lunes, 25 de diciembre de 2017

LA POESIA DE LA GENERACIÓN DEL 98

El tema de hoy de la Asociación Artística Vizcaína es la poesía del 98. Los del 98 hablan del problema de España, ese amor odio, de la crisis de la economía en el fin del siglo, del desastre de las colonias y sus temas son el hombre, el tiempo metafísico, la filosofía. Se perdieron Puerto rico, Cuba y Filipinas en el 98 revelando que España no era ya aquel imperio de Carlos V que ocupaba toda Europa. Estos poetas nacieron entre 1864 y el 76 pero por haber vivido esta tragedia los llaman así. 

 
Penas de dentro es un libro sin lectores de Unamuno, escrito en sus 25 primeros años de vida. Apareció en una edición solo para amigos. Es un libro bello, están incluidos poemas hermosos y hondos de su autor. Aun podemos considerar minoritario a Unamuno, pero su gran poema sinfónico es el cristo de Velázquez. Es una rima de dentro, sonata para 2 instrumentos; Unamuno y su alma. Es un poeta de antología, un poema irregular pero también lo son los de Quevedo, Rubén Darío o Juan Ramón Jiménez. Hasta Jorge Manrique o san Juan de la Cruz son poemas de antología.
Cristo de Velázquez Unamuno
¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo mío?
¿Por qué ese velo de cerrada noche
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno cae sobre tu frente?
Miras dentro de Ti, donde está el reino
de Dios; dentro de Ti, donde alborea
el sol eterno de las almas vivas.
Blanco tu cuerpo está como el espejo
del padre de la luz, del sol vivífico;
blanco tu cuerpo al modo de la luna
que muerta ronda en torno de su madre
nuestra cansada vagabunda tierra;
blanco tu cuerpo está como la hostia
del cielo de la noche soberana,
de ese cielo tan negro como el velo
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno.Que eres, Cristo, el único
hombre que sucumbió de pleno grado,
triunfador de la muerte, que a la vida
por Ti quedó encumbrada. Desde entonces
por Ti nos vivifica esa tu muerte,
por Ti la muerte se ha hecho nuestra madre,
por Ti la muerte es el amparo dulce
que azucara amargores de la vida;
por Ti, el Hombre muerto que no muere
blanco cual luna de la noche. Es sueño,
Cristo, la vida y es la muerte vela.
Mientras la tierra sueña solitaria,
vela la blanca luna; vela el Hombre
desde su cruz, mientras los hombres sueñan;
vela el Hombre sin sangre, el Hombre blanco
como la luna de la noche negra;
vela el Hombre que dió toda su sangre
por que las gentes sepan que son hombres.
Tú salvaste a la muerte. Abres tus brazos
a la noche, que es negra y muy hermosa,
porque el sol de la vida la ha mirado
con sus ojos de fuego: que a la noche
morena la hizo el sol y tan hermosa.
Y es hermosa la luna solitaria,
la blanca luna en la estrellada noche
negra cual la abundosa cabellera
negra del nazareno. Blanca luna
como el cuerpo del Hombre en cruz, espejo
del sol de vida, del que nunca muere.
Los rayos, Maestro, de tu suave lumbre
nos guían en la noche de este mundo
ungiéndonos con la esperanza recia
de un día eterno. Noche cariñosa,
¡oh noche, madre de los blandos sueños,
madre de la esperanza, dulce Noche,
noche oscura del alma, eres nodriza
de la esperanza en Cristo salvador!
    
