miércoles, 8 de noviembre de 2017

VERDADERA HISTORIA BELLA DURMIENTE


ELLAS CREAN es un festival multidisciplinar de danza cine pintura artes plásticas y literatura. La literatura española tiene nombre de mujer. Hoy ha venido Ana María Matute, premio Cervantes 2010. Su obra explica la obra del siglo xx de la literatura. Antonio Rodríguez Almodóvar ha dedicado su vida a la investigación de los cuentos de hadas y la tradición mediterránea occidental. Su obra tiene el calibre de Perrault o Andersen, pues dirigió los textos canónigos de esas historias que estaban solo en la memoria. El bosque de los sueños es premio nacional de literatura 2005. Son los cuentos que hemos leído a nuestros hijos. Ha publicado los cuentos a la luz del alumbre y cuentos de la media lunita. Cuentos que hemos escuchado de niños. Vive del cuento. Es un honor privilegio contar con ellos dos aquí. El cuento es el nexo que une a los dos escritores. Están todos los cuentos de Matute en sus cuentos completos. ¿Qué papel ocupan las mujeres en esta tradición literaria? Jorge Quesada el actor leerá fragmentos del verdadero final de la bella durmiente y pero que soñó la bella durmiente de Almodóvar. La selección lo ha hecho Beatriz Delgado. Es una lectura dramatizada. 

 EL VERDADERO FINAL DE LA BELLA DURMIENTE. ANA MARIA MATUTE
Todos saben que cuando el príncipe azul despertó a la bella tras sueño 100 años se casó con ella en capilla del castillo. La condujo en grupa de su caballo a su castillo, escoltado por sus sirvientes. Nadie sabe lo que ocurrió después. Como todo el mundo sabe, cuando el Príncipe Azul despertó a la Bella Durmiente, se casó con ella y se la llevó a su reino. Pero las historias no siempre acaban en el momento feliz, sino que la vida sigue y comienzan los problemas. Esta es la verdadera historia de cómo la Bella Durmiente se encuentra con la vida real, una vida en la que su príncipe no es tan azul ni su reino tan maravilloso, y en la que además entra en juego un oscuro personaje: Selva, la temible Reina Madre. Todo el mundo sabe que, cuando el Príncipe Azul despertó a la Bella Durmiente, tras un
sueño de cien años, se casó con ella en la capilla del castillo y, llevando
consigo a la mayor parte de sus sirvientes, la condujo, montada a la grupa de su caballo, hacia su reino. Pero, ignoro por qué razón, casi nadie sabe lo que sucedió después. Pues bien, éste es el verdadero final de aquella historia.
El reino donde había nacido el Príncipe, y del que era heredero, estaba muy alejado del
de su esposa. Tuvieron que atravesar bosques, praderas, valles y aldeas. Allí por donde
ellos pasaban, las gentes, que conocían su historia, salían a su paso y les obsequiaban con manjares, vinos y frutas. Así, iban tan abastecidos de cuanto necesitaban que no tenían ninguna prisa por llegar a su destino. No es de extrañar, pues aquél era su verdadero viaje de novios y estaban tan enamorados el uno del otro que no sentían el paso del tiempo. Cuando acampaban, los sirvientes levantaban tiendas, disponían la mesa bajo los árboles y extendían cojines de pluma de cisne para que reposaran sobre ellos. Así, poco a poco, y sin que apenas se dieran cuenta, fueron pasando los días, los meses, y 10 la Princesa comunicó al Príncipe que estaba embarazada y que su embarazo ya era bastante avanzado. Entonces comprendieron cuánto estaba durando aquel viaje, viaje que luego recordarían como una de las cosas más hermosas y felices que les habían ocurrido. Algunas veces, cuando el paraje que atravesaban era propicio, el Príncipe Azul, que era muy aficionado a la caza —como casi todos los hombres de aquella época—, organizaba cacerías, ya que llevaban con ellos a todos los monteros y
ojeadores que también habían acompañado en su largo sueño a la Princesa, gracias a lo previsores que habían sido sus padres. Aunque todos parecían un poco amodorrados, porque uno no está durmiendo durante cien años para luego despertarse ágil y animoso.
