martes, 13 de febrero de 2018

RAYMOND QUENEAU

 “La primera regla para desatar la creación en el Oulipo es la constricción, imponer una limitación final para lograr saldas creativas, me doy reglas para ser totalmente libro”. Raymond Queneau.  
Raymond Queneau nace en el Havre, en el norte de Francia, en 1903. Murió en París en el 76. A los 57 años crea el grupo de Oulipo, en el 60. Es un escritor peculiar y poliédrico. Su interés fue explorar los recursos ilimitados que ofrece el lenguaje desde una absoluta libertad. Estudió filosofía en la Sorbona. Le interesa el juego verbal, la ruptura con la tradición y las normas establecidas, la innovación a través de rehacer el lenguaje. Le interesa la polisemia, los múltiples significados, la misma palabra se dice en diferentes sonidos. Hace juegos fonéticos, de sonido. En francés el campo está más abierto que en castellano. Hay cosas distintas que se dicen con sonidos parecidos. Es creador a través del lenguaje. Es proclive a crear arcaísmos neologismos palabras inventadas por el. introduce el lenguaje coloquial de la calle en la literatura, el neo francés. En Francia hay una gran diferencia entre el lenguaje literario y el coloquial. Se hace uso literario de términos del lumpen, del argot. Como prueba de ese gusto por los juegos de palabras una de sus novelas principales se titula chene et chien, ósea roble o encina y perro. Es su autobiografía novelada donde nos cuenta su vida, pero en verso. En cuartetos con rimas la primera con la cuarta y la segunda con la tercera en asonante. Es una restricción más. En castellano no rima y pierde mucho con la traducción. Usa la fonética, la sonoridad de las palabras. Es difícilmente traducible.

 
Otro juego de palabras con que se definió literaria y humanamente era según sus palabras que en su vida se debatía “entre lo provisionalmente definitivo y lo definitivamente provisional. Hace juegos conceptuales, de sonidos, era muy aficionado a ellos. Es iconoclasta, no un amante de las certezas y seguridades. Entre 1924 y 29 participa en el grupo surrealista, pero salió escarmentado del grupo porque a diferencia del Oulipo el surrealismo dependía en gran medida del criterio arbitrario de una persona. André Bretón era el papa que planteaba si unas cosas eran surrealistas y otras no y muchos fueron expulsados del movimiento surrealista. Su concepción de la literatura era más libre que el surrealismo. Viajó a Marruecos, Portugal, Grecia…

 
Fue amigo de Henry Miller, el novelista norteamericano de los “trópicos”. Trabajó en el ámbito editorial y periodístico. Trabajó en la editorial Gallimard, principal editorial francesa y fue miembro de su comité de lectura, decidiendo que publicar y que no. Fue director durante 20 años de la Pléyade, la colección Gallimard de clásicos franceses. Era una editorial que seguía el canon de la literatura francesa y él con lo iconoclasta que era, se notaría su mano en la editorial. Pasó por un periodo de preocupaciones de orden existencial y, por último, fundaría un lenguaje nuevo y original, que recuerda un poco al de Joyce, del que forman parte la fantasía, el humor, el argot y el inagotable caudal de interpretaciones al que conduce la polisemia lingüística. En 1938 comenzó a colaborar en la Encyclopédie de la Pléiade, cuya edición coordinó durante 20 años (1955-1975), y en 1951 fue elegido miembro de la Academia Goncourt.

  
Escribió letras de canciones para Juliette Greco. Y fue amigo de Boris Vian, que era trompetista y amante de los cabarets y el jazz. Hizo guiones para películas, como la muerte en el jardín de Buñuel. Fue traductor de obras americanas al francés. Perteneció a un grupo yn tato peculiar y extraño que era la escuela pata física, creada por Alfred Jarry, dramaturgo y novelista autor de Ubú Rey, a principios del siglo XX. Es la ciencia de las soluciones imaginarias. A este grupo ha pertenecido Eugene Ionesco, el autor del teatro del absurdo o Boris Vian, Marcel Duchamp, o el pintor Jean Dubuffet. Es un grupo de artistas variopintos que pretenden potenciar el sacar la pata y dar la nota con una concepción del arte que no fuera excesivamente pomposa, seria o académica. En el monográfico de escritores raros lo veremos. Participó en la resistencia a la ocupación francesa por los nazis y allí conoció a Francis le Lionnais. A pesar de ser escritor perteneció a la sociedad matemática de Francia pues amaba las matemáticas tanto como su amigo matemático la literatura.

