miércoles, 28 de marzo de 2018

ANTONIO GAMONEDA BILBAO POESIA

Hoy se presenta a uno de los mejores poetas vivos actuales. Con el presentador Juanjo Lanz tiene relación desde hace muchos años. Antonio Gamoneda. Recuerdan al director de Zurgai que estuvo detrás de la poesía de Bilbao, que nos abandonó desde hace un año y pico o dos; Pablo González de Langarica.(La asociación de poetas vizcaínos le rindió homenaje este 26 de Octubre, con De la Sota, Blanca Sarasua y algunos familiares escuchando a los rapsodas. ¿Dónde estás Pablo? En estas cenizas ya no)

En el Fredo se trata del dialogo o discusión entre la adecuación de la escritura y la palabra dicha de los discursos. Platón critica a los logógrafos, los que escribían discursos y los vendían en los tribunales y plantea en boca de Sócrates el problema de teuz y Tamuz, el primero indica la divinidad pues el conocimiento de las letras y la palabra escritura es un fármaco de la memoria y la sabiduría, el “farmacon” Derrida decía que era incompatible escritura y verdad en la epistemología platónica. Garantiza a la filosofía palabra escrita la adversidad que la crea. La filosofía seduce. Para la divinidad egipcia, en el relato evocado por Sócrates, el conocimiento de las letras no es un fármaco, sino que es olvido en las almas de quienes las aprenden. El que piensa, dice Sócrates, que al dejar un arte por escrito deja algo claro y firme por el hecho de estar en letras rebosa ingenuidad. Con la escritura pasa lo mismo que con la pintura, sus vástagos estan ante nosotros como si tuvieran vida, pero si se les pregunta algo responden con el mas altivo de los silencios. La palabra que cura y envenena, escritura como plasmación de la memoria y construcción del olvido, valor saluticio de la palabra y condenatorio, mortal, evocación de lo ausente y construcción de esa ausencia que trata de derogar. Es esa dualidad implícita a la palabra escrita farmacon la que subyace en la escritura de Gamoneda y sustenta la raíz ultima de su obra. Como declarara el poeta el arte es un lenguaje paradójico, la palabra es ambivalente, evoca la memoria, pero se construye en el olvido. Carece de identidad ideal y de la plasmación explicita de una ideología.
 
Gamoneda vivió las cosas de poesía social en 1987. Pero en su poesía no hay proyecto social ni ideología. Pero hay una fraternidad sin esperanza como trasfondo. Ahí radica el núcleo de su escritura que se condensa en el libro de los venenos, del 95, la palabra como farmacon, como veneno que trasciende el concepto ideal de la verdad para formularse como una poética y epistemología desde el lenguaje. “No me importa otra verdad o mentira que el resplandor de la obra en dichas palabras”. Es la palabra sin origen, lenguaje diciéndose así mismo, “solo sé lo que digo cuando ya está dicho” dice en el 92. La palabra adquiere identidad de veneno, saluticia y mortal, dirigido a los que viven con temor y sospecha como a todos que toman causa preservativa que debilite la fuerza de los venenos y los haga impotentes.  La concepción de la palabra como veneno en su obra nos da una dimensión de la poesía que enlaza con la pretensión kantiana que el leones adquiere en los años 70. 

 
Sartre le da poco poder a la palabra en su concepción de literatura comprometida. Se trata de buscar una poesía que se instale en la acción, como el resultado de la relación dialéctica de la conciencia individual con el espíritu social de una época determinada. Poesía que supera el realismo social y convierte al objeto poético en un sujeto de trasformación histórica. Gamoneda en noviembre del 73 escribe en un artículo poesía y conciencia a la luz del debate que se estableció en torno a la antología de su poesía ultima. “La política no puede condicionar a la poesía ni intervenir en su naturaleza. La conciencia es el método del poeta responsabilizado en instrumentalizar su poesía para participar en la naturaleza dialéctica de las cosas que importan”. 

Encarna en su poética el pensamiento de la resistencia como se materializa en blus castellano del 82 aunque escrito más de 20 años antes, entre el 61 y 66. La labor del poeta quedaba claramente expresa ahí. “Está mal hecha esta verdad. Hagan ustedes la verdad mejor”. Son versos del 74, la poesía es ya sol o conciencia que canta, solo el son que descubre fraternidad. “La única poesía es la que calla y aun ama este mundo”, concluirá el poeta. Poesía como conciencia que canta. Es una distinción de su escritura. Establece el espacio poético de la ausencia, del hueco, del vacío, de la desocupación como el más propicio para su palabra. La belleza no es un lugar donde van a parar los cobardes, es resultado de un acto de conciencia y voluntad porque proclama su libertad. Un acto doloroso que nace entre la conciencia mortal. “Únicamente porque muere canta mi palabra desnuda y retorcida”. Es en esa poética de la acción surgida de una conciencia que canta en el silencio, nacida como consecuencia de los límites que había llevado la sublevación inmóvil (finalista del premio Adonáis 60) 
 