A L B A
 Blanco estás como el cielo en el naciente
blanco está al alba antes que el sol apunte
del limbo de la tierra de la noche:
que albor de aurora diste a nuestra vida
vuelta alborada de la muerte, porche
del día eterno; blanco cual la nube
que en columna guiaba por el yermo
al pueblo del Señor mientras el día
duraba. Cual la nieve de las cumbres
ermitañas, ceñidas por el cielo,
donde el sol reverbera sin estorbo,
de tu cuerpo, que es cumbre de la vida,
resbalan cristalinas aguas puras
espejo claro de la luz celeste,
para regar cavernas soterrañas
de las tinieblas que el abismo ciñe.
Como la cima altísima, de noche,
cual luna, anuncia el alba a los que viven
perdidos en barrancos y hoces hondas,
¡así tu cuerpo níveo, que es cima
de humanidad y es manantial de Dios,
en nuestra noche anuncia eterno albor!
 O R A C I Ó N   F I N A L
  
Tú que callas, ¡oh Cristo!, para oírnos,
oye de nuestros pechos los sollozos;
acoge nuestras quejas, los gemidos
de este valle de lágrimas. Clamamos
a Ti, Cristo Jesús, desde la sima
de nuestro abismo de miseria humana,
y Tú, de humanidad la blanca cumbre,
danos las aguas de tus nieves. Águila
blanca que abarcas al volar el cielo,
te pedimos tu sangre; a Ti, la viña,
el vino que consuela al embriagarnos;
a Ti, Luna de Dios, la dulce lumbre
que en la noche nos dice que el Sol vive
y nos espera; a Ti, columna fuerte,
sostén en que posar; a Ti, Hostia Santa,
te pedimos el pan de nuestro viaje
por Dios, como limosna; te pedimosa
a Ti, Cordero del Señor que lavas
los pecados del mundo, el vellocino
del oro de tu sangre; te pedimos
a Ti, la rosa del zarzal bravío,
la luz que no se gasta, la que enseña
cómo Dios es quien es; a Ti, que el ánfora
del divino licor, que el néctar pongas
de eternidad en nuestros corazones.
¡Tráenos el reino de tu Padre, Cristo,
que es el reino de Dios reino del Hombre!
Danos vida, Jesús, que es llamarada
que calienta y alumbra y que al pábulo
en vasija encerrado se sujeta;
vida que es llama, que en el tiempo vive
y en ondas, como el río, se sucede.
Avanzamos, Señor, menesterosos,
las almas en guiñapos harapientos,
cual bálago en las eras remolino
cuando sopla sobre él la ventolera,
apiñados por tromba tempestuosa
de arrecidas negruras; ¡haz que brille
tu blancura, jalbegue de la bóveda
de la infinita casa de tu Padre
-hogar de eternidad-, sobre el sendero
de nuestra marcha y esperanza sólida
sobre nosotros mientras haya Dios!
De pie y con los brazos bien abiertos
y extendida la diestra a no secarse,
haznos cruzar la vida pedregosa
-repecho de Calvario- sostenidos
del deber por los clavos, y muramos
de pie, cual Tú, y abiertos bien de brazos,
y como Tú, subamos a la gloria
de pie, para que Dios de pie nos hable
y con los brazos extendidos. ¡Dame,
Señor, que cuando al fin vaya perdido
a salir de esta noche tenebrosa
en que soñando el corazón se acorcha,
me entre en el claro día que no acaba,
fijos mis ojos de tu blanco cuerpo,
Hijo del Hombre, Humanidad completa,
en la increada luz que nunca muere;
mis ojos fijos en tus ojos, Cristo,
mi mirada anegada en Ti, Señor!
 

 Cantico de navidad Unamuno
Fecundo misterio!
¡Dios ha nacido!
¡Todo el que nace padece y muere!
¡Curad al niño!
¡Ved cómo llora lloro de pena
Llanto divino!

Gustó la vida:
Vierte sobre ella santo rocío.
Todo el que nace padece y muere;
sufrirá el niño
Pasión y muerte.
La rosa viva que está buscando
Humana leche,
Hiel y vinagre
Para su sed de amor ardiente
Tendrá al ajarse.

Las manecitas que ahora se esconden
Entre esos pechos de amor caudales,
Serán un día, día de gloria,
Fuentes de sangre,
Madre amorosa,
Para muerte cría a tu niño;
Mira que llora,
Llora la vida; ¡Tú con la vida
Cierra su boca!
Todo el que nace, padece y muere.
Morirá el niño muerte afrentosa.