 
Escribió novelas policiacas estrambóticas con el seudónimo femenino de Sally Mara. No era parisino, pero era amante de París. Colaboro en varios periódicos escribiendo sobre la toponimia, los lugares, rincones y la historia de París. Y trabajó en la televisión y radio publica francesa creando programas de arte. Su principal influencia fueron los tebeos. Escribió un ensayo al que dedicó mucho tiempo, era una investigación sobre los locos escritores, a veces locos entre comillas. Acabaron siendo escritores marginales. Había una conexión entre genialidad y locura. El primer hombre fue un mono que se volvió loco. Escribe la enciclopedia de las ciencias inexactas. No pudo publicarlo como tal, pero introduce fragmentos de esta obra en los hijos del limón. No tenia esa idea de escritor como personaje sometido a las musas, e iluminado por la inspiración, sino que concebía al escritor como un artesano del lenguaje. Su obra está llena de humor y desmitifica, “es una saludable cura de adelgazamiento para las pomposas pretensiones de la literatura que aún se dan”. Sucede hoy mismo esta retórica de la que él huye. “Cuando afirmo algo la afirmación contraria me parece igualmente necesaria, cuando termino un articulo me intereso por lo que acabo de negar”. En el fondo de su obra hay un punto escéptico y pesimista usando el humor y la risa como arma irreverente. Tiene una visión descreída de la humanidad. La historia es la ciencia de la desgracia de los seres humanos. Solo hablan de eso. Sin ese desgarro no habría nada que contar. Lo que importa no es como acaba, si bien o de forma trágica, sino las aventuras y peligros que les pasan pues toda narración nace de la desgracia humana.

 
Le grama (1933), en la que aparece ya la preocupación lingüística que sería determinante en toda su obra, Encina y perro, del 37, es su autobiografía en verso rimado. En las dos traducciones en castellano no está rimado. 100 billones de poemas son 16 sonetos de 14 versos, cada verso tiene una lengüeta que permite hacer combinaciones y permutaciones. A partir de esos sonetos hay un 10 a la 14, ósea que forman 100 billones de poemas. Se tardan 45 segundos para leer cada soneto y 15 segundos para la lengüeta. Se necesitarían 190 millones de años para leer todos los poemas posibles. Sin tener en cuenta los años bisiestos y otras variables importantes. Le salía el matemático que llevaba dentro. Necesitamos 190 millones de años libres. Se publicó en castellano hace dos años en una edición bonita y como homenaje. Hay textos sobre el y sus poemas de escritores españoles y la edición es de pasta dura. Sería un regalo para un cumpleaños y para todos los que te quedan en tu vida. ¿para qué regalar una biblioteca en e-book? Mejor este libro.

Ejercicios de estilo es su libro más conocido. Hay una explicación en el prólogo. No se lo planteó al principio así. Quería escribir lo mismo de diferentes formas. El fue el primero en usar estos juegos. Investiga en qué es lo literario. Elige una anécdota tonta y la escribe de 99 formas distintas. Son ejercicios de estilo. No estan en ninguna sección de literatura en la biblioteca, sino que se encuentra a veces en la de lingüística o libros de ejercicios (rubio). En la biblioteca central está el libro, pero no saben donde está. Lo ha visto varias veces y tenía un ejemplar en su casa, pero lo prestó y ha volado. A Queneau esto le gustaría. Es un libro inclasificable. No saben ni donde lo han archivado. No está tampoco en la sección de textos teóricos del lenguaje en francés ni en lingüística ni en diccionarios. Si quieren vacilar a la bibliotecaria pregúntale por este libro.

