sábado, 27 de octubre de 2018

LA FORMACION DEL ESCRITOR;TALLERES Y ROLLO LEGAL


Quinta charla en los congresos de edición en Azkuna.

              ¿Es necesario formarse como escritor en talleres literarios o legalmente?

Karina Sanz, escribe para Zenda y otras revistas y modera hoy este debate. ¿Pervierte la formación literaria la naturalidad? Mónica Crespo desde el año 2000 imparte talleres de escritura en Azcuna y Getxo para autores sin libros publicados pero camino a una profesionalización. Es necesario que sepan cómo es un contrato. Un abogado colabora con la sociedad jurídica y presta servicios legales a los asociados, ¿hasta qué punto tiene que estar instruido un escritor en lo legal? Pedro Sánchez es de la asociación y del gremio. Hablan de las nuevas plataformas digitales, ebooks, audio libros, de la edición y la distribución.
Los escritores necesitan saber sus derechos, pero poco les interesa el aspecto jurídico. En la asociación CEDRO en 48 horas opinan lo que piensan del contrato en un lenguaje común, luego que hagan lo que quieran los escritores aconsejados. El contrato convencional ha cambiado con estas nuevas formas. Eran contratos de edición, pero ahora son de adhesión, los pone una parte y el escritor solo pone su nombre, sin negociar. Amazon pone su obra con la portada pero les suelta un contrato larguísimo que no entienden. En las clausulas hipotecarias no podías negociar y daba condiciones de abuso, como hemos visto en la crisis inmobiliaria y de desahucios. Jurídicamente es un acuerdo de voluntades. Si se paran a ver los contenidos muchos reconocen que no querían haberlo firmado. El pan nuestro de cada día es que te paguen menos de lo acordado. Pera la persona que publica su primer libro firma sin leer porque su pago es que le publiquen. CEDRO es una asociación jurídica gratuita para todos los socios. Llevaron una acción en 2009 entre escritores de Cataluña y el gremio de editores, poniéndose de acuerdo y en 2011 se incluyó un contrato modelo de edición digital. Son intereses enfrentados a veces.
Mónica habla de que hay una formación autodidacta de leer y un deseo de escribir (¿Víctor Moreno acaba de leer?). Das un paso más de que te lean tus familiares. Un taller te da una artesanía y técnica, lo de publicar es posterior. En un cuento de Kafka un trapecista vive en el trapecio y es tan virtuoso que no quiere bajarse al suelo. Cuando un empresario le lleva a un circo le pide trasladarse subido a él. A veces hay que salir de nuestra esfera y torre de marfil, del aislamiento, trabajo y corrección rigurosa. Aramburu buscó cuatro personas que le dieron feedback y sugerencias antes de publicarlo. Silvia Plath sufría con sus profesores de escritura. Son voluntarios los asistentes al taller y no se hace de forma académica o especializada. La academia americana es un modelo de formación reglada que proviene del mundo universitario. En España está más formalizado que reglado. Y hay más espacios informales en bibliotecas, club de lectura y casas de cultura. Es flexible esta docencia circular, sin el modelo magistral donde uno enseña a otro. El encargado del taller le puedes acompañar a sus alumnos en el proceso de que aprenda a escribir, pero no enseñarles a hacerlo. Ricard Sene, novelista y sociólogo, escribió una trilogía: en El artesano se entiende la cultura como una manufactura, artesanía, “cuando mano y cabeza se separan es la cabeza la que sufre”. Vas acomodando los contenidos a las necesidades de cada cual. Esta modalidad, también dada en latinoamericana, es más creativa.