La Princesa parecía una rosa recién cortada pero, naturalmente, el beso del Príncipe que la despertó no se repitió en cuantos la acompañaban. Bastante tuvieron con despertarse por su cuenta, una vez roto el maleficio de la per versa hada, que les encantó de forma tan in justa como estúpida. Así, iban quedando atrás los bosques umbríos donde gruñía el jabalí; las praderas verdes donde pacían las ciervas con sus cervatillos; las fuentes donde, según decían, de cuan do en cuando solían aparecerse las hadas, y los misteriosos círculos de hierba apisonada, aún calientes —el Príncipe Azul y la Bella Durmiente los palpaban con respeto y un poco de temor—, donde, a decir de sirvientes y al deanos, danzaban las criaturas nocturnas—silfos, elfos, hadas y algún que otro gnomo— en las noches de luna llena. Fueron haciéndose cada vez más raros los pájaros alegres, ruiseñores y petirrojos, abubillas y riacheras, y aquellos otros, de nombre desconocido, que parecían flores errantes.
Desaparecieron las bandadas de mariposas amarillas, las aves emigrantes que volaban hacia tierras calientes; se apagó el cristalino vibrar de las libélulas sobre el silencio de los estanques. Día a día, iban adentrándose en tierras oscuras, donde el invierno acechaba detrás de cada árbol. Los bosques se hacían más y más apretados y oscuros, más largos y difíciles de atravesar. Las hojas se habían teñido de un rojo amoratado, y aunque bellísimas, si el sol cuando llegaba hasta ellas les arrancaba un resplandor maravilloso, la Princesa sentía un oscuro temblor, y se abrazaba al Príncipe. Al cabo de unos días, se adentraron en una región sombría y pantanosa. Ya no acudían gentes a recibirles con presentes y músicas. Entre otras razones, por la muy poderosa de que no aparecían por ninguna parte pueblos, aldeas o villas. El otoño estaba muy avanzado, pero no se veían ya hojas doradas, ni rojas, ni atardeceres de color púrpura. Las nubes tapaban el cielo, árboles desnudos alzaban su  brazos retorcidos contra él, y sólo páramos y roquedales salían a su encuentro. Los sirvientes y monteros estaban bastante in quietos. Incluso alguno de ellos huyó durante la noche. De modo que el séquito era cada vez menos numeroso. Aparecieron aquí y allá esqueletos de animales, y aves lentas, oscuras y de largos gritos planeaban en círculo sobre sus cabezas. Al fin, entraron en un bosque tan espeso y oscuro que los rayos del sol, débiles y escasos, apenas se abrían paso en él. No se parecía en nada a los bosques que la Princesa recordaba de su niñez, ni a los que había conocido durante la primera etapa de su viaje. Era un bosque salvaje, obstruido por raíces gigantescas, donde abrirse camino requería gran esfuerzo. Las noches pobladas de gritos de lechuzas sobresaltaban su sueño, y apenas volvían a dormirse,
amanecía. Lejos quedaban las noches cálidas bajo las estrellas, cuando, en la tienda de
seda roja que habían armado los sirvientes, se abrazaban y amaban el joven Príncipe y la joven Princesa. Ahora también se abrazaban, pero su abrazo estaba dividido entre el amor y el miedo.
Aquél era, sin duda alguna, un bosque diferente de todos los conocidos. Y, cuando menos se esperaba, el largo aullido de algún animal desconocido lo atravesaba y dejaba su eco colgando de las ramas que, luego, el viento sacudía y esparcía. «Acaso —pensó la Princesa—, sea un bosque embrujado.» Porque, en ocasiones, pudo distinguir entre los helechos, las ortigas y la alta hierba, carreras veloces o huidas
de diminutas e inquietantes criaturas que ella jamás había visto antes, y de las que sólo su nodriza le había hablado en su infancia. Dos o tres veces creyó distinguir sus caritas, que a primera vista parecían traviesas, para inmediatamente traslucir una refinada maldad.
Luego des aparecían entre las altas hierbas, y ella no sabía decirse si fueron verdaderas o las había imaginado o confundido con insectos, pequeños animales o diminutas criaturas del fondo de la maleza. Cuando por fin decidió preguntar al Príncipe el porqué de aquellas apariciones, se dio cuenta de que él no parecía haberlas notado. Es más, no se mostraba inquieto, ni temeroso, sino más bien tranquilo y confiado. —Estamos ya en las tierras de mi padre —dijo. Y parecía satisfecho.