Se instauran las traducciones que mediados los años 60 lleva a cabo Gamoneda de los poemas espirituales. Es el proceso de experimentación de una escritura trasparente que lleva a cabo y inicia en blus castellano. “lo escribo con estas mismas manos, pero no con la misma conciencia” Formula una palabra trasparente, una escritura blanca como la que Roland Barthes dice que había inaugurado Albert Camus en el extranjero, pero para la que también podría evocarse el modelo del ultimo juan Ramon Jiménez. Un estilo de la ausencia que reduce la escritura a un modo negativo, a la plasmación del vacío, “la geografía del final es blanca”, escribe. En sublevación inmóvil lee versos proféticos, “es herido de trasparencia mi corazón y se oculta en la belleza”. Al frente de blus castellano advierte la no poética de la trasparencia. 
 
Comprueben la densidad y la trasparencia como imagen del silencio en el lenguaje y la desaparición del sujeto enunciador en la poesía, es un elemento reiterado en su poesía de principio al fin. Su último libro de poemas se titula la prisión trasparente en 2016. Invisibilidad, trasparencia, pureza absoluta, escritura en blanco sobre página blanca, búsqueda de luz dentro de lo invisible, desaparición, silencio. La geografía del final es blanca pero su inicio radica en una estética de la negación. Desde esta perspectiva aparece en estos años en su poesía un concepto tan característico de su obra vinculado con la estética de la negatividad como es la retracción. Ese elemento se formula de modo trasparente en descripción de la mentira, en el 67. “Permanecí mi obra como la retirada a una especie maternal. Mis pasos se adelgazan dentro del silencio”. El tema de la retracción se vincula con el olvido (“me poseyó el olvido”), con la memoria (“fortaleza está en olvidar”) y con la búsqueda de la verdad, pero también con el hallazgo de la traición. La verdad conducía a la traición con una regresión que implica desocupar un espacio y tiempo concreto. “Harías mejor abandonando, desocupando un tiempo que se coagula en la dominación”. 

 
Retorna con el lenguaje y la palabra regresa a su silencio primigenio donde callar es negación. Vuelve a eso en el libro del frio, sobre este volverán arden las perdidas, canción errónea y la prisión trasparente. Escritura que se desarrolla como espiral, indagando constantemente en el lenguaje. Es una escritura abismal, responde a una poética del abismo donde se sitúa el lenguaje a cada momento. Si retomando la fábula socrática la palabra escrita es fármaco de la memoria lo es en cuanto está es plasmación del olvido. La palabra constata una ausencia. Lo que la memoria plasma es el olvido. Y en consecuencia, dice Blanson, la palabra coincide con su separación. Si la poesía es arte de la memoria, la escritura es la que proclama su ausencia, la desaparición, el olvido entre la lengua. “No tuvo otra conducta que el olvido”. La poesía es la construcción del olvido como evoca en el libro del frio o en lapidas que titula su libro del 86, crónica de la desaparición del sujeto que solo existe en cuanto nombra. 

