martes, 16 de octubre de 2018

PREJUICIO A LA MAHONESA MUSA/ SECULARIZACION DE LA POESIA


Prejuicio a la (mahonesa) musa

El prejuicio hacía la inspiración y la musa solo es propio del ignorante, que calificándose de realista, no lo entiende como lo que es: una metáfora.  No sabemos si a Santa Teresa y a Fray Luis de León o a San Juan de la Cruz, o a Lutero les hablaba Dios. Nos resulta costoso de creer que La suma teológica y la Ciudad de Dios vinieron dictadas por una presencia externa suprema en una noche de tormenta. Más bien de un proceso interior inconsciente, subconsciente y consciente, que ellos identificaban con Dios. Una esquizofrenia que no sé explica sólo desde el plano sexual, en una visión materialista. ¡Cuánto daño ha hecho Freud y el creer que todo se debe a comer pan de centeno o de ceba! Lo que sí tenemos constancia es que todos estos autores tenían grandes bibliotecas y dialogaban con los libros. Muchas veces no decimos “se ha influido de” sino “se ha inspirado en”.

Pero la inspiración no se reduce a la experiencia lectora, a imitar a una serie de autores y sus modelos. La inspiración también se da en el campo de la experiencia vital. Bécquer basa muchos de los motivos de sus rimas en sus propias relaciones amorosas, fundiéndose autor, narrador, y personaje, aunque reviente a la teoría de la recepción. De hecho, sostiene que la poesía existirá mientras exista una mujer hermosa. Era capaz de elevar el más concreto y simple beso en la mejilla a sublimaciones uránicas, platónicas, hacía una elevación que escapaba de lo mero pandémico, de solo una explicación material sexual e histórica (sincronica-diacronica) y que nos lleva a otra de plano metafísico y trascendente. En esto consiste el mérito del poeta; en elevar su condición de mono cuadrúpedo a la categoría de ángel, muchas veces caído y con las alas rotas, a la condición de semidiós, de héroe homérico, de superhombre nietzscheano, que por un momento se cree Dios. 

Giro secular en la poesía.
Blake define al poeta como Dios hablando en él. La diferencia entre los poetas clásicos-medievales y los modernos a partir del Renacimiento es el giro en este dialogo, ¿Quién habla a quién? ¿Dios al poeta o el poeta a Dios? Se ve en la evolución de la poesía religiosa: de la elegía, la plegaria a Dios, se pasa al intimismo de la poesía barroca mística, que no se explicaría sin la reforma protestante en la que la contrarreforma es reacción, pero también consecuencia. Más allá de que Santa Teresa comiera mucho pan de centeno y por eso tenía un deseo sexual frustrado que volcaba en esos delirios y éxtasis en los que muchas veces decía que Dios le penetraba, irrumpía en ella, la poseía y la dejaba balbuciendo…Más allá de esa visión materialista que Freud quiso darle a la poesía de esta señora y que me parece también indigno de alguien como Ortega Gasset relacionarlo con la poesía erótica, habría que explicarlo en el contexto histórico del cristianismo.Y a eso voy:
Empezamos en media rex porque me niego a hablar del edén y de la biblia, esa rama de la literatura fantastica, así que empezamos con la reforma protestante y el renacentimiento que es donde se inicia el proceso secular, que es lo que me interesa analizar más que la pera de Eva. 