Al fin, penetraron en un tramo del bosque donde todo aparecía tan oscuro, apretado y retorcido como ella jamás pudo imaginar. Los árboles, las ramas y hasta los helechos se contorsionaban de tal manera que, más que un bosque, parecía un nido de pulpos gigantescos. —¿Éste es tu reino…? —le preguntó, llena de inquietud, al Príncipe Azul. Pero él la abrazó y dijo:
—Mi reino eres tú y yo soy tu reino. Tras lo cual, ella no supo qué contestar, y
sus pensamientos se desviaron hacia otros asuntos mucho más placenteros. Día a día, mientras avanzaban por aquel bosque que parecía no iba a terminar nunca, los caballos se asustaban, se encabritaban, y los servidores, incluso los monteros, huían. El séquito de la Princesa se había reducido, casi, a menos de la mitad. Ni siquiera había permanecido a su lado una sola de las doncellas. En-
cantadas por el clima de amor y felicidad de los primeros tiempos, se habían enamorado, ora de este palafrenero, ora de aquel paje, ora de este montero…, y habían desaparecido con ellos hacia quién sabe dónde. Un día, la Princesa, que sentía ya en sus entrañas los jugueteos del niño que llevaba dentro, preguntó: —Cuando me despertaste con un beso, los árboles y los arbustos florecían, y la hierba, y hasta las ortigas despedían un maravilloso perfume, que nunca olvidaré… ¿Qué ha pasado?
¿Por qué han desaparecido el canto de los mirlos, y las flores, y el sol? —Es que entonces era primavera —contestó el Príncipe— y ahora se acerca el invierno… Pero, a nosotros, ¿Qué nos importa?19 Y se abrazaron, y se amaron, y todo lo demás desapareció a su alrededor.
Desapareció en su mente, pero no en la realidad que les rodeaba. Ellos pensaban que ni la oscuridad, ni la perversidad que se ocultaba tras el tallo de cada hoja, ni los aullidos de los lobos que acechaban a su paso existían realmente. Claro que ninguno de los dos había alcanzado eso que las gentes llaman edad de la razón. Y a pesar de todo, a medida que se adentraban más y más en el bosque, más y más iba encogiéndose el corazón de la Princesa, ovillándose en sí mismo, como uno de aquellos animalitos tan suaves y confiados, que caen atrapados en la primera trampa tendida a su paso.
 
TEXTO DE RODRIGUEZ ALMODOVAR ¿QUÉ SOÑÓ LA BELLA DURMIENTE?
Revisando la correspondencia encuentro un sobre. La dirección y el remite venían con rasgos picudos, levemente inclinados a la derecha. Era la forma de escribir de las señoras de cierta posición. Al día uno recibe mucha propaganda camuflada. Ya dentro del piso le puse la caricia del abrecartas. Abrí el sobre y extraje del interior una buena porción de folios color hueso también, doblados. “Mi estimado señor, conozco sus trabajos de narrativa popular, desde hace tiempo, desde los principios en los 80, he leído todos sus estudios sobre esa materia aparentemente banal, la de los cuentos folclóricos. Disfruto de los cuentos por usted restaurados y reinventados. Le felicito por ello”. La autora de la carta ha esperado estos años que me ocupará de un aspecto en concreto, pero con desilusión ve que esto no ha sucedido. Por eso me escribe ahora. Busqué las iniciales enigmáticas con la que se firmaba la carta. La comparación de la letra me dio un resultado irrefutable, era la bella durmiente del bosque la que me escribía esta carta. “Todos los cuentos de origen folclórico son portadores de símbolos que hablan de la cultura en sus exponentes; la prohibición del incesto, las pruebas de castidad de las muchachas, los matrimonios convenidos, pero también lo son del natural deseo de los individuos por romper con todo esto, revestido con todas formas de rebeldía y ansiedad, sobre todo la ansiedad por ese engaño que algunos llaman amor. De ello viene las frustraciones más primarias e intimas, y la capacidad de ser maravillosamente libres, particulares y distintos. Sobre ese magma fundamental ha vertido el alma humano escrituras para librarse o mantenerse en su interior. El pueblo llano, por su parte, puso mucha inteligencia en esto. Construyó historias antagónicas. Cuentos arquetípicos que caminan con la historia de la humanidad. Eran cuentos secretos. Vayamos desde el principio. Yo, la hermosa heroína, fuí engendrada hija única tras los esfuerzos de mis padres, reyes lejanos, que desesperaban por tener descendencia. Es la crisis profunda del nuevo modelo social, se trata de la trasmisión de los bienes propios a unos hijos legítimos. Donde se dice reyes leer ricos propietarios, y donde dice princesa leer la heredera. Se valoraba el matrimonio sobre base de la virginidad. A esa niña maravillosa que era yo la procuraron el concurso de 7 hadas buenas que me adornaron de perfecciones. Ahí empezó mi calvario. Fíjese que prendas