 
También escribió las flores azules, mi amigo Pierrot del 42 (una falsa novela policiaca en un parque de atracciones. Con ella rinde homenaje a la retórica clásica. Luego escribe Los hijos del viejo limón en 1938), el perro con mandolina. Es muy prolífico. Si obra más conocida es Zazie en el metro escrita en el 59. Tuvo mucho éxito en Francia y Loui Malle un año después hizo una película sobre el libro. La traducción es de Fernando Sánchez Dragó y no respeta los diálogos, los tacos ni las palabras coloquiales. Es el ´único traductor en castellano. La novela está llena de palabras en jerga y palabrotas. Dragó se ha saltado todos los tacos. Ni siquiera la palabra con la que empieza se parece a la original. Es la historia de una niña de 12 años, muy cursi. Todos los personajes son monstruosos y exagerados. La madre ha ligado con un hombre y le endilga la hija al tío Gabriel. Ella quiere viajar en metro, pero el metro está en huelga. Conoce a unos personajes peculiares como son su tío o la mujer de su tío. También escribió pequeña cosmogonía portátil, un libro portátil sobre la creación del universo y del hombre en verso. Hay fragmentos traducidos al castellano. El mono y primate se trasformó en hombre y este luego desintegró el átomo. Te lo dice sin anestesia. Las dos novelas policiacas son siempre somos demasiados buenos con las mujeres del 47 o diario íntimo de Sally Mara del 62. Las dos novelas las firma como Sally y son una parodia de la novela negra americana. Se puede comprar en librerías y encontrar en bibliotecas. Nunca fue muy correcto escribiendo. En la traducción se han perdido muchas cosas. Es una novela picaresca pero enloquecida. Usa un francés incluso demasiado coloquial. Y juega con el lenguaje de la calle. Su traducción sería una rescritura pues hay que usar un lenguaje equivalente. El riesgo es que quede ridículo. Las palabras del argot se usan y luego pasan de moda. Por eso Dragó optó por hacer algo correcto y neutral. Los tacos se los salta. El castellano es más rico que el francés en tacos. La primera palabra es quien coño apesta tanto que se traduce como quien apesta así. También escribe El vuelo de Ícaro (1975). Entre sus libros de poesía destaca Bucólicas (1947), Pequeña cosmogonía portátil (1949-1950), de carácter paródico, la recopilación Cien mil millones de poemas (1961) y Moral elemental (1975). Pero la fama literaria de Queneau se debe, sobre todo, a su obra experimental Ejercicios de estilo (1947).
EJERCICIOS DE ESTILO:
"En el transcurso de los años treinta, estuvimos escuchando juntos (Michel Leiris y yo) en la sala Pleyel un concierto en el que se interpretaba el Arte de la Fuga. Me acuerdo que lo seguimos muy apasionadamente y que, al salir, nos dijimos que sería muy interesante hacer algo de ese tipo en el plano literario (considerando la obra de Bach, no desde el ángulo del contrapunto y fuga, sino como construcción de una obra por medio de variaciones que proliferaran hasta el infinito en torno a un tema bastante nimio".
En efecto, fue acordándome de Bach muy conscientemente como escribí Ejercicios de Estilo, y muy en especial de esa sesión de la sala Pleyel; pero, ¿era, seguro, antes de la guerra? En cualquier caso, fue mayo del 42 cuando compuse los doce primeros (que, además, han quedado como los doce primeros del libro); pensaba limitarme a eso y titulé este modesto intento Dodecaedro, porque, como es sabido, ese bello poliedro tiene doce caras. El director de una revista muy distinguida que aparecía entonces en zona llamada libre mayo del 42 y que me había pedido un «texto», me devolvió el Dodecaedro con aire consternado, incluso diría con tristeza, como si hubiese querido jugarle una mala pasada.
Aquello no me impidió continuar; en agosto del 42, en noviembre del 42, en julio del 44, una docena más se añadió a Dodecaedro. En febrero de 1945, La Terre n'est pas une vallée de larmes, publicación surrealista y belga dirigida por Marcel Mariën, publicó nueve de ellos con el título Ejercicios de Estilo; una nota decía: «El autor piensa, de este modo, "tratar el mismo asunto". -un incidente real, por lo demás, y trivial- de un centenar de maneras diferentes. Seguramente esos cien capítulos idénticos en cuanto al tema no dejarán de provocar, leídos en hilera (sic), algún efecto en el lector.» Esta nota la había redactado yo, por supuesto.
En el transcurso de 1945, escribí otros dieciocho que aparecieron en diciembre del mismo año en Fontaine. En resumidas cuentas, en tres años, había redactado menos de cincuenta; todo el resto fue liquidado durante el verano de 1946 en Isle-sur-Sorgue. Me detuve en los noventa y nueve, juzgando satisfactoria la cantidad; ni tanto ni tan calvo: el ideal griego, vaya."
Raymond Queneau, 1963