¡Dios ha nacido!
¡No, Dios no nace!
¡Dios se ha hecho niño!
Quien se hace niño, padece y muere.
¡Gracias Dios mío!
Tú con tu muerte
Nos das la vida que nunca acaba,
La vida de la vida.
Tú, Señor, vencedores de la vida
Nos hiciste tomando nuestra carne,
Y en la cruz, vencedores de la muerte
Cuando de ella en dolor te despojaste.
¡Gracias Señor!

Machado muere en Collur, cuando sale de España en el 39 rumbo al exilio pues empezaba la guerra. Cuida a su madre enferma, pero el murió antes, la madre estaba ida. Hay una foto inédita del 24 de febrero del 39 hecha por un soldado anónimo republicano. La foto se hizo con la cámara de José Avignon de Ubrique, Valencia, compañero de exilio. Jesús Ufe ha encontrado la foto de este periodista. Le llega al comisario Jaime en el 75 del aniversario de Jaime I, y la entrega a la Generalitat. En la foto el cuerpo de Machado va camino al cementerio de Collur. Los poemas de Machado se aman como a una novia vieja. En toda introspección en la que uno habla consigo mismo anhela hablar un día a Dios, había dicho Machado. Machado creó el heterónimo de juan Mairena. Fue un filósofo inteligente trabajador del tema literario. Estuvo en Baeza viviendo y dando clases de literatura en un instituto de la república. Fue a visitarle García Lorca que fue aprendiz de Machado. Machado le llevó a conocer la iglesia de la plaza del pueblo y le llevó medio en bromas. Es la fuente publica más antigua de España. Allí le bautizó como poeta. A los profesores le pagaban poco, pero Machado estaba bien remunerado, le subían el sueldo varias veces. En 1983 cinco mil personas hicieron un homenaje a Machado en Baeza. En un banco cercano esta la estatua de él, sentado con un libro. A esa celebración sólo faltó Solana porque eran elecciones y Fernando Fernández Gómez, pero en este homenaje estaba Aurora Albornoz que escribió el segundo tomo de de la historia de la literatura dónde hablaba de Machado.

Retrato Machado
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
?ya conocéis mi torpe aliño indumentario?,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
?quien habla solo espera hablar a Dios un día?;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Saeta a los gitanos
Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar

Cantares Machado
Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre el mar.

Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse...

Nunca perseguí la gloria.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar...

Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso...

Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso...

Cuando el jilguero no puede cantar.
Cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso. 

A olmo viejo, camino santuario san Turio
Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.
 
  ¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

  No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

 Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

 Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas, 
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
 Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.


Tuve la suerte de escuchar la obra de los hermanos Machado, de teatro leído. La lola se fue a los puertos se estrenó en el teatro Fontalba de Madrid en el 29 con gran éxito. Desde que se estrenó ha estado siempre vigente, se incorporó al repertorio de grandes compañías. Se ha llevado al cine por directores afamados, y hay numerosas obras musicales. Es una obra de zarzuela de vigente actualidad. Una historia de amor muy bonita. 

La Lola se va a los Puertos.
La Isla se queda sola;.
Y esta Lola, ¿quién será,
que así se ausenta, dejando
la Isla de San Fernando
tan sola cuando se va...?

Sevillanas,
chuflas, tientos, marianas,
tarantas, tonás, livianas...
Peteneras,
soleares, soleariyas,
polos, cañas, seguiriyas,
martinetes, carceleras...
Serranas, cartageneras.
Malagueñas, granadinas.
Todo el cante de Levante,
todo el cante de las minas,
todo el cante...
que cantó tía Salvaora,
la Trini, la Coquinera,
la Pastora...,
y el Fillo, y el Lebrijano,
y Curro Pabla, su hermano,
Proita, Moya, Ramoncillo,
Tobalo -inventor del polo-,
Silverio, Chacón, Manolo
Torres, Juanelo, Maoliyo...