Lutero se queja de la eclesía, es decir, de la iglesia como comunidad, en concreto del Vaticano y la iglesia de San Pedro, enriquecida con sus capas purpuras de diamantes, con una jerarquía de papas, obispos, cardenales, prelados…que traicionaban el mensaje evangélico de Jesús vendiendo las llamadas bulas, es decir, cobrando a un pueblo en la miseria por la confesión y el perdón del redentor, vendiendo reliquias, cobrando impuestos… La palabra bulo hoy en día tiene mala prensa. Y se dice que todos somos hijos de Dios, y revindica el sacerdocio universal, todos podemos ser sacerdotes de nosotros mismos, la libre interpretación de la biblia, que cada uno busque sus propias metáforas, el dios interior, la salvación solo por la fe, el perdón automático de los pecados si tú mismo te has arrepentido de ellos. Y es que aquella gente si se le moría un familiar tenía que pagar dinero que no tenía sí quería garantía de que su hija o su madre aún seguía en el cielo, perdonada por Dios.  Y esto era para enriquecer la piedra de San Pedro. ¿Qué habría pensado Jesús sí se enterara de esto? Le habrían vuelto a crucificar, a lapidar como a María Magdalena (hubo muchos pecadores en la iglesia que tiraron la primera piedra de San Pedro) y luego a tantas, o a quemar en la hoguera, como a muchos mártires cristianos ahora santos, pero también como a muchos herejes, heterodoxos, brujas, doncellas de Orleans, paganos, prisioneros de guerra, extranjeros, juglares, gente que se creía un nuevo profeta, curas que se rebelaban a este sistema, aldeanos que protestaban del diezmo, mujeres de mala vida, teatreros de marionetas, árabes, barbaros, judíos, mozárabes… La inquisición es una vergüenza tan grande como la nazi. ¡Y ahí sigue el Vaticano, representando a la iglesia temporal! ¡Y los neonazis violando a la compañera de Darío Fo delante de sus hijos cuando se mete con el papa!

Pero esto ya venía de mucho atrás, del diezmo que los campesinos pagaban al señor y al obispo de turno. Me parece hipócrita y cínico que grandes libertinos, o “pecadores” en su argot, como fueron San Agustín y Santo Tomás de Aquino se pasaran medio sistema filosófico condenando el placer sexual, que al campesino después de trabajar de sol a sol esclavo de la tierra era el único desahogo que le quedaba si es que aún le quedaban fuerzas. Y encima, eso se lo censuraban. Esta doble moral de San Agustín, que deja embarazada a una mujer africana, y luego, influido por su santa madre Mónica, se arrepiente, a lo Pablo de Tarso y les invita a todos a un banquete platónico a comer cuerpo de cristo y brindar de vino.  Desde esta doble moral, los nobles sí podían ser lujuriosos, viciosos y tener sus señoritas, pero el pueblo debía ser santo como el santo Job y echarle paciencia. Y la mujer, pura como la Virgen, que era la única mujer sin pecado, ya que a ella le fecundó una paloma y no una serpiente como a Eva.  Todo el rollo que se saca el señor de Aquino de Aristóteles para explicar la santa trinidad de la virgen agradezco que ya no se de en las escuelas, para no traumatizarles. Lilith fue condenada como madre d súcubos, serpientes y demonios solo por negarse a copular con Adán. No sé quién era más virgen entonces, si la supuesta madre de la humanidad o la estrecha protofeminista aquella. O sí Eva era curiosa como Pandora o intrigadora como maruja y por qué no fue el machista Adán el que se la pasó a la boca y por qué ella quedó de eterno femenino y el otro de presente masculino. Y además me importa bien poco. Y aún menos la manzana o la pera de Eva.

