillidos alegres !
.
. . . . . . . . . .-¿ Quién es ?... Adelante !
. . . . . .- Soy yo... Carnaval !
. . . . . .( Tintines, perfumes,
. . . . . .Reir de cristal .)
.
. . . . . . . . . .Vibrante mancebo
. . . . . .De vívidos ojos,
. . . . . .( Cuentas, lentejuelas,
. . . . . .Cintarajos rojos .)
.
. . . . . . . . . .- Que buscas ? - Tus rimas,
. . . . . .Verás cual se alegran !
. . . . . .Darelas sonrisas,
. . . . . .Y flores y perlas !
.
. . . . . . . . . .Entre finos pajes
. . . . . .Y suaves duquesas,
. . . . . .Y blancas pelucas
. . . . . .De antiguas princesas;
.
. . . . . . . . . .Risas, jugueteos,
. . . . . .Estallar de flores !
. . . . . .Luchas perfumadas !
. . . . . .Lluvias de colores !
.
. . . . . . . . . .Saltando en los labios
. . . . . .De extraña careta,
. . . . . .El chiste que punza
. . . . . .Como una saeta !
.
. . . . . . . . . .Jugando en el baile
. . . . . .El pie de satín,
. . . . . .Lloviznen los labios
. . . . . .Perlado reir !
.
. . . . . . . . . .Hervor de champaña,
. . . . . .Chocar de cristales,
. . . . . .Crujidos de sedas
. . . . . .Y risas triunfales.
.
. . . . . . . . . .Collares, diademas,
. . . . . .Y cintas y tules,
. . . . . .Y estrellas doradas,
. . . . . .Y cuentas azules !
.
. . . . . . . . . .( Tin tines, perfumes,
. . . . . .Perlado reir .)
. . . . . .- Por qué estás alegre ?
. . . . . .- No sé !.. Porque sí !
.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
.
. . . . . . . . . .- Ya tienes mis rimas,
. . . . . .Muñeco sonoro,
. . . . . .Yo adoro tu charla,
. . . . . .Tus risas adoro,
.
. . . . . . . . . .Tus cuentas chillonas
. . . . . .Y tus lazos rojos,
. . . . . .Mas dime: ¿ tu alma ?
. . . . . .- Ven ! Mira en mis ojos !
.
. . . . . . . . . .Miré, busqué el fondo
. . . . . . Con rara ansiedad,
Vi un pozo muy frío, muy negro, muy hondo,
Y dentro la horrenda serpiente del mal !
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . .( Tin tines, perfumes,
. . . . . . . .Reir de cristal

Reír llorando de Juan de Dios Peza (Garrit fue un personaje histórico, un actor inglés)
Viendo a Garrik actor de la Inglaterra
el pueblo al aplaudirle le decía:
«Eres el mas gracioso de la tierra
y el más feliz...»
Y el cómico reía.

Víctimas del spleen, los altos lores,
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores
y cambiaban su spleen en carcajadas.

Una vez, ante un médico famoso,
llegóse un hombre de mirar sombrío:
«Sufro le dijo, un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.

»Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única ilusión, la de la muerte».

Viajad y os distraeréis.
¡Tanto he viajado!
Las lecturas buscad.
¡Tanto he leído!
Que os ame una mujer.
¡Si soy amado!
¡Un título adquirid!
¡Noble he nacido!

¿Pobre seréis quizá?
Tengo riquezas
¿De lisonjas gustáis?
¡Tantas escucho!
¿Que tenéis de familia?
Mis tristezas
¿Vais a los cementerios?
Mucho... mucho...

¿De vuestra vida actual, tenéis testigos?
Sí, mas no dejo que me impongan yugos;
yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos mis verdugos.

Me deja agrega el médico perplejo
vuestro mal y no debo acobardaros;
Tomad hoy por receta este consejo:
sólo viendo a Garrik, podréis curaros.

¿A Garrik?
Sí, a Garrik... La más remisa
y austera sociedad le busca ansiosa;
todo aquél que lo ve, muere de risa:
tiene una gracia artística asombrosa.

¿Y a mí, me hará reír?
¡Ah!, sí, os lo juro,
él sí y nadie más que él; mas... ¿qué os inquieta?
Así dijo el enfermo no me curo;
¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta.

¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el actor suicida,
sin encontrar para su mal remedio!

¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora,
el alma gime cuando el rostro ríe!

Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma,
un relámpago triste: la sonrisa.

El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto
y también a llorar con carcajadas.

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