viernes, 24 de noviembre de 2017

ELSA PUNSET LA MOCHILA INTERIOR

Elsa Punset es la hija de Eduardo Punset, el director presentador de programa de divulgación científica Redes que echaban en la dos. Nació en Londres hace ya unos cuantos años. Empezó a llenar y cargar la mochila que llevamos todos dentro; la ha llenado de amigos, y buenos momentos. Tiene tres carreras; filosofía en Oxford, master en periodismo y ha estudiado educación también. A eso ha añadido sus investigaciones en inteligencia emocional. Ha decidido abrir su mochila hoy. Tiene más de un millón de lectores, no sabe cuántos libros. Lleva años publicando y tiene libros en 14 idiomas y publicados en Latinoamérica. Es la parte más bonita de esta profesión ver tus libros en miles de países. Es una profesión solitaria la de escritor. Este centrado en el ordenador, pero sientes al lector al otro lado y te escriben los lectores. El libro está dedicado a los lectores gracias a los que ha seguido escribiendo. Han creído en el trabajo que hacía. Les da las gracias por compartir, animar, tiene una deuda de gratitud enorme. Nunca se siente sola, aunque sea profesión solitaria. 
  
La mochila está cargada de Pequeñas revoluciones, inocencias. El mundo lo dirigimos nosotros. Este libro que ahora nos presenta trata de ser felices. La portada la ha decidido ella. Era más reticente con el título, no estaba segura de si la palabra feliz reflejaba lo que quería hacer con ese libro. En la portada quería algo ligero, que diera sensación de liviandad, como un globo que viaja por el mundo. Es el libro que más le ha costado ensamblar. Lo ha hecho en poquitito tiempo. Es el resultado de una vida entera de investigar por qué a los humanos nos cuesta sentirnos bien en el día a día. Es un gran viaje que ha hecho a través de los siglos. Ha estudiado filosofía y tiene en su mochila conversaciones, lecturas que quería reflejar de una forma amena que es como le gusta escribir. Que no sea doloroso escribir, que se descubra algo, que te inspires al hacerlo pero que sea lo más ameno armónico posible.
Irene es la presentadora del acto que afirma que es un lujo tener aquí a la investigadora. Irene es periodista, dirige lo que le dejan en los informativos, la llaman cuando pasa algo malo. La llamaron para esta presentación y aceptó encantada. En una entrevista Elsa contaba que de niños en la infancia sonreímos muchas veces; 300 veces sonríen y ríen los niños al día, pero cuando somos mayores solo ríe y sonríe 17 veces el adulto. Ella sonríe todo el día, es atípica. Somos más como niños en esto. Es la idea de que perdemos esa capacidad para la alegría felicidad con que llegamos al mundo. Los niños llegan con poca capacidad para prever y recordar, tienen poca memoria y viven el presente con gran alegría. Eso lo perdemos los adultos. Es una constante básica en sus libros, algo que hay que recordar; no estamos demasiado dotados para la felicidad por un accidente evolutivo. Hay que llegar vivos a la noche, no felices. Cuando uno se va a dormir por la noche recuerda lo que le ha molestado por el día, no la multitud de momentos agradables. Ella trata de encontrar formas de entrenar ese cerebro creado para sobrevivir y para lo negativo. Hay que entrenarlo para ser más felices. Es un viaje por países y siglos, buscando herramientas que nos puedan ayudar. De niños te dicen vamos a ir a la playa y te pones contento. Cuando eres el padre piensas; ¿y si llueve? Empieza la parte negativa del cerebro a poner pegas. Tienes más responsabilidad de adulto y un cerebro que tiende a esa negatividad. Hay que entrenarlo en positivo. No van a hablar ellas todo el rato. Luego los demás podrán preguntar y comentar. El de la felicidad es un viaje que cada uno hace a su manera y todos tenemos algo que aportar como experiencia. Mas que humanos somos humanidad. Ella quiere compartir las experiencias de sus lectores como nosotros. Ha tardado poco en hacer el libro, pero ha sido difícil. Está feliz y satisfecha con el libro. 
  