Obviamente el sexo, lo más natural que tenemos junto a la mala ostia, no podía prohibirse del todo, era necesario sólo para procrear.  Entonces Platón distingue entre lo que para él es romántico, sublime, uránico y lo que es bajo, animal, solo deseo. En este sentido, Platón es el primer inspirado, el primer loco de amor. En el Banquete nos habla de Urania, la diosa del amor. Nos habla del eros (el deseo, el interés de, la voluntad de), que en su conjunción con sique (la conciencia) forman la filia, el amor hacia la sabiduría y las ideas. La misma relación que mantenía con Sócrates era homo-erotica, aparte de intelectual. Debía estar cachas Platón, a juzgar por sus anchas espaldas, aunque era un poco cabezón, no solo en busto sino en filosofía. Representa el efebo clásico que queda prendado de su maestro, de mayor edad, y bisexual, casado con su mujer e hijos. Sócrates, en cambio, debía ser muy feo. Así se sacan la teoría de que el amador, que siempre es feo y en penuria, aspira a la belleza, la perfección, la bondad, el bien y la verdad del otro que le completa (por detrás) En esta relación entre erotos y erotómano, el verdadero poder lo ejerce quien es amado, ya que puede chantajear al que le ama, y siempre le quiere un poco menos. En realidad, Platón finge dejarse amar, pero estaba mucho más colado de Sócrates que lo que este le correspondía, que pasaba de él por mucho gimnasio al que fuese. No puedo entender como un ser tan loco, totalitario, cerrado de mente, que hubiera resultado mejor elevado a la poesía y que lo intentó en la obra Las nubes con Sócrates, haya podido dedicarse a censurar poetas, amores locos, inspiraciones, sofistas, mujeres, homosexuales y el sexo del pueblo, ya que no creía en la democracia ateniense que se había cargado a su Sócrates. Pero el caso es que a él le debemos la concepción del amor platónico, la del poeta no correspondido o que ama en la distancia o sin saberlo ella. Y este esquema se repitió toda la antigüedad en los poetas de arte mayor.

Toda la poesía religiosa está influida por esta concepción del amor platónico llevada a Dios. Milton en El paraíso perdido dice que Dios nos da libre albedrío de decir si le amamos o no, porque pretende ser un homenaje y no un vasallaje, que es el sistema que se dio en toda la edad medía feudal. Tambien dice el demonio: ostia, pero sí el infierno soy yo. Milton es un protestante a lo Corwnell bastante atormentado por dentro. Y Sartre: que no, que son los otros. Claro que el libre albedrio no podía escapar de lo estamental y se va sustituyendo por el concepto de libertad al ir surgiendo las clases sociales. Hay una evolución en la poesía, como en el resto de humanidades, de desacralización y secularización. Desde Montaigne, Spinoza en el Renacimiento que dan otra visión a Aristóteles, más libre que la de Santo Tomás, hasta la ilustración en la que comienza a gestarse el ateísmo con Voltaire, incluso con Rousseau que era un pastor pero paseante solitario, o con Kant que era pietista pero no tonto y que distingue muy bien entre el fenómeno, lo que puede conocer la física y la ciencia y el noúmeno, lo que no se puede conocer, que se lo deja a esos metafísicos y teólogos.

Claro, esto es una revolución en la filosofía, que durante toda la edad medía había sido arcilla o esclava de la teología. ¿Quién tenía acceso a Platón y a Aristóteles? Aquellos monjes copistas y bibliotecarios oscuros del nombre de la rosa y personajes como Jorge de Borges que se dedicaba a quemar La comedía de Aristóteles para que esto fuera más valle de lágrimas triste solo y abandonado que nunca. Ya estaba en El origen de la Tragedia de Sócrates, pero hasta que Nietzsche no saca El nacimiento de la tragedia, la gente no se entera de que surge de la risa, de la borrachera, de lo dionisiaco, de los sacrificios a cabras y ritos báquicos y órficos y de eleunis en un monte. Nos hemos enterado ahora, porque los contemporáneos llevaron a Nietzsche a un manicomio por derrame cerebral de abrazar almas de caballos e irse con putas sifilíticas ya que era uno de esos tímidos, dominado por madre y hermana fálica, que no se atreven a enamorarse. El súper hombre, el dios soy yo, es su alter ego, no su yo, es lo que quiere ser. La muerte de Dios es el inicio del ateísmo moderno, pero él no renuncia a la parte prometeica del hombre (la conjunción entre apolíneo y dionisiaco), de lo que se queja es de que Dios está muerto en su sociedad. Parecido a Erasmo de Rotterdam en el elogio de la locura, a Calvino, a Lutero, a todos.  Se quejan del cristianismo institucional, de lo teológico, y no de lo teleológico. 