me otorgaron; ser la más bella me comprometía con las demás mujeres y es u asunto no resuelto el qué pasaría en su vejez. Un no sé que etéreo me dieron, saber bailar, cantar como ruiseñor y tocar todo tipo de instrumentos, casi un conservatorio para mi sola, e ingenio como de un ángel. El tal Perrault así lo quiso. Debía empelar raudamente las órdenes recibidas del gran jefe. No ha habido ningún teósofo que ponga a estas criaturas por la escala celeste. Como todo el mundo sabe un hada vieja y mala, que no había sido invitada ni obsequiada por motivo de mi bautizo, vino expulsando sapos y culebras y pronosticó que moriría a los 16 años de edad. El hada buena apareció e hizo transacciones con los poderes mágicos, todo quedó en 100 años de sopor irremediable. A partir del momento estaba a la espera del beso del príncipe que al fin sucedió. Me pinché con el húsar. Eso significaba realmente destruir el valor de una joven en edad de merecer. No era ni menor edad. Tenía curiosidad por los seres del sexo contrario, pero me lo tenían prohibido. Según la versión anterior del cuento de 1634 del italiano jean batista Vasili, el cuento relejaba el miedo a la menstruación, la pasividad propia de las adolescentes, bobadas. En castigo a mi precocidad fuí confinada y narcotizada en ese soberbio castillo del bosque que todos han visto en las ilustraciones de Gustavo Doret. Solo un príncipe de otro linaje con su gallardo arrojo y algo más sería capaz de penetrarme. ¿Cómo penetrar lo ya penetrado? Hice el artificio de seducción y engaño, para que el primer príncipe incauto e ingenuo que pasara por allí creyera ser el elegido. Llegó el apuesto heredero con ardor de zarzas y destinos, y creyese predestinado a producir mi despertar. Con el pecho arrojado y algo más se abrió paso con su espada entre árboles y espinos. Casi no tuvo que desenvainar, esa maleza se le fue apartando a un lado a otro conforme a él pasaba sin realizar el menor esfuerzo. Si hasta las imágenes son de un freudiano que espanta. No son suyas sino del tal Perrault. En este punto esencial del relato coinciden otras versiones, tanto la anterior de Vasili como dos anteriores del siglo XVI, una francesa y otra catalana. Las tres coinciden en que el príncipe azul me penetra, me hace el amor sin siquiera despertarme. Así costa y se expresa con mayor soltura, aunque suene fuerte. A los 9 meses justos debía dar a luz a un niño y una niña, mellizos. No me presenta a los abuelos. Los periodos de intermedio son periodos de prueba. Se sospecha que he cohabitado con miembros de mi familia, he cometido incesto y sólo la aparición de hijos normales dará fe de que tal cosa no ha sucedido. Los mellizos e hijos deformes darían fe de unos revolcones consanguíneos. Así se descubriría que esta muchacha que era yo era fértil y era capaz de proporcionar un heredero masculino. Todo eso de una catada. El empolvado ministro del rey sol dijo que primero la niña y luego el niño. Debía proporcionar un heredero varón, un machote, Todo lo cual era una delicia, paradigma de respeto a mi dignidad femenina. Es un enredo tortuoso incomprensible. Lo han tomado de otro cuento, mal cosido. El príncipe embaucado ha de esperar la muerte del rey para llevarme a su reino. Mi suegra era una ogresa aficionada a la carne infantil, como toda madre edípica. No se han dejado engañar por mi virginidad falsa. Me mantuvieron vigilada en ese castillo durante dos insufribles años. Allí sentí el peor de los sentimientos, el rencor. Mi repugnante suegra era a su vez la trasformación de una madre incestuosa también. Aprovechando que el príncipe va a la guerra, la ogresa ordena a un sirviente que degollé a mis hijos y a mí para comernos. Pero el guardián siente compasión por los tres y nos sustituye por animalillos del bosque y así es engañada la caníbal cuando con fruición cree estar devorándonos sucesivamente. Cuando ella deambulaba por los pasillos de palacio, reconocerá mi voz dulce y bien templada, por el don otorgado de las hadas invitadas. Les cantaba a mis hijos a la hora de acostarse. Perrault dice que regañaba a mis hijos con mi ávida voz. El ilustre empolvado distorsiona todo ello. La ogresa vuelve a ordenar capturarnos, y quiere darnos muerte en el caldero en aceite hirviendo. Ella misma acaba arrojándose, presa de un destino fatal. No quiero que echen a mis hijos en el caldero. Así que salgo más hermosa y resplandeciente de lo que entré. El hada buena, en premio a mi valor de madre, ha cambiado el aceite por un bálsamo de eterna juventud. Mi suegra al verla tan resplandeciente se arrojará de cabeza al caldero, su condición ha vuelto a ser aceite y allí morirá achicharrada entre lamentos y feroces alaridos. 