Habla de los filósofos de Grecia y China. Ha abierto una web donde la gente de la calle cuenta sus experiencias, testimonios de gente de todo el mundo. Estan todos ahí. Hay uno que le encanta. Un hombre contaba básicamente de forma muy bonita que su madre enfermó y él se empezó a ocupar de su madre. Cuenta el proceso de cuidar a una persona, que es agotador, como ya saben cuidadores y padres. Tuvo que cambiar su mirada, pasar de verlo como algo terrible y humillante para su madre a verlo como un acto de amor para su madre. Es un ejemplo de cómo a menudo cambiamos la mirada en el mismo evento dándole un significado diferente. Tenemos el poder extraordinario de cambiar nuestra forma de juzgar un evento. En este libro encontrarán mil una forma de ser felices, unos segundos, unas horas. ¿Qué sugiere la palabra felicidad a los asistentes? Los asistentes responden; plenitud, estar satisfecho, tranquilidad, equilibrio. Cada persona aportaría una palabra diferente, es sentir que tu vida merece la pena. Ninguno piensa que tenemos una vida 100% fácil. El hecho de estar vivo, de luchar por mantenernos y por esa supervivencia (que tanta guerra da al cerebro) ya es motivo de infelicidad. Estamos en un mundo finito con posibles potenciales perdidas. Es un reto muy grande. Usa la palabra felicidad con mucho respeto, no significa solo placer. Tiene mala prensa el ser feliz como concepto por eso. La felicidad es mucho más, lo ha reflejado en el libro; la felicidad es la búsqueda de satisfacción con la vida, de plenitud, de buscar retos. No puede darse todo el rato, pero es algo que intentamos conquistar. 
  
Ponen a continuación un video con testimonios desde niños a gente de 40 50 y gente muy mayor. Les han preguntado qué es la felicidad y del 0 al 10 qué nota pondrían a su felicidad. La felicidad es estar con uno mismo bien, teniendo salud y gente que te quiera. Es una forma de vida, de comunicarse. Feliz son mis padres, dice una niña pequeña. Perdemos el tiempo intentando ser felices sin darnos cuenta de lo que tenemos ante nuestras narices. La calidad de vida, el tener salud… Otro participante se conforma con disfrutar de los amigos, de un día como hoy. Ser feliz es sentirse eufórico en situaciones muy buenas. Te acuerdas de lo que has hecho. Cuando llegas a una edad hay que conformarse con lo que tienes, no puedes hacer nada para cambiarlo, queda el optimismo y tirar para adelante. El que respeta vive más feliz. Daba antes importancia a cosas que hoy pasa de ellas. Todos puntúan 10 a su felicidad, ¿qué les has dado?
Es curioso el tema de la felicidad. Eres muy feliz de pequeño. El niño vive más el presente, disfruta el día a día, recuerda menos cosas tristes, se pregunta menos cosas al futuro. Entre los 40 y 60 pasamos un mal rato. Luego sube la capacidad de ser feliz a partir de cierta edad. No están seguros los expertos de por qué pasa eso. Tiene que ver con que con la edad eres más comprensivo y compasivo y menos competitivo. Te ofendes menos, comprendes más, eres más tolerante. Estás más centrado de niño en disfrutar de las cosas más sencillas, simplemente de vivir.
 Se puede ser niño triste y de adolescente feliz, por las chicas del COU, volver a la alegría. Y de mayor tener serenidad con el carrito y la parienta. Como no tenía amigos ni padres, hijo de papa, era un niño triste. De adolescente las chicas le animaron. Es un proceso inverso. De niño no reía, ahora siempre está riendo. Es el proceso inverso. 
  
