miércoles, 31 de agosto de 2016

LOCURA E INTELIGENCIA

La locura es la forma suprema de inteligencia. El artista “se hace el loco”, “interpreta” y se pone la mascara de Hamlet, que es el paradigma del dudoso o filosofo. Ya dijo Dalí que la única diferencia entre él y un loco es que él no esta loco. Aunque su mundo interior sea medio esquizo él lo controla y el loco no lo puede dominar. (El problema es que se te vaya de las manos, bien por caer en quijotismo- bobarysmo, bien por qué te pervierta el éxito o el fracaso- la frustración-) Según he leído en textos sobre la locura de Foucault, Platón en sus últimos escritos jugaba con las palabras cultura y locura, cultura y juego, cultura y balbuceo de niño, dadá. Unamuno jugando con esa misma ambigüedad dice que él no es un loco que se cree Dios sino que Dios es el loco que se cree Unamuno. En la historia de la literatura ha habido locos auténticos y locos que hoy no serían considerados tales, como Honderling o Nietzche o Coelho al que sus padres llevaban a manicomios porque escribia letras de canciones de grupos de música o jugaba a hacer teatro con muñecos y creían que le faltaba algo en el cerebro, alguna sustancia. Y hoy en dia es un hombre que vive en una casa sin muebles, con libros y es famoso, rico y respetado como escritor. Por eso creo que un escritor no ha de huir del epíteto “lunático” con el que pueden increparlo, sino reafirmarse en él. Cada vez que te llamen lunático piensa que eres un poeta de la luna. Cada vez que te llamen paranoico piensa que de paranoias esta llena toda la literatura pues el vocablo “paranoia” se ha vulgarizado y hoy viene a ser sinónimo de “pensamiento”. Igual que “comedura de cabeza”. La filosofía daliniana, del absurdo, se basaba en el método paranoico-crítico (una burla del método cartesiano clásico de filosofar) 

Todo pensamiento, no lo dudes, puede ser tildado de paja mental, de locura. Todos podemos ser llamados locos y todos podemos estarlo en mayor o menor medida (el 90% de la sociedad es neurótica, vive reprimiendo su parte salvaje e imaginativa) ¿pero acaso la locura no es un brote de genialidad? Casi deberíamos postrarnos ante esos locos que vemos por la calle, que filosofan sobre lo divino y lo humano, que dicen todas esas cosas que nos callamos hipócritamente los demás. Siempre que puedo les escucho, es mejor escuchar a estos “locos” filósofos auténticos que leer mil libros de profesores de filosofía. Recuerdo a uno de estos mal llamados locos que decía haber conocido a Saramago y haber discutido sobre el tema de la inmigración con él. Lo que aquel inmigrante demacrado por la droga decía coincidía con lo que luego Saramago escribió en un articulo. Lo que Saramago decía tenía un estilo depurado y culto pero en el tema coincidía con el discurso del loco. ¿Ese marroquí estaba acaso loco? ¿O acaso lo esta Saramago? No, ninguno de los dos. Simplemente él defendía sus ideas con la vehemencia que le daba estar en plena “lucha por la vida”, casi a gritos, fumando una china desesperado,  pasando de la risa a la lágrima fácil, con una falsa entereza no aprendida en el cine clásico sino en la escuela de la calle. Aquel ecce-homo, cuyo rostro era el vivo espejo del sufrimiento de su alma,  decía verdades por un tubo, de su boca surgían como un surtidor las grandes verdades que ya otros han postulado en sus escritos con más menos retórica, acompañadas eso sí por un torrente de blasfemias en árabe y de lágrimas contenidas en su mueca dura, pitillo en boca.  Por eso, deja que los “locos”, los que la sociedad llama locos, se acerquen a ti y veras lo coherente no sólo de sus ideas sino – lo más importante- entre sus palabras y su tipo de vida. Por cierto, aquel loco se despidió de nosotros gritando “HASTA LA VICTORIA”

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