Ni una ni uno
-cantaora o cantaor-,
llenando toda la lista,
desde Diego el Picaor
a Tomás el Papelista
(ni los vivos ni los muertos),
cantó una copla mejor
que la Lola...
Esa que se va a los Puertos
y la Isla se queda sola.
YO VOY SOÑANDO CAMINOS
Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!…
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero…
-la tarde cayendo está-.
“En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día:
“ya no siento el corazón”.
Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea
se enturbia y desaparece.
Mi cantar vuelve a plañir:
“Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada”.
Elegía de un madrigal machado

Recuerdo que una tarde de soledad y hastío,
¡oh tarde como tantas!, el alma mía era,
bajo el azul monótono, un ancho y terso río
que ni tenía un pobre juncal en su ribera.
¡Oh mundo sin encanto, sentimental inopia
que borra el misterioso azogue del cristal!
¡Oh el alma sin amores que el Universo copia
con un irremediable bostezo universal!

Quiso el poeta recordar a solas,
las ondas bien amadas, la luz de los cabellos
que él llamaba en sus rimas rubias olas.
Leyó... La letra mata: no se acordaba de ellos...
Y un día ?como tantos?, al aspirar un día
aromas de una rosa que en el rosal se abría,
brotó como una llama la luz de los cabellos
que él en sus madrigales llamaba rubias olas,
brotó, porque un aroma igual tuvieron ellos...
Y se alejó en silencio para llorar a solas.

 

Ocaso
Era un suspiro lánguido y sonoro
la voz del mar aquella tarde... El día,
no queriendo morir, con garras de oro
de los acantilados se prendía.

Pero su seno el mar alzó potente,
y el sol, al fin, como en soberbio lecho,
hundió en las olas la dorada frente,
en una brasa cárdena deshecho.

Para mi pobre cuerpo dolorido,
para mi triste alma lacerada,
para mi yerto corazón herido,

para mi amarga vida fatigada...
¡el mar amado, el mar apetecido,
el mar, el mar y no pensar en nada!...
Recuerdo tierras de Soria
¡Ya su perfil zancudo en el regato,
en el azul el cielo de ballesta,
o, sobre el ancho nido de ginesta,
en torre, torre y torre, el garabato

de la cigüeña!... En la memoria mía
tu recuerdo a traición ha florecido;
y hoy comienza tu campo empedernido
el sueño verde de la tierra fría.

Soria pura, entre montes de violeta.
Di tú, avión marcial, si el alto Duero
adonde vas, recuerda a su poeta

al revivir su rojo Romancero;
¿o es, otra vez, Caín, sobre el planeta,
bajo tus alas, moscardón guerrero?
A la copla
Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.

Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.

Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.(*)


(*) Atahualpa Yupanqui dice:

Que, al volcar el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de fama
se gana de eternidad.

Castilla de machado
A Manuel Reina. Gran poeta

El ciego sol se estrella
en las duras aristas de las armas,
llaga de luz los petos y espaldares
y flamea en las puntas de las lanzas.

El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos,
polvo, sudor y hierro el Cid cabalga.

Cerrado está el mesón a piedra y lodo...
Nadie responde. Al pomo de la espada
y al cuento de las picas, el postigo
va a ceder... ¡Quema el sol, el aire abrasa!

A los terribles golpes,
de eco ronco, una voz pura, de plata
y de cristal, responde... Hay una niña
muy débil y muy blanca,
en el umbral. Es toda
ojos azules; y en los ojos, lágrimas.
Oro pálido nimba
su carita curiosa y asustada.

«¡Buen Cid! Pasad... El rey nos dará muerte,
arruinará la casa
y sembrará de sal el pobre campo
que mi padre trabaja...
Idos. El Cielo os colme de venturas...
En nuestro mal, ioh Cid!, no ganáis nada».

Calla la niña y llora sin gemido...
Un sollozo infantil cruza la escuadra
de feroces guerreros,
y una voz inflexible grita: «¡En marcha!»

