jueves, 24 de mayo de 2018

UN MONSTRUO VIENE A VERME


                                                                                                                                                                                                         
`Un monstruo viene a verme´ es un drama de corte fantástico. Un acierto mezclar dos historias duras como son el bullying y el cáncer con el mundo de la fantasía y la mirada de inocencia del niño protagonista.  Si lo que quieren es llorar no dejen de ver la película. La rabia e impotencia del niño por la enfermedad de su madre le hará refugiarse en el mundo de la fantasía, el más real de los mundos. Es duro ver morir a una madre de cáncer, tener un padre divorciado que vive en otro continente o que su abuela se lo lleve a vivir a una casa “llena de cosas de señora mayor”. El monstruo le contará tres cuentos a cambio de que él le confiese algo que esconde. 

 


Se trata de un cuento de hadas moderno. Una película oscura, nada iluminada, llena de sombras, con atmosfera de leyenda gótica. En los cuentos de hadas todo acaba bien, pero en este no.  Sus padres no comen perdices; se han separado. Los malos no son malos malísimos ni los buenos del todo buenos. El protagonista no es lo suficiente mayor para ser hombre y tampoco es ya un niño. Le hacen bullying pues “la gente ataca lo desconocido, lo que da miedo”, como al monstruo de Frankenstein o de King Kong.  El monstruo simboliza el inconsciente del niño, lo reprimido, que sale sublimado a veces en un dibujo. Hay referencias a la pintura, pues la madre quería estudiar Bellas Artes y le enseña a pintar los ojos que son el reflejo de la vida. Otras veces lo reprimido sale en forma de rabia y violencia. ¿De que serviría castigar al niño por destrozar un reloj de cuco o a enfrentarse al matón del colegio? El niño se hace visible cuando los demás empiezan a verlo. La moraleja es esa; hemos de enfrentarnos a nuestro monstruo interior y salvaje. 

 
El guion de Patrick Ness es muy original y José Antonio Bayona consigue lo que pretendía; contar una historia real a través de la fantasía. La película recuerda a otras como `el laberinto del Fauno´. Enternecedora la escena en que la madre le confiesa que ya no habrá más tratamientos; “ojalá tuviera 100 años para dedicártelos” o “sé todo lo que tienes que decirme, no te quedes con la sensación de no haberte despedido”. ¿El monstruo quiere curar a la madre, o tal vez al niño? El niño acaba en un cuarto en casa de su abuela con todos sus juguetes, como él quería. Un final quizá no del todo feliz, pero lleno de verosimilitud. 
 

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