 
Matute está un poco sorda y la traducen lo que dicen. ¿por qué se fijó en el final y no en el resto de la historia? escucho el cuento tal como era por su abuela francesa. Los cuentos terminaban cuando el príncipe llegaba. Pero la segunda parte es muy importante. Se suprimían los finales y cambiaban los textos. Hacen cuentos políticamente correctos. No destruya lo que está bien hecho. Matute reconstruye los cuentos con su prosa para que los niños vieran el verdadero final. Los hermanos Grimm suprimen la segunda parte de esta historia donde ella se hace protagonista del relato, el príncipe ha ido a la guerra y ella se queda en aquel palacio con la suegra que se la quiere comer. Los sicoanalistas dicen que significa que el niño tiene miedo a que se lo comen. Da igual lo que signifique, pero deben respetar la segunda parte del cuento. Perrault si lo respetó. Los que interpretaban el final de la bella durmiente creyeron que esto no era oportuno para los niños. La princesa no era una ejecutiva sino una niña joven que como todas esperaba al príncipe que la despertara. Ella despertaba en ese momento. La bella durmiente no se hizo muy amiga de la suegra. Matute se llevaba bien con la suegra. Los cuentos eran narraciones orales que se trasmitían de padres a hijos. Se encuentra con la suegra y con la vida, como nos pasan a todos. De repente despertamos, puede ser en la infancia o adolescencia o nunca. A veces la vida nos trata mal. Pero es ridículo querer traducir eso como si los niños fueran imbéciles, son majos, pero no tontos. Pobres niños. Hay un bello durmiente en la tradición popular, eso le ha fascinado siempre. En la tradición campesina española la recogió don Sergio Hernández de soto, folclorista extremeño que se lo mando a Machado y Álvarez, padre de los hermanos Machado y lo publicó en el tomo 10 de su colección. Al leer ese cuento fue una revolución mental. Escala un castillo donde hay un príncipe durmiente en su lecho. Ella va a estar ahí hasta que despierte, él solo despierta una hora en la noche de san juan. Era un modelo contrario. Para facilitar la memoria (porque la tradición campesina es inculta no ilustrada) habían hecho personajes contrarios. Había otros cuentos donde la heroína rescata al príncipe, pero esos cuentos no pasaron a la letra escrita, no interesaban. Una chica se venga del príncipe acosador. Es un cuento extremeño. Se toma una venganza terrible contra un príncipe acostumbrado a acosar doncellas. La flauta que hacía bailar es la historia de un ceniciento, que se va al monte para escapar de la presión de la madrastra. En Blancanieves nunca fueron enanitos sino sus propios hermanos, es una pena que no se haya mantenido ni pasado a la transición. El príncipe se inspira en la película de Marilyn Monroe, se titulaba el príncipe durmiente. Este hombre se había inspirado allí, porque en las traducciones anglosajonas aparece un bello durmiente. Matute dice que de preguntarla algo sea despacito y breve porque es sorda, no dura de oído. Con el micrófono el eco le tapa la voz. Los cuentos son una tradición oral, la abuela cambiaba a los personajes tradicionales. Es saludable esto. Mientras no se cambie el profundo sentido del cuento. Le contaba a su hermana la cenicienta y eso duraba tres meses. Se inventaba cosas sin contradecir los cuentos. El príncipe era rubio con ojos azules o moreno con ojos verdes. Eso es licito, la madre ve al niño hacer pucheritos y dice; luego vino un hada y lo salvó. No traicionar el cuento, pero el cuento cambia depende de donde lo cuentas, con quien estas, los ojitos del niño que