Pero incluso el barroco místico, que consideramos la contrarreforma de la reforma protestante renacentista, avanzó hacía un progresismo en la iglesia: Santa Teresa fundando conventos con monjas más libres, San Ignacio de Loyola y la compañía de Jesús, que es de las más liberales, hasta que llegó la teología de la liberación. A Santa Teresa la condenó la Inquisición por leer a San Juan de la Cruz, otro heterodoxo de la época, que ahora adora la iglesia y cuando dice “la mujer a los pucheros” hay que entender la época, el contexto. La misma profeta Ruth de la Biblia tiene un mensaje que ahora podríamos considerar protofeminista, o la monja Higarbunda, la rebelión de las damas…La poesía se va haciendo cada vez más atea en el romanticismo y en el realismo y en el simbolismo y las vanguardias. El dios de Unamuno es un dios que no responde. A Santa Teresa sí le responde. Un dios al que es escéptico “ni con mi fe ni con mi logos he llegado, pero ha merecido la pena” Lo de Blas de Otero ya es lucha de ring directa, no sé cómo se puede entender de forma religiosa esta enorme queja de un dios represor, castrador, cuando lo que él se queja es de la muerte y que el otro tenga que ser garante de la eternidad. Miguel Hernández es panteísta, le pasaba un cura los libros que leía a las cabras, pero está con el viento de su pueblo republicano, harto ya de la iglesia, que les quemaba los conventos, como en las desamortizaciones de Mendizábal o la revolución francesa. Y es que ha hecho mucho daño la iglesia. Tiene la biblia mucha sangre envenenada dentro.  Hay reaccionarios a esto, claro, Xubiri, Julián Marías…Aranguren quiere ir de progre con esto de los curas obreros de la transición. Y una vez, todos desengañados del mayo del 68, nos abrazamos al nuevo cristianismo y a otras mitificaciones postmodernas. Pero, en fin, el ateísmo es un logro moderno, porque ni siquiera pensaban los clásicos en rebelarse a los dioses, más que en las tragedias, y siempre acababan mal. 

Volvamos a la musa y dejemos a la musa Santa Teresa, patrona de los escritores, en santa paz y gloria. 

Obviamente, por mucha técnica retorica que Petrarca tuviera, sin una Laura concreta no habría salido lo que salió. O la Isabel Freire de Garcilaso de la Vega. Aunque no existiera la Beatriz de Dante, Dante sintió algo parecido a amar a Beatriz antes de escribir. Flaubert dice “madame Bobary soy yo”, no porque se identificara con ella, (a la que ridiculiza mediante digresiones, con lo que esta mujer leía y con su patético suicidio final), no porque introdujera el estilo indirecto libre fundiendo su narrador con su personaje, sino porque estaba ya hasta los cojones de ella, con perdón. El personaje ronda por la cabeza del autor, no le deja dormir por las noches, la creación no se da solo en el momento en que te pones delante de un papel o un ordenador sino que te persigue por la calle, no te deja en paz en el cuarto de baño que sacas un rollo de váter para seguir escribiendo ideas y es la causa, según Bécquer, de sus fiebres. Pudiera serlo la tuberculosis, pero qué duda cabe que las rimas no son cosa de un par de días, que fueron bullendo en su imaginación o interior o como queráis llamarlo durante años y esto hace sudar. Las culpa de sus insomnios, de sus jaquecas. Las llama de hecho “monstruos”.  Esta ya hasta las mismas de sus poemas zumbando como abejas en su inconsciente y consciente. Se quiere librar de ellas, las publica, se las quita de encima. “Quiero dedicarme un poco al mundo de fuera", dice en el libro de los gorriones, "que también me reclama” Pero no quiere que se marchen del todo: “Cuando se muera esta lira no quiero que se pierdan las notas que compuso” La obsesión de Bécquer por escribir, luego por publicar y cuando muere por pasar a la historia. “Tengo el presentimiento y la intuición de que mis rimas serán mucho mejor acogidas en el futuro” Y lo han sido.  No gracias precisamente a que Isabel II, la liberal (pero liberal en el sentido económico de traernos sellos, trenes y fábricas) se lo pusiera fácil. Su obra era desconocida y sus amigos, compadecidos el dia de su entierro, decidieron hacer una publicación. 

