lunes, 29 de octubre de 2018

TRAPICHEOS DEL DUQUE DE MARZANA

Desmitificar/desmontar la Realidad, no con la mala baba agria del descaro y el rencor sino con el arte premeditado del verbo irónico desde el gracejo sabio:
 
                     "MILLONES AL HORNO" de JULIO CAMBA(1882-1962).
 
Escritor, hedonista, libertario. El NO-SER para SER. El alejado de lo fastuoso para vivir de cerca las aparentes pequeñeces que engrandecen de forma plenipotenciaria cada momento del espectáculo vital. Obra escrita en 1958. Reflexiones breves sobre los seres pensantes con el amor/odio propios de un buen anarquista hacia sus congéneres de especie. La pretendida y ansiada pureza de comportamiento se resquebraja y aflora un sin fin de patológicas mediocridades en un exponente caótico e interminable. La debilidad, que puede caer en la crítica mordaz, se convierte en un ejercicio soterrado de HUMOR donde uno, si quiere, se puede hacer millonario o, al no ser lo mismo cerebro que cabeza, el sombrero tiende a mostrar una perfecta seña de identidad. Magistral acto de optimismo el del enfermo postrado en cama y sonriente al ver que en el periódico todavía no se inserta su esquela. ¡Y en este plan!. Dinero, políticos, plebe y poderío. Teatralización de las costumbres. HUMANA CONDICION. No hay maldad ante/frente(a) los otros cuando los recursos intelectuales y de lenguaje pudieran finalizar en la destrucción de tanto espécimen insignificante. Gentileza(amor) de la moral anarquista. Preguntas sin respuesta: ¿Cómo se come un spaghetti?,¿son necesarias las camisetas?, ¿hasta dónde llegaría usted por dinero?, ¿por qué se ríen las focas?. Cuestiones claves en el transcurso de la Humanidad y que Julio Camba analiza con precisión.
 
 
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    Ironía y cálida puñetería que no llegan ni por asombro a lo soez del sarcasmo. Perdería todo su encanto olvidar las lindezas del buen hacer con el florido análisis del texto que cautiva con la hiriente resaca del que tiene necesidad del destrozo, de no respetar al títere aunque la cabeza la tenga en la entrepierna del hedor cotidiano. Julio Camba es un señor, y los gentiles no manchan sus manos(letras) con la desidia y el despilfarro hacia sus semejante. No, lo grandioso estriba en apañárselas con la vida y sus gentes sin herir ,pero con el loable acierto de sacar a colación(risas) lo chirriquitín de las acciones pertinentes de cada elemento único e intransferible(como los carnets de socios de los equipos de fútbol). Dardos con fragancias que se alejan de lo hostil de lo que cada cual, si se lo propone, puede llegar a ser. El escritor también, y más si tiene una inclinación a englobar/discernir el turbio ruido ambiental. Una vez digerido, es menester demostrar que la situación puede ser concebida de forma antagónica entre  la creatividad y la destrucción, o lo que es lo mismo, el regodeo sin acritud o el marcaje sin descanso tendente al criticismo feroz que ,¡oiga usted!, no lleva a ningún lado provechoso si se trata de mantener una predisposición de no barranco y más allá. Además, de lo que de verdad se trata es de poder llegar a "La casa de Lúpulo", donde la libertad y el gozo de la gastronomía envuelven al parroquiano con un manto de virginal algarabía. Estrategias militantes, bien calculadas, para dar sentido al hedonismo, esa aparición de la divinidad en forma de voluntad que se materializa en deseo y premia al humilde buscador/devoto con el gozo infinito de ambrosías celestiales vencedoras de infiernos quemadores. ¡Cuánto calor innecesario si la frescura de agua y talante humano hacen su gloriosa aparición de forma silente y desinteresada(superada moral burguesa)!.

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                                                              La exageración de las situaciones amenaza, de forma inconsciente, con el rictus de sorpresa ante lo percibido. Es en este estadío de curiosidad donde el autor ejerce su poder de influencia y consigue la aprobación del lector que, ubicado en la extrañeza, da el visto bueno a ese estado de novedad creativa.(El señor Zaratrusta nada tiene que ver con filósofo alemán alguno, sino con señor de Madrid al que le gustaban las tostadas y como buen superhombre aceptaba pantalones y algún que otro gabán. La intrahistoria como eje central por el que gira un cierto candor puñetero).
                                                              De verdad, estos tipos que recorren el mundo no son malos aunque parezca que tras de sí sólo el odio anida en sus afligidos corazones. No tienen problemas cardiovasculares, quizás algo de soledad por la incomunicación e impotencia ante lo que les rodea. Son libertarios, vacuos como protesta por lo en apariencia imprescindible. Escriben bien. Son precisos. Les va la VIDA en ello. Creen poco en Naciones  y en Procesiones. La profesión/procesión la llevan dentro.
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