El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
polvo, sudor y hierro, el Cid cabalga
.
Carta de Juan Ramón Jiménez a Machado:
“He recibido su libro admirable que leo y releo, para empaparme y escribir algo a mi gusto. Estoy dispuesto a que esos versos se publiquen para la gente. Elaboramos el arte de mañana. Juventud y amor a la belleza tiene esta revista. He tratado de escribirle algo sincero lleno de emoción, no una crítica de ratón. Su libro es admirable, con el ánimo que ha puesto en las arias tristes se habrían llenado miles de libros inmortales”.
Montse está tratando en su curso de los símbolos y alegorías y ha traído un texto de Platero y yo, libro que fue la base de su premio nobel, algo impactante. Loli conoció el pesebre de Platero en Moguer y la casa del poeta, incluso los abanicos de Zenobia su mujer. Tenía un letrero, en el arco de subida de la planta baja; primero el amor y luego la poesía. Juan Ramón llega al éxtasis de la poesía. Dominaba la poesía y trató de escribirla de una forma nueva. 
 
Y yo me ire jrj
Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.
     
Todas la tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,      
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará, nostálgico…
     
Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.

Jrj te deshoje como rosa
Te dehojé, como una rosa,
para verte tu alma,
y no la vi.

Mas todo en torno
-horizontes de tierras y de mares-,
todo, hasta el infinito,
se colmó de una esencia
inmensa y viva.

Baroja también escribió poesía. Algunas tan originales como a la artritis o al tema del flamenco:
Canción artritis Baroja
Somos la flor y nata
de los artríticos,

somos la quinta esencia

de los nefríticos;

tenemos casi siempre

hipertensión

y una vaga hipertrofia

del corazón.
Nuestra elegancia es cosa
bien manifiesta,

nuestra presencia nunca

es muy molesta.

Somos unos Petronios

de alta tensión,

más fervientes del plato

que de Platón.
No pueden compararse
con los artríticos

los gafos ulcerosos

o sifilíticos.

Somos productos natos

de selección,

que marchan por la vida

con distinción.
Nos lleva suavemente
nuestro organismo

a la gota, a la artritis

y al reumatismo,

y nos mete, por último,

de un empujón,

en el coma, que es signo

de conclusión.
Somos la flor y nata
de los artríticos,

somos la quinta esencia

de los nefríticos;

tenemos casi siempre

hipertensión

y una vaga hipertrofia

del corazón.
Baroja
Locura, humor, fantasía,
ideas crepusculares,
versos tristes y vulgares,
eterna melancolía,
angustias de hipocondria,
soledad de la vejez,
alardes de insensatez,
arlequinada, zozobra,
rapsodias en donde sobra
y falta mucho a la vez.

Viviendo en tiempo brutal,
sin gracia y sin esplendor,
no supe darles mejor
contextura espiritual.
Es un pobre Carnaval
de traza un tanto harapienta,
que se alegra y se impacienta
con murmurar y gruñir,
con el llorar y reír
de su musa turbulenta.
Y como no hay más recurso
que escuchar a esta barroca
furia, que siga su curso
y que lance su discurso
la amargura de su boca.

Café cantante de Baroja

El guitarrista aparece

circunspecto en el tablado,

y se sienta en una silla

con poco desembarazo;

el cantador, cerca de él,

va a colocarse en un banco,

y con una vara corta

que lleva a la diestra mano

a su manera, sin duda,

va los compases marcando.

 El guitarrista es cetrino,

moreno, peludo y flaco.

El cantador es un gordo

con cierto aire de gitano.

 Comienzan las florituras,

los arpegios complicados,

en la guitarra, y de pronto,

empieza el gordo su canto.

 Se eleva una queja extraña

en el aire, como un pájaro,

y cae después como cae

un ave con un balazo;

vuelve a subir nuevamente,

otra vez, por lo más alto,

y tan pronto es una queja

de teológico arrebato,

que llega casi a tener

la emoción de algo sagrado,

como parece una broma

o un comentario muy zafio.

 Bailan después seguidillas,

sevillanas y fandangos

unas mujeres morenas

con grandes ojos pintados

y batas con faralaes

que les llega a los zapatos.

 Alguna estrella del arte

se menea como un diablo,

y danza con tanta fuerza

un bailoteo tan bárbaro,

con un estrépito tal,

que tiembla todo el estrado.

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