Kafka quería quemar La carta al padre y otros escritos personales, que podían desprestigiar el resto de su obra, y por suerte no le hizo ni caso su amigo y tenemos a Kafka. Aunque Kafka se considerara más bien asexual y amara por carta a sus lectoras, sin Milena no tendríamos estas cartas sentimentales. Claro que podía haber escrito una carta a sus progenitores, podía haberse hecho una paja o podía haberse tirado un pedo con su amor, pero lo que hizo fue una gran obra literaria. Sin una amada real o soñada los poetas clásicos se habrían dedicado a hacer odas y liras a las piedras. Tambien lo hicieron; egoglas, escenas bucolicas pastoriles, a la piedra de un monumento de un emperador, una columna, un edificio público. pero hasta por esa piedra tienen que sentir algo. No existe paisaje sin burgues, dijo algun poeta comunista que ahora no me acuerdo. Yo diria que no existe paisaje sin humanista. Si ese pastor no valoraba el paisaje era porque tenía que currar en esa huerta todo el santo día, así que llamale ciudadano, monje, noble, burgues, comunista enriquecido de viaje por el extranjero, neocapitalista, llamale x, y dí mejor: no existe paisaje sin humano, sin alguien que despegue un segundo la vista de la huerta al cielo. ¿Era objetivo un canto funerario o elegia a una tumba de un emperador? ¿Era objetivo Hamlet ante una calavera? Es un simple objeto, pero él sentía algo por esos huesos fosilizados de vida inerte y mineral. Al castañear los dientes por movimientos nerviosos de Hamlet o en su alucinación,  le daba la impresión de que la muerte se reía de él, más que ser Yostyck el bufón que se reía de la muerte. La ironía final de la muerte no hay aún trovador o juglar capaz de suavizar tal amarga verdad.

Allan Poe tiene muy en cuenta el efecto del lector de El cuervo, por supuesto, señor Baudelaire, señor Eliot, pero ante todo quería sacarse ya ese dolor acumulado que tenía: se había muerto la mujer de sus sueños. No olvidemos esto. No dejemos que el simbolismo nos haga olvidar a quién simboliza. ¿Quién si no es Leonor? Y todos los nombres en la que la va disfrazando en poemas y leyendas. “pero, cuervo, deja que Leonor se marche, que abandone mi recuerdo, que ya me juntaré con ella en el cielo, pero ahora no me atormentes nunca más el insomnio” Nunca más, se lo decía él mismo. Así que esa falacia del objetivismo a partir del realismo-simbolismo que llega con la teoria de la recepción a la muerte del autor ha contribuido a deshumanizar la poesia. y el arte, en general.

De Bécquer ya hemos dicho que sacaba muchas rimas de experiencias personales con mujeres, y, aunque habla de un amor mucho más concreto y simple, no puede sustraerse de ese platonismo subjetivo que es condición sine qua non en el romántico. Cuando habla de inspiración en su propia poética, en el libro de los gorriones, es curioso que no cite ningún autor, ningún poeta que le haya influido-inspirado, sino que nos hable de su vida personal. “Imaginación”, “Fantasía” “musa” son las convenciones de su época para referirse a eso que Rimbaud llamaba “visión”, o Freud “inconsciente” relacionando con lo material sexual y Jung con lo simbólico colectivo.  

Pero Bécquer habla de que no puede distinguir lo que ha vivido biográficamente de lo que ha soñado. No solo parte de unas lecturas, unas técnicas, unos modelos establecidos y unos géneros que rompe y experimenta. No solo parte de su experiencia vital. También parte de lo que otros poetas llaman “intuición”. Lo que Lorca llama “duende”. Lo que Tenense William llama “chispa”. Lo que Goethe llama “genio o eterno colectivo”. Lo que Homero llama “musa”. Lo llamen “espectros”, “fantasmas”, “sueños” “imágenes”, lo llamen como lo llamen, no podemos negarles ese proceso inconsciente del que parte todo poema, junto a su intención consciente, y el trabajo consciente que viene después de composición y corrección.  