Hay tres grandes fuentes de felicidad que podemos trabajar; las relaciones sociales, vivir el presente y la resiliencia. Una es la amistad amor, las relaciones con los demás. Lo que más determina como envejecemos de bien es la calidad de amistades que nos rodean, fuente muy importante para las personas. Otra cosa es vivir en presente, disfrutar de las pequeñas cosas. Nuestro cerebro se centra en sobrevivir y en o negativo y no tolera bien lo positivo, pero se acostumbra a las cosas buenas. Compramos algo, nos da un subidón de alegría y al cabo de tiempo no nos da tanta alegría. Eso es la habituación hedonística del cerebro, que se acostumbra y no nota las cosas buenas. Los griegos hacían algo divertido, sabían que el humano era así, (y no hemos cambiado nada). Aunque tuvieran un techo donde cobijarse, una cama, una familia… buscabas comida en basura, vivían en el bosque, lo pasaban mal durante la semana y luego volvían a vivir bien y disfrutaban más de las cosas que tenían. Hagan la prueba; dejen de tomar café por las mañanas o darse una ducha caliente en una semana y luego se convertirá en una alegría tremenda. Se trata de desempolvar actos que nos dan alegría y volver a ellos. Los niños no disfrutan como antes, tienen de todo y no son felices como antes. Ella tiene niños, pero no sabe si eso es así. Es importante vivir en el presente y las relaciones con los demás. Los humanos tememos grandes desgracias, enfermedades y perdidas grandes. Superamos las grandes cosas, aunque lo pasamos mal un tiempo, lo superamos, seguimos viviendo y lo adaptamos. Si quieres saber cuánto es de feliz una persona fíjate en como gestiona las pequeñas cosas, las discusiones pequeñas, los atascos. Es un buen lugar donde practicar ese mundo oscuro de la felicidad. Respirar hondo; La felicidad está en la cabeza. Hemos descubierto que tenemos un cerebro que se puede entrenar. Hasta hace un par de décadas se pensaba que nacías con determinada capacidad para la lengua o matemáticas. Si dices que tienes un 10 en filosofía, ¿a qué se debe? Te dicen que la inteligencia es innata, que no la puedes entrenar porque depende de tus capacidades. Pero hemos descubierto que nuestra capacidad de compasión generosidad optimismo alegría autocontrol y de aprender mates o lenguas se puede entrenar. Hay gente que nace con mejor capacidad para hacer cosas. Pero si no haces nada para entrenarlo no vas a mejorar esa capacidad. Lo mejoras si trabajas diariamente, el cerebro es como un músculo. Es una llave de libertad. Igual que estamos más sanos en el cuerpo si comemos bien o dormimos bien también podemos trabajar nuestra mente. Tenemos capacidad para trabajar eso. 
  