Hoy la palabra plagio es más peligrosa que antes. La originalidad de una frase es más rebatible, ahora con el twitter. Los tuits están protegidos. Alguien se puede querellar porque ese twitt era mío. No importa la extensión sino el contenido, lo que se requiere es una originalidad, que le da derecho a protegerlo contra la utilización de otra persona que no le ha autorizado. Cancela las cuentas la aplicación twitter de quienes son denunciados por plagio. En el régimen español costaría más el collar que el perro si quieres defender esto. Quienes aleguen que les han plagiado conseguir más seguidores, publicidad tendrían una indemnización más grande, demostrando un ánimo de lucro indirecto. En los reenviados de wassaps hay que respetar la originalidad de cada uno. Primero hay que determinar si la obra es original y por tanto defendible, quitando de allí lo que pertenece al acervo cultural popular.
En las redes hay mucha informalidad, parece que todo se puede coger y utilizar. A Agustín de Mayo le ha causado polémicas. ¿Dónde está el límite de la intertextualidad y el apropiacionismo? Un escritor consiente sus derechos y deberes. Un tribunal europeo ha considerado original una obra original 14 palabras. Porque algo esté en internet no se puede utilizar libremente. Todos trabajan en el ámbito educativo y lo saben. Esdelibro es un concurso en que premian la creación delante de un folio en blanco, “ese vértigo” que decía José Blanco.  Enseñan a citar, aprovechando la obra de otros para ilustrar tu trabajo.
No se pueden explotar los mensajes de redes sociales para usos comerciales: NoCabronazi retuiteaba los tuitts irónicos y divertidos de sus seguidores, pero los monitorizaba, y muchos protestaron: “yo te lo dejaba para mi mayor gloria, no para que saques dinero”.  Hay personas que se aprovechan del contenido de otros pero no por su contenido sino por lucro, o para obtener datos de otros para bombardearles de información sin su autorización o consentimiento. En la ley de propiedad intelectual está reconocido el derecho de cita. Un autor joven que empieza no es una hoja en blanco, un niño en edad escolar. Algunos de los alumnos de Mónica han publicado en editoriales indies pequeñas que publican en papel y ella les revisa la obra y sin ser una asesoría legal les intenta acompañar o consultan con otras personas o hablar con un corrector ortográfico o aconsejarles: este no lo muevas porque no está acabado. Hay personas que se presentan a un concurso, quedan finalistas, no han ganado, pero les prometen una cofinanciación en la que ellos pagan todos los gastos de edición. Los primerizos están buscando ese canal de llegar al otro, firman como sea y hay que ser más prudentes. Mónica Crespo acompaña como profesora y amiga, orientando esa última fase de la creación y producción literaria. Muchos editores van directamente a buscar firmas en internet, como fue el caso de Marco Chacote, o a los propios talleres literarios.
Explica el abogado en su asesoría en que aspectos fijarse a la hora de firmar un contrato. Internet hace que todo sea posible y lo canibaliza también: la calidad de sus manuscritos, los contratos… ¿Son apocalípticos o integrados los ponentes con el tema? Internet ha propiciado más también peores condiciones. Hay cláusulas que no se pueden ni llamar contratos de distribución, que se aprovechan de esa ansia de que el padre quiere dar a luz a la criatura, que sea leída y un éxito.  Con Amazon te sometes a la legislación americana (carecen de competencia para juzgarla), pero ya nos la olemos todos…un contrato de edición digital no es contrario a la ley, pero las condiciones son a veces penosas. En la web no viene siquiera un contrato o información detallada sino “¿Cómo publicar en siete pasos sencillos?” En la portada web ponen que no exigen exclusividad, ni permanecer con ellos, que pueden retirarlo cuando quieras… en el contrato se exige exclusividad en varias cláusulas. Te anuncian que es sin costes para usted, pero el servicio de portada profesionalizada, maquetación o corrección lo tienes que pagar aparte.
Es como decir “Démelo y lo cuelgo en la página web sin hacer nada más con su trabajo”. Las quejas con estas páginas son respecto a la distribución. No hay acto de presentación del libro, ni un reparto de libro a la promoción, no lo pasan a la crítica… (Los servicios editoriales si lo quieres los pagas) La fórmula es “printon the mail”: si alguien lo quiere lo imprimo, pero solo lo cuelgan en la página web. Algunos ni siquiera cumplen estas normas legales, porque no hay ni cesión de derechos, dan un servicio de alojamiento del texto. Hay veces que son editores y otras que no. En el contrato el editor asume el coste y riesgo. Si los de Amazon imprimen un único libro lo tienes que vender a 17 e para que ganes 1 e al menos. Los lectores se quejarán del coste. También te pueden decir que no han vendido ni uso y estan vendiendo mil y no lo sabes, solo lo que te informan.
En las autoediciones en tiendas de fotocopias te venden 200 o 300 ejemplares y los propios poetas se quedan con cajas en su trastero acumulando polvo. Por eso los ponentes recomiendan una editorial buena. Hay que entender la línea de la editorial, qué tipo de genero de literatura produce, ¿novela, poesía?, el tipo de lectores… no enviar al tuntún ni aceptar cualquier oferta que parezca apetitosa, mantener el sentido común y que nos arrastre la necesidad de publicar. Tiene que adoptar otra postura, pero es difícil conciliar las dos posturas, del escritor y del que tiene que auto venderse. En el 94 para ser socio de CEDRO no podías haberte autopublicando, y debes tener la condición legal de ser autor con una obra en la que figura tu autoría.  