Hemingway dice; escribir borracho, corregir sereno. Allen Ginsberg usa LSD. Conan Doyle opio. Poe y Darío borrachos. Las famosas cajitas de rapé del XVIII. Los porros y cervezas de Bukowsky. Aunque he de reconocer que he intentado escribir así y sólo me han salido incoherencias. “Al despertar del sueño hallé una flor” Coleridge. “Al despertar el dinosaurio seguía ahí” Monterroso. Realmente un sueño de una noche de verano nos puede dar una imagen, una idea, una visión, pero no se puede reproducir el contenido de un sueño en toda su intensidad, aunque Fellini lo intenta ilustrando un libro de dibujos de sueños. Bécquer también se queja de esto: “¿Nunca habéis soñado y luego habéis sido incapaces de recordar o relatar el sueño? La vida es sueño, teatro, pero los sueños sueños son…se acaban… y vas al otro sueño que es el morir. O el despertar.  A Picasso la inspiración le pilló trabajando, pero tenemos una imagen del trabajo como sentarse a escribir una novela de 8 de la mañana a 3 de la tarde. Trabajo es todo aquello que necesita un esfuerzo (mayor o menos, físico o intelectual, presencial en un lugar o a distancia) para llevar a cambio una trasformación sinérgica. No es fichar en una oficina, asistir el comedor de empresa (ese perjuicio a los comedores sociales, que se come lo mismo y gratis) y salir del trabajo con la satisfacción de haber apilado cajas. De hecho, estas formas de trabajo físico son el último escalón en la pirámide laboral, y nunca mejor dicho, porque estos templos solares los hacían esclavos de sol a sol. Los sueldos mejor pagados corresponden a ejecutivos, políticos, directivos, publicistas, gente que trabaja con su intelecto y no con su físico. Tras definir el concepto de trabajo en su magnitud y entender la inspiración como metáfora quitándonos el prejuicio, pierde fuerza la aseveración de Picasso.

¿Y sí escribes desde la cama como Proust? ¿Y si te pilla dando vueltas neuróticas por la calle como a Virginia Woolf? ¿O en el cuarto de baño anotando en el papel del WC sonetos? Borges dice que hasta cuando sueña escribe y trabaja. Y me lo creo: soñaría en palabras, componiendo historias verbales, más que visuales. No creo que se refiera en este caso a la “iluminación” de rimbaud de trasformar el mundo con símbolos e imágenes, sino a su obsesión con la literatura. Realmente me lo imagino soñándose así mismo escribiendo en un papel.  Que un autor halle su inspiración en sus lecturas, su experiencia vital, sus obsesiones psicológicas y en ciertas ideas, imágenes y símbolos que aparecen inconscientemente, no quita que haya mucho trabajo de corrección y depuración después. Hasta los surrealistas seleccionaban después entre sus escrituras automáticas cual tenía más calidad.  
Lorca dividió la inspiración entre genio, duende y hada. El genio es el talento. No se nace genio (se rompe así el mito romántico de Goethe, como se rompe su mística de la feminidad y de eterno femenino musa frente al eterno machismo) sino que uno se hace genio o adquiere talento leyendo y escribiendo. La inspiración en la experiencia personal biográfica sería el hada (El hada, la vida, no me ha sonreído) y el duende es esa chispa de intuición inconsciente. Lolita y Rosarito hablan de duende y se dejan las otras dos.

Así que por favor dejemos a la mahonesa musa en laica paz, y que siga pariendo a sus monstruos, pues aún no hay antipsicótico, antidepresivo y tranquilizante-narcotico-sedante ni la serotonina suficiente que pueda inhibir y frenar la creatividad. Gracias a algo, que no es dios, se sabe que la razón crea monstruos.

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