Notaciones
En el S, a una hora de tráfico. Un tipo de unos veintiséis años, sombrero de fieltro con cordón en lugar de cinta, cuello muy largo como si se lo hubiesen estirado. La gente baja. El tipo en cuestión se enfada con un vecino. Le reprocha que lo empuje cada vez que pasa alguien. Tono llorón que se las da de duro. Al ver un sitio libre, se precipita sobre él.
Dos horas más tarde, lo encuentro en la plaza de Roma, delante de la estación de Saint-Lazare. Está con un compañero que le dice: "Deberías hacerte poner un botón más en el abrigo." Le indica dónde (en el escote) y por qué.
 Relato
Una mañana a mediodía, junto al parque Monceau, en la plataforma trasera de un autobús casi completo de la línea S (en la actualidad el 84), observé a un personaje con el cuello bastante largo que llevaba un sombrero de fieltro rodeado de un cordón trenzado en lugar de cinta. Este individuo interpeló, de golpe y porrazo, a su vecino, pretendiendo que le pisoteaba adrede cada vez que subían o bajaban viajeros. Pero abandonó rápidamente la discusión para lanzarse sobre un sitio que había quedado libre.
Dos horas más tarde, volví a verlo delante de la estación de Saint-Lazare, conversando con un amigo que le aconsejaba disminuir el escote del abrigo haciéndose subir el botón superior por algún sastre competente.
 Vacilaciones
No sé muy bien dónde ocurría aquello... ¿en una iglesia, en un cubo de la basura, en un osario? ¿Quizás en un autobús? Había allí... pero, ¿qué había allí? ¿Huevos, alfombras, rábanos? ¿Esqueletos? Sí, pero con su carne aún alrededor, y vivos. Sí, me parece que era eso. Gente en un autobús. Pero había uno (¿o dos?) que se hacía notar, no sé muy bien por qué. ¿Por su megalomanía? ¿Por su adiposidad? ¿Por su melancolía? No, mejor... más exactamente... por su juventud, adornada con un largo... ¿narigón? ¿mentón? ¿pulgar? No: cuello; y por un sombrero extraño, extraño, extraño. Se puso a pelear -sí, eso es-, sin duda con otro viajero (¿hombre o mujer?, ¿niño o viejo?) Luego eso se acabó, concluyó acabándose de alguna forma, probablemente con la huida de uno de los dos adversarios.
Estoy casi seguro de que es ese mismo personaje el que me volví a encontrar, pero ¿dónde? ¿Delante de una iglesia? ¿delante de un osario? ¿delante de un cubo de la basura? Con un compañero que debía de estar hablándole de alguna cosa, pero ¿de qué? ¿de qué? ¿de qué?
 Retrógrado
Te deberías añadir un botón en el abrigo, le dice su amigo. Me lo encontré en medio de la plaza de Roma, después de haberlo dejado cundo se precipitaba con avidez sobre un asiento. Acababa de protestar por el empujón de otro viajero que, según él, le atropellaba cada vez que bajaba alguien. Este descarnado joven era portador de un sombrero ridículo. Eso ocurrió en la plataforma de un S completo aquel mediodía.
 Punto de vista subjetivo
No estaba descontento con mi vestimenta, precisamente hoy. Estrenaba un sombrero nuevo, bastante chulo, y un abrigo que me parecía pero que muy bien. Me encuentro a X delante de la estación de Saint-Lazare, el cual intenta aguarme la fiesta tratando de demostrarme que el abrigo es muy escotado y que debería añadirle un botón más. Aunque, menos mal que no se ha atrevido a meterse con mi gorro.
Poco antes, había reñido de lo lindo a una especie de patán que me empujaba adrede como un bruto cada vez que el personal pasaba, al bajar o al subir. Eso ocurría en uno de esos inmundos autobuses que se llenan de populacho precisamente a las horas en que debo dignarme a utilizarlos.
 Otro punto de vista subjetivo
Había hoy en el autobús, a mi lado, en la plataforma, uno de esos mocosos de los que no abundan afortunadamente porque si no, acabaría por matar a uno. Aquél, un muchacho de unos veintiséis o treinta años, me irritaba especialmente, no tanto a causa de su largo cuello de pavo desplumado como por la clase de cinta de su sombrero, cinta reducida a una especie de cordón de color morado. ¡Jo!, ¡el cabrón! ¡Cómo me cargaba! Como a esa hora había mucha gente en nuestro la autobús, aprovechaba los empujones de costumbre a las subidas o bajadas para hincarle el codo en las costillas. Acabó por largarse cobardemente antes de que o me decidiera a pisotearle un poco los pinreles para jorobarlo. También le hubiera dicho, para fastidiarlo, que a su abrigo demasiado escotado le faltaba un botón.
 Propaganda editorial
En su nueva novela, tratada con el talento que le caracteriza, el célebre novelista X, a quien debemos ya tantas obras maestras, se ha esmerado en presentar únicamente personajes muy matizados que se mueven en una atmósfera comprensible para todos, grandes y chicos. La intriga gira, pues, en torno al encuentro en un autobús del héroe de esta historia con un personaje bastante enigmático que se pelea con el primero que llega. En el episodio final, se ve a ese misterioso individuo escuchando con la mayor atención los consejos de un amigo, modelo de elegancia. El conjunto produce una sensación encantadora que el novelista X ha cincelado con notable fortuna.
Ignorancia
Yo, no sé qué quieren de mí. Pues sí, he cogido el S hacia mediodía. ¿Que si había gente? A esa hora, por supuesto. ¿Un joven con sombrero de fieltro? Es muy posible. Aunque yo no miro descaradamente a la gente. Me importa un pito ¿Una especie de galón trenzado? ¿Alrededor del sombrero? Comprendo, una curiosidad como otra cualquiera, pero, desde luego, no me fijo en eso. Un galón trenzado... ¿y se habría peleado con otro señor? Cosas que pasan.
Y, además, ¿tendría que haberlo vuelto a ver otra vez una o dos horas más tarde? ¿Por qué no? Hay cosas aún más raras en la vida. Precisamente, recuerdo que mi padre me contaba a menudo que...
Versos libres
El autobús
lleno
el corazón
vacío
el cuello
largo
el cordón
trenzado
los pies
planos y aplanados
el sitio
vacío
y el inesperado encuentro junto a la estación de mil luces apagadas
del corazón, del cuello, del cordón, de los pies,
del sitio vacío
y de un botón.
Amanerado