te escucha. Da pena eso, que tergiversen los cuentos. Las versiones edulcoradas de Disney suplantan los cuentos tradicionales. ¿Cómo podemos evitar esa invasión que viene de fuera contra nuestro acervo cultural? Disney es una cosa americana. Han hecho algo banal que contradice el cuento, Peter pan ha crecido. No es Peter Pan que es el niño que quiso no crecer. Lo llevamos dentro a Peter Pan, (no todos, por suerte), ese niño que no quiere crecer. Disney tiene hallazgos preciosos como Campanilla o el capitán garfio que está muy bien pero ha quitado el misterio a Peter Pan. Es un cuento de aventuras.  Ha fabricado estereotipos grandes. Detrás de la Blancanieves de Disney hay algo que a los niños les sigue divirtiendo. Hay imágenes eróticas de Blancanieves retozando con los enanitos. Eso no lo ven los niños, pero lo intuyen, tanta camas allí… Los niños son más inteligentes de lo que pensamos, seguro que lo intuyen. En la versión tradicional no son enanitos sino sus hermanitos, expulsados del hogar por unos padres celosísimos, que cuando tienen una niña expulsan a los 7 varones. Le impresionó mucho ese cuento de pequeña a Ana María. Cuando ella llega ven el mismo anillo que ellos tenían; a esta ni tocarla siquiera porque es nuestra hermana. La versión oral tiene más misterio y al niño le hace entender de inmediato que algo que podría ocurrir no va a ocurrir. En Disney hay cosas raras, los enanitos son mineros que no casa bien con que estén en el bosque. Se salvan por lo bien hechos que están técnicamente. Tienen buenos dibujantes que te mueres de risa con sus dibujos. En cenicienta detrás de esas hermanas a las que no les caben el zapato, y se cortan el dedo, para ver si cabe o no cabe, hay algo sexual. Yo que sé, ¿le cabe o no lo cabe…? ustedes me entienden. Los cuentos resisten por su verdadero sentido. El cuento de la sirenita le ha hecho mucha impresión de niña. En la versión de Disney la ponen sostenes a la sirenita y la hace terminar bien. La sirenita acaba mal porque debe terminar mal. Eso la indigna y pone nerviosa. Una oyente dice que ha sido maestra ya jubilada y con los niños ha terminado cuentos y personajes y le asombraba lo crueles que eran los niños al hacer los finales de los cuentos. Metían torturas y muertes y cosas trágicas y muy tremendas. Eso le llama la atención.  Matute no lo ha oído nada. Los niños son muy crueles, aunque no lo saben. Cuando dejan de serlo y son caritativos es de mayores. La crueldad narrativa no es como la crueldad gratuita y morbosa de ahora. No hay recreación en la sangre en los cuentos. Lo mataron y ya está. Por ejemplo en este cuento; Tres hermanos son enviados por su padre a buscar la flor. Lo encuentra un hermano y lo matan y entierran en un cañaveral. Es uno de los cuentos más reclamados. En la biblia está el tema, es José y sus hermanos. La Biblia hizo su propia versión, es el primer libro folclórico. Luego reviven, no te quedes con el trauma. El pastor sopla una caña, y le dice; no me mates, que me han enviado aquí mis hermanos. Ese momento de crueldad transitoria y narrativa se vuelve más dulce en el recuerdo cuando el niño resucita. El rey toca la flauta y los hermanos salen de la caña. Eso de matar no se puede decir. Los “dejamos de existir”, ¿Qué decimos? Matute usa mucho el “Y luego lo mató”. Así acaban muchos de sus cuentos. La infancia acaba así, asesinada. Como el sol en el desierto. Matute dice que la infancia es más larga que la vida, una de las mejores frases de esta mujer en paraíso inhabitado. Es una frase que no se puede entender. Si no lo has entendido déjalo. 