 
No hay construcción de la memoria, ni nostalgia que conllevaría una dimensión elegiaca en su escritura que no hay. Hay una elaboración del olvido, de la perdida. Arden las perdidas 2003. “Cansancio incluso de mi enemistad conmigo mismo”. No debe verse en esta poética de la negación y la desocupación una dejación de la conciencia crítica que solo se formula indirectamente como ideología en la escritura. Combina la dimensión idealista mallarmiana con el materialismo dialectico de la conciencia crítica. Subía un principio en su poética de la negación. “No recurriré a la verdad porque la verdad ha dicho no”. Subvierte la negación histórica oficial subvirtiendo su lenguaje y la lógica de poder de que este es deudor. Pone la falsedad del lenguaje, mostrando la mentira porque la verdad ha sido usurpada y no puede hacerse presente en su tiempo histórico sino como vacío, hueco, espacio desocupado. Cuestiona el lenguaje de poder, plantea la formulación de una pregunta antitética. Es utopía sin esperanza, una profecía que conoce su fracaso, una pregunta que se sabe de ante mano sin respuesta. Es una canción errónea como su libro de 2012. En el espacio de contradicción la lógica se niega a sí misma y la razón se cuestiona en su silogismo. En textos de prisión trasparente, (último libro de poemas) no hay búsqueda de un conocimiento sino la constatación constante de un no saber que se vuelve pregunta continua, retorno continuo para cuestionarlo, discurso que se desdice a cada momento, en una escritura concebida como constante extravío que proclama cierta liberación no del lenguaje, de las palabras. La voz poética discurre por varios extravíos para llegar a un no lugar que se vuelve cárcel de sí misma. “La vida es fracaso intransitivo”. Su escritura no es elaborar un espacio ni constatar el vacío de su ausencia sino desocuparlo, construir su desocupación, constartar el vacío de lo que estuvo falsamente ocupado y es irremplazable. No elabora un discurso habitable sino la inhabilitad misma. Desaparecida la figura, el nombre que les daba sentido y significación, las palabras como quería Sócrates en su fabula responden a las más altivas con los silencios. La sabiduría ocupada es la del olvido, des conocerse, in saber. No sé conoce una sección de la prisión trasparente en la que indaga sin angustia en la agonía.
Le han ofrecido firmar el libro en esta casa. El lleva la peor parte de este dialogo, pero no es la primera vez que viene. Esta casa es un poco suya ya. Le hubiera gustado que el prologuista se extendiera más para hablar él menos. Estamos en situación de aprendizaje, de saber algo de sí mismo. Está ahora mas informado sobre sí mismo que hace una hora. No es capaz de recordar los poemas o libros que ha traído aquí en ocasiones anteriores. Trata de que no coincidían demasiado con los que trae hoy para hacer una sencilla lectura. No va a hablar las condiciones de su escritura. Ha rozado la sensibilidad de la poesía en su presentación. Se ha hecho el propósito de decir lo que él sospecha, lo que puede ser la poesía, no la suya. Evita así todo comentario posterior que pueda interrumpir el lujo poético si se produce. Se lo ha puesto difícil, pero intentará decir algo, no mucho menos distinto, pero si con palabras más sencillas. Seguro que aquí hay poetas que se han preguntado qué es la poesía. Se lo han preguntado desde hace miles de años. En términos de recapitulación no hay una contestación breve, aunque haya muchos estudios. Esta mañana le decía a un amable periodista que le hizo una pregunta que había encontrado términos de pocas palabras para dirigirse a la naturaleza de la poesía. San juan de la Cruz decía, aunque no es una definición (que suelen preguntar y él no va a hacer) sino una aproximación; “un no saber sabiendo”. Es una paradoja. Es una contradicción. Él ha llegado a sospechar que el no saber sabiendo es un pensamiento impensado, no pertenece al discurso mental propio de la reflexión o cualquier fórmula de averiguación mental.  Es antes sensible que inteligible. Los orígenes están en la sensibilidad, aunque sea intelectual. Aristóteles habla del ritmo como elemento antecesor de la poesía, generadora de poesía. No se puede desasociar la música del ritmo poético de la significación. Radicaliza esto como una osadía que no debiera, es una significación a un impulso musical.  En la canción hay una melodía, un ritmo y una significación. Sería el estado máximo de la poesía. Son aspectos resbaladizos. Eliot dice que hay una sensibilización en la poesía. No conoce su pensamiento poético hasta que no se lo dicen sus propias palabras escritas. Hay una inocencia, no una clara premeditada conciencia. Lo escribe impulsivamente. Les ruega que no le interrumpan con aplausos. Aunque los agradece. No piensa comentar sus obras. No puede convertir su poesía en una significación intelectual. Trae dos libros editados y uno inédito. Está un poco sordo y no puede medir la cantidad de voz que emite. El último libro se titula Cecilia, nombre concreto, libro dedicado a su única nieta. En este libro se ha reconocido que no es intimista en el sentido directo, pero si hay cierta reconciliación suya con la vida. 
 

Tengo frio junto a los manantiales, he subido hasta cansarme, hay hierba negra en la pradera y azucena cárdenas entre la hierba, que hago yo ante el abismo bajo las águilas silenciosas, la inmensidad carece de significado 

Sobre excrementos de rebaño subo y me acuesto sobre robles musicales, rozan palomas entre mi cuerpo y el crepúsculo, cesa el viento, hierbas de soledad, palomas negras, he llegado por fin, este no es mi lugar, pero he llegado

Quien mi cuerpo sobre las maderas agrietadas sobre las lágrimas, el amor viene a mi corazón, duermo con los ojos abiertos ante un territorio blanco abandonado por las palabras. 

Alguien ha entrado en la memoria blanca, en la inmovilidad del corazón, veo una luz debajo de la niebla y la dulzura del error me hace cerrar los ojos, ebriedad de la melancolía, acercar el rostro a una rosa enferma y decirla del perfume y la muerte

No tengo miedo ni esperanza. Desde un hotel exterior al destino veo una playa negra y lejanos los grandes parpados de una ciudad cuyo dolor no me corresponde. Tengo el amor. Ríe bajo los tubos de la muerte. Ahora contemplo el mar. No tengo miedo ni esperanza

Tardes bajo las túnicas cardenales, ha sido inútil la escritura negra, no hay agua en mí, las fuentes emanan en otra edad, la pureza de la copa vacía enmudece