La alegría es un momento, un sentimiento y la felicidad un estado, un juicio. Hay momentos que estoy alegre pero no estoy feliz o al revés. No es lo mismo. Hay que abrir la idea de lo que es la felicidad. Soy básicamente una persona feliz, en esa felicidad englobas los retos, los problemas, los días o horas malas. La felicidad es un estado subjetivo, un juicio que haces sobre tu vida. Es muy rico lo que cabe ahí. La alegría en cambio es emoción, una de las emociones básicas universales. Nos podemos imaginar qué sentimos cuando estamos contentos o tristes. Compartimos la emoción universal; la alegría, el miedo, la tristeza, el desprecio. Cuando entraron en la biblioteca habían estado unos años en la feria del libro de Bilbao y pasó algo gracioso. Es en clave interna el libro. Viene determinado por el entorno cultural pero las emociones se parecen mucho, explicaba la escritora. Un señor con chapela y callado preguntó; pero ¿todos todos?, pero entre uno de Japón y otro de Bilbao no hay diferencias. Hay diferencias culturales, pero los sentimientos son igual para todos. Pero entre uno de Bilbao y otro de Madrid por ahí no pasaba. Tiene otro libro anterior Elsa, las pequeñas revoluciones, en este libro ha dado vueltas de cómo quería completar eso, con las anécdotas de los griegos, chinos. El libro anterior es sobre las certezas que tenemos los seres humanos, somos una colección de hábitos. Son 250 formas que podemos trabajar en nuestros ámbitos y cambiar nuestra vida de forma contundente. El libro también trata de buscar qué pequeñas revoluciones han hecho los humanos a lo largo del tiempo y en distintos países, las herramientas que han buscado. Costó trabajo buscar una estructura que funcionara bien y lo dividieron en tres partes el libro.
El libro sintetiza el pensamiento de los griegos, eran muy similares a nosotros y les interesaba mucho la vida cotidiana. Epitecto elaboró su lista sobre la felicidad humana; tratamos de controlar cosas que no dependen de nosotros, pero las que dependen de nosotros no las tenemos claras. El cuerpo propiedades la reputación el trabajo los amigos el jefe la economía no depende nada de nosotros. Casi todo está fuera de nuestro dominio. Pero puedo cambiar mi forma de pensar, de percibir lo que viene de fuera.  ¿qué cosas si controlo? Mis pensamientos y creencias, eso lo puedo regir, cambiar la forma de reaccionar a lo que viene de fuera. Puedes cambiar tus reacciones, decisiones, tu actitud. Epitecto era un gran estoico, la base de la terapia cognitivo conductual, gran escuela del siglo xx, son las enseñanzas de los estoicos. Los griegos estaban en el mercado de Atenas en la calle y compartían con todo el que venía sus conocimientos, todos tenían derecho a aprender, fueran esclavos o gente libre. Interesaba la vida real. Marco Aurelio dice que somos más fuertes de lo que creemos, la neurociencia nos dice que somos adaptativos los humanos. Distorsionamos las cosas cuando pensamos mucho en ellas, si lo ves muy de cerca se ve como una montaña enorme e inalcanzable su cima. Hay que verla desde encima de la montaña al problema, para poder ver su solución, para relativizarlo, para no identificarte con tu problema. Así creas una diferencia entre tú y los demás, entre tú y el problema. 

Los griegos hacían el viaje cósmico, se maginaban que estaban en la biblioteca y se elevaban y se iban alejando de biblioteca de Bilbao, País Vasco, España, Europa y ven tierra sin fronteras ni diferencias y formaban parte de esa inmensidad. Elsa Punset estaba en Barcelona la semana pasada, que ha habido problemas de todo tipo, y les ha hablado de Heráclito y Platón que decían que estamos hechos de estrellas, conectados y somos todo lo mismo. Somos más ricos de lo que pensamos, no solo una identidad sino muchas. Puedo ser catalana, española, europea, terrícola, madre, hija. Le encanta la naturaleza, es jardinera, le gustan los perros, tiene muchas identidades dentro y se solapan unas identidades con otras y así podemos convivir. “Si me reduzco a una sola identidad creo barreras entre yo y la persona que tengo al lado”. Hay mucha sabiduría en los griegos.
Los antiguos chinos eran apasionantes, lo ha descubierto en este libro. Pensaba que Confucio era un hombre diferente a nosotros, pero le interesaban cosas como a nosotros, vivir el dio a día. Decía; “no me preguntéis qué pasa tras la muerte”. Él proponía a sus seguidores un juego; como nos cuesta entender la postura de los demás, las familias cambian de papeles; el nieto hace de abuelo, a madre hace de padre. Cambian los papeles, te pones en la piel de otro ese día.
Habla Elsa Punset también de los alquimistas, una escuela de pensamiento que le encanta, relacionado con las partes oscuras de la filosofía. Buscaban el oro dentro de las personas, en un laboratorio interior. Hay una parte en el libro dedicada a los viajes por Mongolia Tailandia China Japón, países dónde de forma colectiva se celebra la felicidad, pequeños rituales para ser más feliz. Termina el ensayo con un viaje por los sabios contemporáneos. Esa es la estructura del libro.
Hay muchas ilustraciones. Es un libro con muchos dibujos. No terminaba de convencerla el trabajo que hacia el ilustrador porque era esquemático y frio. Quería que el lector se sumergiera en este viaje, casi oler sentir oír estos lugares. Quería más fotografías. Muchas fotos son de viajes que ha hecho ella; el Jardín de la universidad de Oxford, su despacho en casa. Trabajó las fotos para que parecieran ilustraciones. Ha quedado un libro bonito. Son mil caminos para encontrar la felicidad. La gente se va con la promesa de que echarán un vistazo al libro y aprenderán mucho de él. 
  