Eran los aledaños de un julio meridiano. El sol reinaba con todo su esplendor sobre el horizonte de múltiples ubres. El asfalto palpitaba dulcemente, exhalando ese tierno aroma de alquitrán que origina en los cancerosos ideas a la par pueriles y corrosivas sobre el origen de sus dolencias. Un autobús, de librea verde y blanca, blasonado con una enigmática S, vino a recoger, junto al parque Monceau, un pequeño pero agraciado lote de viajeros candidatos a los húmedos confines de la disolución sudorípara. En la plataforma trasera de esta obra maestra de la industria automovilística francesa contemporánea, donde se amontonaban los transbordados como sardinas en lata, un pillastre que frisaba la treintena y que llevaba, entre un cuello de una longitud cuasi serpentina y un sombrero cercado por un cordoncillo, una cabeza tan sin gracia como plúmbea, alzó la voz para lamentarse, con amargura no fingida y que parecía emanar de un frasco de genciana, o de cualquier otro líquido de propiedades semejantes, de un fenómeno consistente en empujones reiterados que, según él, tenían como causante a un cousuario presente hic et nunc de la S. T. C. R. P. y le dio a su lamento el tono agrio de un viejo vicario que se hace pellizcar el trasero en un mingitorio y que, por excepción, no le apetece en absoluto tal delicadeza y no entra por uvas. Pero, al descubrir un sitio libre, se lanza en pos de él.
Más tarde, cuando el sol había bajado ya algunos peldaños de la monumental escalera de su parada celeste, y cuando de nuevo me hacía vehicular por otro autobús de la misma línea, observé al mismo personaje descrito anteriormente moviéndose en la plaza de Roma de forma peripatética en compañía de un individuo eiusdem estofae que le daba, en esta plaza consagrada a la circulación automovilística, consejos de una elegancia tal que no iba más allá de un botón.
 Filosófico
Sólo las grandes ciudades pueden presentar a la espiritualidad fenomenológica las esencialidades de las coincidencias temporales e improbabilísticas. El filósofo que sube a veces en la inexistencialidad fútil y utilitaria de un autobús S puede percibir en él con la lucidez de su ojo pineal las apariencias fugitivas y decoloradas de una conciencia profana afligida por el largo cuello de la vanidad y por la trenza sombreril de la ignorancia. Esta materia sin verdadera entelequia se lanza a veces con el imperativo categórico de su impulso vital y recriminatorio contra la irrealidad neoberkeleyana de un mecanismo corporal inapesadumbrado de conciencia. Esta actitud moral arrastra al más incosciente de los dos hacia una espacialidad vacía donde se descompone en sus átomos elementales y ganchudos.
La indagación filosófica prosigue normalmente con el encuentro fortuito pero anagógico del mismo ser acompañado de su réplica inesencial y costurera, la cual le aconseja nouménicamente transponer al plano del intelecto el concepto de abrigo situado sociológicamente demasiado bajo.
 Modern Style
En un ómnibus, una mañana, hacia mediodía, me fue dado asistir a la pequeña tragicomedia siguiente. Un petimetre, aquejado de un largo cuello, y, cosa extraña con un cordoncillo alrededor del bombín (moda que hace furor, pero que yo repruebo), pretextando de pronto una gran prisa, interpeló a su vecino con una arrogancia que disimulaba mal un carácter probablemente pusilánime y lo acusó de pisotearle de forma sistemática sus escarpines de charol cada vez que subían o bajaban damas o caballeros dirigiéndose a la puerta de Champerret. Pero el gomoso no aguardó en absoluto una contestación que sin duda le hubiese llevado al campo del honor y trepó raudo a la imperial donde le esperaba un sitio libre, pues uno de los ocupantes de nuestro vehículo acababa de posar su pie sobre el blando asfalto de la calzada de la plaza Pereire.
Dos horas más tarde, al encontrarme sobre la misma imperial, observé al pisaverde del que os acabo de hablar, que parecía disfrutar sobremanera con la conversación de un joven currutaco que le daba consejos superchic sobre la forma de llevar la esclavina en sociedad.
 Injurioso
Tras una espera repugnante bajo un sol inaguantable, acabé subiendo en un autobús inmundo infestado por una pandilla de imbéciles. El más imbécil de estos imbéciles era un granuja con el gañote desmedido que exhibía un güito grotesco con un cordón en lugar de cinta. Este chuleta se puso a gruñir porque un viejo chocho le pisoteaba los pinreles con un furor senil; pero enseguida se arrugó largándose a un sitio vado todavía húmedo del sudor de las nalgas de su anterior ocupante.
Dos horas más tarde, qué mala pata, me tropiezo con el mismo imbécil que charra con otro imbécil delante de ese asqueroso monumento llamado la estación de Saint-Lazare. Parloteaban a propósito de un botón. Me digo: aunque se suba o se baje el forúnculo, mona se quedará, el muy requeteimbécil.
Distingo
Por la mañana (y no por Ana la maña) viajaba en la plataforma (pero no formaba en la vieja plata) del autobús (no confundir con el alto obús), y como estaba llena (no me como esta ballena) la masa chocaba (y no la más achochada). Entonces un jovencito (y no cito un joven) extravagante (no vago estragante) se dirigió (aunque no digirió) a un sujeto (pero no atado) pacífico (no Atlántico) enojándose (no desojándose) porque éste (no Oeste) le pisaba el pie (no le pispaba el bies).
Al cabo del rato (y no al rabo del gato) yo vi al tonto (no llovía a lo tonto) en San Lázaro (no el de Tormes) conversando con un amigo (no amigando con un converso) más meticuloso (mas no supositorio) en temas de indumento (y no mento más té hindú).
Como viene del original francés no se mantienen los juegos de palabras en todos. “Vi al tonto, no llovía a lo tonto”. Algunas frases son traídas por los pelos. “Jovencito y no cito a joven. Dirigió y no digerí”. Incluso entre sus versiones del mismo texto compuso una partitura musical de una especie de opera o zarzuela. Además de cachondo y divertido era buen escritor. Le comparan a Joyce por su experimentación con el lenguaje, aunque a este se le entiende mejor que al irlandés. No es una novela para leer de principio a fin el Ulises, pero está llena de juegos de palabras y comparten ese espíritu burlón y juguetón.
Esta es la canción que le escribió a Juliette Greco; el hombre del tranvía:

EL HOMBRE DEL TRANVÍA

ESTE hombre que anda por la noche a lo largo del muelle 
A lo largo del sena entre Asnières y Corbevoie 
Este hombre cuya sombra a cada instante huye 
Sigue su camino derecho y su curvada vía 

A este hombre le duelen los pies – la miseria 
Y el cansancio encorva su espalda 
Este hombre baila en cada uno de sus pasos 
Largos como noches de invierno 

Desde hace una hora el tranvía está detenido 
Este hombre mide los kilómetros 
Por el espesor de sus suelas 
Camina de noche por esta calle 

Su amante una muchacha poco respetable le espera 
Tirada en el arroyo y de crueldad nutrida 
Y su tiempo se mide en su cuarto insaciable 
Que aloja ahora al hombre del tranvía 

Por la mañana con los ojos muy tristes debe huir 
Y volver a tomar el camino hacia el depósito sonoro 
Y mientras la muchacha duerme aún en el catre 
Él suspira qué dulce es sentirse amado. 


UN POEMA ES MUY POCA COSA

UN poema es muy poca cosa 
Apenas algo más que un ciclón en las Antilla 
Que un tifón en el Mar de la China 
Un temblor de tierra en Formosa 

Una inundación del Yang Tse Kiang 
Que ahoga a cien mil chinos de golpe 
Zas 
No eso no da siquiera tema para un poema 
Es muy poca cosa 

Nos divertimos mucho en nuestro pequeño pueblo 
Vamos a edificar una nueva escuela 
Vamos a elegir nuevo alcalde y cambiar los días de mercado 
Estamos en el centro del mundo ahora estamos cerca del río 
…………océano que corroe el horizonte 

Un poema es muy poca cosa.

Es una gozada leer ejercicios de estilo y más al que le guste escribir. Hay muchos relatos de él en internet, sin volver tarumbas a las bibliotecarias.
ENCINA Y PERRO 

NOVELA EN VERSO 
(Fragmentos)

YO nací en El Havre un veintiuno de febrero 
En mil novecientos tres 
Mi madre era mercera y mi padre mercero: 
Se pusieron muy contentos. 
Inexplicablemente conocí la injusticia 
Y una mañana me llevaron 
A casa de una mujer ansiosa y bestial, una nodriza, 
Que me tendió su seno. 
De esta otra leche con dificultad creo 
Que me diera un gran banquete 
Apretando con mis labios una especie de pera, 
Órgano femenino. 

Y cuando llegué a esa edad respetable 
De los veinticinco o veintiséis meses, 
De nuevo con mis padres, me senté a su mesa 
Heredero, hijo y rey 
De un dominio excesivo, 
Donde unos ángeles caídos ceñidos por corsés 
Y unos dolientes diablos 
Arrojaban a la basura pájaros disecados, 
Donde flores de metal, de papel o de tela 
Crecían en los cajones 
En ramilletes ya preparados para adornar sombreros, 
Espectáculo horrible. 
Mi padre despachaba toesas de sedería, 
Toneladas de botones, 
Kilos de cordoncillos y de cintas 
Que se hallaban colocados en anaqueles. 
Algunas muchachas le ayudaban en su sosa tarea 
Cortando retales 
Y subiéndose en la escalera sin ninguna vergüenza 
Enseñaban las enaguas. 
Mi pobre madre tenía un alma musical 
Y tocaba el piano: 
Mientras, se vendían sombreretes y encajes 
Entre el ruido de sus partituras. 
Juana, Enriqueta, Evodia invadían el sótano 
Buscando el petrolín, 
Una especie de arena aceitosa con que se lavaba 
El suelo de la tienda. 
Yo ayudaba a barrer aquella materia infecta, 
Cuando bajaban las persianas, 
Y a caballo sobre un banco gritaba: “Hasta siempre” 
(Comprended: eternidad). 
Así crecía yo entre aquellas señoritas, 
Oliendo su sudor 
Que, fruto del trabajo, perlaba en sus axilas: 
Yo nunca tuve hermana. 
Hijo único, ejemplo del declinar de Francia, 
Chupaba caramelos 
Mientras mis padres con sus prósperas finanzas 
Acumulaban bonos 
De Panamá, del tres por ciento, del empréstito ruso 
Y del Crédito Territorial, 
Preparando graves consecuencias para la URSS 
Y alguna bancarrota. 
Mi primo, de más edad que yo, birlaba de la caja 
Con mi ayuda 
Y entre el personal escogía sus amantes, 
Cosa que yo supe un día 
Cuando, ya púber, me enseñaron la moral 
Y las buenas costumbres; 
Yo siempre respeté esta ley familiar 
Y conocí los prostíbulos. 