Mucha importancia ha tenido los cuentos en su infancia, en unos tiempos difíciles. Cuando la vemos a Matute nos recuerda la recreación de un hada, de uno de sus personajes. ¿Qué cuentos han marcado su vida? ¿Cuáles han sido significativos en mantener esa ilusión por vivir? Los que más le han influido no sabe, pero los que han creado una atmosfera en ella, como niña solitaria, eran los cuentos de hadas. El bosque es una atmosfera que crea. Por ejemplo, la bella durmiente, está metida en un bosque lleno de misterios, y viene el príncipe, tenía que ser él. Se ha prolongado ese cuento, el ambiente, el olor de los helechos y de las hojas en otoño. Le encanta el otoño, la estación que más le gusta. Tienen el color y olor del otoño, su melancolía. Se convierten muy pronto en una especie de nostalgia de no ser ya la que fuiste, pero que querrías volver a ser. Escribir es dificilísimo y hablar también. Está leyendo paraíso inhabitado, ¿Cuántos datos autobiográficos hay en la obra? Es el único libro que hay algo de ella, pequeños detalles autobiográficos como el cuarto oscuro. Pero ni el tema ni personajes son ella. Es una niña solitaria, le gusta mucho la soledad. Ser escritora es una aventura silenciosa. Mientras escribes estás profundamente sola. No está tan mal ser vieja a pesar de la mala salud. La gente te quiere, te dicen cosas agradables, hasta te llaman guapa. Da la impresión de que la acción se desarrolla en Madrid, aunque no aparece en la novela. El jardín grande que va ella con el padre es el Retiro. ¿por qué no era una ciudad catalana al ser ella catalana? Sus novelas siempre suceden en la rioja (pueblo de su infancia y de su madre) o Cataluña y este tocaba así. ¿es imprescindible la moraleja en la literatura infantil? Es abominable. El cuento popular de tradición oral nunca tiene moraleja sino acaso un par de observaciones sarcásticas al final en forma de pareado, algunos elementos orientales, pero la moraleja es un atributo burgués. No expliquéis al niño, las cosas funcionan como son, si lo explicas no tiene gracia, que el niño lo interprete. Es el racionalismo del XVIII, con la diosa razón, la moraleja ilustrada entró al cuento, Le Fontaine, Samaniego.. Un dicho de su infancia dice que por la moraleja por ahí entró una vieja. Es fea la palabra moraleja, suena a molleja. Los tres pequeños cerditos es un cuento extraordinario que también ha sido severamente mutilado, no por crueldad sino por escatología. No derriba a soplos las casas sino soplos de otra clase, es una batería de pedos. Ni la casa de piedra con una ametralladora de pedos puede derribarla. Los niños se divierten mucho, pero la palabra pedo no se puede decir. Prosperó el estereotipo de los tres cerditos. Hay una segunda parte en la que el lobo cuando no ve que pueda derribar la casa, le intenta engañar ofreciéndole comer mucho. Quedan a las 4 a comer patatas y el cerdo se presenta a las 3 a comer patatas y se come las patatas y se va. Lo hace varios días. El lobo se da cuenta de la estratagema del cerdito y le persigue. El cerdo se esconde, pero se le ve el rabito. El cerdito le dice; no es mi rabo, sino una raíz de rábano. El lobo quita la mano y el cerdo mete su rabo y el lobo no se lo puede comer. Cuando había algo escabroso, cruel, incesto, se eliminaba. La gente campesina como no era letrada no se enteraba de que cambiaban los finales del cuento. Ahora se ve la televisión y ya no está el medio ambiente en que estas historias tenían su cuajo. Son historias de los campesinos secretas que no contaban a cualquiera y que escapaba de la mirada del erudito, ¿para qué quieren saber estas historias que contamos? y como venían de la universidad les cambiaban el cuento para que no se escandalizaran. Hubo muchos folcloristas en Cataluña y Salamanca, rescataron el sentido del cuento, es el sentido de la inteligencia del cerdito sobre el lobo, no sí la casa era de paja o madera. El débil es más inteligente que el malo, o el fuerte. La zorra le gana siempre al lobo porque es más lista, más inteligente, ¿Qué mayor moraleja que esa?; la inteligencia por encima de la brutalidad o la fuerza bruta o crueldad. El niño lo va traduciendo, metiéndolo en el disco duro. ¿Qué opina Matute de los cuentos donde hay lavadoras y ordenadores y las madres pueden ser médicas? Matute no lee los cuentos actuales, lee cuentos para adultos. Para niños ya se han escrito todos los cuentos que a ella le interesan. A veces lo ha cogido el cuento y se le ha caído el libro de las manos. No hay grandes escritores para niños. Hay cuentos buenos para adolescentes, Harry Potter está muy bien, porque ha traído a los niños a la literatura, los ha arrancado de los juegos de marcianitos y los ha traído a la lectura. Jorge quesada y pepa pedroche han sido unos grandes rapsodas de los textos de Matute y Rodríguez Almodóvar. Matute concluye el acto con un buen recuerdo a josefina Aldecoa que ha muerto hoy, una gran amiga y una buena escritora. 


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