A una espectadora abertzale la sorprende mucho que siempre se recuerde a Unamuno. Se ha puesto de moda, y es como un rito que oficialmente hay que repetir, sobre todo en Bilbao.  Cuando hay un acto oficial cultural es la inevitable e inefable loar a Don Miguel de Unamuno. Al margen de sus méritos como intelectual poeta escritor o filósofo, fue responsable directo de la infelicidad de miles de personas. Fue el intelectual que más apoyó el alzamiento militar del 36. Nada de lo que pueda decir escribir publicar le redime de ese acto espantoso. Muchos de los familiares de esta chica defendieron la república y la autonomía de Euskadi, su tío murió en la cárcel y su abuelo en la batalla. Por muchos que sean sus méritos como intelectual en una sociedad democrática no se excusa la postura que tomó. Por no hablar de lo que pensaba de la cultura euskaldun y el eusquera. Es infumable que se le mencione siempre. Elsa la responde; si juzgamos mirando atrás en su contexto quedaría poca gente cuerda, solo los que piensan como nosotros hoy en día. Los humanos hemos hecho esfuerzos por ser más justos igualitarios, respetar más a los demás, ser más compasivos, ampliar círculos de empatía. Hay que conocer la historia y no repetir la historia, claro, pero hay que reconocer que una persona no puede ser cien por cien lo que esperemos de ella. Hay que conocer sus luces y sombras. Hemos superado ciertas sombras. No podemos borrar de la faz de la tierra a esas personas. El mayor favor a un intelectual así es no mencionarle, insiste la oyente.
Otro asistente cambia el tema; El día a día esta sobrevalorado. Hay una pérdida de horizonte o sentido, el sentido de ahora es muy plano, conservador. Buscar vivir la vida del instante, lo efímero, es una visión hasta comercial; sonríe, vive el día a día, el carpe diem. Pero si importa lo que pasó ayer o pasará mañana. Seligman es el padre de la escuela de psicología positiva, dice que todos tenemos fortalezas y hay que trabajar esas fortalezas, la vida hay que vivirla en muchos planos. La sociedad occidental está en el primer plano, de buscar placeres, pero hay que intentar vivir una vida buena, conocer las fortalezas únicas que cada uno trae al mudo y volcarlas en familiares, amigos. Una vida valiosa es donde esas fortalezas y talentos se dedican a algo mayor que uno mismo, a los demás, a una causa. En este momento de la historia estamos buscando la felicidad en la vida placentera. Podemos abrir un poco horizontes. La felicidad es un viaje interior, como diría Sócrates. Los psicólogos hablan del ambiente y los filósofos del interior. Deberíamos preocuparnos de lo que está dentro de nosotros mismos. No depender de la felicidad natural. La base es trabajarse uno mismo.
Como persona viajera que es, le preguntan a Elsa Punset si ha estado en Japón. No ha estado, pero siente pasión por sus paisajes y grabados. Él se conoce toda Europa y quiere irse a un país del que vuelva contento, coger esa energía. Los países del norte de Europa no viven como nosotros. “Vives en un país muy alegre”, afirma la escritora, “se da importancia a la convivencia, a lo social, tenemos una comida estupenda, un buen tiempo”. Es un país muy feliz en escala de felicidad. Viendo el programa “viajeros en el mundo” ves como todos se van fuera, pero vuelven a casa a comer. “Si descubro un país que sean más felices que aquí se lo diré”, bromea ella. El cerebro está más preocupado por la supervivencia que por la felicidad. Cuanto más vulnerables somos es en la infancia, aprendes muchos mecanismos de supervivencia. Aprendes creencias que se graban en la infancia en lo más profundo y es difícil luego cambiar. Ella no podía hacer ese viaje hacia la felicidad, salir del tormento. Hay que buscar en la herida, en la oscuridad. La psicología positiva va unida al trabajo de mirar. El psicoanálisis tiene un efecto de culpabilizar, de sacarte los traumas, removerte y dejarte fatal. 
  