Pero debo volver un poco atrás: 
Sigo siendo niño, 
Dibujo con cuidado largos trenes 
Y barcos danzando en medio de grandes olas 
Y vuelos de gaviotas alrededor del faro 
Y castillos cuadrados provistos de sus veletas, 
Y soldados y fortines 
(Testigos indiscutibles de mi militarismo 
-La revancha se aproxima 
Y sólo tengo cinco años), 
Unos monigotes que un prisma 
Bajo mis dedos deshilachaba 
Y que yo reconozco, pero que los demás creen que son
Delgadas arañas. 
En la escuela aprendimos palotes, cifras y letras 
Hurgándose la nariz. 

LA coronación del difunto rey Jorge V 
Fue un acontecimiento: mi padre asistió. 
De Londres trajo soldados de a caballo de las Indias 
(De plomo) y un cigarro largo como un brazo. 

Bastantes calamidades, poco después de esta fiesta, 
Erizaron el cabello de la mayor parte de la gente: 
Robaron la Gioconda, un cuadro maestro, 
El Titanic chocó con un iceberg gigante. 

Unos dibujos mostraron a ilustres millonarios 
Ahogándose en el Atlántico con toda dignidad. 
Después se vieron bandidos armados de revólveres 
Conduciendo por París automóviles robados. 

Así es como se adquiere la afición a los desastres 
Y a los titulares sensacionales de los periódicos. 
Viendo la desgracia dibujada por los astros, 
Se saborea la de los demás como la suya propia. 

Yo cambiaba el sentido de los males inevitables, 
Pues yo amaba mi dolor, pequeño contratiempo. 
De todos los golpes de la suerte supe hacer una fábula.
Lo menos se convierte en lo más: inversión consoladora. 

Los niños tullidos se convertían en saltimbanquis. 
En Roma se apreciaba el gorjeo de los eunucos. 
-Mi padre fue a buscar al banco su dinero 
porque un servio había matado allá lejos al archiduque.

El 129 partió para la gran mentira. 
En la estación vi embarcarse a mi primo. 
A medianoche, para volver, tomamos un coche 
Y en el oscuro vehículo yo gritaba: ¡a Berlín! 

El soldado belga tenía por fusil una tostada 
Y en los puertos normandos reaparecía el inglés. 
Los rusos acudían a Berlín en berlina. 
Se apreciaba muy poco el eclipse de sol. 

El soldado regresó con una herida. 
Un gendarme enfundaba de nuevo las banderas 
(Delicada alusión al desastre). 
Mi familia se marchó en barco a Trouville. 

Un geólogo me regaló una anmonita. 
El tren conducía grupos de refugiados. 
Los prusianos avanzaban prodigiosamente de prisa. 
En Rennes apenas se consideraba uno seguro. 

Pero el milagro esperado vino a liberar Francia, 
Aunque mis queridos padres fuesen muy poco cristianos, 
A continuación de esto, volvimos a tener confianza: 
Y, de común acuerdo, tomamos de nuevo el tren. 

COMO después de dos años escaseara la clientela 
Y la tienda marchaba por sí sola sin el dueño, 
Mi padre me llevaba con él al Gaumont 
A ver multiplicarse las vueltas de manivela. 

Íbamos al Pathé, al Kursaal, donde la multitud gritaba, 
La multitud de marinos y vagabundos del muelle, 
Íbamos al Select donde a veces me dormía 
Cuando solemnemente susurraba un violoncelo. 

Y mientras los ingleses fracasaban en los Dardanelos, 
Mientras los franceses resistían en Verdun, 
Mientras los cosacos aplastados por los Hunos 
Se alejaban temblando de miedo sobre sus monturas, 

Por primera vez vi las ilustres botas 
De Charlot vagabundo, boxeador o noctámbulo, 
Marino, policía, maquinista o ladrón, 
Que aplastaba en la pantalla al asfalto de las callejuelas. 

(Cuando nos hubimos reído de sus cómicas escenas de mímica, 
De la tarta de crema y del bastón encorvado, 
Entonces descubrimos el alma de revolucionario 
Y aplaudimos a aquel espíritu rebelde). 