Vida vértigo y luz en arterias del relámpago, semillas y germinación desespera, desgarraba la posibilidad, hoy me perdía en la espesura vaginal, entraba en ella olvidaba los ojos blancos de mi padre. vivir parece ser vivir, ser distraído por un estertor, no hay en mi memoria ni olvido, lucidez, han desaparecido los significados y nada estorba ya a la indiferencia, definitivamente me he sentado a esperar a la muerte como quien espera noticias ya sabidas

Amo mi cuerpo, sus vertebras hendidas por acero viviente, mi corazón ligeramente húmedo, mis cabellos enloquecidos en tus manos, mi sangre atravesada por gemidos. Amo la calificación y la melancolía arterial y la pasión del hígado escarbando en el pasado las escamas de mis parpados heridos. Amo el orificio de la infidelidad, las medulas de la tristeza, los anillos de la vejez y la tiniebla intestinal. Amo los círculos grasientos del dolor y las raíces de los tumores. Amo este cuerpo viejo y la sustancia de su miseria clínica. Me disuelvo en la materia pensativa ante los grandes lirios de la mentira. Ya todo está dividido, no hay causa en mí, no hay más que un cansancio y un antiguo extravío. De la existencia a la inexistencia que es sueño vació, pero sucede, yo amo
 ora. Cuando sus ojos entran en mis ojos tengo que mentir para decir la verdad cuando esto sucede no tengo ninguna sensación de esperar, cierro los ojos únicamente para que Cecilia no me abandone. Después atravieso muy despacio las horas y advierto que en mi cabeza se está posando también suavemente la luz. 

El silencio y apenas dolor temblor de palmeras, más allá del silencio el mar acaricia arenas volcánicas y se retira a la profundidad surcada por espinas. Si este instante se extendiera hasta cubrir mis asuntos y su pasión fuera a la indiferencia y yo permaneciera ciego adivinando el poema quizá descansase de esta extraña tarea, ser sin voluntad de ser ni de no ser, poseída por una dirección de palmeras. Mañana las adelfas podrían exhalar el aliento d sus campañas amarillas. De la germinación de sus frutos teleféricos. Quizá mi preferencia sea que esta noche despoblada de estrellas se resuelva en un tiempo inmóvil semejante a las arenas volcánicas que ahora acarician suavemente el mar

Han escuchado el gemido del mar. Libre del pensamiento, me excede, no responsas al sonido del mar, el destino no existe, pero esta atravesado, así fue mi pensamiento atravesado pr la centella de la negación, pronuncian sus profecías, la purpura y la extinción de la materia. La negación cabalga por mis venas. Se aloja en la sentida cóncava del pensamiento. Propiamente no hay pensamiento, me posee la falsedad, el luto por luto consentido en esta espesura viviente. La luz funde en los patios, la luz sostiene suavemente la majestad de los pájaros. Reúne en el mismo instante la quietud y el vértigo. ¿has pensado en la luz? No puedes pensar, ella te piensa a ti. Cierra los ojos. 

En el fulgor de los equinoccios descienden apariciones y ciertos pájaros se suicidan en el anochecer. Hoy más triste solo piensa en países negros y sendas nocturnas. Entonces cesa la escritura enferma y en ti se anuncian reinas naturales, incandescentes. El fulgor de los equinoccios. Eres roja y estás ebria de ti misma y la música se desprende de ti. Eres como el mar que se derrama como el corazón del pastor. Ardes y en torno a ti giran las palomas. Ciega de luz dame tu extravío, ven dame tu vientre y tu demencia. Liba en mi 

Duermes bajo la piel de tu madre y sus sueños penetran en tus sueños. Vais a despertar la misma confusión luminosa. Aun no sabes quién eres. Estas indecisa entre tu madre y un temblor viviente. 

Como si te posases en mi corazón y entrase luz en mis venas y yo enloqueciese suavemente. Todo es cierto. Te has posado. Hay luz dentro de mis venas y he enloquecido. 

Acerque mis labios a tus manos. Y tu piel tenía la suavidad de los sueños. Algo semejante a la eternidad rozó un instante mis labios

Con tus manos conducidas con una música que vagamente recuerdas dices que no en el umbral. Dices adiós en el umbral, insensata criatura y tus manos desprenden un instante sin limites

Oigo tu llanto, subo a las habitaciones donde la sombra pesa en las maderas, inmóviles, pero no estás, solo están las sabanas que envolvieron tus sueños. Todo en mi es ya desaparición, más allá del silencio oigo otra vez tu llanto. Que extrañó se ha vuelto el mundo. Sonríes en el pasado. Y yo soñé que vivo porque te dejo entrar

A veces sonríes y te extraviase en ti mismo y sin saberlo adelanto mis manos, no llego a tocarte, únicamente acaricio tu voz

Eres como una flor ante el abismo, eres la última flor


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