Aramburu escribe y le publica un editor, pero Elvira sastre se da a conocer por internet y ambos han encontrado su forma, pero no de cualquier manera. Hay que trabajar e ir con paciencia. Es un trabajo intelectual de lecturas, de correcciones, de dejarlo. Puede ser esa novela una fase de tu proceso como escritor y que no quieras publicarlo. Te puedes arrepentir de haberlo sacado, y debes atender al ritmo interno que no tiene que ver con el mercado, las redes o la presión de publicar. Se abrieron un perfil de Facebook los alumnos de Mónica Crespo y allí se pudo relacionar con escritores y editoriales. Pero también querían un grupo y crearon el grupo Mónicacrespo. Sirve para compartir cine, lecturas, lo que circula en talleres, redes, en todos los blogs y twist, el caldo en que estamos todos.
El título de la obra es “la formación del escritor” pero han hablado de unos términos legales de propiedad intelectual que podría valer para músicos o lo que fuera. Los contratos que hacen en una editorial son pactados en colectivo. Reciben mil títulos de cada libro que van a publicar, y muchas veces ni lo miran, pero no desprecian lo que reciben. Reciben manuscritos interesantes de gente inteligente y no puede publicarlo por la excesiva profesionalidad del texto, transformar una materia especializada de tu interés en algo literario es difícil. Otras tienen frases bien hiladas, pero no ha investigado el tema que tratan. Hay ensayos que no se pueden publicar por ser abstrusas o por su simplicidad, porque la función estilística se echa en falta. Escribir no es redactar, no es solo trasmitir información. Tiene que tener un componente simbólico. Roberto Ar, escritor argentino, escribía muy mal pero tenía tal nervio su escritura que se le pasaban por alto sus defectos incluso gramaticales. Porque hay algo más palpitante, con vida, en bruto, aunque no esté ahí, que te dice algo de tu vida. Baroja se decía que escribía mal, escribía de forma muy vasca. La calle es muy larga y olía a pan. Sencillo pero profundo.
¿Qué es escribir bien y mal? No podemos ser Heidi, hay mucho lobo, Cedro es una entidad que te ayuda y apoya. Las asociaciones de escritores de Euskadi, de España. Si tienes necesidad de expresarte lo puedes hacer de muchas maneras. Es un autodescubrimiento, más allá del apoyo que te da el grupo, un proceso de formación largo y se siente orgullosa cuando ha aprendido a leer de forma diferente, o descubre una relación directa con la lectura, porque está íntimamente relacionada. Un taller te permite tener una reflexión más activa, que cuestiona más el proceso, ¿cómo lo ha hecho? No se fija en los fallos sino en la potencialidad de las personas. Tienen muchas historias y mucho talento y no saben cómo expresarlo. Hay que ser respetuoso con esas personas. Es un proceso de autodescubrimiento interior, conoces mundos nuevos, te permites narrar, trasgredir, y que la literatura se fracture. Es un privilegio como coordinadora, no solo decir que hace bien o mal. Tiene la posibilidad de leer en voz alta o pasar el texto y el grupo entero le dice sí hay un problema técnico, o si esa voz narradora no funciona. Ha aprendido mucho en los clubs de lectura también.
Ayer fue el cumpleaños de Ramiro Pinilla, que tuvo un taller literario mucho tiempo, al que asistía Mónica Crespo y fue un lujo y privilegio haberle conocido. Durante 50 años se desarrolló en bares, casas de cultura y las propias casas de los asistentes y amigos del escritor. Decía que todo escritor necesita alguien que le lea y escucha. Todos los lunes estaba allí en Getxo y durante 2 horas escuchaba a los escritores noveles. Ella estuvo en la última etapa de su vida. Era una persona a la que admiraba y quiere tanto y le parecía algo digno el taller y un grandísimo autor que hay que leer y que fue muy generoso toda su vida.
Una mujer en el público empieza a criticar los contratos de 20 años: “eso es vender el alma inmortal al diablo, tu primer hijo varón.” Hay coeditoriales que son en realidad imprentas y son timos. Hay gente profesional también y el autor conserva sus derechos, trabajan muchos, contrataportadistas, maquetadores, y el escritor no cede la propiedad y recibe ingresos mayores. ¿Por qué no tratan de encauzar a los escritores a ese sistema de autoedición? Hablan de contratos de adhesión y no de cesión. Eso son contratos de distribución, de subir a una plataforma. Tienen derechos de obra al 100%, pueden hacer con ellos lo que quieran. Auto editarte tú, colgarlo en Amazon o imprimiéndolo por tu cuenta, buscándote la vida, te permite conservar tus derechos, pero los tratan a los que se autopublican como si fueran los despreciados que no quieren publicar nadie.
Ha sido una tarde demasiado legalista, un viernes a la tarde y llevan desde ayer. Dijo varias veces Juan Cerezo que Aramburu y él eran socios: uno pone su trabajo y el otro dinero y trabajo, compartiendo beneficios. El que paga es el que compra el libro en la librería. Los editores no se creen más listos que el autor pero se dedican a esto, y se ponen en el lugar del lector porque tienen que comprarlo. Son un contrapeso entre el autor y el lector. Él mismo antes de poner una línea a un libro lo primero que hizo fue contactar con su editor para que le asesorara. En la autoedición nadie te previene si el libro tendrá buena acogida y público, será éxito o fracaso, lo paga el autor directamente, que corre con los beneficios directos (más dinero), pero también con los gastos de imprenta, de auto publicarse, y los riesgos y perdidas (se los puede quedar en casa). Lo tiene que distribuir él mismo, sin ese servicio editorial, organizar sus propias presentaciones de libros, venderlo entre amigos, en su entorno cercano, al final de recitales de otros. “Le imprimo sus libros por 500 euros.” Necesita vender 50 para recuperarlo. No hay editor que se ponga en el lugar del cliente final y si necesita llamarle al orden, siempre hay problema de tensión entre socios, pueden ser un asesoramiento. Dejan la sala llena de melones abiertos. Asóciense, dice María Eugenia, la socia de la CEDRO.

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