Mientras unos cow-boys en sus jamelgos 
Guardaban, no sin humor, vacas y terneros, 
Mientras unos bandidos trabajaban cerebralmente 
Robando según los métodos más nuevos, 

Mientras unas putas infieles y hermosas 
Llevaban a la desesperación a los muchachos elegantes, 
Mientras mil desgracias sorprendentes 
Les sucedían a millares de rubias doncellas, 

Mientras en el rostro ciego de la pantalla 
Las olas del océano húmedo se desplegaban, 
Mientras por barriles la sangre humana corría 
Sin teñir la lona blanca de esta vela, 

Yo intentaba volver a ver la imagen palpitante de un niño 
Cuya suerte se mantenía en los días antiguos 
Pero no conseguía nunca remontar el curso 
De un tiempo que dividió la humillante prohibición

Menuda cara tonta se nos queda después de leer Zazie y el metro. El autor maltrata la sintaxis. Estuvo en la escuela pata física, en el surrealismo y en el Oulipo. Es un violador del verso seguidor de Céline. Se puede decir que esta novela es la versión juvenil de fin de la noche. Usa el argot francés coloquial y cambia la ortografía y la gramática llevada al disfrute, las abreviaciones fonéticas, los juegos de palabras. Sus personajes salen como de un sueño y no respeta la verosimilitud en el argumento. Es naturalista en la forma, pero anti naturalista en el fondo. La protagonista tiene 12 años como Lolita, pero se pasa el día diciendo mi culo. El tío es estríper en un cabaret homosexual. Dan la vuelta por la ciudad, pero ella quiere ir en metro y el metro está en huelga encuentra a personajes con piececitos o el playboy frustrado. Es una gran novela de deformación más que de formación. Le muestra la capital de París como un paisaje de cartón piedra, los inválidos. Es un paseo sin finalidad. Ella entra en el mundo adulto como diciendo “ah, era eso” A ella todo se la suda, todo le parece un camelo. La madre la interroga al volver del viaje con su tío. ¿has visto el metro? Y ella dice; solo he envejecido. Es un Holden Caulfiend en versión femenina aquel personaje del guardián entre el centeno, que se escribió 8 años antes. Es el mismo lenguaje. Ella repite los “o qués” y los “todos”. Podríamos hablar del Gargantúa de Rabelais, pero eso sería envejecer prematuramente a la protagonista. Hay libros que nos dicen “cuidado, ¡obra de arte” y otros que se leen fácil. El pasotismo de la protagonista esta genialmente creadora, pero para crear esa soltura el escritor tuvo que ocultar su verdadero genio. Solo leyendo se vuelve uno lector. Concilia el vanguardismo con las risas y el humor. Así describe el libro Beideeber en ultimo inventario antes de liquidación y eso que es un autor que critica y pone mal todos los libros. Es entretenido como esta contado, lo que cuenta y lo irreverente que es. La traducción es de Sánchez Dragó en su edición de 2011. Si a Josu le dieran una beca para traducir el libro se pondría a ello, pero traducir cuesta mucho tiempo y se paga súper mal. La buena traducción además es la que no destaca. Y no se agradece suficiente esta labor que pasa desapercibida. Se hace notar la traducción solo si está mal. El traductor debería figurar en la portada pues ha reescrito la obra. Los best Sellers no se tardan nada en traducir, poco menos de lo que le ha llevado al escritor escribirlo.
Texto sin la letra E de Jardiel Poncela:
Un otoño -muchos años atrás- cuando más olían las rosas y mayor sombra daban las acacias, un microbio muy conocido atacó, rudo y voraz, a Ramón Camomila: la furia matrimonial.
-¡Hay un matrimonio próximo, pollos! -advirtió como saludo a su amigo Manolo Romagoso cuando subían juntos al Casino y toparon con los camaradas más íntimos.
-¿Un matrimonio?
-Un matrimonio, sí -corroboró Ramón.
-¿Tuyo?
-Mío.
-¿Con una muchacha?
-¡Claro! ¿Iba a anunciar mi boda con un cazador furtivo?
- ¿Y cuándo ocurrirá la cosa?
-Lo ignoro.
-¿Cómo?
-No conozco aún a la novia. Ahora voy a buscarla…
Y Ramón Camomila salió como una bala a buscar novia por la ciudad.
A las dos horas conoció a Silvia, una chica algo rubia, algo baja, algo gorda, algo sosa, algo rica y algo idiota; hija única y suscriptora contumaz a La moda y laCasa (publicación para muchachas sin novio).
Y al año, todos los amigos fuimos a la boda. ¡La boda! ¡Bah!… Una boda como todas las bodas: galas blancas, azahar por todos lados, alfombras, música sacra, bimbas, sonrisas, codazos, almohadón para hincar las rodillas los novios y para hincar las rodillas los padrinos; lunch, sandwichs duros como un fiscal…
Al onzavo sandwich hubo una fuga súbita por la sacristía y un auto pasó raudo, y unos gritos brotaron:
-¡Adiós! ¡Adiós! ¡Vivan los novios! ¡Vivaaan!
Y los amigos cogimos otro sandwich -dozavo- y otra copita.
Y allí acabó la cosa.
El texto crea una sensación de extrañeza humorística al dar rodeos para decir las cosas

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