También le preguntan a Elsa sobre la meditación. Es importante esta búsqueda y conquista de la felicidad. Durante mucho tiempo. nos han dicho que era una tontería buscar la felicidad. Solo ibas al psicólogo si tenías una herida grande en el corazón, y hacías por estar bien, solo si esa persona estaba incapacitada en la vida. La psicología positiva dice que todos podemos trabajar la psicología, no esperar a estar heridos y a una ayuda especializada. Freud ve lo humano como algo oscuro, con bajos instintos y muchos problemas. Se trataba de humanizar a ese humano para que pueda convivir. No hablaban de amor esperanza fuerza y fortalezas, pero estamos llenos de capacidad para redireccionar, además de inventar. Es complementaria la psicología positiva con otras escuelas. La psicología cognitivo conductual le parece muy acertada. Si no te conoces a ti mismo ni sabes lo que te pasa por dentro no puedes cambiar. Tienes que darte a conocer lo que ha pasado, mirarlo y entenderlo y digerirlo, encontrar la forma de vivir con ello. Celebrar as fortalezas que tienes como humano. Talento no falta, falta creer en ello y vivir adelante. La neurociencia surge en el momento de la revolución tecnológica, entramos en la caja negra del cerebro para entender como funcionamos. La neurociencia recomienda la meditación como herramienta para entrenar la mente. Nos permite vivir en un lugar donde somos más felices. Entrenas el cerebro para funcionen mejor los circuitos de disfrutar el presente. Es una herramienta muy antigua. No es fácil para nuestro cerebro. Es un camino especial y bonito, dejas de juzgar todo el rato, porque la mente juzga todo el rato. Dejas que pasen los pensamientos, no te confundes con tu pensamiento. Ellos estan ahí y tu aquí. Tú no eres tu pensamiento. Tampoco eres tu problema, o tu crisis. Más que dejar la mente en blanco la meditación es pensar solo en ser y estar, no identificarse con el pensamiento, ser. Es un repaso para la mente. La neurociencia habla de ese instrumento. Lo negativo forma parte de la vida. 
  
Una chica confiesa que ha pasado 8 años bastante mal. Ahora está más equilibrada y busca la felicidad. No cree en dios, pero está ahí, estaba ahí cuando ella estaba mal. Tenemos la capacidad extraordinaria de la resiliencia, de superar los obstáculos de los humanos. El amor, el afecto, el amor de los demás es lo que mas dispara, aunque sea poquito. Las personas alrededor intentaron que esta chica no sufriera. A esas personas de su familia las quiere. Se sentía incomprendida también por ellos. La familia es un lugar de aprendizaje, pero tienen algo curioso; la familia no ayuda a que cambiemos. Formamos un todo con la familia y nos asusta si alguien que queremos de repente pueda cambiar. Te retienen para que seas la pequeña niña de siempre. Las familias son fabulosas para muchas cosas, pero no para ayudarnos a cambiar. Le preguntan a Elsa Punset si es feliz. Ella es una optimista nata. Algo que tienen los niños, que son más felices. Pierden la mascota, pierden al abuelo querido, pero tienen el optimismo de que algo nuevo va a venir. Nuestro optimismo adulto es más activo, sabemos y podemos generar cosas buenas en la vida. Es algo que se trabaja el optimismo, como un musculo. El libro acaba así; tu vida en China, a solas, caminando, de noche, en barco… tu felicidad; a tu manera.

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